Nueva Serie para ver: Señoras del (h)AMPA

Últimamente se está mejorando mucho en lo que a ficción nacional se refiere. Y prueba de ello es la recién estrenada Señoras del (h)AMPA, que fue premiada como mejor serie internacional en el MIPTV de Cannes. Yo he de reconocer que, aunque cuando vi el anuncio me pareció que apuntaba maneras, viniendo de Telecinco, tenía mis recelos. Sin embargo, confieso que me enganchó desde el primer momento y me arrancó bastantes carcajadas.

Esta nueva comedia nos presenta la historia de cuatro mujeres de barrio obrero y cómo un suceso accidental cambiará sus vidas. La primera de estas mujeres es Maite, interpretada por Toni Acosta, que está todo el día de acá para allá intentando vender robots de cocina a domicilio para poder llegar a fin de mes. Después, cuando llega a casa, tiene que lidiar con dos hijos que pasan de ella y con las tareas domésticas, ya que está separada y todo el peso recae sobre sus hombros. En el trabajo van a hacer recortes, por lo que tiene que mejorar sus ventas para conservar su puesto. Y no lo tiene fácil, pues su máxima rival es Elvira (Marta Belenguer), una mujer de clase acomodada, repelente y que vende Turbothunders 3000 como churros. Así, desesperada por la situación, aprovecha una reunión del AMPA para convocar una demostración de robot a la que se apuntarán Lourdes, Virginia (Nuria Herrero) y Amparo (Mamen García).

Lourdes, protagonizada por Malena Alterio, es la mejor amiga de Maite y todo lo opuesto a ella. Es una mujer decidida, con carácter y sin filtros a la hora de expresarse. Es administrativa en la sección de DNIs en la comisaría del barrio, donde también trabaja su marido Vicente, que es policía y con la que tiene una hija. Al igual que Maite, económicamente se encuentran en una situación crítica, pues recientemente los nuevos dueños del edificio en que viven (casualmente Elvira y su marido) les han enviado un aviso de desalojo.

Amparo (Mamen García) es vecina de Lourdes y Vicente y se encuentra en la misma situación. Además es la portera del bloque y cuida de su nieto Omar, ya que su hija, que parece que es actriz, se encuentra continuamente de viaje.

La cuarta protagonista es Virginia, interpretada por Nuria Herrero, la benjamina de las cuatro. Cajera de un supermercado, está casada con Carlos con quien tiene una niña de seis años. Además, está embarazada del segundo.

Son cuatro mujeres con las que es fácil empatizar. Alejadas de los clichés de madre perfecta, tienen trabajos precarios con los que apenas llegan a fin de mes, viven en edificios antiguos en barrios obreros, sus hijos son malhablados, contestones y no hacen caso, tienen que cenar cualquier cosa precocinada porque no les da la vida para hacer la compra o cocinar, se han teñir o depilar mientras realizan otras tareas, hacen malabares para poder acudir a las reuniones del colegio y apenas tienen tiempo para sí mismas… Son la cotidianidad de cualquier barrio obrero, con mujeres reales que intentan sobrevivir lo mejor que pueden mientras van sorteando los reveses del día a día.

Pero por si esa carrera de obstáculos que es la vida no fuera suficiente, todo se complica aún más cuando, durante la demostración del robot de cocina, un desafortunado accidente se acaba convirtiendo en asesinato. Porque sí, ha sido sin querer, pero todas tenían motivo para asesinar a la víctima y las pruebas parecen inculparlas, así que deciden tirar para adelante y deshacerse del cuerpo. Así, estas señoras del AMPA se convierten en las señoras del Hampa cuando entran en una espiral de actos delictivos para salvaguardar el secreto que les une.

Con este argumento la serie podría convertirse en un thriller, pero tiene un tono más cómico. En concreto de comedia negra, muy próximo al humor de Fargo, en que cualquier situación dramática e incómoda arranca la carcajada. Además, en algunos momentos recuerda a La Comunidad, de Álex de la Iglesia y a las mujeres que suele relatar Almodóvar. Es costumbrismo puro mezclado con drama, comedia y suspense.

Pero este equilibrio de géneros funciona bien porque está apoyada en unos buenos personajes, muy bien construidos, reales, como decía más arriba. Mujeres que ríen y que lloran, que sufren, que se desesperan, que se equivocan… pero que le echan un par de ovarios, se ponen el mundo por montera y tiran para adelante. No necesitan un trauma que las defina en su fortaleza. Y la elección del elenco es muy acertada. Todas y cada una de las actrices están sublimes. Interpretan con naturalidad y frescura a sus personajes, sobre todo Acosta y Malerio, quienes funcionan además muy bien juntas poniendo de manifiesto la diferencia de caracteres de Maite y Lourdes.

Señoras del (h)AMPA no es una comedia de chiste fácil, sino que es inteligente, divertida y con un toque gamberro, irreverente e incorrecto (pero sin faltar). Pese a que la duración del episodio es de más de una hora, consigue mantener bien el ritmo y el tono.

Por fin podemos ver en la televisión española en abierto y en prime time (si es que aún existe) una serie diferente, transgresora y novedosa. La primera temporada consta de 13 capítulos y ya desde antes de su estreno está renovada para una segunda, así que parece que tendremos señoras para rato.

Serie Terminada: The Big Bang Theory

Tras 12 temporadas y 277 episodios, hace mes y medio The Big Bang Theory ponía el broche final a las historias de Sheldon, Leonard, Howard, Raj, Penny, Bernadette y Amy. Y ya era hora.

