Estambul día 3: Murallas y regreso a Madrid

Tomamos el tranvía hasta Topkapi, donde cambiamos a la línea T4 hasta Edirnekapi. La T4 tiene tramos por la superficie y a medida que nos vamos acercando al barrio ya vamos divisando las murallas.

Murallas de Teodosio

Murallas de Teodosio

Una vez allí bordeamos la carretera hasta que vimos destacar una torre

Torre de Murallas de Teodosio

El problema es que no parecía haber un paso para cruzar y tuvimos que aprender al modo local. Estábamos ante una carretera muy transitada, con dos carriles por sentido y un lugareño nos hacía gestos de “venga, ahora”, pero claro, es que los coches no dejaban de pasar. Esta gente se lanza a la aventura y ya pararán los coches o me esquivarán… Unos temerarios. Al final seguimos la máxima de “allá donde fueres, haz lo que vieres” y cruzamos no sin miedo los cuatro carriles.

Las murallas de Teodosio, así llamadas por el nombre del emperador que las mandó construir a principios del siglo V se extienden desde el mar de Mármara hasta el Cuerno de Oro. Tienen un perímetro de seis kilómetros y unos imponentes muros que alcanzaban los doce metros de altura con un grosor de cinco metros. Protegieron Bizancio durante  más de mil años y tuvieron un importante valor en la historia de la Europa medieval puesto que contuvieron los ataques de los otomanos, hunos, árabes, búlgaros y rusos.

Murallas de Teodosio

Murallas de Teodosio

El principal elemento de defensa era la muralla interna, protegida por 96 torres cuadradas y de dos pisos. 54 de estas torres fueron reconstruidas ya que en el 447 quedaron destruidas por un terremoto. Contaba con 11 puertas fortificadas, muchas de las cuales están hoy en día en buenas condiciones. Entre esta muralla y la externa había una terraza y un foso que se inundaba cuando la ciudad sufría la amenaza de invasores.

Hoy en día suponen uno de los restos más impresionantes del pasado bizantino de la ciudad. Aunque están en ruinas, aún impresionan por su majestuosidad y dejan apreciar su esquema original. Nosotros recorrimos un tramo de su perímetro e incluso llegamos a subir a ellas para observar la ciudad desde las alturas.

Murallas de Teodosio

Murallas de Teodosio

Murallas de Teodosio

Durante el paseo nos encontramos con el Palacio de Constantino Porfirogéneta (ojo al nombre). Formaba parte del complejo del Palacio Imperial de las Blaquernas.

Palacio de Constantino Porfirogéneta

Palacio de Constantino Porfirogéneta

Los barrios situados junto a las murallas están formados por edificios de clase obrera. Pero hacía buen día y nos apetecía adentrarnos por las estrechas callejuelas y descubrir el ritmo de un miércoles cualquiera en un barrio fuera de la zona turística.

Mezquita Fatih

Fatih

Paseamos entre comercios típicos de cualquier barrio como panaderías, fruterías, droguerías o ultramarinos; nos cruzamos con la gente que iba a hacer sus recados; y a medida que nos alejábamos oímos la llamada a la oración.

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

No nos daba tiempo a ver San Salvador de Chora, que habíamos leído que conserva mosaicos frescos de gran belleza. Preferimos pasear por Fatih, Fener y Balat. Teníamos intención de comer por la zona y después volver a una parada de metro donde pudiéramos tomar una línea que nos llevara al aeropuerto.

Fener es uno de los barrios más interesantes para conocer la historia de la ciudad. En la época otomana era el barrio donde vivían los griegos acaudalados. Hoy en día ya no se refleja esa bonanza. Las casas son viejas, muchas de ellas en un estado un poco lamentable. Pero a nosotros nos gusta perdernos por estas zonas auténticas que suponen un contraste con los monumentos y edificios históricos, ya que estas zonas también reflejan la ciudad y la sociedad que en ella vive.

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Hay quien tiene cierto reparo en andar por zonas fuera del circuito turístico, pero saliendo fuera de los mapas marcados en las guías podemos encontrar lugares muy pintorescos.

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

En el barrio de Fener lo griego es residual, algún que otro edificio, pero la población es musulmana.

Fener

Fener

Fener

Adentrándonos en Fener subimos hasta el Colegio Ortodoxo Griego. Se trata de un imponente edificio de ladrillo rojo que destaca sobre el resto de casas colindantes. Data de la época en la que habitaba la comunidad griega en el barrio.

