Conclusiones del Itinerario por Escocia

Escocia ofrece todo tipo de puntos de interés; desde interesantes ciudades con históricas fortificaciones hasta escarpados acantilados, interminables playas, colosales montañas y misteriosos lagos. Por supuesto, no hay que olvidar los campos de batallas o los restos prehistóricos. Hay mucho que ver, y la elección dependerá de cada viajero y sus preferencias. En nuestro caso, queríamos un poco de todo: algo de ciudad, mucho de verde, un poco de historia, retazos de cultura… Quizá lo único que se quedaba fuera era el golf.

Con esta premisa, configurar un itinerario en el que intentar aunar todo, no es tarea fácil. Había que concentrar mucho en un par de semanas. Como ya comenté al inicio del relato, escribí a VisitScotland para saber por dónde empezar. Tras leer la información, lo primero que descartamos fueron las islas. Era imposible abarcar tanto. Nos quedábamos con la parte peninsular. Después, una vez elegido aeropuerto de entrada y salida, todo apuntó a la parte norte, dejando las Tierras Bajas para otro momento.

Partiendo de Edimburgo, con una ruta circular y contando con 13/14 días, empezamos marcando en el mapa puntos para ver y salen demasiados para verlos todos. Imposible por la climatología y las carreteras. Y aún así, in situ hubo que saltarse algunas paradas por ausencia de tiempo o reconfigurar el día por los horarios de visitas o la falta de luz. Aunque lo cierto es que en general cumplimos con la planificación inicial.

En Edimburgo no cambiamos mucho la planificación, sí que intentamos concentrar más cosas en el primer día por la previsión de lluvia para el segundo. Pero pese a los pequeños ajustes, conseguimos ver tanto la ciudad nueva como la vieja, así como el Castillo y ambas colinas.

En nuestro primer día de ruta (tercero de viaje) teníamos previsto Edimburgo – Aberdeen parando en Saint Andrews, Dundee, Glamis Castle y Dunnottar Castle. Tuvimos que dejar fuera Dundee, pues según íbamos cruzando el puente, y valorando los horarios de los castillos, decidimos que había que sacrificar algo. Y aún así llegamos a Stonehaven casi a la hora de cierre y no entramos al castillo. Sin embargo, sí que dimos un paseo por Aberdeen, aligerando así el siguiente día.

Aunque Glamis Castle resulta interesante, lo ideal habría sido: Edimburgo – Saint Andrews – Stonehaven – Dunnotar Castle – Aberdeen.

Pero bueno, como mi hermano se fue a vivir a Aberdeen, quizá nos espere una visita pronto y podamos resarcirnos. Así quedaría con la modificación:

El cuarto día teníamos previsto Aberdeen – Inverness con paradas en Huntly Castle, Destilería, Keith, Elgin, Cawdor Castle, Fort George y Culloden Battlefield. Demasiado para un mismo día, y eso que fuimos descartando. Comenzamos paseando por Old Aberdeen y visitamos el castillo por la mañana. Dedicamos la tarde a la destilería, pero para cuando quisimos llegar a Elgin y Fort George ya estaban cerrados. Keith fue una pérdida de tiempo, Cawdor Castle hubo que descartarlo y Culloden Battlefield directamente lo pospusimos porque no íbamos a ver nada ya casi al atardecer.

Así que, simplificaría el día de la siguiente manera:

El quinto día dejábamos Inverness para subir al norte, hasta Thurso. Las paradas del día eran Rogie Falls, Dornoch, Dunrobin Castle y los acantilados John O’Groats. Este día estaba bien ajustado, pues nos dio tiempo a todo. Eso sí quitando de la ecuación el Dunrobin Castle. A mi parecer, mucho más interesantes fueron las paradas en los acantilados que en un castillo que destacaba por sus jardines. Prefiero ver naturaleza abierta.