La serie comenzó como una de tantas series cómicas basadas en amigos, con la particularidad de que los protagonistas eran unos científicos un tanto frikis a los que les gustaba pasar tiempo jugando a juegos de rol, hablando de cómics, de películas como Star Wars y Star Trek y, por supuesto, de ciencias. Estos amigos son Sheldon Cooper y Leonard Hofstader, doctores en física, que comparten piso y trabajan en la Universidad de Pasadena; Howard Wolowitz, ingeniero, y Rajesh Koothrappali, astrofísico. Completa el reparto Penny, que se muda al otro lado del rellano de Sheldon y Leonard.

No tenía mal planteamiento y resultaba entretenida. Cojeaba un poco al centrarse demasiado en Sheldon Cooper y en cómo se relacionaban los demás con él para no ofenderle. Y es que Sheldon, a pesar de ser un físico con una mente brillante para la ciencia, es nulo en lo que a relaciones personales se refiere. Tampoco hay que olvidar que se basaba en muchos clichés y que había demasiadas referencias científicas y del mundo de los juegos de rol, videojuegos o cómics que a veces hacía que una pudiera perderse. Pero bueno, pese a todo, tenía un cierto punto.

Sin embargo, estos males fueron a más a medida que avanzaban las temporadas. Sheldon cada vez era más insoportable y cada vez me creía menos que alguien pudiera mantener como amigo a una persona como él, tan egocéntrica y ególatra. Por otro lado, los personajes se iban caricaturizando cada vez más y en la tercera temporada llegó el típico giro de este tipo de series: emparejar a los personajes. Así, Leonard y Penny empezaron a salir y se incorporaron al reparto Bernadette y Amy, ambas científicas, quienes se convertirían en las novias de Howard y Sheldon respectivamente. Y The Big Bang Theory dejó de ser una serie de científicos frikis y se convirtió en otra serie más de parejas con gags repetitivos, chistes que no acompañan y unos personajes planos que apenas evolucionan, salvo para casarse y tener hijos.

Hace ya unas temporadas que me interesaba cada vez menos y he estado a punto de dejarla, pero el anuncio de que finalizaría con la 12ª temporada me llevó a verla hasta el final. Hay que darle las gracias a Jim Parsons por anunciar que quería dejar la serie porque ya no había más de donde rascar.

Quizá con el cierre en mente, los guionistas han sido capaces de recuperar un poco el tono inicial de la serie. Aún así, la temporada ha girado demasiado en torno a Sheldon y la nominación al Nobel de Física por una investigación conjunta con Amy. Sí que hay que reconocer que entre tanto Raj también ha tenido su parte de protagonismo desistiendo en su empeño de buscar pareja y poniéndose en manos de su padre, pero el resto de protagonistas han aparecido como comparsas a lo largo de estos últimos 24 episodios.

Como era de esperar Amy y Sheldon consiguen el Nobel, lo que lleva al colapso a Sheldon, quien lleva mal los cambios. Sin embargo, la reflexión que nos deja el final es que todo seguirá igual: el grupo seguirá con sus investigaciones, con sus charlas frikis, con sus quedadas, con sus cenas en el salón de Leonard y Penny, Raj seguirá buscando el amor… El único cambio es que por fin han arreglado el ascensor y que Leonard y Penny van a ser padres.

Y esto último me ha molestado especialmente. Ya no el hecho de que los personajes hayan seguido las típicas pautas de las sitcoms que mencionaba anteriormente, sino porque durante toda la temporada se estaba mostrando un camino diferente. Era una buena oportunidad para mostrar que no pasa nada si un personaje (o una pareja) decide no tener hijos. Penny parece tenerlo claro, no se ve como madre, no necesita esa “evolución”, es feliz como está. Sin embargo, la presión de Leonard (¡que incluso llama al padre de Penny para que le apoye!) y de sus amigos hace que ella se replantee si no estaba equivocada. ¿Por qué nunca se plantea al revés? ¿Por qué nunca se reflexiona sobre si los personajes quieren o están realmente preparados para ser padres?

De hecho es tremendamente insultante cuando no solo se incide en esta pareja, sino que unos capítulos antes ya Amy comienza a manipular a Sheldon para que este vaya enfocando el tema y un día le surja de repente que quiere tener hijos. Es más, en el episodio final rechina el momento cambio radical de la científica con el corte de pelo y cambio de estilismo. Sobre todo porque es un personaje que hasta el momento había pasado de los cánones de belleza. Acaba de ganar un Nobel pero parece que lo único importante para que evolucione es centrarse en su físico… Y no, todo esto no se arregla con el discurso feminista en la entrega de premios. Es lo que ocurre cuando metes un relato con calzador y no porque realmente creas en él.

No obstante, pese a los fallos de la serie, hay que reconocer que han sabido cerrarla bien, haciendo que no pase nada, pero que a la vez Sheldon reconozca la importancia de todos los que le rodean y le consienten tanta “peculiaridad”. Tanta paz lleve.

Nueva Serie para ver: La maravillosa Señora Maisel

Hace apenas un mes que se ha estrenado la segunda temporada de La maravillosa Señora Maisel, una serie que me había pasado desapercibida. Pero es que es imposible estar al día de todas las novedades con tantas cadenas y plataformas. También porque me gusta tomar un poco de distancia y ver qué funciona y qué no antes de lanzarme a ver una serie que ni siquiera obtiene temporada completa.