Colegio Ortodoxo Griego

Colegio Ortodoxo Griego

Transitando por las callejuelas empinadas de Balat nos encontramos con la sinagoga de Ahrida, la más antigua de Estambul. En el barrio de Balat fue donde se asentó la numerosa e influyente comunidad sefardita en el siglo XV tras la expulsión de los Reyes Católicos de España.

sinagoga de Ahrida

Bajamos la colina hasta llegar a la sede del Patriarcado Ortodoxo Ecuménico, el centro de la religiosidad helena. Lamentablemente, no pudimos visitarlo puesto que estaba rodeado de cochazos negros con los cristales tintados y había mucha seguridad. Luego nos enteramos de que coincidió nuestra visita con la de Tsipras.

Llegados a este punto, nos adentramos por el barrio dejando el Bósforo a nuestras espaldas con intención de llegar hasta la parada de Aksaray para tomar la línea M1A hasta el aeropuerto.

Fatih

Y de repente en los aledaños de la Mezquita Fatih Sultan nos encontramos con un mercado ambulante muy similar a los que tenemos en España y que puedes comprar desde ropa hasta fruta pasando por pescado.

Mercado

Mercado

Mercado

Mercado

Mercado

Mercado

Mercado

Fue una grata sorpresa, ya que no sólo pudimos observar el día a día de los lugareños, sino los productos que se comercializan y que forman parte de la lista de la compra para configurar sus menús. Descubrimos que tenemos una alimentación muy similar en cuanto a frutas, verduras y hortalizas se refiere. También muy similar la variedad de frutos secos y encurtidos. No en vano, en España tenemos glan influjo árabe, otomano y en general de pueblos del Mediterráneo gracias a años de invasiones.

Pasada la mezquita, y dejando atrás el mercado, llegamos a una calle en la que había varios locales de kebabs y como era la una y algo, nos decidimos por degustar unos dürüms. El dürüm no deja de ser un kebab enrollado en un pan plano. El toque lo da el horno en el que hacen el pan, y, por supuesto, las especias que lleva la carne. Creo recordar que por unas 8TL teníamos el dürüm y bebida. 6TL si en vez de cordero, era pollo.

Y ya con el estómago lleno, nos volvimos a echar las mochilas a la espalda y nos dirigimos al metro. Nosotros dirección aeropuerto, mis padres y hermano dirección centro con intención de callejear algo más y descubrir algún que otro rincón. Pasearon por el barrio de los costureros, con tiendas plagadas de telas, botones, cremalleras e hilos.

Estambul

Estambul

Estambul

Estambul

Tienda de telas

Botones

Y cuando se les hizo de noche volvieron al Bazar de las Especias en busca del té de manzana que habíamos descubierto el día anterior en el local donde compramos la cena. La pena es que compraron solo una caja y meses más tarde se arrepintieron de la decisión pues está muy rico y en España es difícil de encontrar.

Mientras que ellos cenaron unas delicias turcas: ensalada, hummus, carne con arroz y ensalada, y caballa con ensalada;

Cena

nosotros volábamos rumbo a casa y teníamos de menú una merienda. Nada que ver…

Comida Avión

Y hasta aquí nuestra escapada a Estambul, una ciudad que nos encandiló y que recordamos con nostalgia.

Obras en casa XVII: Dándole un lavado de cara al pasillo VI

Poco más me queda de enseñar del pasillo. Bueno, una pared que de momento está vacía. No hemos querido ocupar todo, porque esperamos completarla con el tiempo. Veremos si con más cuadros de recuerdos, o con fotos, otro vinilo, o a saber qué ocurrencia.

Pared vacía

Pero sí que quería traer, a modo de recopilación el antes y el después del pasillo.

Recuerdo que teníamos un pasillo pintado en dos verdes, pero que apenas se apreciaba. Pero el mayor problema era que las paredes estaban agrietadas y repelían la pintura.

pasillo marzo 16

Eso quedó zanjado con el lijado, la fibra de vidrio y posterior pintura. Ya tenía otro lustre.

Aplicación fibra
Además, se nos ocurrió darle otro aspecto a la entrada con un revestimiento y espacio para colgar.

pasillo

Entrada

Y aprovechamos para mejorar la altura del espejo. Nunca le pidáis a la persona más baja de la casa que os dé referencia de si se ve bien en el espejo. Nosotros lo hicimos así y el resultado fue que yo me veía entera, pero los que medían más de 160 se veían la cabeza cortada, o directamente sin cabeza (según su estatura y la distancia, claro). Esta vez ya lo pusimos a una altura adecuada para que todo el mundo se pudiera ver correctamente.

espejo

¿Y qué decir de nuestro vinilo que nos recibe según abrimos la puerta y nos conectamos automáticamente?

