Made in Dagenham (Pago Justo)

1968 fue un año de reivindicaciones y de cambio en las políticas sociales. Las movilizaciones más famosas son las de mayo en Francia, pero ocurrían en varios puntos del globo. En este contexto histórico se enmarca la película Made in Dagenham (Pago justo en español).

Por aquel entonces la pequeña población de Dagenham vivía de la fábrica de automóviles Ford, de la que salían unos tres mil coches diarios. En ella trabajaban unos 55.000 hombres como operarios y 187 mujeres como costureras. Ellos estaban cualificados como Grado B o C (especializados), mientras que ellas eran Grado A (habilidades mínimas). Las maquinistas de costura se encargaban de confeccionar las tapicerías de los vehículos, una tarea que se consideraba no especializada.

Cansadas de las injusticias y desigualdades que vivían y de que el sindicato masculinizado (y machista) no les hiciera caso, capitaneadas por Rita O’Grady, organizaron una huelga para reivindicar la equiparación de categoría profesional con respecto a los hombres. Al principio no fueron tomadas muy en serio, ya que las mujeres hasta la fecha no habían hecho huelgas (sí sus compañeros), sin embargo, fueron firmes en su postura y los paros se prolongaron hasta las 3 semanas, llegando a paralizar la producción de la planta, ya que sin tapicerías no podían salir coches.

Lo que comienza como una lucha por la equiparación de categoría acaba convirtiéndose en una lucha por la igualdad salarial y con la aprobación de la Ley de Igualdad Salarial (Equal Pay Act) en el Parlamento Británico dos años más tarde.

Pero el camino no es fácil. Aunque al principio tienen el reconocimiento y el aliento de sus compañeros (muchas tienen a sus maridos entre los operarios), la cosa cambia a medida que el paro persiste y estos son enviados a casa porque no hay trabajo. Con el paso de los días los hombres comienzan a ponerse nerviosos y a pedir a las mujeres que vuelvan a sus puestos por el bien de todos. Se olvidan, sin embargo, de que en el pasado, cuando la situación había sido al revés, ellas siempre les habían apoyado.

Además, no solo se encuentran con la presión de los compañeros y los chantajes del sindicato para que vuelvan al trabajo bajo la promesa de que pronto se tratará su tema, sino que también en casa los maridos se cansan de tener que asumir las tareas domésticas y el cuidado de los hijos mientras ellas están manifestándose o en reuniones. Parece haber un momento en que ellos se desvinculan y dejan de entender de qué va toda la reivindicación. Hay un diálogo muy bueno entre Rita y Eddie que refleja la incomprensión del marido:

– Eddie: Me gusta beber pero no le doy a la cerveza cada noche, ni me follo a otras mujeres… Y nunca te he levantado la mano. ¡Jamás! Ni a los niños.
– Rita: ¿Ahora eres un santo? ¿Es lo que me estás diciendo Eddie? ¿Eres un maldito santo porque no has abusado de nosotros? […] Esto es como debe de ser, ¡por dios santo Eddie! De qué crees que va toda esta maldita huelga, ¿eh? ¡Ah, sí! No, de hecho tienes razón, no eres un borracho, no eres jugador, te ocupas de los niños, no nos pegas a ninguno, ¡oh, qué suerte tengo! ¡Por el amor de dios Eddie! ¡Así es como debe de ser! Intenta entender eso. ¡Son derechos, no privilegios! ¡Es así de fácil! ¡Es así de fácil!

Porque la huelga no iba de conseguir privilegios, sino de justicia. Se trataba de una lucha por la igualdad social, por no ser consideradas como seres inferiores. Quizá chirría un poco que no nazca totalmente de ellas, sino que lo hagan espoleadas por la estrategia de un hombre que no quiere que pasen por lo mismo que pasó su madre.

La película pone también de relieve las presiones de los norteamericanos sobre el Primer Ministro y la cobardía del gobierno británico. Tan solo Bárbara Castle, la Ministra de Trabajo y Productividad, decidió tomar cartas en el asunto y reunirse con las costureras. Castle se mostró valiente y no cedió ante las amenazas de la Ford de llevarse sus fábricas de Inglaterra.

Pago Justo tiene una gran puesta en escena con una muy buena ambientación tanto en vestuario como en decorados. El toque británico y la temática me recordó en gran medida a Pride. De hecho, comparte con esta la emotividad y el positivismo a pesar de tener toques dramáticos. No todo es tan bonito. Acaban como vencedoras por conseguir un 92% de equiparación salarial, pero la realidad dejaba mucho que desear, ya que tras la huelga volvieron a sus vidas en las que los maridos se iban al bar mientras ellas se quedaban en casa asumiendo de nuevo las tareas domésticas y el cuidado de la familia. Visto en perspectiva, era un avance, claro.

En general la cinta es un buen testimonio de cómo un grupo de mujeres que eran minoritarias en una fábrica marcaron el camino hacia una de las luchas sociales que a pesar de haber evolucionado desde 1968 aún a día de hoy no ha terminado: la igualdad salarial entre hombres y mujeres.

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Serie Terminada: Good Girls Revolt

En 1964 fue promulgada en Estados Unidos la Ley de Derechos Civiles. Sin embargo, para finales de la década aún quedaba mucho por hacer. En Newsweek, una revista semanal, las mujeres no podían ejercer como reporteras. Bueno, ejercer, ejercían, pero no eran reconocidas.

La gota que colmó el vaso fue el reportaje en portada Women in Revolt. Aunque había en la redacción suficientes mujeres que podrían haberlo escrito, se contrató a una periodista freelance para que aportara la mirada femenina sobre las marchas feministas. Un grupo de trabajadoras se organizaron y presentaron una demanda por discriminación sexista ante la Federal Equal Employment Opportunity Commission. Una de esas mujeres fue Lynn Povich, quien en 2012 escribió el libro How the Women of Newsweek Sued their Bosses and Changed the Workplace.

Para finales de 1975, las mujeres escribían un tercio de los reportajes. A su vez, había una tercera parte de investigadores que eran hombres. Lynn Povich acabó convirtiéndose en la primera mujer que alcanzó el puesto de editora jefe.

En 2015 Dana Calvo adaptó el libro de Povich a serie. Así, Good Girls Revolt se inspira en esa rebelión de aquellas mujeres que hacían todo el trabajo de campo de los reportajes: buscaban los contactos y realizaban las tareas de investigación, documentación y archivo. Después, aportaban todo el material recopilado a sus compañeros, quienes redactaban, firmaban el artículo y se llevaban todo el mérito. Ellas por su parte se llevaban un “gracias” y una palmadita en la espalda (como mucho). Ellas eran investigadoras, ellos reporteros. Y la distinción no iba solo en el puesto, también en el sueldo. El famoso techo de cristal.