La serie está ambientada en 1958 y cuenta la historia de Midge Maisel, una ama de casa económicamente acomodada que acompaña a su marido Joel en la búsqueda del triunfo en el mundo de los monólogos. Ella cumple con todos los estereotipos de la mujer de la época: es madre abnegada, amante esposa y hacendosa ama de casa. Es la perfección hecha persona, siempre intentándo adelantarse a los problemas. Y si surgen, solucionándolos rápidamente.

Sin embargo, un día su vida da un giro de 180º cuando su marido decide abandonarla e irse con su secretaria. Joel se siente frustrado porque su sueño es ser monologuista, pero su carrera no termina de arrancar. Así, decide romper con todo y marcharse. Midge queda desolada y descolada, intentando comprender cómo se ha desmoronado su perfecta vida cuando ha cumplido con todo lo que se esperaba de ella. Ha mantenido su hogar y su familia, ha apoyado en todo momento a su marido sacándole las castañas del fuego… Aún intentando digerir la noticia y con unas copas encima se echa a la calle en camisón y acaba en el local de comedia donde actuaba su marido. Aprovechando un hueco entre actuaciones sube al escenario y cuenta su historia a los espectadores más como forma de liberación y de intentar pensar en voz alta que otra cosa. Descubre así no solo que tiene madera de cómica, sino que además le gusta.

Con esta catarsis cómica arranca una temporada de ocho episodios que girará en torno al proceso de liberación de una mujer que hasta ahora no se había planteado qué quería ser en la vida, ya que la sociedad le había reservado el lugar de esposa, madre y ama de casa. Sin embargo, a pesar de que es inteligente y tiene un ácido sentido del humor, el mundo de la comedia es un mundo de hombres y no tendrá fácil hacerse un hueco.

Es muy fácil quedarse prendada de esta serie gracias a la rapidez de sus diálogos, el afilado sentido del humor y el ritmo de la acción. Pero por supuesto por Midge Maisel, una dulce pero descarada mujer con un mordaz sentido del humor interpretada magistralmente por Rachel Brosnahan, una actriz que hasta la fecha había hecho sobre todo papeles en drama (como House of Cards). Y aunque prácticamente es ella quien tira de la serie, la acompañan varios secundarios que seguro que a lo largo de la temporada despuntan. Ya en el piloto sobresalen los padres, y en especial el padre –  interpretado por Tony Shalhoub (Monk) – que parece ser un tanto peculiar.

Cabe destacar también el vestuario y la fotografía, dos aspectos muy cuidados que sirven para conformar un retrato social de la época en que se centra la serie.

Con todo, no es de extrañar que La maravillosa Señora Maisel fuera una de las series más laureadas del 2018 llevándose 5 Emmys (Mejor serie de comedia, actriz, actriz secundaria, dirección y guion) y el Globo de Oro a mejor actriz (también se lo llevó en 2017 junto con mejor serie de comedia). Y parece tener vida para rato, pues con dos temporadas ya emitidas hay una tercera en proyecto. Yo ya la he añadido a la lista de series para ver, pues el piloto me enganchó desde el minuto 1 y se me hizo tremendamente corto.

Serie Terminada: New Girl

Últimamente no estaba teniendo mucha suerte con las comedias. A priori los pilotos parecen divertidos y novedosos, pero luego acaban degenerando. Ya me pasó con Cómo conocí a vuestra madre, con Cougar Town, con Suburgatory, con Awkward, con Finales Felices, con la Liga, y más recientemente con Modern Family o The Big Bang Theory.  Con estos antecedentes comencé con cierto reparo y distancia a ver New Girl. Sin embargo, a pesar de ciertos altibajos y de algunas situaciones tópicas, quizá es una de las series que mejor ha mantenido su esencia.

Creada por Elizabeth Meriweather, guionista de la comedia romántica Sin Compromiso, protagonizada por Natalie Portman y Ashton Kutcher, New Girl arranca cuando Jess Day, una treinteañera profesora de infantil, pilla a su novio con otra. Con el corazón roto comienza la búsqueda de un nuevo sitio para vivir y responde a un anuncio de un espacioso loft en el que residen tres amigos. Aquí empieza la locura, las rarezas, el humor desenfadado y un tanto absurdo. Los tres compañeros a priori tienen sus dudas con respecto a que la convivencia con una mujer en el apartamento vaya a funcionar. Sin embargo, tras una extraña entrevista acaban aceptándola como inquilina.

La base de la serie es la adaptación de todos los integrantes a la nueva situación. Por un lado tenemos a Nick, un tipo que también acaba de salir de una relación y que tiene alma de señor mayor que no para de quejarse. Un carácter que contrasta de primeras con la optimista Jess, pero que se ve a la legua que va a haber química entre ambos. Dejó su carrera de abogado y ahora trabaja en un bar mientras sueña con ser escritor. Quizá es el más normal de todo, aunque tiene un cierto complejo de Peter Pan, ya que parece no querer asumir las responsabilidades de la vida adulta.

El segundo compañero es Schmidt, compañero de la universidad de Nick. Se dedica al marketing en una empresa en la que parece ser el único hombre, así que va por la vida intentando mostrar su masculinidad y explotando una faceta de mujeriego. Aunque a la vez es un tipo que expresa sus emociones y no se avergüenza por ello. También es tremendamente obsesivo en cuanto al orden y es un esclavo de su imagen, en parte porque estuvo gordo en su época universitaria.

