Sufragistas

Soy más de series que de películas, pero tenía desde hace tiempo ganas de ver Sufragistas, tanto por las buenas críticas recibidas, como por la temática que trata.

En la actualidad se ha puesto de moda referirse de forma despectiva a las feministas como feministas radicales o feminazis cuando se hace referencia a algún acto, comentario o actitud machista. Parece que el hecho de exponer un ejemplo, recalcar el sexismo que nos rodea o denunciar el heteropatriarcado simplemente con palabras fuera un atentado contra los hombres. Ya se sabe, aquello de que las feministas de ahora se quejan de vicio, las de antes eran las de verdad, aquellas que luchaban de verdad, sin tanta agresividad.

Bueno, pues aquellas “feministas buenas” de la Primera Ola ya se encontraron con las mismas críticas cuando comenzaron la lucha por el sufragio femenino allá por 1832. Intentaron que se les equipararan sus derechos con los de los hombres con discursos, panfletos, charlas, reuniones… Con pedagogía. Todo de forma pacífica, prudente, tranquila, calmada. Y no les funcionó. Porque no estaban exigiendo sus derechos, sino pidiéndolos con mesura. Y sin molestar. A los hombres no les preocupaban, porque eran cuatro locas que no hacían ruido, que se reunían para sus cosas y ellos mientras seguían con sus privilegios. Y cuando las palabras no funcionaron, las feministas se plantaron, exigieron, llamaron la atención. Y a comienzos del siglo XX cambiaron la estrategia dejando de lado el diálogo – que no les estaba funcionando – y recurrieron a la violencia, que es lo que hacía ruido, para que así las escucharan de una vez.

La película recoge estas dificultades de las feministas que a finales del siglo XIX y principios del XX pedían el voto femenino en Gran Bretaña.

Sufragistas nos adentra en el movimiento por medio de Maud Watts, una joven que trabaja en una lavandería desde que tiene 7 años. Ella no tiene conciencia feminista, ni se ha planteado que debería tener el mismo derecho que su marido a votar, pero su perspectiva comienza a cambiar cuando un día tropieza con una manifestación callejera en la que una de sus compañeras de trabajo tira una piedra contra un escaparate. La actitud de estas mujeres le llama la atención, y decide ir a ver cómo esta compañera presta testimonio frente al gobernador para solicitar el derecho al voto. Sin embargo, un cambio de último momento hace que sea la misma Maud quien hable frente al tribunal. Y es aquí cuando se vuelve consciente de que pedir el sufragio no es un capricho, sino que es justicia. Ella misma según va exponiendo su alegato va dándose cuenta de que cobra menos por ser mujer, que son ellas quienes sufren violencia sexual desde bien pequeñas por parte de sus jefes y de que tienen los peores puestos en la lavandería. Su perspectiva cambia y se ve patente en la conversación con su marido en que este le pregunta de forma despectiva que qué haría ella con el voto y ella le responde que lo que le venga en gana, de la misma forma que hace él.

Pero Maud se integra realmente en el movimiento el día en que las autoridades comunican la decisión de no conceder el sufragio femenino por falta de motivos. Ese día las sufragistas se habían congregado frente al Parlamento para escuchar la resolución, y ante la denegación comienzan a quejarse y protestar, lo que acaba con represión policial y varias detenciones. Maud es una de las que acaba en la cárcel.

Tras la puesta en libertad las sufragistas se reagrupan y se organiza una reunión en la que hablará Emmeline Pankhurst, la fundadora de la organización Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU). En su discurso Emmeline defiende el cambio de actitud que indicaba al principio del post y anima a la violencia con una gran frase: “Si quieres que respete la ley, haz la ley respetable”. La mesura no ha funcionado así que apela a la guerra, pues “ese es el lenguaje que los hombres entienden”. Con este giro se acuña el término suffragette para referirse (de forma despectiva, claro) a estas feministas y diferenciarlas de las moderadas. Digamos que era el feminazi de la época.

Tras más de 50 años intentándolo por las buenas sin éxito, Emmeline reivindica la rebeldía bajo el lema Deeds, not Words! (¡Hechos, no Palabras!) pues “son los hechos y no las palabras las que nos darán el voto”. Comienza así una nueva etapa mucho más bronca en la que las sufragistas se arriesgan a perderlo todo: su trabajo, su casa, sus hijos y su vida. Porque no solo tenían enfrente a los aparatos policiales y políticos de la sociedad, sino que sus familias eran también sus enemigas, con unos maridos que las tutelaban y ejercían su autoridad. Algunas, que no son partidarias de este nuevo rumbo, abandonan el movimiento. Sin embargo, Maud continúa adelante, y ve efectivamente cómo su mundo se tambalea, cómo su marido decide echarla de casa tras una segunda encarcelación, cómo pierde a su hijo y cómo es repudiada por sus vecinos. Consigue salir adelante gracias a la ayuda de sus compañeras.

Los siguientes años, tal y como refleja la película, fueron convulsos. Entre 1905 y 1913 se sucedieron los actos violentos, las agresiones policiales y los encarcelamientos. Una vez en prisión, las sufragistas hacían huelgas de hambre como acto de protesta y, aunque se las intentaba alimentar a la fuerza, finalmente el Gobierno decidió que cuando estaban demasiado débiles era preferible soltarlas y volverlas a encarcelar cuando se hubieran recuperado.