El sexto día seguimos en el norte y creo que no requiere de más ajustes que los que hicimos en ruta. Fuimos de Thurso a Durness parando en Melvich Bay, Fiordo de Eriboll y Smoo Cave. Seguimos la planificación del día salvo al final, que como no pudimos visitar la cueva, nos fuimos a descubrir rincones de Durness. Y de hecho, al tratarse de lugares al aire libre, aunque hubiéramos visitado la cueva, nos habría dado tiempo a darnos el paseo por la bahía y el pueblo.

Nuestro séptimo día vino en parte condicionado por los Highland Games en Durness, a partir de ahí, solo nos quedaba la tarde para llegar a nuestro destino en Ullapool. Sin embargo, era algo imprescindible, ya que era el único lugar en el que podríamos conocer este acontecimiento que se celebra en diferentes fechas por todo el país en verano. Como comenzaba a media mañana, aprovechamos a primera hora para probar suerte con Smoo Cave y a buscar la secret beach.

En principio teníamos previsto Balnakeil Bay, Ardvreck Castle y el Parque Natural de Knockan Crag. Pero Balnakeil quedó visto el día anterior, así que algo habíamos aligerado. El parque lo atravesamos sin más, no hubo que desviarse y Ullapool es un pueblecito pesquero pequeño por el que dimos un paseo pero que no nos llevó mucho tiempo. Así que la ruta quedaría así:

El octavo día volvíamos a Inverness con un día completito. Teníamos prevista la ruta circular por el Lago Ness, visitando Urquhart Castle y Fort Augustus. Sin embargo, dado que el cuarto día habíamos tenido que ajustar y se quedaron fuera Fort George y Culloden Battlefield, los incorporamos a esta jornada. Nos fuimos directos a Fort George desde Ullapool, después visitamos el campo de batalla, añadimos Clava Cairns y finalmente retomamos la planificación con el lago, el castillo y Fort Augustus, para finalizar en Inverness dando un corto paseo ya al atardecer bajo la lluvia intermitente.

Resultó ser un día agotador. Sin embargo, si lo volviera a hacer, dejaría fuera Fort George porque por muy importante que fuera en su momento, ni siquiera cumplió su función. Quizá hasta Culloden Battlefield, aunque es es un lugar muy señalado para la historia de Escocia. Ninguna de las dos paradas me resultó tan interesante como las Clava Cairns.

Eliminando una de estas dos visitas (o las dos), habría más tiempo para la naturaleza que nos ofrece el entorno del Lago Ness, así como un tranquilo paseo entre las ruinas del Urquhart Castle.

En nuestro noveno día de viaje, nos dirigimos hacia Skye. Si bien es cierto que habíamos dejado fuera las islas, parece que el acceso a esta región de las Hébridas Interiores parecía posible, así que ahí quedó en la planificación. Las paradas serían Dornie, Portree y Old Man of Storr. Ninguna pega a esta ruta, ya que tanto Dornie como Portree son pueblos pequeños, lo que realmente lleva su tiempo es la subida al Old Man of Storr. Sin duda uno de mis días favoritos. Fue exigente, pero si te gusta la naturaleza, es una caminata indispensable.

Además, como cuando terminamos la ruta nos quedaban horas de luz, adelantamos parte de lo previsto para el día siguiente subiendo hasta Uig y bajando por la costa parando en la cascada de Kilt Rock. Quedó rematado el día.

El décimo día era complicado, porque teníamos que estar en el ferry a última hora de la tarde. No es lo mismo la hora de llegada de un hotel que la de un transporte. Aunque si hubiéramos perdido el barco podríamos haber salido por el puente, tal y como entramos, sin embargo, nos habría supuesto muchos más kilómetros y tiempo. Tenía solución, pero mejor intentar cumplir con la previsión.

En principio la idea era Fairy Glen, Uig, Coral Beach, Dunvegan Castle, Neist Point Lighthouse y llegar a Armadale para coger el ferry a Mallaig. Con Uig ya visto, decidimos descartar también Fairy Glen. Seguro que es un paraje estupendo y totalmente místico, pero no daba tiempo. Y ya a las puertas del Dunvegan Castle también lo suprimimos porque preferíamos ver naturaleza, paisajes y acantilados antes que los restos de una bandera, con mucha historia, sí, pero hay que seleccionar y algo se tiene que quedar fuera.

