Balcanes IV. Recorriendo Zagreb: Donji Grad (Ciudad Baja)

Aunque son las ciudades costeras las que más visitantes reciben, Zagreb no se queda atrás y es uno de los destinos más importantes del país. En parte gracias a ser la capital. Se extiende por las laderas de la montaña de Medvednica y las orillas del río Sava, una posición geográfica que favorece la conexión entre Europa Central y el Mar Adriático. Gracias a ello es un relevante centro comercial y eje del transporte con importantes conexiones terrestres, ferroviarias y aéreas no solo del país sino del continente.

Según una de las leyendas, la región donde se asienta Zagreb era muy seca. Sin embargo, en una ocasión el virrey, para dar de beber a sus hombres y a los caballos, clavó la espada en la tierra y de repente brotó agua. A lo que exclamó: “Zagrabite!” (¡Tomad!). Y de ahí nació el nombre de la ciudad. La fuente Manduševac aún se puede ver en la plaza principal de la ciudad.

Hay constancia de que la zona viene siendo habitada ya desde la época neolítica. Las primeras referencias que se tienen datan del siglo XI, de cuando el rey de Hungría Ladislao I fundó una diócesis en el monte Kaptol. A su vez, en colina vecina de Gradec existía otra comunidad independiente. Ambas localidades fueron invadidas por los mongoles en 1242 y cuando estos se marcharon el rey Bela IV convirtió Gradec en ciudad del reino para atraer artesanos forestales. Durante los siglos XIV y XV ambas ciudades mantuvieron una constante competición tanto a nivel político como al económico. Tan solo colaboraban en el aspecto comercial. Era tal la rivalidad que tuvieron importantes disputas, como cuando Kaptol incomunicó Gradec (estaban separadas por un río que hoy ocupa la calle Tkalciceva) y esta respondió incendiando a la primera.

No fue hasta 1851 cuando se unieron formando Zagreb, lo que hoy conocemos como ciudad antigua. De esa época datan los palacios y edificios que fueron construidos durante la época austrohúngara (cuando Zagreb se llamaba Agram), lo que hace que sea conocida como “la pequeña Viena”. A partir de ahí fue creciendo, sobre todo cuando en 1860 se construyó el ferrocarril. Entonces empezaron a surgir barrios obreros entre la vía del tren y el río Sava.

En el siglo XX, durante el período de entreguerras nacerían zonas residenciales ya en torno al sur del Medvednica. Tras la II Guerra Mundial se levantaron nuevas construcciones entre la vía del tren y el río Sava y poco después nació la Nueva Zagreb al sur del río Sava. La ciudad ha seguido expandiéndose en los últimos años hacia el este y oeste incorporando comunidades periféricas. No obstante, el principal atractivo turístico lo comprenden la Ciudad Alta (Gornji Grad), la Ciudad Baja (Donji Grad) y Kapol.

Nuestro alojamiento no se encontraba muy lejos, así que podríamos llegar a pie. Y decidimos comenzar por la estación de tren, ya que queríamos comprar el billete a Liubliana para el día siguiente. Tal y como indicaban las previsiones, el día amaneció lluvioso, aunque era tolerable con los impermeables y el calzado adecuado (y paraguas para que no se mojara la cámara). Esta vez sí que encontramos la oficina abierta y pudimos comprar los billetes, aunque tuvimos un problema con el pago. Primero porque la máquina rechazó la Revolut, y después porque el señor me había entendido 2 pasajeros en vez de 3. Así pues, primero sacó la calculadora y se puso a jugar al Simon para sumar la recaudación del día y ver si efectivamente se había cargado (menos mal que era primera hora) y después refunfuñó en croata mientras nos anulaba el primer billete y nos emitía uno nuevo.

Con el asunto zanjado compramos el desayuno en una especie de pastelería (Pekara) que había en la misma estación. Se estilan los pequeños comercios similares a los de Bulgaria con una gran variedad de bollos, pasteles y hojaldres tanto dulces como salados. Nos costó elegir entre las múltiples opciones, pero finalmente nos decantamos por un croasán relleno de chocolate y un burek.

Este delicioso bollo es una especie de hojaldre enrollado con forma de espiral. Sin embargo, no tiene la textura del típico rollo de canela, sino que el hojaldre se queda crujiente y no empalaga tanto porque es algo más ligero. Sin duda habíamos acertado.

Mientras desayunábamos, escribí a nuestra anfitriona para ver si podíamos alargar la estancia un día más, pero lamentablemente me comentó que tenía ocupado el apartamento, así que tendríamos que buscar otra opción. Pero lo dejaríamos para más adelante, ahora tocaba comenzar nuestra ruta.

Y lo hicimos cruzando a una plaza que durante el Imperio Austrohúngaro (desde 1895) recibía el nombre de Franz Joseph I y que con la caída de este se renombró como Plaza del Rey Tomislav.

En el centro se erige la estatua ecuestre del Rey Tomislav, quien reinó entre 910 y 928. Es recordado por haber defendido a los croatas de los ataques húngaros y unir por primera vez a todas las regiones en un país. Fue, por tanto, el primer monarca croata.

A pesar de que el escultor Robert Frangeš Mihanović la finalizó en 1938 no fue colocada en la plaza hasta 1947 por varias polémicas y la irrupción de la II Guerra Mundial.

En cada uno de los laterales de la base del monumento hay un bajorrelieve que representa a sendos grupos de siete personas. Además, en la parte delantera se puede ver el nombre y el escudo. Tanto los relieves como el escudo de armas fueron añadidos en 1991.

La figura del monarca a lomos de su caballo está mirando al edificio de la estación, una construcción imponente de estilo historicista proyectada por el ingeniero húngaro especialista en estaciones Ferenc Pfaff.

El primer tren en llegar a la ciudad lo hizo en 1862, cuando Zagreb contaba con 40.000 habitantes, sin embargo, la estación no se construiría hasta treinta años después. Pronto se convirtió en una importante parada en medio de Europa, pues formaba parte del recorrido del famoso Orient Express y ha estado estrechamente ligada a otras ciudades centroeuropeas como Viena o Budapest.

Fue renovada entre 1986 y 1987 y recientemente en 2006.

Volviendo a girar sobre nuestros pies, el edificio amarillo que destaca tras la estatua del rey Tomislav es el Pabellón del Arte (Umjetnicki paviljon).

De estilo Art Nouveau fue el pabellón de Croacia durante la EXPO de 1896, celebrada en Budapest. Su esqueleto se realizó en metal, por lo que tras la exposición fue desmontado en la capital húngara y trasladado en tren a Zagreb, donde volvió a ser armado. Se inauguró en 1898 con una gran exhibición de artistas de la época, convirtiéndose en el primer espacio de exposiciones construido para tal fin. Más de un siglo después, sigue acogiendo muestras temporales de los mejores artistas nacionales e internacionales.

Frente a él en invierno se monta una pista de hielo donde locales y visitantes pueden disfrutar patinando. Al ser verano encontramos una plaza muy bien conservada en la que destacan los parterres de diferentes tipos de flores en torno a la Fontana kralj Tomislav, inaugurada en 1895.

En los lados este y oeste de la plaza se erigen palacios que fueron construidos por los mejores arquitectos de Zagreb.

La plaza forma parte de la Herradura Verde, un área en forma de U alrededor la Ciudad Baja que abarca unos 3 kilómetros que refleja la Zagreb del Imperio Austrohúngaro. Diseñada por el arquitecto Milan Lenuci en 1895, sigue un plan urbanístico similar al Ring de Viena combinando plazas, parques, jardines y senderos entre los que se suceden imponentes edificios clasicistas e historicistas entre los que predominan las fachadas amarillas.

La herradura se extiende desde la Plaza de Ban Jelačić hasta la estación del tren y a lo largo de su recorrido se encuentran la mayoría las instituciones de la ciudad (ministerios, juzgados), así como un buen número de los edificios representativos de la cultura (teatros, museos, galerías de arte, facultades, academias…), los palacios más importantes, hoteles y la estación central.