La película finaliza con la muerte de Emily Davison, quien intentó detener al caballo del rey George V mientras participaba en una carrera poniéndose en su camino. Su funeral se convirtió en un acto feminista, pero no cambió gran cosa. La lucha continuaba.

Quizá por eso Sufragistas se me ha quedado corta. Es una buena película y hacía falta, pues pocas referencias hay sobre el sufragio femenino en el cine. Se han hecho películas y películas de muchos acontecimientos históricos; pero, como siempre, aquellos en los que las protagonistas son las mujeres, quedan en el olvido.

No obstante, imagino que la idea era contar cómo surgió el movimiento de las suffragettes, cómo modificaron su postura y su forma de actuación y cómo todo ello influyó en sus vidas. Que se pretendía poner de relieve una lucha que iba más allá del voto, pues la petición del sufragio llegaba tras tomar consciencia de la inferioridad en que se encontraban (y también de conciencia de clase). Las mujeres no tenían los mismos derechos que los hombres ni en el ámbito laboral ni en el personal. Eran consideradas intelectualmente inferiores e incapaces de pensar por sí mismas. No tenían poder de decisión sobre sus hijos, no podían divorciarse ni tenían derecho a herencia.

Finalmente el Reino Unido aprobó el sufragio femenino el 2 de julio de 1928 en igualdad de condiciones que el masculino, en parte gracias a la labor de las mujeres en la Primera Guerra Mundial. Cuando los hombres marcharon al frente, fueron ellas quienes ocuparon puestos de trabajo que hasta entonces estaban reservados para ellos. Esto hizo que muchas mujeres se dieran cuenta de que estaban capacitadas para muchas más cosas de las que les habían dicho. Emmeline, que tanto luchó para que se hiciera realidad, murió un par de semanas antes de ver la ley aprobada.

Así, el Reino Unido se convirtió en el octavo país en instaurar el sufragio universal 35 años después de que lo hiciera Nueva Zelanda, que fue el primero. En Europa el primer país sería Finlandia en 1906.

Era complicado narrar un movimiento histórico con tantos matices como mujeres (y también algunos hombres) que lo integraban. Hacen falta más películas así que muestren la lucha del feminismo, que en cada país fue (y es) diferente y que luchaba (y lucha) por la equiparación real de derechos en la práctica (no solo en la teoría). Viendo Sufragistas da la sensación de que tampoco se ha avanzado tanto un siglo después cuando aún hay que demostrar que no se trata de exterminar a los hombres, solo sus privilegios.

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Pride (Orgullo)

A finales de julio escribí sobre Captain Fantastic, la maravillosa película que descubrí gracias al cineforum de La Cafetera. Pues bien, hoy hago un parón entre el relato del viaje a Grecia y Bulgaria para retomar el cine.

Pride es una película británica de 2014 que podríamos clasificar de drama, aunque con muchos toques cómicos. O una comedia dramática, como se prefiera. Está basada en hechos reales y nos remonta al verano de 1984, en la época de Margaret Thatcher cuando un grupo de gays y lesbianas recaudaron fondos para apoyar a los mineros que estaban en huelga.

En este contexto la película arranca en Londres, en la manifestación del Orgullo Gay, donde vamos conociendo a cada uno de los integrantes del grupo que decidirá apoyar al Sindicato Nacional de Mineros (NUM). Tras recaudar algo de dinero, los homosexuales se ponen en contacto con el sindicato para hacérselo llegar, pero no obtienen más que rechazo. Así pues, el grupo decide seleccionar una población y entregar la recaudación directamente. Después de mucho debatir, eligen un pueblo minero del sur de Gales y se reúnen con un portavoz en Londres. A partir de ahí, comenzarán la campaña Lesbians and Gays Support the Miners (Lesbianas y gays apoyan a los mineros) para seguir consiguiendo más dinero que enviarles a los mineros y sus familias mientras estos sigan en huelga.

Para un segundo encuentro deciden ir ellos a Gales, así que cargan la furgoneta y se echan a la carretera. Una vez allí se encuentran con un pueblo algo reticente a recibir su apoyo por sus prejuicios. La mayoría no quiere que se les asocie con un colectivo abiertamente homosexual. Aunque también es cierto que en muchos de sus habitantes los urbanitas homosexuales provocan curiosidad y los reciben con los brazos abiertos alojándolos en sus casas. Este choque cultural entre ambos mundos es el que provoca el mayor toque cómico de la película mientras se abordan los prejuicios, el miedo, el odio y la ignorancia.

El mayor rechazo proviene de parte de los hombres, quienes parecen tener miedo de perder su hombría si se relacionan con homosexuales. En la aceptación de Lesbians and Gays Support the Miners parece tener mucha relevancia el papel de las mujeres de la comunidad. Hablamos de los años 80 y de un pueblo del Gales profundo en el que las mujeres son esposas y amas de casa, no hay representación femenina en la industria minera. Ellas intervienen en la huelga como consortes. Son organizadoras de actos de recaudación, de los comités de resistencia y realizan el reparto de las donaciones entre las familias. Sin embargo, cuando llegan los homosexuales con la recaudación, toman las riendas y deciden que no hay nada de malo en dejarse ayudar por este colectivo, que la ignorancia se cura acercándose a ellos y conociéndoles.