Con estas exclusiones, quedó un día mucho más despejado, tranquilo y para disfrutar con calma. Incluso nos dio para descubrir en el camino Dun Beag Brog y entrar al castillo del Clan Donald.

El decimoprimer día sí que lo cambiamos totalmente porque no estaba bien organizado. La ruta era Mallaig – Oban pasando por Glenfinnan, Kinlochleven, Glencoe, Castle Stalker y Ardchattan Priory. Sin embargo, la noche anterior revisando la planificación, optamos por salir de Mallaig con tiempo de llegar a Glenfinnan a la hora del tren de vapor, después paseo por Fort William, recorrido de ida y vuelta por Glencoe, Dunstaffnage Castle y para finalizar Castle Stalker.

Quedaba un poco con idas y venidas, pero había que cuadrar horarios. En primer lugar por el tren, y después porque el Dunstaffnage Castle cerraba pronto. El Castle Stalker quedaba de camino, pero como está en una isla y solo lo íbamos a ver de lejos, pues pensamos que era mejor volver después del cierre del primer castillo y parar tranquilamente. Aunque lo cierto es que después no estuvimos mucho tiempo, porque empezó a chispear, así que lo justo para cuatro fotos.

En resumen, no estuvo mal del todo, pero creo que nos sobró Fort William, y ese tiempo ahorrado lo podríamos haber empleado en recorrer más tranquilamente, o más trecho, el Glencoe.

Oban quedó fuera porque cuando pasamos con el coche dirección a Dunstaffnage no nos pareció lo suficientemente interesante y ya llevábamos un día bastante cargado. Y lo que nos esperaba la jornada siguiente, más aún.

Esta es la ruta que recomiendo:

El decimosegundo día no tenía muchas paradas, pero sí que nos iban a llevar tiempo. Saldríamos del hotel, visitaríamos Balquidder, Loch Lommond, Doune Castle y Wallace Monument. Oban quedó totalmente obviado, como decía más arriba. Por lo demás, solo hicimos una variación, que fue no parar en el parque, sino simplemente atravesarlo, y completar la ruta con Stirling, tanto paseando por la ciudad, como visitando el castillo. De esta forma despejaríamos el penúltimo día.

Para ello, hay que madrugar, de forma que lleguemos con tiempo suficiente de recorrer todo el castillo antes de su cierre. Para la ciudad hay más tiempo dado que anochecía horas más tarde.

El decimotercer y último día de coche se vio condicionado por la entrega del coche. En principio estaba programado parar por el Campo de Batalla de Bannockburn y Falkirk Wheel, después visitar Glasgow y estar antes de las 18h en Edimburgo para devolver el Golf. Imposible, así que saltamos directamente a Falkrirk Wheel, que parecía más interesante que el Campo de Batalla. Aún así, vimos lo más céntrico de Glasgow limitados por la hora de regreso.

 

Quizá deberíamos haber elegido entre Stirling y Glasgow para haber podido dedicar más tiempo a una de las dos. O incluso haber devuelto el coche la mañana siguiente a primera hora y haber salido directamente para el aeropuerto. En cualquier caso, Stirling, Falkirk, Glasgow y Edimburgo están bastante próximas y bien comunicadas.

En definitiva, que hubo que ajustar y descartar algunas paradas previstas, pero en general, cumplimos bastante bien con el plan previsto. Dejamos fuera algún castillo que no estaba incluido en el Explorer Pass por falta de tiempo o interés y aprovechamos ese tiempo para disfrutar de los parajes escoceses.

Configurar itinerario por Escocia

Escocia tiene tanto que ver y tan variado que no es fácil configurar un itinerario.

Para empezar escribí a Turismo de Escocia, y me remitieron a su web, Visit Scotland. Es una página muy completa, demasiado incluso porque acabas con muchísima información, aunque sí que es cierto que no tiene todo traducido al español. Cuenta con un apartado en el que se pueden descargar un montón de folletos, desde destilerías hasta golf pasando por información general de cada una de las regiones. Además, se pueden consultar los eventos o buscar alojamiento. Está muy bien estructurada y es rápida y fácil de usar. Me la recorrí de pe a pa tomando nota de todo lo que me llamaba la atención y que quería visitar. Por supuesto, hay lugares que se han tenido que quedar fuera, pero es un gran punto de partida.