Mientras las mujeres protagonistas van descubriendo su identidad y la desigualdad con la que viven en el ámbito profesional y personal, la serie recoge todo un contexto histórico marcado por las revoluciones por los derechos civiles de los afroamericanos y la guerra de Vietnam.

Hace una muy buena recreación de una época por medio de la escenografía, la música y el vestuario. Todo nos transporta a aquellos años 60 y los protagonistas sirven para crear un fiel retrato de aquel ambiente sexista de la época. Los hombres visten elegantes, son tipos seguros de sí mismos, ambiciosos y que beben whisky. El paradigma del señor misógino es el editor, un hombre conservador que no es capaz de aceptar los cambios sociales. Aunque el director de la revista parece más abierto (también es algo más joven) y percibe que la sociedad está cambiando, a la hora de la verdad, no termina de aplicarlo en su terreno.

Por su parte, las mujeres son jóvenes apocadas, dulces, calladas, con pasión por su trabajo y que viven continuamente a la sombra de sus compañeros. Good Girls Revolt presenta tres tipos de mujer de la época encarnados en el trío protagonista.

En primer lugar está Patti Robinson, la típica hippie. Tiene buen olfato periodístico y quiere ser escritora. Es independiente y su forma de pensar choca con la de su familia. Por ejemplo, uno de sus conflictos es que no entiende cómo su hermana con lo joven que es está dispuesta a dejar todos sus sueños de lado por casarse con un chico que está a punto de irse a la guerra.

Por otro lado está Cindy Reston, que representa la apocada mujer que se casó joven y cuyo marido, que aún está estudiando, espera que se quede embarazada pronto (tanto que manipula sus anticonceptivos) y deje de trabajar. Así pues, no solo ve cómo en el trabajo se ve relegada a segundona, sino que descubre que su marido no la toma en serio.

La última de las tres protagonistas es Jane Hollander, que viene de clase alta. Ella es conservadora, y sí que ve su puesto como algo temporal, pues a lo que aspira realmente es a casarse con un hombre que esté bien colocado y entonces dejar de trabajar. Sin embargo, a medida que avanza la temporada, hay un despertar en su conciencia y no solo se une a las reivindicaciones, sino que acaba encabezándolas.

Los 10 capítulos de los que consta la temporada transcurren desde que la chica nueva, Nora, empieza a cuestionar el hecho de que las mujeres no puedan escribir y firmar sus artículos hasta que las protagonistas ponen la demanda. Entre tanto, vemos cómo se desarrolla la evolución de cada uno de los personajes. Es verdad que hasta mitad de la temporada no comienza a asentarse la historia y a gestarse la reivindicación, pero parece necesario para plantear tanto el contexto histórico como el particular de la redacción y darnos a conocer a los personajes. No todas las protagonistas llevan el mismo ritmo, sino que cada una lleva su propio despertar y su gestión de los conflictos, tanto con sus padres o parejas, como en el trabajo, como en la exploración/descubrimiento de su sexualidad.

Nora Ephron, esta chica nueva que planta la semilla y después se marcha a otra publicación, trabajó en la revista, sin embargo, lo hizo antes de esta rebelión. La creadora de la serie se permite la licencia de convertirla en detonante. Ephron es una reconocida escritora y cineasta. Entre sus creaciones se encuentran Cuando Harry conoció a Sally o Tienes un E-Mail.

La primera temporada deja con ganas de más, de ver cómo se explorará el cambio del rol de mujer una vez que las protagonistas han puesto la demanda. Sin embargo, nos quedamos sin saber cómo podría haber sido, ya que la serie fue cancelada. Al parecer, cuando Dana Calvo se reunió con Roy Price (el productor ejecutivo encargado de la renovación) para plantearle las líneas argumentales de la segunda temporada descubrió que este tenía poco interés en Good Girls Revolt y que ni siquiera la había visto. Al día siguiente de esa reunión, y apenas un mes desde que Amazon publicó la temporada completa, fue cancelada. Casualmente Price tuvo que dimitir en octubre de 2017 como jefe de Amazon Studios tras ser apartado por haber sido denunciado por acoso sexual. Así que parece evidente porqué no quería renovar una serie con reivindicaciones feministas.

Los integrantes de la serie (tanto delante como detrás de las cámaras) hicieron campaña para ver si alguna otra cadena o plataforma compraba la segunda temporada, pero tras varias negociaciones, finalmente no va a tener continuidad. Y es una pena, porque la serie tenía recorrido, y más en una época en la que las reivindicaciones por la igualdad laboral y salarial están de candente actualidad. Sí, las mujeres pueden escribir y firmar noticias, pero pocas llegan a ser directoras, a estar en los consejos de redacción. Y esto influye en la perspectiva que se da de la información y en el tipo de contenidos que se consumen. Aunque por supuesto, esto no solo se reduce al ámbito periodístico. Muchas series como Good Girls Revolt hacen falta.

Machismo: 8 pasos para quitárselo de encima

Tras su novela La chica miedosa que fingía ser valiente muy mal, Barbijaputa vuelve a la carga con Machismo: 8 pasos para quitárselo de encima, un ensayo en el que afronta los pasos a seguir para matar la parte machista que todos llevamos dentro. En principio va dirigido a los hombres, ya que son ellos quienes se aprovechan de los privilegios del machismo. Sin embargo, dado que nos hemos criado todos en un sistema heteropatriarcal, por mucho que nos hayamos acercado al feminismo, siempre nos queda algo que pulir, por lo que está recomendado para todo el mundo.

Está estructurado en ocho capítulos, al estilo de las fases del duelo o la adicción. Según la propia autora “Se han escrito miles de libros para ayudar a superar problemas de todo tipo. Se escriben libros de autoayuda a un ritmo vertiginoso, y siempre sobre actitudes o creencias que son perjudiciales solo para uno mismo. Siempre centrados en el yo, yo y requeteyó.

Pero ¿qué hay de aquellos comportamientos propios que también joden a la sociedad en su conjunto? No hay libros de esos. Eso sí, a este libro, más que un libro de autoayuda podríamos llamarlo «libro de autoputeo», porque no harás más que revisar y perder tus privilegios por el camino, si bien estarás contribuyendo a una sociedad más justa. Para eso nace esta obra, para ayudarte a superar tu lado machista, que, más que ser malo para ti, lo es para tu entorno.”

En cada una de las fases, con su ironía y humor característicos, Barbijaputa se adentra en nuestro sistema de roles y creencias impuestas. Y para desmontar el machismo, hay que acercarse al feminismo, por eso hay nociones básicas del movimiento, terminología y personajes que han trabajado por el movimiento.