Vinilo

Las dos paredes más dañadas ahora están perfectas y la combinación de cuadros y vinilo nos encanta. Hay tantos recuerdos…

Pasillo

Pasillo Viajes

Pasillo Viajes 2

Aunque quedan cuadros por hacer y colgar. A ver si saco tiempo.

El bosquese ha vuelto a colocar en el mismo sitio. Y hemos añadido unos guardavivos para proteger las esquinas.

bosque2

bosque

Y así concluyo esta serie del lavado de cara del pasillo (al menos de momento). Que dure muchos años.

Estambul día 3: Palacio Topkapi e Hipódromo

Nuestro último día amaneció también pronto, desayunamos y partimos hacia el Palacio Topkapi, que durante 400 años fue la residencia de los sultanes otomanos. Desde 1924 está abierto al público convertido en museo con lujosas estancias, colecciones de joyas y otros tesoros. Está situado sobre la colina que marca el punto de encuentro entre el Bósforo y el mar de Mármara, ocupando una situación estratégica. En la época Bizantina se elevaban monasterios y edificios oficiales.

Fue construido entre 1459 y 1465 al poco de tomar Mehmet II Constantinopla para fijar en él su residencia. En lugar de ocupar un solo edificio, se articuló en diversos pabellones distribuidos en cuatro patios como una versión de los campamentos nómadas de los otomanos.

Inicialmente se utilizó como sede del Gobierno y tenía una escuela en la que se formaban funcionarios y soldados. Sin embargo, en 1853 el sultán Abdul Mecit I abandonó el palacio y se mudó a Dolmanahçe.

Entramos en el palacio por el primer patio, la zona externa donde conviven los muros de un palacio otomano con una iglesia bizantina. Esta zona ha sido a lo largo de los tiempos hospital, facultad y tahona. En este jardín es donde encontramos la taquilla. Se puede comprar la entrada para el palacio, o para el palacio y el Harem. Como nosotros contábamos con poco tiempo pues teníamos que estar en el aeropuerto sobre las 2 de la tarde, decidimos no entrar en el Harem.

Tras pasar la Puerta del Medio, nos adentramos en el segundo patio, donde se estructura gran parte de los edificios de servicio. En el lado oriental se encuentran las cocinas del palacio, que contienen una colección de piezas de porcelana chinas y japonesas.

Entrada al Palacio

Segundo Patio

Asimismo, podemos encontrar estancias militares y las principales áreas administrativas y de gobierno. También era el centro de las principales ceremonias civiles y religiosas. Por ejemplo, era el lugar elegido para los actos de ascensión del trono. En el lado izquierdo del patio se encuentra la Cámara del Consejo Imperial debajo de la Torre de Adalet Kulesi, uno de los elementos arquitectónicos más característicos del palacio.

Torre de Adalet Kulesi

Cámara del Consejo Imperial

Cámara del Consejo Imperial

Cámara del Consejo Imperial

Junto a la torre se encuentran las taquillas y la entrada al Harem. Se trata de un complejo de más de 300 habitaciones donde residían las familias reales, aunque también se dice que era el lugar donde los sultanes se rendían al libertinaje.

El segundo patio en su día fue lugar de ejecuciones sumarias y sentencias de muerte ejecutadas en el acto. Atravesando la Puerta de la Felicidad se accede a los dominios privados del sultán, que, para preservar el aura imperial, procuraba evitar frecuentes apariciones en público.

Puerta de la Felicidad

Traspasar esta puerta era el privilegio de unos pocos afortunados. Solo se podía acceder con la autorización expresa del sultán. En la zona se encuentra la Sala de las Audiencias, que era el pabellón donde el sultán recibía a los embajadores de otros países.

Aposentos

aposentos privados

aposentos privados

aposentos privados

Palacio

Palacio

En la zona derecha del patio se encuentra el Tesoro. Alberga las joyas que pertenecieron a los sultanes. Todas son joyas masculinas, ya que las femeninas podían dejarse en herencia. Las de los sultanes, por el contrario, pertenecían al Imperio. Por ese motivo se pueden mostrar.

Tercer patio

Tercer patio

Tercer patio

Vistas desde el Palacio

Y llegamos al cuarto patio, la zona privada del sultán y su familia. Es la zona que más me gustó de todo el recorrido. Consta de una serie de pabellones, quioscos, jardines y terrazas. Destacan cuatro pabellones de recreo. La mayoría se encuentran en el entorno conocido como Balcón de Ibrahim el Loco, una enorme terraza de mármol con un estanque. Recibe este nombre porque fue construido por Ibrahim el Loco en 1640 para tomar la primera comida tras poner fin al ayuno diario durante el mes del Ramadán.

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Desde esta terraza se puede tener unas buenas vistas del Cuerno de Oro y el barrio de Gálata.