Para las localizaciones también es muy útil la página Undiscovered Scotland. Por otro lado, para las rutas de senderismo, recomiendo echar un vistazo a Walkhighlands.

Tras la experiencia con el Road Trip por Estados Unidos sabía que no quería días con más de 2-3 horas de conducción. En Estados Unidos las distancias son enormes y las carreteras aburridas; pero el motivo para usar esa premisa en Escocia es que había mucho que ver y las carreteras tienen fama de ser de un tránsito tranquilo. En parte porque son carreteras de dos sentidos sin arcén, o incluso de un único sentido, pero también porque no es ir del punto A al punto B, sino que lo más probable es que quieras parar a observar el paisaje o desviarte porque has visto señalizado un punto de interés. Así pues, el cálculo Madrid-Toledo-75km-en-una-hora, no servía. La milla escocesa es otra cosa.

Además había que tener en cuenta el factor climatología, que es imprevisible en cualquier viaje por Escocia. Era probable que tuviéramos que alterar los planes más de un día. Así que no convenía saturar las etapas porque seguro que algo acabaría cayéndose de la ruta.

Por otro lado, otra consideración importante era el horario de visitas. Aunque en la época que íbamos a visitar Escocia íbamos a tener horas de luz desde las 5 am hasta las 9:30 pm, la mayoría de los castillos, museos y monumentos cerrarían sobre las 5 de la tarde. Así pues, lo primero sería lo que tenía horario, y después las visitas a pie en exterior aprovechando aún la luz. Yo suelo consultar cuándo es el amanecer y el atardecer aquí.

Por tanto, con una idea de lo que quería ver, de las distancias y horarios, comencé a calcular etapas. Y la ruta quedó así:

  • Día 7: Viernes 29. Durness – Ullapool. 115 km. Pasando por Balnakeil Bay, Ardvreck Castle y el Parque Natural de Knockan Crag

Esta era mi idea inicial, sobre todo para buscar los alojamientos y tener un punto de partida y finalización cada día. Luego habría que ver lo que nos depararía el tiempo, nuestras piernas y estado de ánimo. Hasta no estar sobre el terreno no sabría si había equilibrado bien todos los aspectos y posibilidades que ofrecía Escocia.

Lo iremos viendo.

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Interrail

Capitales Imperiales era un destino que teníamos en mente desde hacía tiempo y que, como comenté, lo habíamos ido posponiendo porque no eran muy factibles las opciones que veíamos. Sin embargo, tras hacer el interrail por Benelux, se nos planteó una nueva forma de viajar y se nos abrió el mundo.

Elegimos el billete de 5 días contando con los desplazamientos del primer y último día, así como los traslados Budapest – Bratislava, Bratislava – Viena y Viena – Praga. Sin embargo, gastamos menos días, ya que los traslados desde y hasta el aeropuerto tanto en Budapest como en Praga no eran factibles en tren. Mal cálculo. Aunque no hay mal que por bien no venga, ya que así pudimos acercarnos a Graz, que no nos pillaba de camino como Brno.

La elección de la ruta vino determinada por los vuelos, ya que era más barato llegar a Hungría y volver desde República Checa, y a posteriori, viendo cómo fue el verano de caluroso, me alegro de haberlo hecho así. No quiero ni pensar cómo habría sido subir a Buda con el sol y la humedad. Al menos en Praga teníamos zonas de callejas estrechas con sombra.

En cuanto al número de días, creo que también es lo acertado, al menos lo mínimo que habría que ir, dos días y medio por ciudad (exceptuando Bratislava que con uno la doy por vista). Luego depende de cada uno si quiere hacer alguna actividad en particular que lleve un tiempo específico, como unos baños en Budapest o ir a la ópera en Viena.