Ante esta actitud, los mineros van replanteándose su postura y se abren a conocer a los homosexuales. Y, a medida que se van conociendo, descubren que la alianza entre las dos comunidades será beneficiosa para la lucha porque serán más fuertes. Un año más tarde, serán los mineros quienes se unan a la Marcha del Orgullo de 1985 como muestra de solidaridad hacia sus nuevos amigos.

La unión de ambos colectivos supuso un punto de inflexión en la lucha por los derechos LGTB en el Reino Unido. Los mineros laboristas comenzaron a apoyar a los homosexuales y participar junto a ellos en actos y manifestaciones. Gracias a este hermanamiento, se consiguió por ejemplo que el Partido Laborista incorporase en su manifiesto una resolución que comprometía el apoyo del partido a la igualdad de derechos para personas LGBT.

Pride muestra un pueblo minero gris frente al Londres colorido y extravagante; lo tradicional frente a lo alternativo; lo recatado frente a lo liberal. Y con ese contexto nos lleva a reflexionar sobre la solidaridad y la alianza entre colectivos contra el enemigo común. También sobre los derechos que deberíamos tener todos como ciudadanos independientemente de nuestra orientación sexual. De paso afronta temas como los prejuicios, el SIDA o la feminidad impuesta por la sociedad heteropatriarcal.

A pesar de tratar temas serios, es una película que me ha divertido mucho. Me ha enganchado desde el primer momento, y mucho tiene que ver la música ochentera y la ambientación, pero sobre todo el reparto coral tan bien cohesionado a pesar de ser personajes tan diferentes.

Captain Fantastic

Hace algo más de un mes se inauguró en La cafetera una sección de cineforum y recomendaron Captain Fantastic. La valoraban tan positivamente que no pude por menos que saciar mi curiosidad para juzgar por mí misma. Y vaya sorpresa. Me encantó.

El protagonista es Ben, interpretado por Viggo Mortensen, quien junto con su mujer, Leslie, huye del estilo de vida americano y se muda a un terreno en los bosques de Washington. Allí el matrimonio criará a sus seis hijos al margen de la sociedad de consumo dándole importancia a una educación basada en la supervivencia física e intelectual. Así, los niños entrenan a diario, aprenden a conocer el medio en que viven, a cazar animales, a quitarles la piel, deshuesarlos y cocinarlos. Usando para ello además armas de verdad. En cuanto a la mente, son formados en cultura general, música, literatura, matemáticas e idiomas. Pero sobre todo filosófica y políticamente. Les dan las herramientas para que aprendan a pensar críticamente, a razonar y a expresar sus ideas con sus propias palabras. Y no solo eso, sino que los niños no reciben un trato paternalista ni obtienen explicaciones edulcoradas de la realidad.

Durante diez años viven aislados de la vida moderna, de la tecnología y de la civilización, pero todo cambia cuando Leslie, que padece desorden bipolar, ha de ser hospitalizada y durante su ingreso se suicida. Es entonces cuando la familia emprende un viaje a la ciudad.

La película plantea el dilema moral y ético de la educación de los hijos. En primer lugar pone de relieve cómo influye en los hijos las decisiones que toman los padres por ellos. Ben cree estar haciendo lo correcto en la forma de educarles, que así serán mejores personas cuando sean adultos; pero esta reintegración en la sociedad y el choque cultural y social al que se enfrentan los niños, le hace plantearse si Leslie y él tomaron la mejor decisión.

Captain Fantastic es una crítica al sistema educativo que convierte a los estudiantes en simples loros que repiten la lección. ¿Tiene cabida en nuestra sociedad otro método de enseñanza? Quizá habría que valorar una alternativa interdisciplinar, porque todo está relacionado. Será mucho más fácil aprender literatura si se conoce el momento histórico y político en que se creó la obra, pero también el entorno socioeconómico del autor. No basta con dar el mismo período en Historia y en Literatura, o unas pinceladas como introducción sino que se debería ahondar mucho más. Nos quedamos en leer la obra y después un trabajo en el que se hace una sinopsis y poco más, no hay desarrollo.

También podríamos hablar de la conexión que hay entre matemáticas, la física y la química. Incluso con la música o las artes plásticas. Y cómo no en la economía. Debería replantearse este sistema creado hace demasiado tiempo. Si la sociedad ha cambiado, también debería evolucionar el método de enseñanza más allá de incluir idiomas o el uso de la tecnología en las aulas.

Cuando se habla de educación siempre se mira hacia Finlandia, país que se encuentra en el número 1 de la clasificación mundial y cuya carga lectiva es inferior a la de Estados Unidos o España (recomiendo ¿Qué invadimos ahora? de Michael Moore, que ya contrasta el sistema con el estadounidense). Sin embargo, resulta mucho más eficiente. En el país nórdico se le da importancia a formar a personas, no a como mecanismo de adoctrinamiento; se fomenta el juego, el desarrollo de las artes plásticas o musicales, el saber desenvolverse, pensar y razonar, y apenas existen los deberes, solo como algo puntual. Así que, quizá no es tan utópico el planteamiento de la película.

Sin embargo, aunque la idea de esta enseñanza alternativa parece ser válida y más eficiente que la tradicional; no lo parece tanto el aislamiento de la familia de Captain Fantastic, puesto que priva a los hijos del ámbito social y cuando llegan a la “civilización” resultan unos inadaptados que no saben cómo interactuar con sus congéneres fuera de su pequeña familia. Carecen de habilidades sociales, y actúan según lo que han leído o vivido en su particular y aislado mundo.