Vistas desde el Palacio

Vistas desde el Palacio

El quiosco Mecidiye fue levantado a la manera de los modelos europeos del siglo XIX. Data de 1840 y fue concebido como lugar de descanso y para alojar a dignatarios extranjeros.

Los dos pabellones más fascinantes son el Quiosco de Revan y el Bagdad. El de Revan es un pabellón relativamente pequeño con una cúpula central. Hay tres ábsides para los sofás, mientras que la cuarta pared contiene una puerta y una chimenea.

Quiosco de Revan

Quiosco de Revan

Quiosco de Revan

El de Bagdad destaca por sus azulejos de Iznik y la madera labrada.

Interior del quiosco de Bagdad

Interior del quiosco de Bagdad

Pabellón de Bagdad

Interior del quiosco de Bagdad

Recibe este nombre pues fue construido en 1638 en conmemoración de una batalla contra dicha ciudad. Es un pabellón octogonal rodeado de 22 columnas y rematado por una bella cúpula. Las ventanas, armarios y otros trabajos de madera dentro de la estructura están adornados con conchas de nácar y carey.

Patio

Quiosco de Bagdag

Quiosco de Bagdad

El pabellón de Mustafa Pasha sobresale por su luminosa habitación doble repleta de asientos.

Cuarto patio

pabellón de Mustafa Pasha

pabellón de Mustafa Pasha

pabellón de Mustafa Pasha

También es remarcable la sala de las Circuncisiones, revestida de hermosos azulejos. En ella reposaban los hijos de los sultanes después del doloroso rito.

Entrada a la Sala de las circuncisiones

Pabellón de la Circunsición

Esta ceremonia no figura en el Corán, se piensa que quizá se ha tomado de la cultura judía. Se suele realizar sobre los 7 u 8 años como paso a la edad adulta. Durante esta “celebración” se viste a los niños con un traje blanco de aire otomano con todo tipo de adornos y ornamentaciones. La vestimenta oficial consta de una capa de lentejuelas, sombrero y cetro, como si fuera un pequeño sultán. Se pasea al niño en descapotable, o en un coche agitando pañuelos por las ventanillas. Al igual que en la Primera Comunión, la familia celebra una fiesta con comida y música donde el niño recibe regalos y felicitaciones. Es uno de los eventos sociales más importantes en Turquía y en los escaparates de Sultanahmet y Eyüp abundan estos trajes nada discretos. Nosotros los vimos el primer día en los aledaños del Gran Bazar.

Nos dirigimos hacia la salida paseando por los jardines y la zona donde el sultán se sentaba a observar carreras de caballos y otras competiciones.

Jardines del Palacio

Desde el Palacio, y en vista de que aún nos quedaba un rato, nos dirigimos hacia el Hipódromo, que nos dimos cuenta el día anterior por la noche que pese a estar cerca de Santa Sofía y la Mezquita Azul, lo habíamos pasado de largo.

Hipódromo

El Hipódromo se convirtió en el escenario de los acontecimientos públicos de la ciudad desde la inauguración de Constantinopla. El pasatiempo preferido de los bizantinos eran las carreras de carros. Incluso cuando el estadio fue cayendo en ruinas  tras la toma de Estambul por las tropas otomanas, se siguió utilizando en las grandes ocasiones.

Poco queda hoy en día del gigantesco estadio que constituyó el corazón de la ciudad bizantina de Constantinopla. Se construyó en el siglo III durante la reconstrucción de la ciudad, el emperador Constantino lo amplió tiempo después. Se dice que tenía una aforo de 100.000 espectadores, aunque en la actualidad es un jardín público alargado en el que quedan restos arquitectónicos que nos dan una idea de lo importante que fue en su día.

Hipódromo

Hipódromo

Se conservan los obeliscos y las columnas del antiguo Egipto y Grecia.

El obelisco egipcio, construido en el 1500 a.C., se levantaba a las afueras de Luxor hasta que Constantino lo hizo traer a la ciudad. Este monumento, magníficamente tallado, está roto y posiblemente sólo presenta un tercio de su altura original.

Obelisco egipcio

Se apoya en una base realizada en el siglo IV, en la que se ve a Teodosio I y a su familia. En los cuatro lados se representan una carrera de carros, Teodosio preparándose para coronar al vencedor con una corona de laurel, prisioneros rindiendo homenaje al emperador y el momento en que se colocó el obelisco.

Obelisco egipcio

Junto a él está situada la columna Sepertina, traída desde Delfos. En el siglo XVIII un noble polaco borracho rompió las cabezas de las serpientes.