Fase 1: SORPRESA
– ¿Es por el patriarcado?
– El piropo y la belleza
– ¿Por qué se llama feminismo?
– Las feminazis

Este es el primer paso, reconocer que somos machistas, puesto que nuestra sociedad es patriarcal. Durante siglos la mujer ha sido una posesión del hombre (ya fuera el padre, marido o hermano) que se heredaba como los terrenos y las casas.

En este capítulo también se acerca al mundo del piropo y la belleza. Explica porqué el piropo callejero no es más que una forma de demostrar que el emisor se siente con la legitimidad de hacer cualquier comentario sobre el cuerpo de las mujeres. Y como tal muestra de poder, incomoda, porque pone de manifiesto que si alguien está en una posición de supremacía, hay otro que está en la de subordinación. En cuanto la belleza, queda resumido en la frase de Naomi Wolf “la ideología de la belleza es el último baluarte de las viejas ideologías femeninas, y tiene el poder de controlar a mujeres que, de otra manera, se hubieran hecho incontrolables“. Es decir, otra forma de tener a las mujeres entretenidas, controladas y oprimidas.

No podía faltar en el primer capítulo la definición de feminismo que, por si alguien aún no la tiene clara, es la “Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres“. Y la tan de moda “feminazi”, que no deja de ser un vocablo acuñado por un señor (Rush Limbaugh, un conservador antiaborto) para insultar a aquellas mujeres que proclamaban que eran dueñas de su cuerpo.

Fase 2: NEGACIÓN
– Por qué vemos machismo en todas partes
– El iceberg de las violencias
– La (no) perspectiva de género
– El porqué de odiarnos

La segunda fase es la negación, cuya frase más común es la de “yo no soy machista porque a quien más quiero es a mi madre” o “yo tengo madre, hermanas y pareja“. Pero es que el machismo no impide querer, sino que tiene que ver con los privilegios que uno consigue solamente por ser hombre, y de cómo estos hacen que se oprima a las mujeres.

El machismo no solo está en la violencia de género. El maltrato físico o el asesinato es la punta del iceberg, abajo hay muchos otros detalles que a simple vista, cuando no se tiene perspectiva de género, no se ven. Y es que están muy asentados en el día a día. Antes de la violencia física está la psicológica: insultos, humillaciones, infidelidad, rechazo, silencios, indiferencia. Y también está el control económico o de las relaciones. Todos estos actos minan la autoestima de la víctima y la van aislando. Queda muy claro en este gráfico de Amnistía Internacional:

El monólogo de Paloma Palenciano también lo explica muy bien ya desde su título (No solo duelen los golpes)

Fase 3: IRA
– Los “locos”
– Los hijos sanos del patriarcado
– Otras excusas machistas y los marichulos advanced
– Las mujeres no van a la guerra

En la tercera fase llega el contraataque. Es el momento en que el machista respondería “No me conoces“. Para responder, la autora desarrolla este capítulo en el que expone que no hace falta conocer a uno en concreto porque es un tema social. Por eso desmonta la teoría de que los maltratadores o asesinos de mujeres son unos “locos”. Muy por el contrario son hijos sanos del patriarcado. Es decir, reproducen conductas aprendidas.

Barbijaputa también responde a las nuevas excusas de los machistas, como la de que las mujeres no van a la guerra, olvidando que aunque no vaya, acaban siendo vejadas y violadas en todos los conflictos bélicos. Se convierten en una forma de represaliar a los hombres de su comunidad. La mayoría de las veces el abuso no es por placer, sino simplemente para demostrar poder. Son un botín de guerra más, un trofeo.

Fase 4: RESISTENCIA
– ¿Es por el heteropatriarcado?
– Interseccionalidad y otras cosas que no viste
– “Miedos” y “miedos”
– Educándonos en machismo

Llegamos a la fase 4, y aún hay resistencia, puesto que claro “no puedo ser machista. porque tengo una hija y la educo en igualdad“. Durante años yo he pensado que me han educado en igualdad, y es verdad que comparado con mi entorno, mis padres lo hicieron bastante bien. Pero el problema es que no recibimos toda la influencia en casa, sino que el contexto en el que nos relacionamos tiene mucho que ver. Y si este es machista, algo se filtra. Me encanta la frase de Flora Tristán: “El nivel de civilización al que han llegado diversas sociedades humanas está en proporción a la independencia de que gozan las mujeres“.

Así, hay que entender qué es el heteropatriarcado y cómo las mujeres y los hombres no somos iguales cuando ponemos el pie en la calle. Cómo hay miedos comunes para ambos géneros, pero además hay otros Miedos que solo sufren las mujeres. Por ejemplo, cuando una mujer vuelve sola por la noche, no solo tiene miedo a que la puedan asaltar y robar, sino que además vive el Miedo a una violación.

Barbijaputa remarca que la educación machista está en todos sitios, y se empieza a asumir desde bien pequeños. Por ejemplo, en los juguetes y en los horribles catálogos donde los niños ocupan páginas enteras saltando, haciendo deporte o alguna actividad, mientras que las niñas están sentadas, modositas, ocupándose de sus cocinitas o muñecos en un fondo rosa. Ya desde una tierna infancia se adjudican las tareas de cuidados a un género, mientras que el otro puede dedicarse a otras muchas dedicaciones.

También influyen muchos los cuentos infantiles y Disney. Somos conscientes de que estamos en el siglo XXI y que hay enseñanzas que han quedado obsoletas y que por tanto no hay que enseñar a las nuevas generaciones. Sin embargo, se siguen transmitiendo cuentos en los que siempre hay una mujer mala que va en contra de una jovencita, que además es muy bella y buena. Y claro, le pasan cosas. Las protagonistas de los cuentos no lo son en realidad, son sujetos pasivos a las que envenenan, secuestran, quieren matar… Pero, nada de preocuparse, que ya llegará el príncipe a salvarla. Con estas historias se perpetúa el mito del amor romántico con mensajes como que con paciencia y bondad se puede cambiar a otra persona (por ejemplo, la Bella y la Bestia) o que hay que renunciar a la propia identidad o a lo que más se aprecia para ser queridas (véase La sirenita).

Pero no solo son los cuentos infantiles, claro, la literatura romántica en general (también el cine) sigue ejemplificando estos patrones en los que él siempre está en una situación de poder con respecto a ella. Jefe-empleada, cliente – prostituta, hombre de negocios de éxito – jovencita…

Así que, está muy bien educar en casa en igualdad, pero dado que es un problema de la sociedad, habría que cambiar otros pilares como son la escuela, la publicidad, los medios de comunicación… En definitiva, falta conciencia de género.