Otro tema que se trata en la película es la religión, y en concreto con un ataque bastante directo a los cristianos. “Nosotros no nos burlamos de la gente. Salvo de los cristianos” es una de las frases lapidarias de la película. Obviamente, tampoco celebran la Navidad, sino que festejan el cumpleaños de Noam Chomsky (lingüista, filósofo y activista estadounidense que se define como anarquista).

Ben tiene un choque frontal con su suegro por la religión. Y es que Leslie era budista y había dejado un testamento bastante claro con lo que deseaba que se hiciera con su cuerpo tras la muerte. Pero los suegros se erigen como los poseedores de la razón (y fe) y organizan misa y entierro desoyendo cualquier voluntad de la fallecida. Con este conflicto se ponen en tela de juicio los convencionalismos religiosos, los ritos impersonales oficiados por un absoluto desconocido que no sabía nada de la persona a la que está alabando y dándole despedida. Y mientras, la familia y seres queridos han quedado relegados a un segundo plano no pudiendo homenajear al fallecido como quisieran. Que podría ser quizá festejando en lugar de llorando.

La película me ha sorprendido gratamente, como comentaba al principio. Me ha gustado mucho la complejidad de los temas que pone sobre la mesa y que te dejan ahí el runrún durante días. Es profunda y dramática, pero también entretenida y cómica. En el plano actoral Viggo Mortensen lleva la mayoría del peso interpretativo, pero sus hijos no se quedan atrás y cada uno de ellos tiene un momento en que brilla por sí mismo. Sobre todo gracias a los diálogos ácidos y ágiles.

Capítulo aparte merece la banda sonora y las escenas que acompaña. Sobre todo en el caso de Sweet child o’mine, Scotland the Brave y la que acompaña estas líneas (y que no destripa la película).

Captain Fantastic articula una confrontación entre el capitalismo como sistema desigual en el que toda interacción social gira en torno al consumismo y una cultura antisistema que suscita la reflexión política y social. Expone la posibilidad de que otra sociedad es posible, sin empresas o la religión ejerciendo su control y decidiendo por los ciudadanos. Propone un modelo educativo menos encorsetado en el que el alumno aprenda de una forma más global y en el que pueda desarrollar su capacidad intelectual. Una enseñanza en la que el individuo descubra qué es lo que quiere ser frente al modelo en que es un mero repetidor de consignas que ha cumplir con el rol que ya le ha marcado la sociedad.

Captain Fantastic abre muchos debates con un tono de tragicomedia que no deja impasible. Abre una puerta a la esperanza de que otro mundo es posible. “Si asumes que no hay esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto de libertad, que hay oportunidades para cambiar las cosas, entonces, quizá, puedas contribuir a hacer un mundo mejor” decía Noam Chomsky.

Unión Obrera, Flora Tristán

Tras leer a Virginia Woolf y Una habitación propia, cayó en mis manos Unión Obrera de Flora Tristán, una mujer que ya en 1840 hablaba de socialismo y de la lucha de los proletarios. De hecho, su publicación es anterior al Manifiesto Comunista de Marx y ya expone muchas de las ideas que este recogerían en su obra en 1848. Pero como tantas otras mujeres importantes en la historia, no tiene el mismo reconocimiento que sus coetáneos varones.

Tristán fue hija ilegítima y tuvo una vida complicada llena de penurias económicas. Con 17 se casó por conveniencia y tras años de malos tratos y con un par de hijos, se separó de su marido. Aunque este no cejó en su empeño de acabar con ella llegando incluso a dispararla en la calle.

Ella se definía a sí misma como una paria. Por un lado por ser hija ilegítima, y por otro por un matrimonio que casi le lleva a la muerte. Pero sobre todo, por ser mujer, ya que a pesar del reconocimiento de la Revolución Francesa de que todos los ciudadanos eran iguales ante la ley, esta afirmación no era real para las ciudadanas. Las mujeres aún no habían alcanzado la jerarquía de persona.

En Unión Obrera habla de socialismo, de la importancia de las sociedades de socorro, de la agrupación del obrero, de la unidad. Se basa en dos principios: en el Derecho al Trabajo y el Derecho a la Organización del Trabajo. En todo momento el trabajo es sagrado, es alrededor de lo que gira todo. Pero además, y aquí es donde se sale de los esquemas de sus compañeros, dedica un capítulo a las mujeres obreras, que suponen la mitad de la humanidad, pero que viven oprimidas y discriminadas.

Clama a la necesidad de que las mujeres sean instruidas, de que puedan estudiar y formarse, porque no solo así serán ellas mejores, sino también sus compañeros varones y, en definitiva, toda la clase obrera. Porque no es que la mujer sea incapaz, sino que no tiene posibilidad de deslumbrar porque el patriarcado lo impide. La misma idea que exponía Woolf con el ejemplo de los hermanos Shakespeare. Apela a la educación como elemento liberalizador.