Obelisco egipcio

También en la zona, en Çemberlitas, está la columna de Constantino, o columna de Bronce, porque se cree que se protegía con una cubierta de este material. Se conserva en un estado lamentable, ya que los jenízaros se subían a ella para demostrar su valor.

Columna de Constantino

Mide 35 metros de altura y se construyó en el 330 como parte de las celebraciones para la consagración de la nueva capital de Bizancio. Estaba coronada por un capitel corintio sobre el que se levantaba una estatua del emperador Constantino, vestido como Apolo, pero no ha sobrevivido hasta nuestros días ya que una tormenta la derribó en 1160.

Columna de Constantino

En 1701 fue renovada y por eso se llama en turco columna reforzada. Otro nombre más por el que se la conoce es por el de columna quemada, porque sufrió varios incendios, el más importante el de 1779, que también dañó el Gran Bazar.

Se dice que en la base de la columna se guardan reliquias sagradas fantásticas, entre ellas el hacha con el que Noé construyó el Arca, un frasco de aceite perfumado de María Magdalena y restos de los panes con los que Cristo alimentó a la multitud.

Y ya que estábamos en Çemberlitas, tomamos el tranvía dirección al aeropuerto, pero antes hicimos una parada más. Habrá que esperar para ello.

Nueva serie a la lista “para ver”: Casual

Casual es una dramedia sobre dos hermanos. Valerie, psicóloga recién divorciada, que se muda con su hija adolescente a casa de su hermano Alex, un soltero de 37 años con tendencias depresivas.

Así con esa breve descripción puede parecer la típica sitcom en la que hay situaciones, enredos, enfados o problemas que se solucionan felizmente al final de cada capítulo. Pero no tiene nada que ver, al menos no tiene pinta en el primer capítulo. Se trata más bien de una narración de la cotidianidad del trío protagonista con su nueva rutina. Se acerca más a Eres lo peor o Catastrophe. Aunque tiene más de drama que de comedia, sí que tiene el tono sarcástico y ácido en los diálogos, así como situaciones un tanto surrealistas.

Parece que en la parrilla televisiva hay una tendencia a acabar con la típica comedia romántica con personajes disfuncionales. En Casual encontramos a unos hermanos llenos de neuras e inseguridades que buscan estabilidad tras varios reveses en sus vidas, pero no saben por dónde empezar, qué cambiar, hacia dónde dirigirse. La adolescente parece la más centrada de los tres.

Valerie, ya comentaba, es psicóloga, y tras su divorcio, su hermano Alex la anima a volver a relacionarse con hombres. Él es el co-fundador de una web de citas, y también está soltero, así que se ayudarán mutuamente en el loco mundo de las citas. Aunque él haga algo de trampa ya que manipula el programa para que le salgan las chicas que él quiere.

Es una crítica irónica sobre la vida sentimental en la era digital de las redes sociales. Una época en la que la forma de relacionarse ha cambiado y ya no se tiene hueco (o se considera una pérdida de tiempo) para conocer a alguien. Así pues, se busca la forma rápida, que un algoritmo ayude con el proceso de búsqueda. Los protagonistas están condenados a repetir las citas una y otra vez porque no quieren estar solos. Aunque tampoco es que busquen una relación seria, también les sirve una compañía casual.

Y es que el título hace honor a ese tipo de relaciones casual, con la idea de buscar entretenimiento en otras personas para huir de esa soledad que les lleva a reflexionar sobre sus miedos, errores y cicatrices. Pero lo cierto es que es un bucle, ya que cada cita fallada, es un nuevo fracaso, una nueva herida.

Casual cuenta ya con dos temporadas y Hulu ya anunciado la renovación por una tercera. Habrá que acercarse a esta familia llena de imperfecciones.

Estambul día 2: Bazar de las Especias

Apenas eran las 6 de la tarde cuando pisamos de nuevo Europa y nos dirigimos dando un paseo hasta el Bazar de las Especias. Es un mercado abovedado con forma de L y cuenta con 6 puertas de entrada. También recibe el nombre de Bazar Egipcio, ya que se construyó con los ingresos que se les gravaba a las importaciones egipcias. Se encuentra en una zona de callejuelas que guardan la esencia del antiguo Estambul. Como te despistes, te has perdido. Este bazar se construyó en 1660 como parte del conjunto de la Mezquita Nueva. Siempre ha estado asociado a la venta de especias, aunque en la actualidad hay más variedad de mercancías y productos como jabones, miel, frutos secos o dulces.