Fase 5: NEGOCIACIÓN
– ¿Mujeres Machistas?
– “Secretos” de belleza
– La sororidad
– Las olas feministas
– ¿Feminismo de derechas y capitalista?

Tras la resistencia llega la negación y el argumento de que las mujeres también son machistas. La autora aquí expone que las mujeres no son machistas sino colaboracionistas del machismo. Es decir, han aprendido el mismo machismo que los hombres (porque ya habíamos visto que era algo social y no individual), pero, al contrario que ellos, no se benefician pues no están en una situación aventajada.

Algo que también se asume con esta educación es que las mujeres han de cumplir un rol. Y la belleza, como ya se ha mencionado al principio, ejerce un gran control. La mujer ha de ser perfecta, estar en la talla correcta y no mostrar signos de la edad. Pero claro, como los años no perdonan, existen secretos (a voces) de belleza como son los tintes del pelo, las cremas, los sujetadores con relleno y push-up, los tacones… y más allá, la cirugía. Pero la mujer no solo ha de competir consigo misma y con el paso del tiempo, sino que la sociedad inculca a las mujeres a competir entre ellas, a ser enemigas. Porque al final, todo se reduce a que están compitiendo por conseguir al HOMBRE. Como si por ser mujer no se pudiera tener otra aspiración en la vida.

Por eso es tan importante la sororidad, el apoyo entre mujeres. Descubrir que no se tiene que ser rival de una mujer solo por serlo.

En este capítulo Barbijaputa se adentra además en las olas feministas: una primera encabezada por mujeres burguesas que reivindicaban que sus aptitudes e inteligencia eran iguales a las de los hombres; una segunda más interseccional que se centró en el sufragio femenino y en una igualdad real (no solo en papel), además de reclamar la libertad sexual y reproductiva o el papel dentro de la familia. Por último, la tercera ola, que se rebela contra la concepción de la mujer como objeto sexual y que exige la abolición de la prostitución.

Finalmente, le dedica un apartado al feminismo de derechas, algo así como un unicornio. El feminismo por definición busca la igualdad, sin embargo, una ideología de derechas se centra en el individualismo y la importancia del capital. Y el capitalismo no deja de ser un sistema que fomenta la brecha de clases y que existan oprimidos. Y ya lo decía Flora Tristán “hasta el hombre más oprimido encuentra a alguien a quien oprimir: su mujer. La mujer es la proletaria del proletariado”.

Fase 6: DEPRESIÓN
– El aliado feminista
– La medicina girando alrededor del pene
– Nos creímos lo de la meritocracia
– El Porno

Con estas 5 primeras fases llega la depresión y plantearse “¿qué puedo hacer para luchar contra el machismo?” Es el momento de unirse al feminismo como aliado, de ser consciente de la infrarrepresentación femenina. Para ello, la autora pone como ejemplo la medicina, que durante siglos ha sido androcéntrica. Así, aunque el riesgo de padecer apendicitis es mayor en varones que en mujeres (9% vs 7%), el número de operaciones es el doble en las féminas (24% vs 12%) porque aún se confunden síntomas propios del aparato reproductivo femenino. Un ejemplo claro también es la endometriosis, una enfermedad prácticamente desconocida por la comunidad médica (aunque se estima que en el mundo la padecen unos 170 millones de mujeres) y a menudo mal diagnosticada como “dolores típicos de regla”. Las mujeres, que son unas flojas…

En este capítulo también se hace hincapié en la sobremedicación de las mujeres. Mientras que ante los mismos síntomas físicos a los hombres se les hacen mil pruebas físicas, a las mujeres se les prescribe más tratamientos ansiolíticos y antidepresivos.

Otro punto importante del capítulo es la meritocracia. Y es que uno de los argumentos del machismo para explicar porqué las mujeres no llegan a determinados puestos es que cada uno está donde se merece, según sus aptitudes y logros. Así, desprecian el sistema de cuotas de equidad, porque consideran que entonces se dará el acceso a mujeres incompetentes y que estas les quitarán a su vez los puestos a hombres realmente preparados. En el mejor de los casos están obviando que hay hombres que ocupan cargos por el simplemente hecho de serlo; en el peor (porque sería con premeditación), que si la mujer accede a esos puestos, entonces ellos tendrán más competencia. Es mucho más cómodo (y privilegiado) que sean ellas quienes se sigan ocupando de la crianza y cuidados (gratuitamente) y así la competencia es menor.

Por último, en este capítulo se trata el porno y cómo la imagen que se transmite de la mujer es siempre la de dominada y sumisa, obviando su placer. Y cómo luego estas prácticas se convierten en la educación sexual de adolescentes.

Fase 7: ACEPTACIÓN
– La misoginia de la RAE
Manspreading, mansplaining, manterrumpting
Tú como aliado feminista

En este penúltimo paso es cuando el sujeto acepta el machismo y comienza a detectar los privilegios que tienen los hombres simplemente por serlo.

En esta fase la autora se centra en la misoginia de la RAE y cómo le cuesta modificar acepciones o aceptar nuevas palabras con mayor conciencia de género. Algo no muy de extrañar ya que está compuesta casi en exclusiva por señores machistas.

Pero que no exista en la RAE no significa que no exista el concepto, así que Barbijaputa explica el manspreading, mansplaining y el manterrupting, tres conductas en las que los hombres ocupan todo el espacio y las mujeres quedan en un segundo plano.

En primer lugar, el manspreading es un tema de espacio. Mientras que a ellas se les enseña a sentarse como una señorita, con las piernas juntas o cruzadas; a ellos no se les da ninguna limitación, así que no es de extrañar que se sienten despatarrados con toda la confianza, seguridad y sin un ápice de preocupación por invadir espacios ajenos.

Por otro lado, el mansplaining consiste en esa costumbre de los hombres de explicar cosas a las mujeres dando por hecho que ellos están más versados en el tema. Imagina que estás hablando sobre una cuestión x y un hombre te interrumpe para explicarte que tienes que leer el libro tal que es el mejor que se ha escrito sobre la materia y resulta que eres tú la autora. Pues eso le pasó a Rebecca Solnit. Pero no es la única, claro, pasa todos los días.

Por último, el manterrupting va relacionado un poco con el anterior. Las mujeres son constantemente interrumpidas, invalidando su discurso, minimizándolo, invisibilizándolas.

Y para finalizar el capítulo, la autora propone al lector que es el momento de convertirse en aliado feminista.

Fase 8: NUEVA ETAPA VITAL
– Tu espacio y nuestro espacio
– Las gafas violetas
– Factor rechinamiento
– ¡La supremacía de la mujer!

Y llegamos a la etapa final. Que puede salir de dos formas. O bien que el lector detecte que es machista, se horrorice y quiera cambiar. O por el contrario, que pese a ver el sistema opresor, prefiera seguir igual, porque claro, el patriarcado le beneficia.