Ella misma fue autodidacta, y hace hincapié en que las mujeres viven explotadas económicamente, ya que cuando son niñas, en lugar de ser mandadas al colegio, se quedan en casa para ayudar con las tareas, y, después, sobre los doce años se las coloca de aprendizas, donde seguirán siendo explotadas. La mujer se encuentra en un estado de servidumbre y dependencia, siempre ha soportado un trato diferenciado estando supeditada a los intereses y necesidades del hombre. El ejemplo que ponía Wolff de que las mujeres son el espejo con visión ampliada en el que se miran los hombres, siempre encumbrándolos mientras ellas son empequeñecidas. La mujer siempre definida en relación al hombre, no por sí misma.

Así pues, Tristán pone de relieve el doble sometimiento de la mujer. Por un lado en el trabajo, y por otro en la familia. Ella misma lo ha vivido con su matrimonio, aludiendo a él como “el único infierno que reconozco”. Habla del matrimonio como medio de opresión contra las mujeres. Un contrato que no sirve sino para establecer la sumisión de la esposa a la voluntad del marido. No es un acuerdo entre iguales, sino una forma de dominio patriarcal en toda regla. Por tanto, no es de extrañar que una de sus luchas fuera el restablecimiento del divorcio abolido en ese momento del Código Civil francés.

Para el establecimiento de una sociedad más justa en la que las mujeres aporten más fuerza y capacidad a la lucha obrera apela a los hombres, ya que son ellos quienes tienen los privilegios y están ejerciendo la opresión. Pero a la vez les señala que ellos mismos son víctimas del sistema patriarcal. Desarrolla su idea haciéndoles ver que si en vez de una esposa inferior, ignorante y oprimida, tuvieran en casa una compañera, todos serían más felices. Tendrían una lucha común, podrían conversar, ella criaría mejor a los hijos y habría armonía en el hogar.

Aquí es donde chirría un poco su argumentario, ya que a pesar de que aspira a que la mujer sea tratada como un ser libre, no deja de lado los roles de madre, esposa, hija o ama de casa. Parece olvidarse de que el hecho de que las tareas de casa y los cuidados recaigan exclusivamente sobre la mujer también son una forma más de opresión y servidumbre. Aunque hay que dar un paso atrás y mirar con perspectiva. Hay que entender el contexto de Flora Tristán, la época en la que vivía.

En la misma línea, su discurso está cargado de espiritualismo, y es que era una mujer muy creyente. Aunque también criticaba a la Iglesia como institución cuando decía que la ciencia, la religión y la sociedad eran artífices de esta situación en que se encontraba la mujer como raza inferior, ignorante y oprimida.

Unión Obrera supone una especie de discurso transcrito más que un ensayo ordenado. Sin embargo, hay que reconocer la importancia de lo que intenta plasmar, tanto en la idea de la asociación de los trabajadores para luchar por un bien común, como en señalar que aunque el obrero sigue oprimido, aún hay alguien más sometido aún, y esa es su esposa. Aspiraba a que quedara reflejado en la ley la igualdad de las mujeres con respecto a los hombres, que estas fueran educadas para que así se libraran de la ignorancia y, como consecuencia, de la miseria.

Poco se conoce a Flora Tristán para lo que significan sus ideas.

Llegó el fin del Roaming en Europa

Desde hoy 15 de junio podemos viajar a la Unión Europea y seguir utilizando nuestra tarifa de teléfono móvil como si estuviéramos en territorio nacional. Un gran paso que ha llevado mucho tiempo y ha tenido que superar muchas trabas.

Nelie Kroes, la política neerlandesa que fue comisaria de Agenda Digital entre 2010 y 2014 comenzó con esta batalla contra el roaming. Y es que en una Europa en la que se derribaron fronteras y se instauró moneda única, no tenía sentido que siguiéramos con esa limitación en las comunicaciones. Pero es que las empresas telefónicas no lo ponían fácil, de ahí el largo camino.

Con el roaming las operadoras cobraban un sobrecoste al usuario al hacer uso de su contrato fuera del país donde lo tenía contratado. Se escudaban en que las telefónicas del resto de países les cobraban a ellas un recargo por ese tráfico. En un primer lugar cedieron en las llamadas, que al fin y al cabo es lo que menos se usa. Sin embargo, en cuestión de datos de navegación, que es lo que realmente genera movimiento hoy en día, subieron los precios.

A partir de hoy todo cambia. Eso sí, hay limitaciones. Si un operador detecta que en un período de cuatro meses un usuario está haciendo más uso de la tarifa en el extranjero que en el país en que se ha contratado, podrá aplicar un recargo. aunque antes deberá solicitar explicaciones al cliente, quien tendrá 14 días para clarificar la situación. Si da explicaciones, no se le aplicará penalización alguna. Sin embargo, en caso de no justificar este gasto, se le podrá aplicar un recargo de hasta 3,2 céntimos/min en las llamadas, 1 céntimo por SMS y 7,7€ por GB. En el caso de los datos los precios irán bajando progresivamente en los años sucesivos. En 2018 el máximo se fijará en 6€; en 2019, en 4,5€; en 2020 en 5€; en 2021 en 3€; y, finalmente en 2022 en 2,5€. Todos los precios sin impuestos añadidos.

Este límite se fija, en teoría, para evitar que los usuarios se acojan a una tarifa de un país en el que no residen, solo por ser más barata. Lo cual, teniendo en cuenta los precios de España, no sería difícil. En casos como un traslado por motivos de trabajo o estudios que se pasaran de esos 4 meses, se podría acreditar a la compañía y, en principio, no debería poner trabas, ya que se trata de una estancia puntual.