Bazar de las Especias

Bazar de las Especias

Bazar de las Especias

Dimos un paseo por él tranquilamente y paramos en un puesto a comprar unos garbanzos tostados que nos habían encargado. Si vais a comprar algo, echadle tiempo. Incluso con una idea clara de lo que buscábamos, tienen tantas variedades, te dan a probar, está todo tan rico, que al final quieres llevarte media tienda. En el pueblo de mi madre son muy típicos los torraos, esos garbanzos tostados con yeso. Al parecer se cultivan muy bien, pero la peculiaridad de la tierra hace que la calidad no sea muy apta para cocinarlos, y se suelen tomar como aperitivo. Viendo que en Turquía son muy populares, supongo que nos ha llegado a España esta costumbre a raíz de años de comercio con árabes y otomanos. Los garbanzos turcos son algo más grandes que los que usamos en nuestro día a día. Nada que ver con los pedrosillanos. Y no siempre se tuestan con yeso, ya que nos contó el tendero que también lo hacen con soja y están algo más dulces. En cualquier caso, merece la pena probar lo que nos ofrecen, ya que nos llevaremos gratas sorpresas.

No compramos más, porque en una pastelería próxima al bazar habíamos entrado a cotillear y nos dieron a probar unas baklavas recién hechos y acabamos comprando unas cajas para traernos a casa. Se trata de unos pasteles elaborados con una pasta de pistachos triturados, masa filo y bañados en miel. También pueden ser de avellanas, nueces o almendras. Son deliciosos. ¿Qué no tienen rico estos turcos? A nosotros nos gustó todo lo que probamos.

Aunque era de noche, como aún era pronto para cenar, anduvimos sin rumbo por la zona próxima a Çemberlitas. Aprovechamos para comprar algún souvenir en tiendas que nos encontramos por el camino y fuimos fijándonos en la ajetreada vida de la ciudad. A las seis y media de la tarde las tiendas empezaron a cerrar, pero aún así seguía habiendo jaleo con las idas y venidas de tranvías, coches y transeúntes.

Pasamos por el cementerio de una mezquita y nos sorprendieron sus peculiares tumbas bellamente talladas y decoradas.

Cementerio

Cementerio

Para finalizar el día volvimos por el barrio del hotel callejeando en busca de la cena de ese día. Volvimos a parar en dos sitios. Por un lado paramos en un restaurante para pedir una pizza turca y algún plato combinado como habíamos hecho el día anterior. Mientras esperábamos a que nos prepararan el pedido nos sirvieron un típico té turco de manzana que hasta el momento aún no habíamos probado.

Té turco

En Turquía se bebe mucho té. Lo habíamos visto el primer día con el recepcionista del hotel, que había salido a por uno. Pero también lo habíamos visto en otros comercios de la zona, que tenían su vaso con forma de tulipán y pasaba con una bandeja el que suponemos que era el dueño del bar a recogerlos. El té se prepara en una tetera compuesta por dos recipientes. El de abajo lleno de agua y el de encima con un té concentrado que ya viene azucarado. Estaba delicioso, caliente, ácido, dulce. Y eso que yo soy más de tés negros, fuertes que de los que tienen sabor afrutados.

Con nuestra cena lista, salimos de nuevo a la calle en busca de un sitio donde comprar algún tipo de pescado y encontramos un local con su terraza donde nos prepararon en el momento un plato de boquerones rebozados y otro a la plancha.

Nos fuimos al hotel a cenar y ver si habíamos acertado con nuestras elecciones.

Cena

Cena

Como siempre, muy rico todo. Listos para descansar y cargar pilas para el último día.

Series Terminadas XXII

Una vida inesperada es un melodrama familiar que parte de una adolescente que quiere emanciparse con 16 años y para ello necesitará el consentimiento de sus padres biológicos, a los que no conoce. Así pues, emprenderá su búsqueda para obtener la ansiada independencia y salir del circuito de los servicios sociales.

Lux, la protagonista, se ha pasado su vida dando tumbos entre casas de acogida. Aunque fue entregada de bebé y eso hacía que contara con posibilidades de ser adoptada, el hecho de padecer un problema cardíaco se lo puso complicado y las familias no se querían arriesgar a adoptar a una niña enferma. A sus 16 años decide que ya ha tenido bastante y quiere dar el paso de irse a vivir con su novio y su amiga Tasha, pero para ello ha de localizar a sus padres.

Y los encuentra. Primero a su padre, Nate (Baze), el típico quarterback de instituto que ahora regenta un bar y pasa el día con sus amigos. Se lleva una gran sorpresa, puesto que desconocía de su existencia. Para aclararlo se lleva a Lux a conocer a Cate, la madre, una conocida locutora de radio, que no da crédito al conocer la historia de Lux. Ella pensaba que su hija sería feliz en una familia acomodada, ya que le aseguraron cuando la dio en adopción siendo una adolescente que encontraría un hogar sin problema, pues los bebés son los más demandados.