Y ¿qué pueden hacer estos hombres que quieren cambiar? Pues la autora recoge la frase de Kelly Temple, feminista activista del Reino Unido: “Necesitan coger el espacio que tienen en la sociedad y hacerlo feminista”. Es decir, ser consciente de todo lo remarcado anteriormente e ir corrigiéndolo. Al ser un tema social, es obvio que hay privilegios que no desaparecen porque uno quiera, pero otros sí, como por ejemplo no interrumpir o invisibilizar, ceder espacios, involucrarse en casa, no callar ante comentarios machistas… Es un proceso lento, claro, y aunque estemos concienciados con el feminismo, seguiremos teniendo contradicciones, porque es un proceso de desaprendizaje, de deconstrucción. Pero se sale.

Día Internacional de la Mujer

Durante años no había visto el sentido en celebrar el Día de la Mujer porque no creía que hubiera nada que festejar. Y además, me pone de mal humor cuando se alternan las felicitaciones como si fuera el día de la madre o un anuncio de compresas (“me gusta ser mujer“) con los “¿y el día del hombre para cuándo?” (Por cierto, es el 19 de Noviembre. De nada.)

Este último año se ha hecho más patente aún que no hay nada que celebrar y sí mucho que reivindicar, porque aún queda mucho para la igualdad e incluso estamos retrocediendo en algunos aspectos. Sí, hemos avanzado, pero somos personas y como tal deberíamos tener los mismos derechos y libertades, y no contentarnos con un “bueno, en otros sitios están peor” o “mal estaban las del siglo XIX, ahora por lo menos podéis [inserte su razonamiento aquí]”.

¿Y de dónde viene que el Día de la Mujer sea el 8 de Marzo? Pues vamos a echar la vista algo atrás.

En 1857 las mujeres eran mayoría absoluta en la producción de las fábricas textiles de Nueva York. Sin embargo, sus salarios eran un 60-70% inferiores al de los hombres. Además, soportaban jornadas de 12 horas en condiciones infrahumanas. Podemos hacernos una idea si hemos visto Sufragistas. Así, el 8 de marzo se echaron a las calles a manifestarse. En la protesta la policía cargó brutalmente contra ellas.

Medio siglo más tarde, poco había cambiado y las mujeres seguían reclamando equiparación salarial, reducción de jornada a 10 horas, descanso dominical y derecho a la lactancia.

En 1908 unas 40.000 trabajadoras de las fábricas textiles de Estados Unidos volvieron a manifestarse. Las de la Cotton Textil Factory en Nueva York pretendían secundar la huelga, sin embargo, no pudieron sumarse porque los dueños cerraron puertas y ventanas del edificio y las dejaron encerradas. Cuando se declaró un incendio fortuito las mujeres no pudieron escapar y 129 acabaron calcinadas. El humo que salía del edificio era morado y de ahí que se haya convertido en el color del feminismo.

En 1909, de nuevo en Nueva York 15.000 mujeres trabajadoras salieron a protestar bajo el lema “Pan y Rosas”. El pan simbolizaba la seguridad económica y las rosas la calidad de vida. Además de las reivindicaciones de años anteriores, añadieron nuevas exigencias, como el derecho al voto y el fin de la esclavitud infantil.

En 1910, en la celebración del Congreso Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, se seguía reclamando el sufragio universal para todas las mujeres. Aprovechando la ocasión, Clara Zetkin, dirigente del Partido Socialdemócrata Alemán, propuso fijar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en homenaje a aquellas obreras que habían muerto en su lucha en contra de la explotación capitalista. La primera celebración tuvo lugar un año más tarde en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

El 8 de marzo de 1910 es también simbólico en España, porque fue cuando se aprobó la real orden que autorizaba “por igual la matrícula de alumnos y alumnas”.

Es cierto que ya desde finales de siglo ya se habían ido incorporando algunas, pues no había ninguna ley que dispusiera lo contrario. Claro, que no porque no hubiera oposición, sino simplemente porque ningún hombre se había planteado siquiera que una mujer quisiera estudiar. En 1882, en vista de que más mujeres querían incorporarse, se promulgó una real orden que lo prohibía expresamente.

Tras quejas y reivindicaciones, seis años más tarde, se les permitió el acceso a la Educación Superior, eso sí, con autorización del Ministerio de Instrucción Pública y la firma de todos los profesores de aquellas asignaturas a las que se quisiera matricular. De esta forma el docente se comprometía a garantizar el orden en el aula. Porque claro, la mujer ya sabemos que distrae e impide el normal funcionamiento de las actividades…

Volviendo a las reivindicaciones laborales, en 1911 hubo otro hito. El 25 de marzo en Nueva York, 146 mujeres murieron y 71 resultaron heridas en el incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist. Los propietarios habían bloqueado los accesos para evitar los robos, así que lo tuvieron complicado para escapar y conseguir salvarse. La tragedia puso en evidencia las condiciones precarias y repercutió en la legislación laboral estadounidense.

En nuestro continente, en 1917, las obreras textiles soviéticas celebraron mítines y manifestaciones. Además, hubo manifestaciones espontáneas de amas de casa que tenían que soportar largas colas para conseguir pan. Así, se unió una reivindicación política y económica, con una que pedía el final de la guerra y la proclamación de la República. Comenzó un levantamiento popular bajo el lema “Pan, paz y libertad” que marcó el inicio de la revolución que después acabaría con el Zar. Gracias al gobierno provisional las mujeres consiguieron el derecho al voto.

1975  fue declarado por la ONU el Año Internacional de la Mujer y las feministas del movimiento Red Stockings (medias rojas) decidió que era el momento de reivindicar los derechos de las mujeres. Aunque en Islandia la mujer podía votar desde 1910, en la práctica seguía habiendo grandes diferencias entre hombres y mujeres. El sueldo de los varones superaba en un 40% el de las mujeres y estas apenas suponían un 5% en el Parlamento. En el fondo seguía habiendo una visión muy tradicional del papel de las mujeres. Así, las Red Stocking promovieron un paro nacional bajo el argumento “si las mujeres paran, se para todo”.

Unidas bajo el lema “Igualdad, Desarrollo, Paz”, el 24 de octubre se fue a la huelga. La jornada fue bautizada como el  “Día Libre de las Mujeres” y el 90% de la población femenina secundó el paro. Con tal seguimiento tuvieron que cerrar los centros educativos, el transporte, los bancos, las fábricas, las tiendas… y supuso un hito en la historia del país ya que cambió la mentalidad de la población. Los hombres, que en principio se lo tomaron a broma, acabaron llamándolo el “Viernes Largo” y sirvió para que fueran conscientes del espacio que ocupaban las mujeres en la sociedad y cómo no era reconocido.