Nosotros comenzábamos precisamente por la estación, así que tras dar una vuelta a la Plaza Tomislav, retomamos nuestro camino para evocar aquella época. Muy cerca, en la calle Trg Ante Starčevića, destaca la Casa de Starčević (Starcevicev dom), construida gracias a donaciones y que hoy alberga la Biblioteca de la Ciudad de Zagreb.

Las grandes avenidas y los edificios que vamos encontrando a continuación, son una muestra clara de este pasado asutrohúngaro que comentaba.

Un poco más adelante, en la acera opuesta y ya en un tramo de la calle Ul. Antuna Mihanovića se erige el Hotel Esplanade.

Este histórico hotel de estilo Art Déco se construyó en 1925 concebido para alojar a los grandes viajeros que atravesaban Europa desde París hasta Estambul en el Orient Express. De ahí su ubicación junto a la estación. En la década de los años 20 fue el centro de la vida social de Zagreb y desde entonces ha alojado a todo tipo de personalidades, desde reyes y políticos hasta artistas, deportistas de élite o periodistas y ha organizado importantes acontecimientos sociales.

Durante la II Guerra Mundial sirvió como cuartel general de la Gestapo y la Wehrmacht.

En 2002 cerró para realizar una reforma importante y abrió dos años más tarde con cambio de nombre: The Regent Esplanade Zagreb. Aunque en 2012 abandonó la cadena Regent y ahora funciona como independiente.

Eso sí, no es el hotel más antiguo de la ciudad. Este título lo ostenta el Palace, una elegante mansión de época secesionista que fue construido en 1891.

Frente al Esplanade, mucho más imponente incluso que el hotel destaca la sede de los ferrocarriles croatas, un edificio que de nuevo nos sitúa claramente en Viena o Budapest.

Siguiendo nuestro camino a mano izquierda nos quedaba el Jardín Botánico (Botanički), que conecta las dos partes de la Herradura Verde. Creado en 1890 en sus aproximadamente 50.000 m² cuenta con 10.000 especies de plantas de todo el mundo. No pasamos, pero desde la verja se veía gran parte de los caminos así como aloes de diferentes tipos y tamaños.

Seguimos hasta la Plaza Marulić, donde se encuentra el Archivo y Biblioteca Estatal Croata. De estilo secesionista, fue concluido en 1913 siguiendo el diseño del arquitecto Rudolf Lubynski.

Destacan en el tejado los cuatro búhos que, bordeando la cúpula de la sala principal de lectura, sujetan sendos globos terráqueos.

En la plaza frente al edificio se rinde homenaje a Marko Marulić, poeta croata y defensor del humanismo cristiano. Aunque sobre todo es reconocido como el padre de la literatura croata.

En el suelo, entre el edificio y la estatua hay una placa que recoge un fragmento  del canto sexto de su obra más conocida, Judita.

Trudna toga plova ovdi jidra kala
plavca moja nova. Bogu budi hvala
Ki nebesa skova i svaka ostala. 

Como no íbamos a entrar en el edificio, seguimos por la calle Ul. Izidora Kršnjavog para girar después a la derecha en Rooseveltov trg, donde se erige el Museo Mimara (Muzej Mimara).

El nombre completo en realidad es Museo de Colección de obras de arte de Ante y Wiltrud Topić Mimara, en honor al coleccionista y benefactor croata que atesoraba obras de artistas de renombre como Tiziano, Velázquez, Leonardo, Goya, Raffaello, Caravaggio, Murillo, Delacroix , Manet, Renoir, Degas… Mimara no triunfó como pintor, sin embargo, tenía talento como restaurador y era capaz de calcular el valor de cualquier obra. Era tan reconocido en su trabajo que tras la II Guerra Mundial el gobierno yugoslavo le pidió asesoramiento para recuperar las obras de arte confiscadas por los nazis durante la ocupación.

Tras años viviendo en el extranjero regresó a Zagreb en la última etapa de su vida. Fue entonces cuando donó su colección a la ciudad para que se expusiera en un museo. Abierto desde 1987, se ubica en un palacio de estilo neorrenacentista de finales del siglo XIX que en su día fue un instituto y en la actualidad es uno de los museos más importantes de Europa Central. Cuenta con más de 3.700 obras de arte de diferentes culturas y civilizaciones. No solo posee unas 450 pinturas y dibujos de artistas de diferentes escuelas, sino que también alberga alrededor de 200 esculturas desde la Antigüedad hasta el siglo XX, objetos arqueológicos del antiguo Egipto y Grecia, una extensa biblioteca de más de 5.400 títulos y una colección de cristal. Aún así, hay quien parece que duda de la autenticidad de algunas de las obras y considera que son muy buenas reproducciones del mismo Mimara.

Frente al museo, al otro lado de la plaza se encuentra la Cámara de Economía Croata (Hrvatska gospodarska komora).

Muy cerca llegamos al extremo occidental de la Herradura Verde, a la Trg Republike Hrvatske, en cuyo centro se erige el Teatro Nacional de Croacia (Hrvatsko narodno kazalište u Zagrebu).

Este impresionante edificio neobarroco en tono amarillo fue diseñado por los arquitectos vieneses Ferdinand Fellner y Hermann Helmer, encargados también del Pabellón de Arte de Zagreb y el Akademietheater de Viena.

Fue inaugurado en 1895 por el emperador austrohúngaro Franz Joseph I y se ha convertido en un centro cultural de renombre internacional por el que durante algo más de un siglo han pasado artistas de la talla de Franz Liszt o Richard Strauss. Además, a su escenario se han subido muchos de los cantantes de ópera más famosos del mundo así como los mejores profesionales de ballet.

En la actualidad también acoge congresos, reuniones y eventos.

Frente a él tenemos otro edificio amarillo, el Museo de Artes y Oficios (Muzej za umjetnost i obrt), un museo diseñado para preservar los valores de la artesanía popular. Fundado el 17 de febrero de 1880 por iniciativa de la Sociedad de Arte es una de las primeras instituciones de este tipo en Europa.

En sus 2.000 m² distribuidos en 14 salas se exponen más de 100.000 objetos que abarcan desde el siglo XIV hasta el XX. Posee colecciones de arquitectura, escultura, pintura, diseño, gráficos, fotografía, impresión, metal, cerámica, vidrio, marfil, textiles, muebles, instrumentos musicales, relojes y pieles pintadas.

Contrasta a su lado el modernista edificio de la Academia de Música de la Universidad de Zagreb en el que predomina el acero y el cristal y que data de 2014.

Es la escuela de música más antigua y grande del país y se remonta a 1829, cuando se estableció la escuela de la Sociedad Musical de Zagreb en un momento en que Croacia era parte del Imperio Austrohúngaro. Tras la disolución del imperio y el establecimiento del Reino de Yugoslavia se convirtió en el Real Conservatorio, para un año más tarde pasar a ser conocida como la Real Academia de Música. En 1940 fue reconocida oficialmente como facultad universitaria.

Tras la II Guerra Mundial se dividió en la Escuela de música primaria y secundaria y la Academia de Música de Zagreb. Esta última se incorporó a la Universidad en 1979 y hoy en día es una de las tres academias afiliadas junto con la de Arte Dramático y la de Bellas Artes.

Al concluir en el extremo de la herradura nos dirigíamos hacia la Ciudad Alta, que merece entrada aparte.

Balcanes III. Aproximación a Croacia

Después del repaso por la antigua Yugoslavia, vamos a aproximarnos al primer país de nuestro viaje: Croacia. La Republika Hrvatska limita al noreste con Hungría, al este con Serbia, al sureste con Bosnia y Herzegovina y Montenegro, al noroeste con Eslovenia y al suroeste con el mar Adriático (donde comparte una frontera marítima con Italia). Tiene unos 57.000 km² divididos en veinte condados y la ciudad de Zagreb, su capital y ciudad más poblada.

El nombre de Croacia proviene del latín medieval Croatia, de Dux Croatorum (‘duque de los croatas’). Lo que no queda claro es su origen, aunque se cree que deriva de un término gótico o indoario que se usaba para referirse a los pueblos eslavos.