En un principio ambos progenitores están dispuestos a firmar la renuncia y continuar con sus vidas, pero tras pensarlo, se plantean que quizás es una oportunidad que hay que aprovechar y darle a Lux esa familia que nunca tuvo y de paso no sentirse culpables. Así que, se plantan en la vista para solicitar su tutela.

El piloto tenía un buen planteamiento (salvo esa licencia serial de darle la tutela a unos desconocidos solo por haber puesto la carga genética), con unos personajes interesantes que no tenían que ver con los estereotipos adolescentes como podría pasar con La chica invisible o Suburgatory. Parecía que la trama no se iba a centrar en un culebrón de quién es más guapo en el instituto o un dramón porque llega el baile de primavera y la protagonista no tiene acompañante, así que suponía un soplo de aire fresco y merecía una oportunidad.

Aunque se trata de un drama, en el primer capítulo tiene más tintes de comedia con la aparición de Lux ante sus padres. Sobre todo ante Nate y su pandilla. La escena en el bar cuando se presenta es muy fresca, Lux es la adolescente respondona e irónica que parece más madura que su padre.

A medida que avanza la trama sí que nos adentramos más en el dramón, a veces cayendo un poco en la ñoñería. El esquema de los capítulos se repite y la historia no termina de desarrollarse con fluidez. La adolescente madura con ramalazo de Verónica Mars se convierte en una malcriada.

Se cae demasiado en el bucle con las tensiones Cate-Nate y su triángulo amoroso. Nos presentan a un Nate nada ejemplar, que vive encima de su bar compartiendo piso con dos amigos y viviendo al día, pero no termina de ser el canalla que pretenden que sea. Sin embargo, ella llega a ser insufrible por momentos con sus neuras e indecisiones, y eso no hay quién lo aguante. Ni como espectador, ni como prometido, que parece estar metido con calzador, tan perfecto y comprensivo; un personaje totalmente plano.

Los secundarios tampoco me aportan mucho. La familia de Cate cae demasiado en un despropósito: una madre borracha, una hermana psicóloga y excéntrica y un padre que las abandonó de pequeñas. La de Nate queda reducida a sus padres, pero sobre todo al típico padre empresario que quiere que su hijo siga sus pasos y que desprecia todo lo demás. Los amigos de los protagonistas no aparecen apenas en escena, así que no hay mucho más que comentar.

El problema del arco argumental de la serie es que tiene un final. Lux busca emanciparse, en su lugar es acogida. Una temporada de idas y venidas con la tutela de fondo hasta que les devuelven la patria potestad. Y después, ¿qué? Pues una segunda temporada con un despropósito de giros sin sentido, como la llegada de la cuñada de Cate, que solo sirve para que Baze comience a trabajar en la empresa de su padre. Introducimos un par de personajes nuevos, y a seguir. Cambiamos al novio motorista por un profesor de inglés insulso, la familia de Cate por la jefa de Baze y a tirar. El problema es que no aportan ninguna perspectiva nueva, las nuevas historias no terminan de avanzar y las relaciones entre los principales sigue igual. Cate, Baze y Lux continúan dando vueltas sobre sí mismos y sus conflictos. Quizá con más dramón aún que en los primeros 13 capítulos.

Por suerte, cuenta con un epílogo que cierra la serie, aunque se ve que está metido con calzador. Los creadores se debieron enterar in extremis de su cancelación y tuvieron la decencia de, al menos, darle un final. Inverosímil y forzado, pero final.

Estambul día 2: Ferry a Üsküdar

Tras comer y pasear cerca de la Torre Gálata, volvimos a cruzar el puente hacia Eminönü. El barrio que en su día era el centro de la antigua ciudad amurallada de Constantinopla. Era un próspero puerto con comerciantes de todo tipo, un nudo de comunicaciones de la ciudad. En la actualidad es un barrio lleno de vida gracias al transporte de ferry más importante del Bósforo que permite la comunicación entre barrios de Estambul, incluso con la parte asiática de la ciudad, que es adonde nos dirigíamos.

En el puerto se pueden contratar los tours por el Bósforo a diversos precios y con variedad de horarios y duración. Sin embargo, como teníamos poco tiempo, decidimos tomar un ferry público, algo así como el de Staten Island para ver la Estatua de la Libertad. Este no es gratuito, pero con la Istanbulkart el trayecto cuesta 2.45TL. Aquí podéis ver los horarios, hay una buena frecuencia, ya que salen cada 15-20 minutos en las horas centrales del día. Sale justo al lado del Puente Gálata, y en apenas 20 minutos cambias de continente.