El tercero en el piloto era Coach, apodo tomado de su profesión, pues tras abandonar la competición es entrenador personal. Sin embargo, este personaje desaparece a partir del segundo capítulo porque Damon Wayans Jr, el actor que lo interpreta, tuvo que regresar a Finales Felices tras su inesperada renovación. Así, en su lugar apareció Winston, amigo de la infancia de Nick, que regresa de Letonia tras una desastrosa etapa como jugador profesional de baloncesto. Al principio se nota que el personaje está algo menos planificado que el resto y que se ha añadido después, pero enseguida adquiere su propia personalidad y resulta tener una curiosa vis cómica.

Además de los residentes en el loft, completa el grupo Cece, la mejor amiga de Jess, que pone cierto punto de cordura en las disparatadas aventuras del resto (aunque también tiene sus cosillas). Trabaja como modelo y encandilará a Schmidt desde el principio.

Con este arranque y estos personajes, está claro que la serie no planteaba nada novedoso, ya hay un montón de series basadas en amigos. Porque aunque el punto de partida de New Girl sea la llegada de la chica nueva al loft con sus excentricidades, en realidad en pocos capítulos la dinámica se convierte en una comedia de amigos. Sí, tienen la particularidad de compartir piso y esto hace que algunas tramas giren en torno a la convivencia, pero los personajes y sus conflictos evolucionan y se abren al mundo exterior. Eso sí, siempre que uno tiene un problema, los demás acuden. Enseguida hacen piña y se cuidan. Y si tienen que subirse al carro de alguna locura para mostrar su amistad, ahí están.

Y aunque el centro de la serie es Jess, hay cierta química en todo el equipo que hace que se complementen y que a partir de la segunda temporada se vuelva más coral. Es verdad que el personaje de Zooey Deschanel lleva gran parte del peso de la ficción (y se nota cuando la sustituye Megan Fox durante su baja maternal); pero cada uno aporta su punto y se complementan bastante bien. Nick tiene su pasado con Wiston y con Schmidt, así como Jess lo tiene con Cece, pero las nuevas relaciones también dejan momentos divertidos, como los momentos entre Wiston y Cece.

A partir de la tercera temporada New Girl cambia un poco de rumbo al introducir las relaciones amorosas entre los integrantes del grupo. Se pierde un poco el tono irreverente y el espíritu del principio. Incluso aparecen tramas que no tienen mucho sentido, como la relacionada con la hermana rebelde de Jess, una niñata insoportable.

La cuarta temporada podría no haber existido, pues realmente aportó poco. Jess comenzó varias relaciones, una de ellas con un compañero profesor que tan pronto como llega de Inglaterra, se va; Schmidt sale con una política y vuelve Entrenador, quien al final acaba también emparejado y marchándose a Nueva York en el último episodio. No es de extrañar, pues no terminaba de encajar en la complicidad del resto de personajes.

Y algo similar ocurre con la llegada de Megan Fox en la quinta. Interpreta a Reagan, una representante farmacéutica que viaja mucho y con un carácter distante que rompe la dinámica del grupo. Con Jess fuera como jurado, Nick y Reagan mantienen una cierta tensión sexual no resuelta, Wiston lidia con sus propia atracción a su compañera Aly y Schmidt y Cece planean su boda. Sin Jess la serie va sin un rumbo fijo. Incluso a su vuelta, parece una serie de parejas, pues ella vuelve a salir con un antiguo ex.

En la sexta temporada parece que se encauza la historia y se recupera parte del tono que tenía la serie al principio, aunque ya todo ha evolucionado a unos personajes encaminados a la vida adulta. Los recién casados buscan, compran y reforman una casa en la que comenzarán una vida juntos con un bebé ya en camino. Por su parte, Wiston y Aly tienen una relación estable, mientras que Nick consigue terminar y publicar su primera novela y Jess asciende a directora. Además, la temporada concluye con Nick y Jess comenzando una relación en serio, lo que podría haber sido también un fin de serie.

Sin embargo, decidieron darle un cierre con una temporada más de 8 capítulos parece que como regalo para los fans. Arranca con un salto temporal de tres años en el que Nick es un autor famoso y Jess vuelve a trabajar en un colegio; Cece lleva su empresa de representante de modelos mientras Schmidt se queda en casa cuidando a su hija; y Wiston y Aly, ya casados, esperan su primer hijo. En el fondo la temporada no es más que una excusa para despedirse de los personajes y para escenificar la boda de Nick y Jess que, como no podía ser de otra manera (ninguna boda en la serie es “normal”), es una sucesión de desafortunados incidentes.

Además, sirve para despedirse de Furguson (el querido gato de Wiston) y de Entrenador. Pero sobre todo estos capítulos sirven para cerrar una etapa, para abandonar el loft. Y como no podía ser menos, con el True American, esa locura de juego que se volvió todo un fenómeno en Estados Unidos y la cadena acabó publicando sus complicadísimas reglas.

El suelo es lava, por lo que hay que evitarlo. Para ello, hay que preparar la estancia con sillas, mesas, cojines… cualquier cosa por la que los participantes se puedan desplazar. En el centro de la habitación hay que construir un “castillo” con una botella (el rey) y cuatro filas de latas de cervezas, el primero que llegue a la botella, gana.