Los primeros habitantes de los que se tiene constancia fueron los neandertales de la época paleolítica. Mucho más tarde se establecieron en el territorio que hoy comprende Eslovenia, Croacia, Serbia, Kosovo, Montenegro y Albania los liburnianos y los ilirianos. Estos últimos lidiaron en la costa adriática con los griegos, quienes establecieron sus colonias en las islas de Korcula, Hvar y Vis. Por el norte presionaban a su vez los celtas.

En el año 9 d. C. Croacia quedó bajo el dominio del Imperio Romano como parte de la provincia de Dalmacia. Estos nuevos pueblos se organizadon en dos principados: Panonia (la actual Eslovenia, norte de Croacia y Bosnia, y partes de Austria, Eslovaquia, Hungría y Serbia) y Dalmacia (el resto de la actual Croacia y Bosnia, Montenegro, y partes de Albania y Serbia).

Durante esta época las ciudades se desarrollaron al modo romano con sus templos, anfiteatros, termas… y por supuesto calzadas romanas. Se construyeron hasta los mares Egeo y Negro y el río Danubio, lo que facilitó el comercio, la expansión de su cultura y el cristianismo. Teodosio fue el último emperador romano que gobernó el imperio unido, cuando murió en el 395 se dividió en dos (atravesando Montenegro a la mitad). La mitad oriental se convirtió en el Imperio Bizantino y perduró hasta 1435. Por contra, la occidental desapareció en el 476 con las invasiones de los visigodos, hunos y lombardos. Los godos ocuparon Dalmacia hasta el 535, cuando fueron expulsados por el emperador bizantino Justiniano.

En el siglo VII llegaron los ávaros, un pueblo nómada centroasiático conocido por su brutalidad. Sin embargo, fueron aniquilados en el Imperio Bizantino cuando incursionaron hacia Constantinopla gracias a la ayuda de dos tribus eslavas (los croatas y los serbios). Para el siglo VIII los croatas se habían instalado en la zona que hoy ocuparían Croacia y Bosnia. En ese momento el Ducado de Croacia comprendía casi toda la actual Dalmacia, partes de Montenegro y Bosnia occidental, mientras que el de Panonia incluía la actual Eslavonia, Zagorje y los alrededores de Zagreb. Ciudades costeras como Zadar, Split y Dubrovnik, además de las islas de Hvar y Krk pertenecían al Imperio Bizantino.

Los francos comenzaron a invadir poco a poco Europa Central desde el oeste y aunque tras la muerte de Carlomagno los croatas panonios intentaron revelarse, no lo consiguieron, pues no contaban con la ayuda de los dálmatas.

Tomislav fue el primer gobernante de Croacia que usó el título de rey de Croacia en una carta al Papa Juan X en 925. Unió por primera vez ambas ramas bajo un mismo reino que fue expandiéndose derrotando a húngaros y búlgaros.

Aunque los húngaros consiguieron el trono en 1102 al imponer el Pacta Conventa, que estipulaba que Hungría y Croacia eran entidades independientes gobernadas por la monarquía húngara. En los cuatro siglos posteriores el Reino de Croacia estuvo gobernado por el Parlamento (Sabor) y un Virrey (Ban) elegido por el rey húngaro. Durante este período hubo una lucha constante por el control de las costas del Adriático contra los avances del Imperio Otomano y la República de Venecia.

En 1428 los venecianos se hicieron con la mayor parte de Dalmacia, aunque la Ciudad-Estado de Dubrovnik consiguió mantenerse independiente. Por su parte los turcos conquistaron Krbava en 1493 y Mohács en 1526. Un año más tarde, tras la muerte del rey Luis II el parlamento eligió a Fernando I de Habsburgo como su sucesor con la condición de que mantuviera lejos a los turcos.

En 1538, tras las múltiples victorias otomanas, Croacia quedó dividida en una zona militar (controlada por el emperador austriaco) y otra civil. Por fin la primera derrota turca llegó en 1593 en la batalla de Sisak, lo que supuso una cierta estabilización de las fronteras. Poco más tarde, entre 1667–1698, tuvo lugar la Gran Guerra Turca, en la que los croatas recuperaron Eslavonia y los turcos comenzaron a retirarse del centro de Europa. Sin embargo, Bosnia continuó en el Imperio Otomano. Como consecuencia de la contienda bélica y de los movimientos fronterizos muchos croatas emigraron a Austria. Para compensar este flujo migratorio los Habsburgo reclutaron a los cristianos ortodoxos de Bosnia y Serbia para servir al ejército en la Frontera Militar.

Entre 1797 y 1809 el Primer Imperio francés fue ocupando la costa este del Adriático y terminando con las repúblicas de Venecia y Ragusa. Nacieron así las Provincias Ilirias. Napoleón encargó recuperar el territorio abandonado reforestando colinas, construyendo carreteras y hospitales así como escuelas primarias y secundarias y la universidad en Zadar.

Sin embargo, en 1815, tras la caída del imperio napoleónico y gracias al Congreso de Viena, Dalmacia fue anexionada por Austria y el resto de Croacia a la provincia húngara. Los croatas no quedaron muy contentos con este cambio, pues, aunque tradicionalmente los dálmatas de clase alta hablaban italiano y la nobleza del norte de Croacia alemán o húngaro; con la llegada de Napoleón y la educación implantada, había nacido en el sur un movimiento ilirio con una conciencia eslava que pretendía recuperar la lengua croata.

Durante la Revolución Húngara de 1848, el virrey Josip Jelačić ayudó a derrotar a las fuerzas húngaras, a lo que seguiría un proceso de germanización.​ Sin embargo, pronto esta política se vio que no funcionaba y en 1867 se celebró el Compromiso austrohúngaro por el que Croacia quedaba en manos de Hungría. Quedaban así unificados los reinos de Croacia y Eslavonia. Dalmacia por el contrario quedó bajo dominio austriaco. Cualquier intento de autogobierno en Croacia murió con este reparto.

No murió sin embargo el movimiento ilirio, ahora convertido en Partido Nacional y con aspiraciones a crear una entidad yugoslava que uniera a serbios y croatas). También apareció el Partido de los Derechos (liderado por el antiserbio Ante Starčević), que buscaba una una Croacia independiente integrada por Eslavonia, Dalmacia, Krajina, Eslovenia, Istria y parte de Bosnia y Herzegovina. Como reacción se desarrolló el sentimiento de una identidad serbia ortodoxa independiente. Aún así, el espíritu de unidad creció y en 1905 los croatas de Rijeka y los serbios de Zadar se unieron para exigir la unificación de Dalmacia y Eslavonia.

Austría-Hungría pretendía conformar una federación en la que Croacia fuera una unidad federal, sin embargo, estalló la I Guerra Mundial y cayó el Imperio Austrohúngaro. El 29 de octubre de 1918 el parlamento declaró la independencia y como ya hemos visto en la entrada previa, Croacia se incorporó al recién formado Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios, que a su vez se uniría en diciembre con Reino de Serbia formando así el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos con sede en Belgrado. La cosa no cambió mucho con respecto a la etapa anterior, ya que los croatas apenas contaban con autonomía. Y menos aún con la constitución de 1921 que abolió el Parlamento croata y centralizó el poder en Belgrado. El croata Stjepan Radić, que creía en una Yugoslavia federal, capitaneó la oposición y en vista de que era una seria amenaza contra el régimen acabó siendo asesinado en 1928 en la Asamblea Nacional.

El rey Alejandro I aprovechando el momento de caos y el miedo de la población a una guerra civil acabó imponiendo una dictadura monárquica. Abolió los partidos políticos y el Parlamento. Al día siguiente de esta proclamación el bosnio croata Ante Pavelić fundó en Zagreb el Movimiento de Liberación Croata de la Ustacha con el objetivo de conseguir la independencia. Contactó con revolucionarios macedonios antiserbios en Bulgaria y luego marchó a Italia donde gracias a Mussolini creó campos de entrenamiento. En 1934 asesinaron al rey en Marsella.

Pero no todo el mundo comulgaba con estas políticas y también hubo un importante movimiento antifascista: el de los partisanos de Liberación Nacional dirigidos por Josip Broz “Tito”, que obtuvo un amplio apoyo popular a su manifiesto por la Yugoslavia Federal.