Los que viven en poblaciones fronterizas y que sus móviles alternen entre varias redes móviles de diferentes países parece que no tendrán problemas siempre que al menos una vez al día se conecten a la red donde contrató la tarifa. En ese caso, ese día ya no contará como en itinerancia.

Sin embargo, algo curioso que ocurrirá con el fin del roaming en Europa es que si por ejemplo un residente en Salamanca se conectase a la red de Portugal y llamase al país luso, pagaría la llamada como local. Por contra, si ese mismo usuario se conectase a la red de España e hiciera la misma llamada a Portugal, tendría que abonarla como conexión internacional. Algo similar a lo que ocurre con los SMS, cuyo precio entre países de la UE es inferior (0,11€ + IVA) a uno en la red nacional (0,15€ + IVA).

Este cambio en la normativa afecta a los países de la Unión Europea y algunos asociados: Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Francia (incluyendo territorios de ultramar como las Islas Aland, Martinica, Guadalupe, San Martín, Guyana francesa, Reunión y Mayotte), Grecia, Holanda, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Malta, Mónaco, Noruega, Polonia, Portugal, República Checa, Reino Unido (incluido Gibraltar), Rumanía, San Marino y Suecia.

Reino Unido de momento estará en la lista hasta que se acuerde su salida de la UE. Por otro lado, quedan fuera Andorra y Suiza.

Para el resto de países el Roaming seguirá activo, aunque cada vez más son las operadoras que ofrecen planes para el extranjero. Por ejemplo, Vodafone ya lo tiene para países como EEUU, Suiza, Albania y Turquía.

Pese a las limitaciones, en general, es una buena noticia para los usuarios, ya que ahora no habrá que pagar más, ni contratar plan adicional para viajar a los países de la lista. Será como usar el teléfono en casa, con el mismo servicio y condiciones. Se acabaron los infartos al ver una factura desorbitada por haber dejado marcada la casilla de itinerancia de datos por error. También evitará tener que echar cálculos para comprar una SIM local o buscar WiFi en cada rincón.

Aún así, habrá que ver cómo funciona en realidad, pues mucho me temo que este cambio puede suponer una subida de tarifas para recuperar de alguna manera ese importe que van a dejar de cobrar. Habrá que probarlo en el próximo viaje para confirmar si es tal y como lo pintan.

Nueva serie a la lista “para ver”: The man in the High Castle

Amazon ha copiado a Netflix y ahora tiene series propias también. Una de ellas es The Man in the High Castle, basada en la novela del mismo nombre de Philip K. Dick. Sí, otra vez una serie basada en una novela. Ya he perdido la cuenta.

Este drama histórico está ambientado en 1962 desde un punto de vista ucrónico. Es decir, nos encontramos en una realidad alternativa en la que las Potencias del Eje habrían ganado la II Guerra Mundial. Ahora la Guerra Fría la protagoniza Alemania y Japón, no Estados Unidos y la Unión Soviética. Como consecuencia de esta victoria, los alemanes y los japoneses se habrían repartido Estados Unidos de forma que los nipones dominarían la costa oeste y los germanos el este y casi el resto del país hasta las Montañas Rocosas. Entre ambas secciones habría un territorio neutral.

En este escenario tenemos a dos personajes, uno de cada costa. Por un lado, Joe en Nueva York y por otro Julianna, en San Francisco. Ambos se cruzarán en un pueblo en la América profunda cuando él va en ruta llevando una carga misteriosa como miembro de la resistencia y ella ha huido de casa con una película propagandística de una realidad alternativa en la que los aliados sí que salieron victoriosos. Al parecer es obra de un misterioso hombre en el castillo, pero no se sabe quién es.

La ambientación de la serie se consigue sustituyendo pequeños detalles cotidianos tan comunes en las producciones norteamericanas. Han sustituido las banderas estadounidenses de los porches o de lugares significativos y en su lugar encontramos esvásticas o letras japonesas. Da un poco de impresión encontrarse Times Square adornada con cruces gamadas.

Choca ver cómo la sociedad está adormecida y parece haber asumido que perdieron la guerra y que ahora el país que conocían ya no existe. Invita a la reflexión sociopolítica con este planteamiento ucrónico. Supongo que las cintas de Julianna servirán para despertar a los ciudadanos. Habrá que ir viendo.

A mí me suele enganchar la temática de espionaje, sin embargo, para el género, The Man in the High Castle me parece algo lenta, no crea la tensión que por ejemplo veíamos en el piloto de El Infiltrado. Tiene la estética, la fotografía, ese tono grisáceo, a veces sepia, pero había demasiados personajes, demasiadas tramas. Supongo que porque se está cocinando a fuego lento una historia aún mayor sobre la sucesión de Hitler y el enfrentamiento germano-nipón, pero el resultado fue que se me hiciera algo plomizo este primer episodio. Y eso puede frenar a continuar viendo más.

Claro, que hay que tener en cuenta que es una serie de amazon, es decir, no tiene que mantener el mismo ritmo de una serie que se emite semana tras semana; sino que al tener disponible toda la temporada, es más fácil darle una segunda oportunidad visionando el capítulo siguiente. Y parece que no le fue mal a la plataforma, ya que se ha convertido en la serie más vista en la tipología bajo demanda a nivel mundial.