Yo calculé tres, pero con los desplazamientos es fácil que se vaya la mañana. Nosotros madrugamos para aprovechar bien los días, pero la proximidad entre las ciudades y la frecuencia de los trenes hace que no sea tan necesario ponerse en marcha tan pronto. El día que se hizo más largo fue el de Viena a Praga, que fue por lo que paramos en Brno, pero no lo recomiendo especialmente.

El resto de ciudades sí que me gustó. No sabría con cuál quedarme, porque cada una tiene algo. Budapest nos conquistó el primer día con su atardecer, pero tenemos la rutilla por Buda con las espectaculares vistas de Pest, el Bastión de los Pescadores, o cómo no, el famoso Parlamento.

Viena, la famosa Viena con su Hofburg, los edificios históricos de la Ringstrasse, sus parques, su catedral, Sissí, Mozart, la Hundertwasserhaus…

y Praga, con su Puente de Carlos, el Castillo y sus vistas, el Barrio Judío, Kafka y por supuesto el reloj astronómico.

Bratislava es famosa por el castillo, pero ni siquiera me gustaron las vistas. Me quedaría con su casco histórico, con Santa Isabel y las peculiares estatuas repartidas por la ciudad.

Hemos descubierto unas ciudades que reflejan el lujo y esplendor de otra época en la que dominaban Europa con sus imperios. Unas capitales que cautivan al viajero que recorre sus calles con los restos de la historia (la buena y la mala).

Interrail Capitales Imperiales-01

Es un viaje tan clásico como imprescindible que animo a emprender.

Japón por libre XXXIX. Conclusión itinerario

Practicamente ya he repasado cómo nos fue con la planificación del itinerario tras terminar Kioto y después de Tokio. Pero como hay excursiones de por medio, voy a recopilarlo en una entrada.

En principio el viaje eran 21 días, aunque siendo realistas, dejémoslo en 19, porque el día de llegada y el de vuelta quizá no son muy aprovechables. Partiendo de esta base, podríamos estructurarlo así:

Mapa Kioto

  • 3 días en itinerancia: Modificaría algo lo que hicimos. Empleamos el primero en Himeji, llegando a Kanazawa; el segundo saliendo de Kanazawa y viendo Shirakawa-go para acabar haciendo noche en Takayama; y el tercero yendo de Takayama a Tokio pasando por Nagoya. Sin embargo, creo que sacaría de la ecuación Himeji y Nagoya. No digo que sean ciudades que no aporten nada. El castillo de Himeji, una vez finalizadas las obras de acondicionamiento debe sin duda merecer una visita y subir al Monte es una buena excursión, pero no para hacerla a la carrera como nosotros. Es para emplear una buena mañana y disfrutar de la naturaleza y las vistas que nos ofrece. Pero hay que ser realistas y no se puede abarcar todo. Así pues, creo que si no hubiéramos parado en Himeji, podríamos haber visto Kanazawa tranquilamente y no tener que emplear horas del segundo día. Igualmente, aunque el tren parara en Nagoya, quizá sería recomendable seguir del tirón hasta Tokio. De esta forma, podríamos haber empleado parte de la mañana a Takayama.

  • 10 días con base en Tokio: Como dije en el resumen de Tokio, eliminaría algún barrio que a mí personalmente no me aportó mucho. Con eso, ganamos tiempo para ver Kamakura en un día sin combinarlo con Yokohama, y hacer ésta una tarde. Otro día para Nikko y otro para Hakone o los Cinco Lagos. No haría los dos, de hecho, no pudimos hacerlo. Y si se elige hacer los dos, lo recomendable sería hacer una noche fuera. Así que, tenemos 3 días completos para excursiones y 7 días para Tokio (incluyendo una tarde en Yokohama).

En realidad no variaría mucho de la planificación original. Básicamente de Kioto quitaría algún templo, de Tokio algún barrio y eliminaría Himeji, Nagoya y los Cinco Lagos. De esta forma, habría más tiempo para ver cada uno de los lugares con más calma empapándonos del ambiente, de la gente, de los olores y sabores.