En 1941 Alemania e Italia ocuparon Yugoslavia y algunas partes de Croacia se incorporaron al Estado Independiente de Croacia (NDH), que no era más que un estado títere de los nazis con miembros exiliados de la Ustacha en el poder. Pronto los ultranacionalistas introdujeron leyes antisemitas y de limpieza étnica. Se cargaron a judíos (se estima que de 39.000 solo sobrevivieron 9.000), a unos 537.000 serbios (aunque los datos son inciertos) y a gitanos. También unos 200.000 croatas fueron asesinados durante el conflicto.

En junio de 1941 se fundó el Primer Partido Separatista Sisak y nació una resistencia comunista multi-étnica y anti-fascista liderada por Tito. Los aliados, que se dieron cuenta de que los partisanos eran los verdaderos antinazis, los apoyaron logísticamente y en equipamiento, entrenamiento, asistencia de tropas y fuerzas aéreas. Así, el 20 de octubre de 1944, entraron en Belgrado junto al Ejército Rojo y en 1945, con la rendición de Alemania, Pavelić y la Ustacha huyeron y los partisanos tomaron Zagreb. Para mayo de 1945 se habían hecho con el control de Yugoslavia y de las regiones cercanas de Trieste y Carintia. Tras la II Guerra Mundial Croacia se convirtió en una unidad federal socialista perteneciente a la República Federal Socialista de Yugoslavia.

En 1967 varios autores y lingüistas croatas demandaron una mayor autonomía del idioma. Poco después surgió un movimiento que reclamaba más derechos civiles y la descentralización de la economía. Estas peticiones fueron el germen de la Primavera Croata de 1971. Y aunque las protestas fueron reprimidas por el gobierno, en la constitución yugoslava de 1974 se acabó incrementando la autonomía de las unidades federales.

Con la muerte de Tito en 1980 ya vimos en la entrada sobre Yugoslavia que el poder del Estado comenzó a inclinarse hacia Serbia mientras el resto de repúblicas miraban con desconfianza planteándose la disolución. Eslovenia fue la primera en plantarse ante Milošević y moverse hacia la independencia. Croacia miraba de reojo, pues si Eslovenia se independizaba le iba a ser insostenible quedarse en una Yugoslavia totalmente descompensada hacia el lado serbio.

En 1990 se celebraron las primeras elecciones multipartidistas y ganó Franjo Tuđman, de la Unión Democrática Croata. A finales del mismo año una nueva Constitución croata cambió el estatus de los serbios en Croacia (unos 600.000), que pasaron de ser una “nación constituyente” a una minoría nacional. La nueva Carta Magna no garantizaba los derechos de las minorías, lo que provocó despidos en masa de funcionarios serbios. Seguían las tensiones.

Tras el referéndum de mayo de 1991 en el que ganó por aplastante mayoría el sí, se proclamó la República el 25 de junio. Ante esto, los serbios declararon la autonomía de territorios para conformar la República Serbia de Krajina. Varios violentos enfrentamientos acabaron desembocando en una guerra que duró 6 meses y en la que murieron 10.000 personas, cientos de miles huyeron y decenas de miles de hogares fueron destruidos. El 3 de enero tuvo lugar el alto el fuego gracias a la intervención de la ONU. Las tropas se retiraron y disminuyeron las tensiones. La Unión Europea reconoció a Croacia como país y poco después lo hizo la ONU.

Los serbios de Krajina no querían ser croatas, sino que votaron a favor de unirse a la Gran Serbia, que incluía partes de Bosnia y Croacia controladas por los serbios. Ante este avance los croatas y los musulmanes bosnios se unieron, pero acabaron enfrentándose entre ellos y los primeros derribaron el antiguo puente de Mostar. El conflicto acabó en 1994 con la creación de la Federación croata-musulmana.

Paralelamente el Gobierno de Croacia se hizo con armas y en mayo de 1995 el Ejército y la policía conquistaron la ocupada Eslavonia occidental. Los serbios de Krajina respondieron bombardeando Zagreb. Sin embargo, sin el apoyo de Belgrado tuvieron que retroceder y el ejército serbio acabó huyendo al norte de Bosnia. Finalmente en 1995 se dio por concluida la guerra firmando el Convenio de Erdut donde Croacia recuperó sus territorios ocupados. Recuperó así la Eslavonia oriental.

En 1999 murió Franjo Tuđman y un año más tarde se celebraron unas elecciones en las que Stjepan Mesić se convirtió en el presidente del país. Hasta el momento la constitución contemplaba un sistema bicameral, pero en 2001 se cambió por uno unicameral aboliendo la Cámara de los Condados.

En 2013 Croacia se convirtió en el 28º país en ingresar en la Unión Europea, para lo que tuvo que resolver las disputas fronterizas que mantenía con Eslovenia. Sin embargo, de momento no ha entrado en el Euro y sigue manteniendo la Kuna.

En febrero del 2015, Kolinda Grabar-Kitarović, del partido ultraconservador Unión Democrática Croata, se convirtió en la primera mujer en llegar a la presidencia de Croacia.

De las antiguas repúblicas que formaban Yugoslavia, Croacia es probablemente la que más se ha abierto al turismo y se encuentra dentro de los veinte destinos turísticos más visitados del mundo. Sobre todo la industria turística se centra en sus 1.779 kilómetros de costa y 1.244 islas, aunque también el interior recibe visitantes que buscan destinos de montaña, agroturismo (cuenta con ocho Parques Nacionales y diez Parques Naturales) y balnearios. Este crecimiento quizá se debe a la rápida mejora de sus infraestructuras llevada a cabo entre finales de los 90 y principios de los años 2000. Por ejemplo, se mejoraron las carreteras consiguiendo que Zagreb quedara conectada con casi todas las regiones y más allá, traspasando las fronteras a otras capitales europeas próximas como Liubliana, Belgrado, Sarajevo o Budapest. Asimismo cuenta con una importante red de ferrocarriles que cubre casi 3000 kilómetros y seis aeropuertos internacionales (Zagreb, Zadar, Split, Dubrovnik, Rijeka, Osijek y Pula).

Obviamente los puertos tienen gran relevancia, pues un país con una gran línea costera. El de carga más importante es el de Rijeka y los más transitados son los de Split y Zadar. Cuenta además con varios menores desde los que salen trasbordadores que unen la costa con las numerosas islas del país así como con Italia. A nivel fluvial, cabe destacar el de Vukovar, a orillas del Danubio.

Como consecuencia de su ubicación geográfica, Croacia aúna cuatro culturas diferentes. Por una parte sirve de eje entre la cultura occidental y oriental ya que osciló entre Imperio Romano e Imperio Bizantino. Por otra entre la cultura centroeuropea y la mediterránea.

El momento álgido de su cultura nacional fue la época iliria, cuando hubo un gran desarrollo de las artes y la cultura. Además supuso la emancipación del idioma croata, una lengua eslava meridional. Entre 1961 y 1991 el idioma oficial fue el serbocroata (también llamado como croataserbio). En aquel momento la serbia y la croata no eran consideraban como dos lenguas diferentes a pesar de que usaban alfabetos distintos (el croata usa el latino mientras que el serbio el cirílico serbio). En la actualidad se intenta mantener el idioma limpio de extranjerismos y se han adaptado para que parecieran eslavas palabras ya incorporadas a su vocabulario de origen austriaco, húngaro, italiano y turco.

La mayor parte de la población del país es croata (casi un 90%), del mismo modo, el catolicismo es la religión mayoritaria. Y es que la afiliación religiosa en Croacia va relacionada con la procedencia étnica, de forma que por ejemplo la mayor parte de los cristianos ortodoxos son de origen serbio y viven en las ciudades cercanas a la frontera con Bosnia-Herzegovina, Serbia y Montenegro. Según la constitución se trata de un estado laico donde hay libertad de culto y libertad de profesar de forma pública la convicción religiosa de cada uno.