Juegan varias veces a lo largo de la serie, pero es bastante rápido y cuesta seguirlo. El primer jugador debe gritar “1, 2, 3, 4, JFK” y los demás responder “FDR”. Cada uno coge una cerveza del castillo, se mueve a un lugar seguro y le da un sorbo a la cerveza. A partir de ahí uno de ellos comienza a retar a los demás con la cuenta (todos los jugadores gritan “1,2,3” y marcan un número con los dedos en la frente. Quienes no repitan, avanzan una posición), con completar la cita (ya sea literaria, histórica o musical) o con algo en común (el jugador en turno habla de dos personas, lugares o cosas que tengan algo en común y quien acierte primero, avanza).

Queda descalificado quien pise el suelo o se quede sin bebida. Aunque se puede reincorporar bebiéndose de golpe una cerveza.

Imposible de seguir y de entender, pero resulta cómico y representa en cierta manera la locura de la serie. New Girl es una comedia fresca, ágil, entretenida y sin muchas pretensiones. Su trama es simple y su objetivo es entretener con un humor directo pero que a la vez roza lo esperpéntico. Schmidt y su tarro de chorradas, Wiston y sus camisas o su daltonismo, Jess y su ingenuidad o la capacidad para meter la pata, Nick y su amigo chino, las bromas que se gastan unos a otros…

A pesar de sus altibajos, la serie seguía siendo ligeramente graciosa y divertida, algo que de por sí es complicado en una comedia tras tantas temporadas, pero claro, ya no era lo mismo. Era el momento de terminarla y han sabido cerrarla manteniendo el espíritu con que comenzó. No es la serie de mi vida, pero, al menos, como comedia, ha cumplido su función.

Nueva serie a la lista “para ver”: Amigos de la Universidad

Desde que terminó Friends han sido muchas las series que han intentado ocupar su lugar. Y ninguna lo ha conseguido. Al final acaban siendo una parodia de sí mismas, como ocurrió con Cómo conocí a vuestra madre. Y es que los veinteañeros tienen un problema: cumplen los treinta y las tramas tienen que evolucionar porque los conflictos personales no son los mismos. Y ahí se pierde el leitmotiv de la serie. Los guiones cambian y los protagonistas se casan, tienen hijos, se mudan y la pandilla se disuelve.

Quizá por eso los creadores de Amigos de la Universidad han decidido centrarla en personajes que ya rondan los cuarenta y han pasado esa fase. Ya tienen su casa y no viven en un piso compartido; están emparejados en la mayoría de los casos, e incluso tienen hijos (o lo intentan).

Netflix lanzó el verano pasado los ocho capítulos que conforman la primera temporada de esta ficción. El grupo de amigos ex-alumnos de Harvard se reencuentra veinte años después cuando Ethan y Lisa vuelven a Nueva York. La llegada de la pareja fuerza una reunión nostálgica donde se recuerdan anécdotas vividas, pero donde también prevalecen las apariencias. Resurge la competitividad y el demostrar ante los demás a quién le va mejor tanto en lo profesional como en lo personal. Intentan estar a la altura de aquellos sueños que tenían cuando eran universitarios con una cobardía típica de aquel que no quiere madurar. Así, los seis amigos sacan lo peor de sí mismos cuando vuelven a comportarse como cuando estudiaban dando vergüenza ajena a sus parejas que no entienden de dónde ha salido esa faceta infantil de sus compañeros.

Los personajes están muy estereotipados. Tenemos al gay, la asiática, el fiestero, la líder, la novata y el mujeriego. Son tan irreales que es difícil identificarse con ellos. Además, casualmente, todos parecen estar muy bien posicionados económicamente. Los temas que se tratan ya en el primer episodio tampoco son especialmente originales: los problemas de fertilidad, el dilema trabajar en lo que quieres o en lo que da dinero, la búsqueda de la felicidad así como concepto…

Amigos de la Universidad explora las viejas amistades y antiguos romances, la nostalgia, los sueños de juventud y las responsabilidades de la vida adulta. Y, aunque en un primer momento parece tratarse de una comedia, y me arrancó más de una risa; lo cierto es que a medida que avanzan los minutos deja un poso dramático. En parte se debe a lo deprimente de algunos personajes y su inmadurez, pero también al hecho de que no tiene la estructura de episodio autoconclusivo tan típico de las sitcoms de 20 minutos.

Las series de veinteañeros resultan redundantes y de corto recorrido. Me alegro de ver que se valoran otras décadas, aunque con un único capítulo no sé muy bien hacia dónde se dirige, habrá que ver más para sacar alguna conclusión.

Series Terminadas: Finales Felices y La Liga Fantástica

Con las series me pasa como con las novelas, que no me gusta dejarlas a la mitad. A veces estoy con una historia que no me termina de enganchar, que le falta algo, que no le pillo el punto… pero sigo, porque tengo la esperanza de que acabará llegando el momento en que me meta de lleno. Sin embargo, últimamente tengo la sensación de que he de cambiar de actitud. Me pasó con Breaking Bad que la vi por ver, cada vez con menos ganas y más hartazgo.

Hay tantas series que es lógico que no todas sean buenas o que no sean de mi estilo. En muchas ocasiones lo detecto rápido y me planto en el piloto. También he comenzado a dejar pasar media temporada para ver cómo funciona antes de lanzarme a ver un piloto de una serie que se ha cancelado de mala manera nada más comenzar su emisión. Así, ahora me distancio un poco y espero a ver si tiene renovación o cómo ha ido la acogida.