Tan solo un año después, el gobierno islandés aprobó una ley de igualdad de género y de lucha contra la discriminación salarial en el trabajo. Hoy en día Islandia se ha convertido en el país más igualitario del mundo.

Así, tras un siglo de protestas, reivindicaciones y manifestaciones que cada vez iban a más, en 1977 la ONU lo convirtió en el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, “para conmemorar la lucha histórica por mejorar la vida de la mujer”. Aunque no todos los países lo reconocerían. Estados Unidos por ejemplo no lo asumiría hasta 1994 tras la reivindicación de Beata Poźniak, una actriz polaca.

Estamos en 2018 y aún seguimos igual. Sí, podemos acceder a la universidad o votar, pero aún nos queda mucho por recorrer en todos los ámbitos de nuestra vida. Seguimos siendo segundonas en el ámbito laboral, recae sobre nosotras el peso familiar, y aún estamos a vueltas con nuestra libertad sexual y reproductiva. Así que, no nos queda otra que defender los derechos ya conquistados, demandar nuevos y luchar contra aquellas leyes y medidas que aún nos siguen discriminando por razón de sexo y que nos restan oportunidades.

Sufragistas

Soy más de series que de películas, pero tenía desde hace tiempo ganas de ver Sufragistas, tanto por las buenas críticas recibidas, como por la temática que trata.

En la actualidad se ha puesto de moda referirse de forma despectiva a las feministas como feministas radicales o feminazis cuando se hace referencia a algún acto, comentario o actitud machista. Parece que el hecho de exponer un ejemplo, recalcar el sexismo que nos rodea o denunciar el heteropatriarcado simplemente con palabras fuera un atentado contra los hombres. Ya se sabe, aquello de que las feministas de ahora se quejan de vicio, las de antes eran las de verdad, aquellas que luchaban de verdad, sin tanta agresividad.

Bueno, pues aquellas “feministas buenas” de la Primera Ola ya se encontraron con las mismas críticas cuando comenzaron la lucha por el sufragio femenino allá por 1832. Intentaron que se les equipararan sus derechos con los de los hombres con discursos, panfletos, charlas, reuniones… Con pedagogía. Todo de forma pacífica, prudente, tranquila, calmada. Y no les funcionó. Porque no estaban exigiendo sus derechos, sino pidiéndolos con mesura. Y sin molestar. A los hombres no les preocupaban, porque eran cuatro locas que no hacían ruido, que se reunían para sus cosas y ellos mientras seguían con sus privilegios. Y cuando las palabras no funcionaron, las feministas se plantaron, exigieron, llamaron la atención. Y a comienzos del siglo XX cambiaron la estrategia dejando de lado el diálogo – que no les estaba funcionando – y recurrieron a la violencia, que es lo que hacía ruido, para que así las escucharan de una vez.

La película recoge estas dificultades de las feministas que a finales del siglo XIX y principios del XX pedían el voto femenino en Gran Bretaña.

Sufragistas nos adentra en el movimiento por medio de Maud Watts, una joven que trabaja en una lavandería desde que tiene 7 años. Ella no tiene conciencia feminista, ni se ha planteado que debería tener el mismo derecho que su marido a votar, pero su perspectiva comienza a cambiar cuando un día tropieza con una manifestación callejera en la que una de sus compañeras de trabajo tira una piedra contra un escaparate. La actitud de estas mujeres le llama la atención, y decide ir a ver cómo esta compañera presta testimonio frente al gobernador para solicitar el derecho al voto. Sin embargo, un cambio de último momento hace que sea la misma Maud quien hable frente al tribunal. Y es aquí cuando se vuelve consciente de que pedir el sufragio no es un capricho, sino que es justicia. Ella misma según va exponiendo su alegato va dándose cuenta de que cobra menos por ser mujer, que son ellas quienes sufren violencia sexual desde bien pequeñas por parte de sus jefes y de que tienen los peores puestos en la lavandería. Su perspectiva cambia y se ve patente en la conversación con su marido en que este le pregunta de forma despectiva que qué haría ella con el voto y ella le responde que lo que le venga en gana, de la misma forma que hace él.

Pero Maud se integra realmente en el movimiento el día en que las autoridades comunican la decisión de no conceder el sufragio femenino por falta de motivos. Ese día las sufragistas se habían congregado frente al Parlamento para escuchar la resolución, y ante la denegación comienzan a quejarse y protestar, lo que acaba con represión policial y varias detenciones. Maud es una de las que acaba en la cárcel.

Tras la puesta en libertad las sufragistas se reagrupan y se organiza una reunión en la que hablará Emmeline Pankhurst, la fundadora de la organización Unión Social y Política de las Mujeres (WSPU). En su discurso Emmeline defiende el cambio de actitud que indicaba al principio del post y anima a la violencia con una gran frase: “Si quieres que respete la ley, haz la ley respetable”. La mesura no ha funcionado así que apela a la guerra, pues “ese es el lenguaje que los hombres entienden”. Con este giro se acuña el término suffragette para referirse (de forma despectiva, claro) a estas feministas y diferenciarlas de las moderadas. Digamos que era el feminazi de la época.

Tras más de 50 años intentándolo por las buenas sin éxito, Emmeline reivindica la rebeldía bajo el lema Deeds, not Words! (¡Hechos, no Palabras!) pues “son los hechos y no las palabras las que nos darán el voto”. Comienza así una nueva etapa mucho más bronca en la que las sufragistas se arriesgan a perderlo todo: su trabajo, su casa, sus hijos y su vida. Porque no solo tenían enfrente a los aparatos policiales y políticos de la sociedad, sino que sus familias eran también sus enemigas, con unos maridos que las tutelaban y ejercían su autoridad. Algunas, que no son partidarias de este nuevo rumbo, abandonan el movimiento. Sin embargo, Maud continúa adelante, y ve efectivamente cómo su mundo se tambalea, cómo su marido decide echarla de casa tras una segunda encarcelación, cómo pierde a su hijo y cómo es repudiada por sus vecinos. Consigue salir adelante gracias a la ayuda de sus compañeras.

Los siguientes años, tal y como refleja la película, fueron convulsos. Entre 1905 y 1913 se sucedieron los actos violentos, las agresiones policiales y los encarcelamientos. Una vez en prisión, las sufragistas hacían huelgas de hambre como acto de protesta y, aunque se las intentaba alimentar a la fuerza, finalmente el Gobierno decidió que cuando estaban demasiado débiles era preferible soltarlas y volverlas a encarcelar cuando se hubieran recuperado.