De momento cuenta con dos temporadas de 10 episodios. La añadiremos a la lista “para ver” y comprobaremos si cumple con las espectativas.

 

Serie Terminada: The Newsroom

Aprovechando las vacaciones navideñas, y después de una serie larga como Hijos de la Anarquía, hemos visto The Newsroom, la serie de Aaron Sorkin centrada en la redacción de un programa de noticias de una cadena de televisión por cable. Muestra los entresijos de un informativo y de la cadena en que se emite (Atlantis Cable News).

La serie arranca con el periodista y presentador Will McAvoy que ha entrado en el bucle de unas noticias que solo muestran los intereses empresariales olvidando contar lo que sucede en realidad. Cuando vuelve de vacaciones, su jefe ha iniciado un cambio de rumbo contratando a una nueva productora ejecutiva, Mackenzie MacHale (que resulta ser su ex-novia). Mac viene con muchos cambios, para empezar, con Jim Harper, su editor jefe, un joven periodista aunque con los valores del periodismo tradicional; y para continuar con un lavado de cara a la hora de tratar las noticias. Intentará recuperar un estilo en el que prime la ética periodística y no esté condicionado por la dictadura de las audiencias dejando de lado el morbo. Así surge Noticias Noche 2.0., un programa cuyo único y exclusivo objetivo es dar las noticias.

Sin embargo, este nuevo proyecto no será sencillo, puesto que ante todo, ACN es una empresa, y para su presidenta el éxito está en los números y la gente con la que hace negocios. Así que Leona no ve con buenos ojos que se entre a criticar a según quién, ya que tiene intereses económicos que proteger y conexiones personales que mantener. Charlie Skinner será el encargado de mediar entre la redacción y la presidencia, que para algo es el impulsor de este giro y de la contratación de Mac. Estaba harto de la bazofia que emitían y quería volver a los orígenes del periodismo que se dedicaba a informar.

Pero además, el periodismo ha cambiado. Hoy en día la forma en que nos informamos no solo recae en los medios tradicionales como televisión o prensa escrita, sino que el mundo de internet ha abierto un mundo de posibilidades. Para eso está Neal Sampat, encargado de crear la web y de gestionar las redes sociales, aunque él quiere ser editor y buscará hacerse un hueco en la redacción.

Como productora está Maggie Jordan, recién llegada, que mantiene una relación y Don Keefer, que ocupaba el puesto de Mac antes de que esta llegara. Completando el equipo tenemos a Sloan Sabbith, la economista brillante de la cadena.

Todos ellos luchan por hacer un periodismo ético y de investigación que en realidad sabemos utópico, ya que hoy en día con los intereses corporativistas, es realmente complicado. Toda información está supeditada a la línea editorial de la cadena o grupo editorial, es decir, a las presiones empresariales, políticas y económicas de inversores o accionistas. Se le han dado bastantes palos a Sorkin porque lo que refleja en The Newsroom es irreal, pero creo que lo que ocurre es lo contrario: la serie es una bofetada a los medios de comunicación actuales. El cambio de rumbo que se lleva en la redacción es un ejemplo de lo que se debería esperar como espectador. Sin embargo, parece que nos hemos habituado a la telebasura y nos hemos inmunizado, aceptando que un programa de noticias parezca más uno de tele-realidad y autobombo corporativo. Así pues, en realidad, The Newsroom, no trata sobre periodistas, sobre las noticias, sino sobre los valores y la ética.

También hay mucha referencia política, hay que tener ciertos conocimientos sobre la política estadounidense para enterarse bien de todo lo que va ocurriendo en cada capítulo. Hay que prestar toda la atención posible, porque además los diálogos son abundantes y transcurren a gran velocidad, con mucho cambio de cámara, además. Nosotros vimos el piloto hace tiempo, nos gustó, y ahí se quedó almacenada lista para ver. Al retomar el segundo capítulo, tras venir de una serie algo más pausada, con música que acompaña los acontecimientos, de repente tanto cambio de plano, réplica y contrarréplica me volvió un poco loca. En ocasiones puedes perder una reflexión, alusión o referencia. Sin embargo, esta agilidad transmite ese caos que esperas en una redacción de noticias con gente trabajando a contrarreloj.

Me sentí atrapada desde el primer momento, por el argumento, por la agilidad de los diálogos, por la ambientación… Y es que el decorado es impresionante. Recrearon una redacción de verdad, lo que les permitía grabar un total. Aunque la cámara siguiera a un personaje, rápidamente podía cruzarse con otro y tener un cambio de cámara para seguir otra historia. Además, en un especial, los creadores de la serie explicaban que el informativo estaba grabado como si estuviera ocurriendo, es decir, si Will hacía una conexión, tenían al otro actor respondiendo, y no con vídeos ya grabados. De esta forma, el diálogo fluía mejor. Pero es que incluso los controles, las cámaras, los equipos eran de verdad. Todo un despliegue técnico. Jeff Daniels llegó incluso a comentar en una entrevista que si hubieran puesto una antena en el plató, podrían haber llegado a emitir.

Lo que no engancha tanto son los personajes. La mayor parte del peso cae sobre Will, que puede resultar fascinante y repelente a partes iguales con sus discursos adoctrinadores. Destaca por su facilidad de palabra, no en vano fue fiscal; pero a la vez puede ser cargante con tanta pedantería y condescendencia. Eso sí, gran trabajo el de Jeff Daniels y los monologazos que se marca.