Normalmente cuando viajamos pocos días, intento concentrar lo importante para sacarle el mayor rédito al viaje. En este caso quise hacer lo mismo porque ya que haces tantas horas de viaje, al menos que te cunda cada minuto. Pero claro, llega un momento en que el cuerpo te pide tomarte las cosas con más calma. Eso que me llevo de aprendizaje para próximas planificaciones, como por ejemplo en nuestro siguiente periplo que sería en verano por las Capitales Imperiales.

Japón por libre XXXVIII. Resumen Tokio

Tokio es enorme y es imposible verlo todo, por mucho que planifiques. A no ser que estés muuuuuucho tiempo allí, claro. Así que, ya desde el planteamiento sabíamos que algo tendría que quedar fuera, como lo de ir a ver la subasta de pescado.

Por lo demás, es complicado hacer una división como en Kioto, además, es diferente, porque en Kioto te organizas un poco en función de los horarios de los templos, de la proximidad entre sí de cada uno, del transporte… pero en Tokio es más patear ciudad, y además, tienes mil opciones de transporte, con lo que en parte, hay más movilidad. Eso sí, la Yamanote te la aprendes de memoria, porque es muy útil. De todas formas, hay que dividirse por barrios, ya que se necesita un punto de partida. Ya comenté que nosotros intentamos cubrir primero lo más alejado, para aprovechar el JR Pass, y dejar para el final lo más próximo al hotel.

JRPass reverso

JRPass canjeado

En general, la planificación fue bien, salvo que quizá algunos barrios yo no los visitaría. Quizá omitiría Roppongi, le habría dedicado menos tiempo (aún a Ginza) y más a Odaiba. Si no eres muy fan del mundo friki, no le dedicaría a Akihabara más de un par de horas. Y sin embargo, intentaría solucionar cuanto antes la visita al Skytree, y quizá subir a la Torre de Tokio.

Torre de Tokio

Luego, depende de cada uno, claro, si prefieres dedicar más tiempo a las compras o a irte a un parque y pasar una mañana entera bajo una rafia dedicándote a la vida contemplativa.

En cuanto a las excursiones, Kamakura y Yokohama se hacen bien en un día, como hicimos nosotros. Aunque a Kamakura se le puede dedicar tranquilamente un día para ver los templos con calma.

Mapa de Kamakura

Pero Yokohama, está bien para una tarde, no le dedicaría más teniendo tanto que ver en Tokio. Nikko creo que se nos quedó algo corto para un día, incluso madrugando. Pero es que tiene mucho para ver. Al igual que con la zona de Hakone y los cinco lagos, convendría pasar una noche en la zona para estar día y medio y verlo más a fondo. Pero insisto, con tanto por ver, y tan poco tiempo, hay que decidir, reducir y dejar mucho fuera. Al menos hicimos una aproximación y pudimos ver lo principal. En el caso de Nikko, los templos importantes, y en el de Hakone, ver el paraje, divisar el monte Fuji y comer los famosos huevos.

Fujisan

También es cierto que, dado que era primavera, teníamos menos horas de luz que en el mes de mayo, por ejemplo, o junio, así que eso también nos condicionó. Pero claro, el paisaje y la climatología también cambian, y nosotros somos más de huir de viajar en épocas de mucho calor.

Aún así, con sus más y sus menos, creo que no nos fue del todo mal. Todo es mejorable, y más a posteriori, claro, pero creo que aprovechamos bastante bien el tiempo.

Japón por libre XXVI: Distribuir Tokio

Si distribuir Kioto fue un quebradero de cabeza con tantos templos, el transporte, la falta de JRPass… lo de Tokio ya fue otro nivel. Aunque luego una vez allí, funcionamos más con la improvisación y sobre la marcha, porque íbamos rellenando las tardes cuando volvíamos de excursión o porque según se levantaba el día climatológicamente hablando, decidíamos ir a una zona u otra.

Recopilé información y me monté un mapa virtual en el salón para situarme en los barrios. Que si unos mejor entre diario, otros en fin de semana (como Yoyogi para ver a las tribus urbanas), otros mejor por la tarde noche para ver el ambiente, otros de día para subir a miradores… En fin, un caos, una misión imposible porque hay mil sitios que ver y mil cosas que ver. Y es que Tokio es inmenso, inconmesurable, alucinante.