A efectos reales, la iglesia y los grupos conservadores cuentan con una importante influencia en todos los ámbitos de la vida de la ciudadanía. Queda especialmente patente en el debate sobre el derecho al aborto que, aunque es legal desde mediados de 1946 (cuando aún era Yugoslavia), desde 2003 la ley permite ejercer su derecho de objeción de conciencia a los médicos. Se estima que un 70% del personal médico se declara objetor de conciencia, algo que ya en 2014 provocó que en cinco hospitales públicos no se realizasen interrupciones voluntarias del embarazo. En aquel momento el partido socialista introdujo una medida por la que en tal caso se contratase a profesionales externos para garantizar la intervención. Sin embargo, esta medida fue eliminada al llegar el partido deGrabar-Kitarović al gobierno.

La Iglesia también intervino recientemente para exigir que el país no ratificara el Convenio de Estambul, pues se resisten a reconocer los derechos de las personas trans y el matrimonio igualitario. Las uniones civiles entre personas del mismo sexo fueron aprobadas en 2003, pero no estaban equiparadas a las heterosexuales, ya que no podían adoptar ni tenían derecho en relación a impuestos, propiedades, seguros médicos o pensiones. Hubo que esperar hasta 2014 cuando, gracias a 89 votos a favor y 16 en contra, se aprobó la nueva ley por la que los homosexuales consiguieron los derechos a heredar y pensionarse entre sí, así como los beneficios fiscales y de atención médica que ya tenían las parejas heterosexuales. Eso sí, sigue sin contemplar la adopción y no queda recogido como matrimonio sino como unión civil, ya que la Iglesia Católica de Croacia emprendió una campaña de recogida de firmas y un posterior referéndum que, a pesar de contar con una participación inferior al 40%, fue vinculante.

Religión y política aparte, hay muchos motivos para visitar Croacia, ya sea para conocer su historia, sus playas o su naturaleza. Ya habíamos pisado suelo croata en 2008 cuando visitamos Dubrovnik como escala del crucero por el Mediterráneo, así que esta vez descartamos la ciudad amurallada y decidimos comenzar por Zagreb, la ciudad más poblada de Croacia.

Balcanes II. Repaso de Historia. Recordando Yugoslavia

Antes de comenzar a recorrer Zagreb, vamos a ponernos un poco en situación sobre dónde nos encontramos para tener un contexto. En mi caso durante toda mi etapa escolar he sido una negada en Historia. Es curioso porque sin embargo siempre me han gustado mucho las letras en general y la lectura, pero tuve mala base en el colegio y de ahí me costó remontar. Nuestro profesor nos hacía leer en alto la lección y después copiarla. Había días que a lo mejor teníamos que hacer un par de ejercicios, pero cero interés o comprensión de la materia. Así que a pesar de los notables en mis notas hay un gran vacío en mi mente que voy llenando a medida que viajo y me intereso un poco sobre los lugares que voy a visitar.

Con la antigua Yugoslavia no podía ser menos, claro. No aprendí nada en su día, y eso que la desintegración del país me pilló en el último ciclo de la EGB y podría haber comprendido el contexto histórico sobre la marcha. Pero no, estábamos al copia y pega. A mediados del último curso de la ESO, allá por el 95/96, llegó un nuevo compañero procedente de Croacia, Zoran, que nos contó que había dejado atrás su país tras la guerra. Sin embargo, su falta de dominio del castellano y lo espinoso del tema influyeron en que no habláramos con él de ello. Así pues, no aprendí nada en su momento y ahora, más de veinte años después toca visitar aquellas tierras y de tratar de entender aquella guerra, el pasado y el presente. Allá vamos.

La pérdida de poder del Imperio Otomano a principios del siglo XIX y las Guerras de los Balcanes de 1912-1913 contribuyeron a que en 1918 se constituyera un nuevo estado a partir de la unión de los Reinos de Serbia y de Montenegro con territorios que habían pertenecido al Imperio Austrohúngaro (Croacia, Eslovenia y Vojvodina; Carniola, parte de Estiria y la mayor parte de Dalmacia del lado austríaco, además de la provincia imperial de Bosnia y Herzegovina). Nació así el  1 de diciembre Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos a las órdenes de Alejandro I, de la dinastía serbia Karađorđević. El reino fue llamado Yugoslavia o Yugoeslavia (tomando las palabras serbias Yug, que significa “sur”, y Slavija, que viene a ser “Tierra de eslavos”). Sin embargo, no fue fácil cohesionar a un país formado por tal diversidad. El estado contaba con cuatro culturas (con ocho raíces culturales diferentes), tres lenguas, dos alfabetos y siete religiones. Lo de Bélgica queda como un chiste si comparamos.

Ya desde el principio había tensiones entre las diferentes nacionalidades, pero la cosa se puso más complicada aún en 1928 cuando Stjepan Radić, líder del Partido Campesino Croata, fue asesinado en el parlamento y fue acusado un diputado montenegrino. El rey clausuró el parlamento y asumió el gobierno del país convirtiéndolo en el Reino de Yugoslavia. Y este no fue el único cambio, ya que la organización territorial pasó a tener una mirada en la que en el centro estaba la Gran Serbia, obviando así las nacionalidades históricas. Ahora parece claro ver que esto fue un error, pero si lo extrapolamos a otras situaciones, vemos que no hemos aprendido nada.

Pero la cosa fue a peor cuando en 1934 el rey Alejandro I fue asesinado en Marsella por un guerrillero búlgaro coordinado con facciones croatas en el exilio. Le sucedió en el trono el prepúber Pedro II, de tan solo doce años. Poco podía hacer el muchacho, así que tomó las riendas el príncipe Pablo. Pero resultó llevar a cabo políticas proalemanas, así que a principios de 1941 un Golpe de Estado llevó al trono a Pedro, que ya tenía 19 años. Este movimiento no contentó a Hitler, que el 6 de abril bombardeó Belgrado. A esta repuesta le siguió la invasión del país por parte de tropas alemanas, italianas, búlgaras, húngaras y rumanas, quienes desintegraron Yugoslavia repartiéndosela entre ellos. Nacieron en su lugar el Estado Independiente de Croacia, el Estado Independiente de Montenegro y el Estado Independiente de Serbia.

Tras la II Guerra Mundial y la pérdida de más del 10% de la población, los victoriosos partisanos de Tito organizaron la refundación del país: la Yugoslavia socialista. En 1945 se proclamó la República Democrática Federal de Yugoslavia con Ivan Ribar como presidente y con Josip Broz Tito como Primer Ministro. El 31 de enero de 1946 la nueva constitución estableció la nueva organización territorial formada por las seis repúblicas constituyentes:

  1. República Socialista de Bosnia y Herzegovina, con capital en Sarajevo;
  2. República Socialista de Croacia, con capital en Zagreb;
  3. República Socialista de Macedonia, con capital en Skopje;
  4. República Socialista de Montenegro, con capital en Titograd;
  5. República Socialista de Serbia, con capital en Belgrado, que incluía la Provincia Autónoma Socialista de Kosovo, con capital en Priština y la Provincia Socialista Autónoma de Vojvodina, con capital en Novi Sad y
  6. República Socialista de Eslovenia, con capital en Liubliana.

En noviembre del mismo año se llevaron a cabo reformas que acentuaron más el carácter socialista del país y se introdujo el sistema socioeconómico del socialismo de autogestión. También se cambió el nombre del país a República Federal Popular de Yugoslavia.

En 1953 Tito fue elegido presidente. En su gobierno pretendía corregir los errores cometidos con anterioridad y quería un Estado en el que no hubiera ningún grupo étnico dominante. Sin embargo, el equilibrio era complicado y el hecho de que el poder se concentrara en Belgrado no contentaba a todo el mundo. Además, las repúblicas más prósperas consideraban que su dinero se iba a las más pobres. Lo mismo de siempre, vaya.

En 1963 Tito fue declarado “Presidente de por vida”, momento en que se volvió a cambiar la denominación del país, convirtiéndose en República Federal Socialista de Yugoslavia (RFSY). En 1974 se reforzó el poder de autogestión de las seis repúblicas en la nueva constitución.