La película finaliza con la muerte de Emily Davison, quien intentó detener al caballo del rey George V mientras participaba en una carrera poniéndose en su camino. Su funeral se convirtió en un acto feminista, pero no cambió gran cosa. La lucha continuaba.

Quizá por eso Sufragistas se me ha quedado corta. Es una buena película y hacía falta, pues pocas referencias hay sobre el sufragio femenino en el cine. Se han hecho películas y películas de muchos acontecimientos históricos; pero, como siempre, aquellos en los que las protagonistas son las mujeres, quedan en el olvido.

No obstante, imagino que la idea era contar cómo surgió el movimiento de las suffragettes, cómo modificaron su postura y su forma de actuación y cómo todo ello influyó en sus vidas. Que se pretendía poner de relieve una lucha que iba más allá del voto, pues la petición del sufragio llegaba tras tomar consciencia de la inferioridad en que se encontraban (y también de conciencia de clase). Las mujeres no tenían los mismos derechos que los hombres ni en el ámbito laboral ni en el personal. Eran consideradas intelectualmente inferiores e incapaces de pensar por sí mismas. No tenían poder de decisión sobre sus hijos, no podían divorciarse ni tenían derecho a herencia.

Finalmente el Reino Unido aprobó el sufragio femenino el 2 de julio de 1928 en igualdad de condiciones que el masculino, en parte gracias a la labor de las mujeres en la Primera Guerra Mundial. Cuando los hombres marcharon al frente, fueron ellas quienes ocuparon puestos de trabajo que hasta entonces estaban reservados para ellos. Esto hizo que muchas mujeres se dieran cuenta de que estaban capacitadas para muchas más cosas de las que les habían dicho. Emmeline, que tanto luchó para que se hiciera realidad, murió un par de semanas antes de ver la ley aprobada.

Así, el Reino Unido se convirtió en el octavo país en instaurar el sufragio universal 35 años después de que lo hiciera Nueva Zelanda, que fue el primero. En Europa el primer país sería Finlandia en 1906.

Era complicado narrar un movimiento histórico con tantos matices como mujeres (y también algunos hombres) que lo integraban. Hacen falta más películas así que muestren la lucha del feminismo, que en cada país fue (y es) diferente y que luchaba (y lucha) por la equiparación real de derechos en la práctica (no solo en la teoría). Viendo Sufragistas da la sensación de que tampoco se ha avanzado tanto un siglo después cuando aún hay que demostrar que no se trata de exterminar a los hombres, solo sus privilegios.

Pride (Orgullo)

A finales de julio escribí sobre Captain Fantastic, la maravillosa película que descubrí gracias al cineforum de La Cafetera. Pues bien, hoy hago un parón entre el relato del viaje a Grecia y Bulgaria para retomar el cine.

Pride es una película británica de 2014 que podríamos clasificar de drama, aunque con muchos toques cómicos. O una comedia dramática, como se prefiera. Está basada en hechos reales y nos remonta al verano de 1984, en la época de Margaret Thatcher cuando un grupo de gays y lesbianas recaudaron fondos para apoyar a los mineros que estaban en huelga.

En este contexto la película arranca en Londres, en la manifestación del Orgullo Gay, donde vamos conociendo a cada uno de los integrantes del grupo que decidirá apoyar al Sindicato Nacional de Mineros (NUM). Tras recaudar algo de dinero, los homosexuales se ponen en contacto con el sindicato para hacérselo llegar, pero no obtienen más que rechazo. Así pues, el grupo decide seleccionar una población y entregar la recaudación directamente. Después de mucho debatir, eligen un pueblo minero del sur de Gales y se reúnen con un portavoz en Londres. A partir de ahí, comenzarán la campaña Lesbians and Gays Support the Miners (Lesbianas y gays apoyan a los mineros) para seguir consiguiendo más dinero que enviarles a los mineros y sus familias mientras estos sigan en huelga.

Para un segundo encuentro deciden ir ellos a Gales, así que cargan la furgoneta y se echan a la carretera. Una vez allí se encuentran con un pueblo algo reticente a recibir su apoyo por sus prejuicios. La mayoría no quiere que se les asocie con un colectivo abiertamente homosexual. Aunque también es cierto que en muchos de sus habitantes los urbanitas homosexuales provocan curiosidad y los reciben con los brazos abiertos alojándolos en sus casas. Este choque cultural entre ambos mundos es el que provoca el mayor toque cómico de la película mientras se abordan los prejuicios, el miedo, el odio y la ignorancia.

El mayor rechazo proviene de parte de los hombres, quienes parecen tener miedo de perder su hombría si se relacionan con homosexuales. En la aceptación de Lesbians and Gays Support the Miners parece tener mucha relevancia el papel de las mujeres de la comunidad. Hablamos de los años 80 y de un pueblo del Gales profundo en el que las mujeres son esposas y amas de casa, no hay representación femenina en la industria minera. Ellas intervienen en la huelga como consortes. Son organizadoras de actos de recaudación, de los comités de resistencia y realizan el reparto de las donaciones entre las familias. Sin embargo, cuando llegan los homosexuales con la recaudación, toman las riendas y deciden que no hay nada de malo en dejarse ayudar por este colectivo, que la ignorancia se cura acercándose a ellos y conociéndoles.

Ante esta actitud, los mineros van replanteándose su postura y se abren a conocer a los homosexuales. Y, a medida que se van conociendo, descubren que la alianza entre las dos comunidades será beneficiosa para la lucha porque serán más fuertes. Un año más tarde, serán los mineros quienes se unan a la Marcha del Orgullo de 1985 como muestra de solidaridad hacia sus nuevos amigos.

La unión de ambos colectivos supuso un punto de inflexión en la lucha por los derechos LGTB en el Reino Unido. Los mineros laboristas comenzaron a apoyar a los homosexuales y participar junto a ellos en actos y manifestaciones. Gracias a este hermanamiento, se consiguió por ejemplo que el Partido Laborista incorporase en su manifiesto una resolución que comprometía el apoyo del partido a la igualdad de derechos para personas LGBT.

Pride muestra un pueblo minero gris frente al Londres colorido y extravagante; lo tradicional frente a lo alternativo; lo recatado frente a lo liberal. Y con ese contexto nos lleva a reflexionar sobre la solidaridad y la alianza entre colectivos contra el enemigo común. También sobre los derechos que deberíamos tener todos como ciudadanos independientemente de nuestra orientación sexual. De paso afronta temas como los prejuicios, el SIDA o la feminidad impuesta por la sociedad heteropatriarcal.

A pesar de tratar temas serios, es una película que me ha divertido mucho. Me ha enganchado desde el primer momento, y mucho tiene que ver la música ochentera y la ambientación, pero sobre todo el reparto coral tan bien cohesionado a pesar de ser personajes tan diferentes.