En otros casos la serie empieza bien, tiene buen ritmo, guion, actores, pero empieza a desinflarse por cambio de guionistas, showrunners o simplemente falta de ideas y querer alargarla más y más, como The Big Bang Theory (que hace temporadas que debería haberla abandonado).

Otra situación es que veo el piloto y me espero a que termine, o al menos ir bastante avanzada, para verla del tirón. Está muy bien porque te metes de lleno en la serie, en la historia de esos personajes; pero por contra a veces me encuentro con que lo que me atrajo del primer capítulo en el pasado, ya no lo hace en la persona que soy en el momento del visionado.

Lo que ha ocurrido con Finales Felices yLa Liga Fantástica –  las dos que acabo de terminar –  es una mezcla de lo arriba expuesto. Por un lado no son muy buenas. No son series que le marquen a una. Son comedias de pasar el rato, de desconectar 22 minutos y ya. Finales Felices comenzó con una temporada corta y después alargaron las dos siguientes a 22 episodios para al final cancelarla por malos datos dejándola con un final abierto. La Liga Fantástica por su lado cuenta con 7 temporadas. Si bien es cierto que son cortas, la serie se hace larga. 7 temporadas son muchas y se acaban las ideas y se pierde el hilo conductor con el que nació. Quizá cuando vi ambos pilotos estaba en un momento de series cómicas, ligeras, pero lo cierto es que viéndolas ahora, me han parecido demasiado chorras. ¿Me estaré haciendo mayor?

La primera temporada de Finales Felices es floja. En el primer capítulo vemos a una pareja que se va a casar, pero que en el último momento ella se echa atrás cuando ve aparecer a un tipo en patines en la iglesia. Bueno, pintaba interesante: una serie sobre una pandilla de amigos que tiene que decidir si se queda con el novio o con la novia.

La serie comienza demasiado rápido, pues no se para a presentar mucho a los personajes, sino se va descubriendo la relación entre ellos a lo largo de los capítulos. Así sabemos que Alex, la novia a la fuga, es la hermana de Jane, que está casada con Brad. Por otro lado, tenemos a Max y Penny, los más locos del grupo, que fueron al colegio con Alex y, por tanto, conocen a Jane desde hace tiempo.

Así a priori, no tiene sentido el conflicto de “cómo repartimos los amigos”, ya que Dave, el novio, es eso, el novio de Alex. Es ella el nexo de conexión del grupo. Pero se supone que tras diez años de relación, está integrado en la pandilla y nadie quiere cortar la amistad. Cogido con pinzas, pero bueno, aceptamos barco.

Los personajes quedan caracterizados desde el inicio. Y aunque hay estereotipos incluyendo a un negro y a un gay para hacer una pandilla heterogénea, lo cierto es que no cumplen con el típico cliché del que se suele abusar.

Por ejemplo, aunque hay algún capítulo en el que se hacen referencias con que Brad sea negro y haga “cosas de negros” como jugar al baloncesto, rapear o juntarse con sus amigos negros; en general gags apuntan más al hecho de que sea un hetero que parece gay (o al menos al cliché del gay).

Por contra, Max, el homosexual del grupo, tiene un carácter totalmente independiente de su condición sexual. Se hace referencia a su orientación, a sus parejas, relaciones o chicos que le gustan, incluso el cómo confesárselo a sus padres. Pero en realidad todo lo que concierne a Max suele girar en torno a que es un egoísta, desordenado, caótico y pasota. Tal y como se representaría a un hetero en cualquier otra sitcom.

Y mucho del juego que puede dar Max en la serie es gracias a Penny, ya que protagonizan juntos muchos enredos. Ella es la drama queen, la soltera que boicotea todas las relaciones, que es estridente y patosa.

El toque serio (por decir algo) lo aporta Jane, un personaje que bebe mucho de Monica Geller, pues es igual de maniática del control y el orden, además de tener un excesivo afán de competición, incluso con su marido.

Por el contrario, Alex y Dave son los más insulsos e interesantes de la comedia. Ella es muy lentita, la rubia tonta de manual, y él torpe e inocente.

Está clara la división en dúos. Por un lado los personajes más prescindibles: la expareja Alex y Dave; por otro los que no lo son sentimentalmente (aunque lo fueron en el pasado) pero que lo son para poner el punto absurdo y loco de la serie: Max y Penny; y finalmente el matrimonio formado por Jane y Brad, sin duda los que aportan el punto cómico, tanto juntos como por separado.

Si la primera temporada se desarrolla bajo la premisa del hecho de que dos de los integrantes hayan roto, la segunda temporada es la de Penny, quizá porque se había ahondado poco en ese personaje en los primeros capítulos, se compra una casa e incluso parece que se va a casar. En la tercera parece que se les acabaron las ideas y volvieron a emparejar a Alex y Dave… un sinsentido que les llevó a la cancelación. Aunque al parecer los guionistas pensaban seguir dándole vueltas a lo mismo, ya que se habían planteado abordar la relación de Penny y Dave una vez que este y Alex han roto. Y este es otro de los errores que cometen la mayoría de comedias con un grupo de amigos con protagonistas, y es que por mucho secundario que aparezca, al final siempre acaban liando a todos con todos perdiendo todo norte. Aunque ellos dicen que es para darles la ruptura que la pareja necesitaba, por las buenas y sin la escenificación de una boda de por medio; lo cierto es que yo creo que ya estaba más que cerrado ese capítulo.