Cuando Tito murió en 1980 la Yugoslavia que quedó era profundamente inestable económica y políticamente. Algo que unido a la falta de liderazgo y a la batalla por la sucesión recrudeció las tensiones entre los diferentes pueblos. Sin un líder, creció la desconfianza entre los diferentes nacionalismos. En Serbia subió al poder el nacionalista Slobodan Milošević y con él la situación política iba empeorando cada más por las provocaciones hacia el resto de grupos étnicos. En 1989 la mayoría albanesa fue reprimida en la provincia serbia de Kosovo y los temores por una hegemonía serbia seguían en aumento.

En 1991 Eslovenia y Croacia declararon su intención de independizarse, pues veían cómo partidos nacionalistas serbios (ortodoxos) cada vez iban ganando más poder y no se sentían identificados con la idea que estos tenían de la Gran Serbia. A estas dos les siguieron Macedonia y Bosnia-Herzegovina en 1992. Yugoslavia, ahora conocida como República Federal de Yugoslavia tras abandonar el socialismo, se quedó únicamente formada por Serbia y Montenegro.

Eslovenia lo tuvo más fácil, ya que tras una guerra de 10 días se había independizado. La explicación es sencilla. En primer lugar tuvo rápidamente reconocimiento de países próximos y a la federación no le interesaba luchar contra potencias como Italia o Austria. Además el territorio no era muy grande, por lo que no parecía compensar meterse en tal jardín. Pero sobre todo, el principal motivo es que apenas había diversidad étnica. Prácticamente toda la población era eslovena.

Croacia viendo los resultados de Eslovenia tiró también para adelante. Sin embargo no fueron tan afortunados, pues al contrario que en Eslovenia, sí que contaban con una importante población serbocroata. En este caso sí que se encontró con más resistencia desembocando en una guerra contra el JNA, el Ejército Popular Yugoslavo, que reivindicaba territorios croatas con mayoría de población de origen serbio. Al líder nacionalista serbio Slobodan Milosevic y al serbo-bosnio Radovan Karadzic se les había metido en la cabeza que allá donde había un serbio había patria.

En mayo de 1991 se celebró un referéndum en el que un 93% de la población (con un 83% de participación) votó a favor de la independencia croata. Sin embargo, cuando la proclamó el 25 de junio los serbios declararon la autonomía de varias regiones para conformar la República Serbia de Krajina. Estos acontecimientos provocaron violentos enfrentamientos en Krajina, Baranja y Eslavonia dando inicio a la Guerra Croata de Independencia, un cruento conflicto que redujo el control croata a menos de una tercera parte de su territorio. Durante los seis meses que duró el enfrentamientos murieron 10.000 personas, cientos de miles huyeron y decenas de miles de hogares fueron destruidos.

Con dos repúblicas menos, se planteó celebrar un referéndum para conocer si la población estaba a favor o no de la independencia, algo que no fue bien visto por los serbo-ortodoxos, que abandonaron el parlamento para así manifestar su disconformidad (una costumbre que parece haberse adoptado por nuestros lares). El presidente del Partido Democrático Serbio, Radovan Karadzic insistía en que la secesión de Yugoslavia no se podía llevar a cabo contra la voluntad de la nación serbia. Además, amenazó con proclamar una nación serbia en Bosnia y Herzegovina. El referéndum tuvo lugar el 1 de marzo de 1992 con un 67% de participación y una aplastante victoria del sí con un 99,43% de los votos. Por tanto, como no hay dos sin tres, 4 días más tarde Bosnia y Herzegovina se autoproclamaba independiente. Tal y como habían anunciado, los serbios del país ocuparon el 49% del territorio bosnio estableciendo el 7 de marzo la República Srpska (República de los Serbios).

Comenzó la guerra entonces con Sarajevo como el epicentro del conflicto. La ciudad sufrió un asedio que duró desde el 5 Abril de 1992 hasta el 14 diciembre 1995. El VRS (Ejército de la República Srpska) bombardeó la ciudad cargándose mezquitas, iglesias, el parlamento, la biblioteca… Los ataques a civiles eran cada vez más sangrientos, no importando si se trataba de hospitales, colegios… Muchos soldados serbios lo veían como un juego. Se pasaban el día bebiendo y apostando a ver cuántas personas podían matar con sus disparos. Por supuesto las violaciones a mujeres y niñas estaban a la orden al día.

Finalmente la guerra concluyó básicamente por 3 motivos:

  • Por un lado porque la OTAN intervino bombardeando Serbia tras la masacre de Srebrenica en la que fueron aniquilados unos 8.000 musulmanes.
  • Por otro porque los propios soldados serbo-bosnios empezaron a darse cuenta de que luchaban por un imposible.
  • Y finalmente porque ya no quedaba limpieza étnica que hacer.

El 21 Noviembre 1995, en Dayton (EEUU) los presidentes de Bosnia, Croacia y Serbia firmaron un acuerdo de paz mediante el que Bosnia quedó dividida en dos partes (la República Srpska con el 49% del territorio donde viven bosnios-serbios) y la Federación de Bosnia y Herzegovina (con el 51% del territorio, dividida en 10 cantones, donde conviven sin mezclarse bosnios musulmanes y bosnios croatas).

Es decir, al final los serbios se quedaron con la mitad del país. Y además, mientras que antes de la guerra había una convivencia, una mezcla de las diferentes etnias; hoy en día hay una separación geográfica dejando a un país más separado aún de lo que estaba.

En 2003 la República Federal de Yugoslavia pasó a ser la unión de Estado de Serbia y Montenegro, aunque en 2006 Montenegro se independizó y se convirtieron en estados autónomos.

En la actualidad sigue habiendo conflicto en los Balcanes, pues Kosovo sigue en disputa entre Serbia y la autodenominada República de Kosovo. Aunque Kosovo ya ha sido reconocido como estado por 113 de los 193 miembros de la ONU (España no, claro, no sea que le repercuta a nivel interno).

Han pasado 25 años de aquel sangriento conflicto y los nuevos países han ido creciendo, pero seguro que queda mucho que descubrir en sus calles.

Balcanes I. Día 1: Vuelo y llegada a Zagreb

Los tres meses que transcurrieron entre nuestro Road Trip y el viaje a los Balcanes se hicieron duros, pero finalmente llegó el día del comienzo de nuestras vacaciones. Nuestro vuelo estaba programado para las 16:30, así que salimos de casa a las 2 de la tarde pues teníamos que facturar.

Esta vez íbamos a ser 3 (pues se venía con nosotros mi prima) y habíamos concentrado nuestro equipaje de forma que prácticamente el 85% quedara recogido en la mochila de 50 litros. Además, cada uno llevaríamos una mochila de mano: una de 25l con la ropa restante, otra de 30l en la que llevamos la electrónica (cargadores, baterías, cámara, cables…) y una tercera de estilo escolar con la documentación (billetes, reservas, información sobre el destino), una botella de agua y comida.

Tras facturar la mochila nos dirigimos al control y buscamos nuestra puerta de embarque. Y para hacer tiempo, nos sentamos tranquilamente a comernos nuestros bocadillos de tortilla francesa. En teoría teníamos una hora por delante de espera, pero acabó convirtiéndose en hora y media, porque el vuelo se retrasó y no salimos hasta las 16:50. Así, también tardamos algo más de lo previsto en llegar y, aunque recuperó en el trayecto, pisamos suelo croata a las 19:30. Después tuvimos que pasar por el control de pasaportes, lo que nos entretuvo fácilmente otra media hora.

Eso sí, cuando llegamos a la cinta para recoger el equipaje, nuestra mochila estaba ya allí dando vueltas, con lo que fue cogerla y buscar la salida.

Para llegar al alojamiento teníamos que coger un autobús, pero no llevábamos kunas, así que lo primero que hicimos fue buscar un cajero para sacar efectivo. La Revolut funcionó a la perfección en el cajero croata.

Tras un breve paso por la oficina de información para confirmar los datos del bus y hacernos con un mapa, nos fuimos directos a la dársena, pues el bus estaba ya con las puertas abiertas. El trayecto al centro de la ciudad nos costó 30 kunas por persona.