Captain Fantastic

Hace algo más de un mes se inauguró en La cafetera una sección de cineforum y recomendaron Captain Fantastic. La valoraban tan positivamente que no pude por menos que saciar mi curiosidad para juzgar por mí misma. Y vaya sorpresa. Me encantó.

El protagonista es Ben, interpretado por Viggo Mortensen, quien junto con su mujer, Leslie, huye del estilo de vida americano y se muda a un terreno en los bosques de Washington. Allí el matrimonio criará a sus seis hijos al margen de la sociedad de consumo dándole importancia a una educación basada en la supervivencia física e intelectual. Así, los niños entrenan a diario, aprenden a conocer el medio en que viven, a cazar animales, a quitarles la piel, deshuesarlos y cocinarlos. Usando para ello además armas de verdad. En cuanto a la mente, son formados en cultura general, música, literatura, matemáticas e idiomas. Pero sobre todo filosófica y políticamente. Les dan las herramientas para que aprendan a pensar críticamente, a razonar y a expresar sus ideas con sus propias palabras. Y no solo eso, sino que los niños no reciben un trato paternalista ni obtienen explicaciones edulcoradas de la realidad.

Durante diez años viven aislados de la vida moderna, de la tecnología y de la civilización, pero todo cambia cuando Leslie, que padece desorden bipolar, ha de ser hospitalizada y durante su ingreso se suicida. Es entonces cuando la familia emprende un viaje a la ciudad.

La película plantea el dilema moral y ético de la educación de los hijos. En primer lugar pone de relieve cómo influye en los hijos las decisiones que toman los padres por ellos. Ben cree estar haciendo lo correcto en la forma de educarles, que así serán mejores personas cuando sean adultos; pero esta reintegración en la sociedad y el choque cultural y social al que se enfrentan los niños, le hace plantearse si Leslie y él tomaron la mejor decisión.

Captain Fantastic es una crítica al sistema educativo que convierte a los estudiantes en simples loros que repiten la lección. ¿Tiene cabida en nuestra sociedad otro método de enseñanza? Quizá habría que valorar una alternativa interdisciplinar, porque todo está relacionado. Será mucho más fácil aprender literatura si se conoce el momento histórico y político en que se creó la obra, pero también el entorno socioeconómico del autor. No basta con dar el mismo período en Historia y en Literatura, o unas pinceladas como introducción sino que se debería ahondar mucho más. Nos quedamos en leer la obra y después un trabajo en el que se hace una sinopsis y poco más, no hay desarrollo.

También podríamos hablar de la conexión que hay entre matemáticas, la física y la química. Incluso con la música o las artes plásticas. Y cómo no en la economía. Debería replantearse este sistema creado hace demasiado tiempo. Si la sociedad ha cambiado, también debería evolucionar el método de enseñanza más allá de incluir idiomas o el uso de la tecnología en las aulas.

Cuando se habla de educación siempre se mira hacia Finlandia, país que se encuentra en el número 1 de la clasificación mundial y cuya carga lectiva es inferior a la de Estados Unidos o España (recomiendo ¿Qué invadimos ahora? de Michael Moore, que ya contrasta el sistema con el estadounidense). Sin embargo, resulta mucho más eficiente. En el país nórdico se le da importancia a formar a personas, no a como mecanismo de adoctrinamiento; se fomenta el juego, el desarrollo de las artes plásticas o musicales, el saber desenvolverse, pensar y razonar, y apenas existen los deberes, solo como algo puntual. Así que, quizá no es tan utópico el planteamiento de la película.

Sin embargo, aunque la idea de esta enseñanza alternativa parece ser válida y más eficiente que la tradicional; no lo parece tanto el aislamiento de la familia de Captain Fantastic, puesto que priva a los hijos del ámbito social y cuando llegan a la “civilización” resultan unos inadaptados que no saben cómo interactuar con sus congéneres fuera de su pequeña familia. Carecen de habilidades sociales, y actúan según lo que han leído o vivido en su particular y aislado mundo.

Otro tema que se trata en la película es la religión, y en concreto con un ataque bastante directo a los cristianos. “Nosotros no nos burlamos de la gente. Salvo de los cristianos” es una de las frases lapidarias de la película. Obviamente, tampoco celebran la Navidad, sino que festejan el cumpleaños de Noam Chomsky (lingüista, filósofo y activista estadounidense que se define como anarquista).

Ben tiene un choque frontal con su suegro por la religión. Y es que Leslie era budista y había dejado un testamento bastante claro con lo que deseaba que se hiciera con su cuerpo tras la muerte. Pero los suegros se erigen como los poseedores de la razón (y fe) y organizan misa y entierro desoyendo cualquier voluntad de la fallecida. Con este conflicto se ponen en tela de juicio los convencionalismos religiosos, los ritos impersonales oficiados por un absoluto desconocido que no sabía nada de la persona a la que está alabando y dándole despedida. Y mientras, la familia y seres queridos han quedado relegados a un segundo plano no pudiendo homenajear al fallecido como quisieran. Que podría ser quizá festejando en lugar de llorando.

La película me ha sorprendido gratamente, como comentaba al principio. Me ha gustado mucho la complejidad de los temas que pone sobre la mesa y que te dejan ahí el runrún durante días. Es profunda y dramática, pero también entretenida y cómica. En el plano actoral Viggo Mortensen lleva la mayoría del peso interpretativo, pero sus hijos no se quedan atrás y cada uno de ellos tiene un momento en que brilla por sí mismo. Sobre todo gracias a los diálogos ácidos y ágiles.

Capítulo aparte merece la banda sonora y las escenas que acompaña. Sobre todo en el caso de Sweet child o’mine, Scotland the Brave y la que acompaña estas líneas (y que no destripa la película).

Captain Fantastic articula una confrontación entre el capitalismo como sistema desigual en el que toda interacción social gira en torno al consumismo y una cultura antisistema que suscita la reflexión política y social. Expone la posibilidad de que otra sociedad es posible, sin empresas o la religión ejerciendo su control y decidiendo por los ciudadanos. Propone un modelo educativo menos encorsetado en el que el alumno aprenda de una forma más global y en el que pueda desarrollar su capacidad intelectual. Una enseñanza en la que el individuo descubra qué es lo que quiere ser frente al modelo en que es un mero repetidor de consignas que ha cumplir con el rol que ya le ha marcado la sociedad.

Captain Fantastic abre muchos debates con un tono de tragicomedia que no deja impasible. Abre una puerta a la esperanza de que otro mundo es posible. “Si asumes que no hay esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto de libertad, que hay oportunidades para cambiar las cosas, entonces, quizá, puedas contribuir a hacer un mundo mejor” decía Noam Chomsky.