Aunque es una serie ágil, con un ritmo de narración rápido, divertida en algunos momentos y absurda en otros, tiene el lastre de ser más de lo mismo, una mezcla de varias series de pandillas de amigos en las que hay parejas, exparejas, líos y rollos. No hay nada nuevo, son los eternos solteros (incluso estando casados algunos de ellos). Sí que es verdad que no recurre a los estereotipos de los personajes o los chistes típicos de otras sitcom, sino que juega con los disfraces, las referencias a otras series, y los actos absurdos de los protagonistas. Pero resultan cargantes, repelentes y demasiado irreales. Y cuando no te crees a los personajes y sus vivencias, nada tiene sentido.

Lo de la La Liga Fantástica es otro tema totalmente distinto. Es que no hay por dónde cogerla.

También tenemos a un grupo de amigos que se conoce desde sus años escolares. Ninguno parece bajar de los 40 años, pero se comportan como si tuvieran 15. Los integrantes de la pandilla son Pete, que cumple con el papel de divorciado y bromista; Rodney Ruxin, abogado judío casado y con un hijo; Andre, un cirujano plástico que es el blanco de todas las bromas; Kevin, asistente del fiscal del distrito y no muy lumbreras; Jenny, agente inmobiliaria y mujer de este; y Taco, hermano de Kevin, que siempre está fumado.

La serie gira en torno a la rivalidad que suscita la Liga Fantástica. Este tipo de competición da la oportunidad a cualquier aficionado de la NFL (fútbol americano) de convertirse en entrenador haciendo su selección de jugadores. Cada semana los participantes se enfrentan entre ellos y gana el que mejor equipo tenga (basado en el cómputo de puntos derivado de las estadísticas de sus jugadores). Así pues, cada temporada de la serie comienza con la deportiva y la elección del draft por parte de los integrantes y finaliza con dos finales y el reparto de trofeos: una para decidir el ganador de la Shiva Bowl, y otra para el perdedor, que se llevará el Sacko.

Ganar el Shiva es el máximo honor, por lo que los protagonistas no dudan en putear a los demás para conseguirlo. Y lo mismo para no hacerse con el Sacko. Es un todos contra todos y todo vale, sobre todo sacar trapos sucios del pasado. Lo laboral o familiar pasa a un segundo nivel. Lo importante es la liga.

La serie intenta tener un tono gamberro, pero se convierte en un despropósito soez y desagradable. Pero es que además el contenido es difícil de seguir, ya que si no tienen ni idea de fútbol americano o conoces a los jugadores, te pierdes todas las referencias y cameos. Así que no sabes ni de qué están hablando, y lo que entiendes te hace desconectar porque no te crees a los personajes.

No hay ninguno por el que sienta empatía o me haga gracia. Pete es tremendamente cínico e interesado; Ruxin es cruel y desagradable; Sofía, su mujer, es el típico cliché de latina-tía-buena que solo sale para hacer de mujer florero; Andre es un personaje insulso, desdibujado e ingenuo; Kevin pasa sin pena ni gloria; el personaje de Jenny está metido con calzador para que sea la mujer del grupo, pero para que se comporte como uno más (aunque en realidad es de las que más controla sobre la liga y fútbol); y Taco es el clásico fumeta que vive a costa de los demás. Pero la cosa va más allá, ya que a partir de determinado momento, aparece el hermano de Sofía, Rafi, un tipo de psiquiátrico directamente.

Además, la serie cuenta con la particularidad de que los capítulos no tienen unos diálogos escritos, sino que contaba con una especie de esquema o escaleta y a partir de ahí los actores, la mayoría de ellos cómicos, iban improvisando en el rodaje. Lo que quizá también influye en el sinsentido y surrealismo de algunas escenas.

Los actores tenían un contrato por 7 temporadas, sin embargo las dos últimas parecían ir sin rumbo. Alguno de los actores tenía otros compromisos y sus ausencias son incorporadas de una forma extraña. Como extraño es también el final incorporando un trágico suceso que rompe con el hilo argumental de la serie. Sobre todo también por la reacción de los protagonistas. No sé cómo me he tragado las siete temporadas.

Serie Terminada: House of Lies

Vuelvo con una serie terminada. Esta vez cambiamos de registro, eligiendo una comedia: House of Lies.

House of Lies nos muestra desde una perspectiva cómica la actuación de un equipo de consultores que venden la idea de que asesoran a empresas para que se recuperen económicamente, pero que en realidad anteponen su ambición personal y sacar rédito del trabajo. Y aunque es ficción, parece estar bien documentada, pues se basa en el libro “House of Lies: How Management Consultants Steal Your Watch and Then Tell You the Time” (“La casa de la mentiras: Cómo los consultores le roban su reloj y luego le dicen la hora“) escrito por el también consultor Marty Kihn y basado en su propia experiencia en la profesión.