Al final, entre unas cosas y otras nos habían dado las 9 de la noche y teníamos que contactar con la anfitriona de nuestro alojamiento para hacerla saber que, aunque íbamos con retraso por el vuelo, estábamos al llegar. Nos costó contactar y encontrarnos por un malentendido con el número de portal, pero finalmente lo conseguimos. Después de enseñarnos el piso, comentarnos algunos detalles (como que cerráramos las ventanas si llovía porque entraría el agua dentro) y tomar nuestros datos para el registro, nos dejó solos.

El piso era bastante amplio, con un salón conectado a la cocina (parece que habían tirado una parte de la pared que los separaba), un baño y dos habitaciones. Era algo viejo, pero se veía que habían hecho algo de reforma y reacondicionamiento.

Pero tampoco nos entretuvimos mucho, pues era tarde y además de querer pasarnos por la estación para intentar sacar los billetes a Liubliana había que buscar cena.

Dadas las horas, las taquillas de la estación no estaban abiertas y el billete, al ser internacional, no se podía sacar en máquina, por lo que solo nos quedaba encontrar algo de comer. Siendo sábado por la noche solo había abiertos locales de comida rápida tipo kebab o pizzerías, así que acabamos en uno que además tenía una especie de bocadillos con pan parecido al de pita y tras comprar uno para cada uno y algo de beber (87 kunas), volvimos al apartamento.

Mientras cenamos nos replanteamos nuestros planes. Nos dimos cuenta de que habíamos cogido el apartamento para un día menos de lo que pensábamos estar en la ciudad  (cosas que pasan a veces), por lo que tuvimos que buscar otras opciones de alojamiento. Sin embargo, dado que vimos que había bastantes apartamentos disponibles en diferentes webs, lo pospusimos para el día siguiente para hablar con nuestra anfitriona y ver si podíamos alargar un día más en su casa. Si no, pues al menos sabíamos que tendríamos dónde elegir.

Otro tema a tratar fue la excursión a Liubliana, que teníamos pensada hacer el domingo (al día siguiente). No obstante, nos encontrábamos con dos problemas. Por un lado la previsión meteorológica amenazaba con un diluvio, y por otro el tren salía a las 7 de la mañana y no teníamos los billetes. Sin embargo, en Zagreb, aunque parecía que también iba a llover, la previsión auguraba tormentas intermitentes y de menor intensidad. Así pues, alteramos el orden y dejamos el viaje a la capital eslovena para el lunes, que ya la lluvia se habría marchado. De este modo podríamos sacar también con tiempo los billetes.

Tras deshacer las mochilas para repartirnos la ropa y unas duchas rápidas, nos fuimos a descansar entre truenos y relámpagos. Parece que sí que llegaba la lluvia. Eso sí, habíamos cerrado las ventanas y bajado las persianas para que no lloviera dentro.

Preparativos de nuestro viaje a los Balcanes

Volvimos de nuestro viaje por Estados Unidos y Canadá a mediados de mayo y aún no teníamos nada cerrado para verano. Sí que había algo en mente, pero no habíamos empezado a mover nada. Sin embargo, el tiempo se nos echaba encima. Seguíamos con la idea de recorrer los Balcanes y, aunque ya sabíamos por el año anterior que no iba a ser fácil debido a las conexiones, teníamos la esperanza de que las líneas ferroviarias se hubieran restituido y nos permitiera más opciones.

De nuevo eché mano de la idea que habíamos apartado de visitar Liubliana, Zagreb, Belgrado, Sarajevo, Podgorica, Tirana y Skopje; solo que esta vez con un planteamiento más realista dejándolo en la mitad: Liubliana, Zagreb y Sarajevo. Y ya dejaríamos el resto para otro año. Este nuevo objetivo era algo más sencillo de llevar a cabo, eso sí, entrando por Croacia, que era el país que mejores combinaciones aéreas parecía a tener. Aunque no precisamente baratas. Pero era agosto, contábamos con ello.

Valoramos las diferentes combinaciones entre los tres aeropuertos de Croacia (Zagreb, Dubrovnik y Split) y tras obviar Dubrovnik para no repetir (ya la habíamos visitado en 2008 en el crucero y preferíamos conocer nuevos destinos), al final lo que mejor nos salía era volar a Zagreb y volver desde Split con Iberia.

Llegó junio y tocó el momento de plantear un itinerario. La parte más compleja, cómo no, era llegar a Sarajevo, que nos suponía dedicarle media jornada para cada trayecto en bus.

Pero por lo demás, de Zagreb a Liubliana había un tren internacional que conectaba ambas ciudades en unas dos horas y de Zagreb a Split uno nacional. Llegamos incluso a valorar acercarnos a Zadar desde Split, pero finalmente preferimos añadir ese tiempo a Sarajevo para verlo con más calma.  Así pues, la ruta nos quedó así:

Día 1: Vuelo Madrid a Zagreb
Día 2: Zagreb – Liubliana – Zagreb Día 2: Zagreb (Parte I, Parte II, Parte III y Parte IV)
Día 3: Zagreb
Día 4: Zagreb – Split
Día 5: Split a Sarajevo
Día 6: Sarajevo
Día 7: Sarajevo
Día 8: Sarajevo – Split
Día 9: Vuelo Split a Madrid

Con el itinerario claro comenzamos a sacar los billetes de bus y alojamientos. Para el tren tendríamos que esperar, ya que el de Zagreb a Liubliana no se podía comprar por internet y el de Zagreb a Split solo lo ponen a la venta con dos meses de antelación, por lo que tuvimos que postergarlo a julio.

También en julio concretamos lo que queríamos ver en cada ciudad y cerramos las rutas.

Por último, solo nos quedaba sacarnos el seguro del viaje, pues aunque Eslovenia y Croacia están en la Unión Europea desde 2004 y 2013 respectivamente, Bosnia no, por lo que la tarjeta sanitaria europea no tiene validez.

En cuanto a la moneda, Eslovenia sí que adoptó el Euro en 2007. Croacia sin embargo mantiene aún la kuna (HRK). Además, Bosnia tiene el Marco Bosnio Convertible (BAM), así que necesitábamos llevar 3 divisas diferentes. No obstante, gracias a la Revolut y a la Bnext, solucionado. Sacaríamos algo de efectivo para compras pequeñas, y el resto pagando con ellas.

En Eslovenia y Croacia podríamos mantener nuestras tarifas de móviles. Bosnia sin embargo no se encuentra dentro del acuerdo del Roaming, por lo que tendríamos que buscar alternativa si queríamos contar con internet. En el país hay tres operadoras: BH Telecom, m:tel y HT Eronet, aunque la primera de ellas es la que tiene mayor cobertura. Comercializan la tarjeta Ultra prepago por unos 5 BAM (unos 2.55€) con una versión de 300 Mb sin voz, solo datos y SMS con una validez de 7 días. Nosotros íbamos a estar dos días en la ciudad, así que – aunque el precio no era excesivo – no parecía imprescindible. Podríamos esperarnos a llegar al alojamiento si queríamos navegar y por el día tirar de mapas sin conexión.

Y con todo listo, solo nos quedaba esperar a finales de agosto para poder disfrutar de tierras balcánicas.

Preparativos de nuestro viaje a Letonia, Lituania y Polonia

Tras volver de Suiza comenzamos a planificar nuestras vacaciones de verano. Queríamos dedicar unos 10-15 días a recorrer Europa en tren tal como habíamos hecho en 2013 por Benelux o en 2015 por Capitales Imperiales.

Teniendo en cuenta que no queríamos repetir destino, estaba claro que íbamos a elegir Este.

O bien la antigua Yugoslavia, o bien antiguas repúblicas soviéticas. Para salir de dudas, estuve indagando sobre vuelos, posibles itinerarios y conexiones ferroviarias de ambas opciones, y ahí comenzaron los problemas.

Una ruta que nos habíamos planteado cubría Liubliana, Zagreb, Belgrado, Sarajevo, Podgorica, Tirana y Skopje. A priori, con el mapa delante, parecía una buena idea. Son ciudades que están a relativa corta distancia, de países distintos y con atractivos diferentes cada una. Había que jugar con fechas y diferentes aeropuertos para conseguir optimizar los días, pero después de mucho trastear, parecíamos tenerlo.