Tokio tiene una superficie de 2.188 km² y una población de más de 13 millones de habitantes (en la ciudad, ya que llega a más de 36 en el área metropolitana, casi como España entera, vaya). El centro de Tokio se subdivide en 23 barrios. Por supuesto, no veríamos todos, solo nos moveríamos por los más céntricos.

Tokio nació en 1457 con la construcción del Castillo Edo, que daría nombre a la ciudad. Posteriormente, en 1603 se estableció el Gobierno dando lugar al Período Edo. Sin embargo, la nobleza y el Emperador seguían viviendo en Kioto, que tenía el estatus de capital, aunque sólo fuera de nombre.

En 1868 el Emperador se mudó al Castillo convirtiéndolo en el Palacio Imperial y la ciudad pasó de llamarse Edo a Tokio. A partir de ahí empezó su expansión y se comenzó a construir el ferrocarril y en 1885 la Línea Yamanote.

Es una ciudad que ha pasado por mucho. A lo largo de su historia sufrió incendios, la erupción del Fuji en 1707 tifones y varios terremotos. Y por supuesto se vio fue azotada por los bombardeos en la II Guerra Mundial.

A partir de 1950 comenzó a recomponerse, se reestructuraron los barrios y se siguió con la construcción de las líneas de metro. Ya en 1964 se inauguró la primera línea de Shinkansen, imprescindibles hoy en día. En 1978 se construyó el Aeropuerto de Narita y poco a poco la ciudad y el país fueron creciendo a pasos agigantados.

Hoy en día es una gran metrópolis, Tokio se ha convertido en el principal centro financiero de Asia. La mayoría de las instituciones financieras del país, y multinacionales, tienen su sede en la capital nipona.

Para distribuir Tokio lo importante es madrugar. Bueno, en general para aprovechar bien el día en cualquier sitio. Pero es que en Tokio hay taaaaaaaaaaaanta gente, que como te pongas en movimiento tarde, ya va todo más lento. El transporte irá más lleno y tendrás que esperar al siguiente tren (que irá también hasta arriba), habrá mayor tránsito por la calle, habrá cola para entrar en los sitios… Que está muy bien ver el movimiento de una ciudad, porque forma parte de su carácter, de su propio día a día. Pero en el caso de Tokio, si puedes aprovechar horas en las que hay algo menos de movimiento, también se agradece.

Otro dato que tuve en cuenta fue destinar los primeros días para los barrios más alejados con respecto al hotel, y dejar para el final los más próximos. Veníamos con el JR Pass, que nos duraría unos días más, y dado que la Yamanote, que es circular, es muy práctica para llegar a casi todos los sitios de interés, pues lo suyo era aprovecharla al máximo. Y lo que quedara fuera de esta línea, pues también para el final, puesto que ya que había que pagar… mejor cuando no quedara más remedio. Y esos días sin el pase, tiramos de la PASMO.

PASMO

Así pues, conjuntando estas dos opciones, me tracé una hoja de ruta en la que comenzaríamos desde una parada alejada de la Yamanote y nos iríamos moviendo hacia el interior, volviendo al final del día hacia el exterior localizando otra estación de dicha línea que nos llevaría a Ueno (luego en realidad acabábamos en Okachimachi).

Por ejemplo, quedó algo así:

Descartamos el madrugar a las 3 de la mañana para estar a eso de las 5 en la Lonja de pescado de Tsukiji. Todo no puede ser, y había que priorizar. Eso sí, sí que queríamos comer allí un día.

En fin, todo esto sobre el papel está muy bien, pero como digo, al final sobre la marcha fuimos improvisando. Bien porque volvíamos de excursión y nos quedaba tiempo que aprovechar, bien porque se nos levantó el día lluvioso y pensamos que lo mejor era ir a Akihabara que teníamos sitios donde resguardarnos, o porque el barrio en cuestión no nos atraía mucho y cambiábamos la ruta hacia un destino más interesante.

Pero habrá que ir desgranarlo día a día.