Mackenzie es presentada como la mejor productora del mundo en el primer capítulo, una máquina en el sector que cualquier director de cadena se rifaría. Sin embargo, en el segundo lo que encontramos es una inepta que no sabe enviar un correo electrónico, no es capaz de manejar la blackberry y tiene ataques de histeria cada dos por tres. Se convierte en un cliché machista. Es una mujer insegura que no solo necesita aprobación constante de su ex, sino que además sigue siendo la malvada bruja que le puso los cuernos tres años antes y que ha de ser castigada día a día. Supongo que Sorkin quería partir de esa confrontación entre los dos personajes para que hubiera fricción en el trabajo en conjunto con su historia pasada, pero es una relación que sobra. Igual que una pedida de mano metida con calzador o ese embarazo como remate pasteloso de ese “Happy ever after“.

Pero si esta pareja no tiene sentido, el triángulo amoroso formado por Jim, Maggie y Don es desesperante y absurdo. Igual que cuando cambiamos a Don por Lisa o por Hallie. Demasiado metraje dedicado a un sinsentido. Y de nuevo, tenemos a una histérica (Maggie) que además sufre ataques de pánico y cuyo príncipe acude a su ayuda. Tanto Mac como Maggie orbitan alrededor de sus compañeros hombres (Will y Don/Jim respectivamente) quedándose en un segundo plano. En The Newsroom las mujeres meten la pata o dan vergüenza ajena. Solo se libra Sloan, y aún así ese carácter fuerte que muestra se desinfla cuando se pone en entredicho su profesionalidad por unas fotos en las que posó para un ex en un momento de su vida privada. Da igual que tenga una inteligencia por encima de la media, llegados a ese punto Sorkin vuelve a mostrarnos de nuevo una mujer insegura. Y en el momento en que se va acercando a Don, vemos más fisuras.

Las tres acaban teniendo algo en común, y es que necesitan que los hombres les ratifiquen que son buenas profesionales. Incluso Hallie rompe con Jim porque este no valora su trabajo periodístico. Lisa directamente no se considera lo suficientemente inteligente como para salir con él. En la serie los hombres son los sabios, los expertos, los que dan consejos, los que guían a sus compañeras. Quizá si se hubieran creado unos personajes sin relaciones sentimentales entre ellos, la serie habría ganado otro punto. Porque lo cierto es que tanto pasteleo dispersa de la trama.

Así pues, si no perdiéramos tanto tiempo en los romances de oficina, la serie habría sido más redonda pudiéndose centrar mejor en la vida detrás de un programa de noticias de actualidad. Ahí sí que el espectador se engancha más, puesto que además se tratan noticias reales y personas que existen. Sorkin eligió sucesos que tuvieron lugar en el país en un pasado reciente para contar cómo debería haber afrontado la cobertura de la información una redacción utópica que no se dejase llevar por otros intereses que contar los hechos. Quizá es un poco ventajista, puesto  que sabe cómo se van a desarrollar los acontecimientos, pero como decía al inicio, es la premisa sobre la que se sustenta la serie. Quizá lo que flojea es el poco trabajo de investigación que realizan los periodistas. Siempre obtienen la información en conocidos, amigos, familiares, un desconocido en el tren… Tremenda fortuna la de los personajes.

En la primera temporada se arranca con tres sucesos ocurridos en 2010: el vertido de petróleo de BP en el golfo de México, el ascenso del Tea Party en el inicio de las primarias del partido republicano y el  intento de asesinato contra la congresista Gabrielle Giffords.

En la segunda los personajes trabajan en la Operación Génova, en la que el gobierno de Obama habría usado gas sarín durante una intervención militar. El problema es que hay una cadena de errores y la noticia no es verdad, por lo que todo el equipo deberá rendir cuentas ante los abogados de la empresa y la credibilidad de la cadena se verá en entredicho.

La tercera temporada parte con el atentado en la maratón de Boston en abril de 2013. Demasiada información en las redes sociales y muy difícil de canalizar y verificar qué es real, qué especulación. Además, Neal se verá envuelto en un caso de filtración de información clasificada del gobierno que recuerda al caso Snowden. Y paralelamente la cadena es adquirida por un magnate que quiere convertir de nuevo ACN y el informativo en aquello por lo que los protagonistas llevan luchando dos años. Es una vuelta a los orígenes. Pruit, el nuevo jefe, quiere recuperar el morbo, incorporando además la participación ciudadana a través de las redes sociales sin filtrar ningún tipo de comentario. Lo que le interesa es el ruido, las audiencias. Esta temporada cuenta con tan solo 6 capítulos y es algo atropellada.

Una pena que solo tuviera tres temporadas, puesto que cada capítulo me mantenía enganchada y quería ver el siguiente. En realidad cada temporada era como una película larga, de un modo similar a lo que ocurre con 24 o Homeland. El hecho de que las historias fueran reales, hacía la trama más creíble, al menos te pone en situación. Y aunque hay cierto adoctrinamiento político con tanta inclinación demócrata y crítica a los republicanos, la serie tiene un buen ritmo con diálogos trepidantes y una gran puesta en escena con una magnífica realización. Mi mayor pega son los personajes y sus relaciones personales. Por lo demás, la serie en general es muy interesante y recomendable.