Sin embargo, en la práctica, corta distancia no significa corto trayecto. O ni siquiera que exista conexión. Cuando me puse a investigar sobre trenes, horarios y duración de los viajes me encontré con que en Bosnia se iban a llevar a cabo trabajos de renovación de todas las vías ferroviarias. Además, según la página del Ministerio de Asuntos Exteriores, si cruzábamos a Kosovo podríamos tener problemas en los puestos fronterizos, ya que España no lo reconoce como país (no sea que tengamos que reconocer el derecho a la independencia de algunos territorios propios).

Así pues, la cosa se nos complicaba, mayo avanzaba y no teníamos nada cerrado. Por tanto, decidimos dejar esa zona para otro momento y valorar viajar más al norte. Cuando hicimos el crucero por el Báltico nos habíamos quedado con las ganas de visitar Riga, y también llevábamos tiempo queriendo pisar suelo polaco, así que como Lituania está en medio, concluimos que ya teníamos plan B: Riga-Vilna-Polonia. ¿Y quizá Bielorrusia y hacer una excursión a Minsk?

Este nuevo objetivo era más sencillo, ya que teníamos buenas combinaciones de vuelos y, aunque no había tren Letonia  – Lituania y Lituania – Polonia, sí que había autocares que tenían buena pinta y salían bien de precio. Polonia la íbamos a recorrer en tren y con un mapa ferroviario delante podíamos respirar tranquilos porque pintaba mucho mejor que el plan A.

Con los datos así en bruto y a falta de concretar las ciudades polacas a visitar, encontramos que la mejor opción por fechas y precio era entrada por Riga y salida por Varsovia. Así que, sin demorarlo más, a finales de mayo compramos los billetes de avión Madrid – Riga con AirBaltic y la vuelta Varsovia – Madrid con Norwegian. Ambas compañías desconocidas para nosotros hasta la fecha.

Apenas unos días más tarde, cuando aún estábamos con la ruta sin terminar de concretar, me llegó una alerta de una campaña de los hoteles Ibis en Polonia con habitaciones dobles desde 9€ de julio a diciembre.

Claro, no pude por menos que comprobar si era verdad. Y sí, lo era, había oferta en los hoteles de las principales ciudades polacas. No todos a 9€, claro, pero aún así tenían buen descuento. Fue el empujón que nos faltaba para cerrar el itinerario y, en unos minutos, tras comprobar localización, precio y condiciones, reservamos en Cracovia, Poznan y Varsovia. No nos cuadró ninguno de 9€ porque eran los más alejados del centro, pero pagamos de 22€ a 36€ por habitación. Y algunos con desayuno incluido.

Nuestro itinerario quedó así:

Día 1: Madrid – Riga

Día 2: Riga y viaje a Vilna

Día 3: Vilna y viaje nocturno a Gdansk

Día 4: Gdynia, Sopot y Gdansk

Día 5: Bydgoszcz

Día 6: Poznan

Día 7: Breslavia

Día 8: Cracovia

Día 9: Varsovia

Día 10: Varsovia – Madrid

A finales de junio reservamos los hoteles en Riga, Vilna y resto de ciudades de Polonia. Además, compramos los billetes de autocar para los trayectos internacionales.

Finalmente, en julio, me puse a echar cuentas de si nos merecía la pena comprar esta vez el billete de interrail o mejor los billetes sencillos de los trayectos que fuéramos a realizar. Y pocos números hicieron falta, porque el transporte en Polonia es muy barato. Por ejemplo Cracovia – Varsovia en un tren tipo AVE nos costaba 12€ por persona. La única duda que me quedaba era si comprarlos directamente en taquillas cada día, o hacerlo vía web. La primera opción nos daba movilidad, pero también la posibilidad de que no hubiera plaza. Por otro lado, la segunda alternativa nos restaba improvisación. Eso sí, nos aseguraba asiento y también era más barata (como nos ocurrió con Suiza). Así pues, bajo esta premisa, y teniendo en cuenta que ya teníamos los hoteles y sabíamos dónde empezaríamos o acabaríamos cada día, nos decantamos por llevarlo hecho desde casa.

Los trenes se pueden consultar en las páginas de Polrail, Rozklad o (si se sabe que son de largo recorrido) Intercity.

Tanto Letonia como Lituania son zona Euro, por lo que tan solo tendríamos que cambiar moneda en Polonia, cuya moneda oficial es el Zloty. Pero como siempre hacemos, esperaríamos a sacar en un cajero directamente allí.

Además, los tres países están cubiertos con la Tarjeta Sanitaria Europea y se puede viajar tanto con DNI como con pasaporte.

Y así, es como apenas unos días antes de comenzar las vacaciones terminamos de cerrar la planificación. Se nos había echado el tiempo encima con tanto viaje en el primer semestre y con el cambio de planes. Pero estábamos listos para huir del calor de Madrid y pisar tierras más frías.

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Praga

Praga es una ciudad que esconde secretos en cada esquina, en cada fachada, en cada edificio. Hay que ir observando con detenimiento a cada paso, mirando cada fachada, levantando la cabeza para descubrir emblemas, cúpulas, azoteas o torres.

Praga tiene restos de la época de los Habsburgo, del nazismo y los guetos judíos, del comunismo y sus edificios monótonos e insípidos. Praga es la modernidad de Cerný y la Casa Danzante.

Praga es música, es arte, es literatura. Es convivencia de culturas (eslavos, alemanes y judíos).

Praga es cerveza, cómo no. Es el orgullo nacional. Cambiad unas coronas para disfrutarlas en alguna taberna o terracita.

Por todo ello, quizá un par de días sean poco para descubrir la ciudad a fondo, pero sí podemos quedarnos con lo más importante y dejar un buen sabor de boca y ganas de volver.

Nosotros en realidad estuvimos dos días completos y una tarde, y quizá no los aprovechamos tanto como nos hubiera gustado por el calor que nos hizo. Se hacía un poco cuesta arriba estar desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche pateando la ciudad con el sol que pegaba y la humedad. Yo me acabé comprando un sombrero y todo. Al más puro estilo guiri.

Si la temperatura hubiera sido más parecida a la de Budapest, nos habría resultado más cómodo pasear y perdernos entre calles y cuestas. El planteamiento inicial creo que habría funcionado sin problema:

  • Día 1 para callejear por Malá Strana, por la Isla Kampa, cruzar el puente y descubrir tendencias vanguardistas en Nove Mesto

No varió mucho de nuestra ruta, pero sí que quizá perdimos algo más de tiempo en ir y volver al hotel a resguardarnos del sol. Aunque eso no significa que piense que la elección de hotel no fue correcta, ya que lo recomendaría y volvería a elegir. Se halla en una calle con mucho encanto, llena de bares, restaurantes y al lado del castillo, lo que permite pasear tranquilamente por la noche.

También Malá Strana ofrece muchas posibilidades. Y además, está a un paseo del puente.

Pero no sólo elegiría el hotel por su ubicación, sino también por su estilo peculiar, su diseño y su relación calidad – precio. Y además con desayuno.

Lo que no recomendaría, no sólo en la zona de la calle Nerudova, sino en general en toda la ciudad, es comprar en tiendas chinas. Sólo compramos dos veces, en dos sitios diferentes. El primer día en uno al lado del hotel para tener algo de agua y aprovechamos para comprar alguna lata de cerveza. Claro, con el cambio de divisa no teníamos más referencia que el Euro. Pero luego al día siguiente paramos en un super para comprar un picoteo y vimos los precios en varias terrazas a lo largo de nuestro paseo y sin duda hicimos la turistada. El último día compramos un helado en otro chino de otra zona totalmente diferente y también tenía un precio desorbitado.

Pero quitando este detalle y el calor, que no tiene nada que ver con la ciudad, disfrutamos mucho de Praga. Una de las ciudades con más encanto de Europa, con mucha historia, cosmopolita, antigua y moderna a la vez, bohemia, artística y cultural. Una visita que nos transportó a otras épocas. Un buen remate para nuestro viaje.