El cuarteto protagonista lo forman Marty, Jeannie, Clyde y Doug. Marty Kaan (no se han complicado mucho con el nombre), es un gurú en el mundo de la consultoría que no tiene reparos en cruzar cualquier línea ya sea moral o legal con tal de obtener su propio beneficio. Su objetivo es enriquecerse y para ello recurre a la manipulación de cualquiera que se cruce en su camino. Es un maestro de la verborrea. Jeannie Van der Hooven, por su parte, es una experta en estrategia empresarial tanto o más ambiciosa que Marty. Por otro lado, Clyde Oberhol y Doug Guggenheim, son los encargados del trabajo sucio, de las gráficas, las cifras, las estadísticas y la palabrería. El primero representa a un joven pagado de sí mismo, el típico abusón que humilla a los demás y por supuesto, su mayor víctima es su compañero, el típico empollón, inseguro e inestable emocionalmente. La dinámica de estos dos depende del otro, se retroalimentan de sus caracteres contrapuestos.

Los cuatro forman una especie de familia, ya que viven para el trabajo y pasan mucho tiempo juntos. De lunes a jueves se encuentran de viaje visitando a sus clientes, así pues, se entremezclan las tramas profesionales con pinceladas personales. Aunque realmente, el único que parece tener familia es Marty, que vive con su padre y con su hijo Roscoe, un adolescente de ambigüedad sexual. También conocemos a su exmujer, también consultora y un poco sociópata, como prácticamente todos los personajes de la serie.

Es Marty quien se acerca al espectador. La historia se cuenta desde su punto de vista y de vez en cuando la acción se congela y él rompe la cuarta pared para explicar el argot financiero o las estrategias que van a seguir para vender humo y forrarse a costa del incauto empresario que se encuentra en una situación delicada. En la serie subyace esa crítica al cinismo de este tipo de expertos sin escrúpulos que se apuñalan entre ellos, incluso entre compañeros, y donde lo único importante es la facturación. Es una crítica al capitalismo salvaje del mundo empresarial.

Dado que la serie se centra en la asesoría de grandes empresas, no puede faltar el lujo. Los personajes viajan en primera clase, se alojan en hoteles de renombre, las oficinas muestran opulencia, el loft de Marty es toda una ostentación de dinero… Y cómo no, no puede faltar el sexo como complemento a las relaciones de poder. También influye que es una serie de Showtime, que emite en cable.

Cuando vi el piloto, me llamó la atención por su agilidad, por su cinismo, por la crítica ácida oculta tras la sátira y la parodia; sin embargo, a lo largo de las cinco temporadas la serie ha tenido muchos altibajos. La primera temporada fue demasiado rápida, con casos autoconclusivos en cada capítulo. Quizá para una serie de 40-50 minutos esté bien, no obstante, para 28 minutos, el resultado era que no se ahondaba lo suficiente en las tramas, resultaba poco verosímil y además si no tenías gran conocimiento del mundo financiero y empresarial, echabas de menos alguna que otra explicación. Quizá por eso se recurría tanto a romper la cuarta pared. Esto se mejoró en la segunda temporada, y las tramas duraban varios capítulos. También se dejó de abusar tanto de las escenas congeladas en las que Marty se dirigía a cámara.

Pero la mayor inconsistencia ha estado en los personajes. Y no tiene que ver con su evolución. Me da la sensación de que los guionistas fueron dando tumbos. No puedes vender la idea de Marty Kaan como una persona sin moral, y después todo lo contrario en el ámbito familiar. No puedes presentar a una Jeannie fría y calculadora, con una mala relación con sus padres y totalmente antimaternal y que luego siga adelante con un embarazo con todo lo que supone en su ámbito laboral. No me cuadra con el personaje. Sí, ya sé que Bell se quedó embarazada y los guionistas adaptaron la temporada, pero podrían haberlo obviado como en la segunda temporada. Supongo que querían complicar más aún la relación entre Marty y Jeannie, pero el resultado es soporífero. Entre otras cosas porque después tampoco se explora esa nueva maternidad… Como ocurre durante toda la serie los personajes van y vienen, sin ahondar mucho en sus caracteres o historias. Como la mujer de Doug que tan pronto como llega, se va; como el padre de Clyde que introduce un poco de sentimentalismo; las novias del padre de Marty; las relaciones de Roscoe; o incluso la exmujer de Marty.

Una serie de 28 minutos con mundo tan complejo como el que se aborda en House of Lies debería centrarse más en la trama financiera, en los planes de expansión, fusiones y adquisiciones y no tanto en la parte dramática o romántica. Me hubiera gustado más si se hubiera acercado al tono de Boston Legal, una serie que también destapaba la corrupción y los negocios sucios con un gran toque satírico, unos personajes bien trabajados y diálogos ácidos. Sin embargo se ha quedado en un quiero y no puedo. No me han atraído las historias personales, no se ahonda lo suficiente en lo profesional, hay poca verosimilitud en los cambios profesionales (que si me voy de la empresa, que si monto la mía, que si entro en la cárcel, que si salgo como si nada) y los personajes me resultan insoportables tanto por sí solos como por sus relaciones entre ellos.

Para rematar la caída en picado de la serie los guionistas decidieron cerrarla con un final feliz que no hay por dónde cogerlo. No me creo la redención de los protagonistas, ese mundo de color de rosa. Hay que señalar que no era el final que tenían planeado, sino que la cancelación anticipada de la cadena les llevó a querer darle un cierre digno. Pero creo que el capítulo doble en Cuba no lo ha conseguido. ¿Qué pasaba exactamente por sus cabezas? ¿Mostrar una Cuba libre de embargo como una nueva oportunidad de expansión? ¿Como un nuevo paraíso a explotar por el capitalismo?

Un despropósito que no tiene nada que ver con lo que prometía la serie.