Como teníamos un sorprendente día soleado para tratarse de mediados de noviembre, decidimos subir a cubierta para poder disfrutar del trayecto. Nos sentamos en la parte trasera, que creo que es el mejor lugar para apreciar las vistas. A un lado dejamos el barrio de Eminönü y las siluetas de las mezquitas y al fondo Sultanahmet. Al otro lado Beyoğlu con la Torre Gálata destacando sobre la colina.

Bósforo

Puente Gálata

Durante el recorrido se navega por el Bósforo alejándonos del Puente Gálata y percibiendo una Estambul diferente.

Puente Gálata

Con el aire en la cara y acompañados por las gaviotas fuimos acercándonos a Asia divisando ambas orillas y la silueta de edificios – como el Palacio Dolmabahçe y mezquitas. Era el momento de sentirse como el pirata de Espronceda.

Bósforo

Bósforo

Bósforo

Bósforo

Bósforo

Y por fin nos acercábamos a Üsküdar, un contraste con los barrios que habíamos visto hasta el momento.

Muelle de Üsküdar

Nada más bajarnos del ferry nos mezclamos con los lugareños, apenas había turistas. De hecho, nos mimetizamos tanto que mientras paseábamos por el muelle y observábamos a los pescadores, se nos acercó un señor y se nos puso a hablar. Cuando eres moreno, con el pelo rizado y llevas una espesa barba de un mes, parece que podrías pasar por un turco más. Y eso es lo que le pasó a mi marido, que, para no ofender al paisano, asentía a lo que le comentaba y le sonreía copiando sus expresiones faciales.

Üsküdar

En la zona se respiraba ambiente de barrio, con gente esperando en la parada del autobús, trabajadores que acababan su jornada laboral, jóvenes haciendo picnic, familias paseando o sentados en una terraza disfrutando de una bebida caliente. Y de fondo, la llamada de las mezquitas de las 14:35. En Üsküdar se percibe la esencia de Estambul, sin locales turísticos, sino que lo que destacan son mercados de frutas, pescado, vendedores ambulantes, casetas de comida callejera…

Üsküdar

Callejeamos por el parque próximo al muelle y nos adentramos por el barrio, por sus calles sin contaminación de masa de turistas. Y después volvimos a la costa para encontrar el ansiado punto desde el que veríamos atardecer.

Dejando la parada del ferry a mano derecha, caminamos por el paseo que discurre junto al Bósforo. A nuestro camino vamos dejando restaurantes y locales, pero había leído que había una zona con alfombras en una grada que era el punto óptimo para ver el otro continente. Este restaurante se encuentra a la altura de la Torre de Leandro, apenas a unos 10 minutos desde la terminal.

Café de las alfombras

Sin embargo, nosotros no nos detuvimos en las alfombras, sino que continuamos un poco más y encontramos unas piedras desde donde teníamos unas vistas impresionantes.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

A mano derecha nos quedaba la Torre de Leandro, en una isla en medio del Bósforo a unos 200 metros de la orilla. Fue construida en el siglo XVIII sobre los restos de una antigua torre bizantina. Durante los siglos ha tenido infinidad de usos. Ha sido faro, semáforo, un punto de sujeción de cadenas para cerrar el Bósforo, puesto de aduanas e incluso casa de retiro de oficiales turcos.

Torre de Leandro

En la mitología griega, Leandro era un joven que mantenía un romance con Hera, sacerdotisa de Afrodita. El enamorado cruzaba todas las noches el Bósforo a nado siguiendo una antorcha que Hera colocaba en la torre. Una noche, la tormenta apagó la antorcha y Leandro murió ahogado. La sacerdotisa desesperada de dolor, se arrojó al mar.

También es conocida como La Torre de la Doncella, ya que un emperador bizantino encerró a su hija para protegerla, sin embargo una bruja introdujo una serpiente en una cesta de uvas y su picadura fue mortal.

Nos quedaba una hora para el atardecer, el sol aún lucía y nos calentaba. Mientras estábamos allí sentados contemplando las vistas, iban llegando grupos de chavales, familias y parejas para disfrutar también del paisaje. Y parece que mi hermano también podría pasar por turco, ya que se le acercaron y con un toque en el hombro, unas palabras en turco y una cámara en mano, le pidieron una foto. Parece que si llevas una barba muy espesa y morena podrías pasar por turco. Bueno, y también que por nuestra sangre debe correr ADN árabe, quizá de nuestros antepasados toledanos.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Los minutos iban pasando, el sol iba bajando y volvimos a ponernos las chaquetas. Pasaban vendedores ambulantes vendiendo pipas y obleas. El cielo poco a poco iba cambiando la paleta de colores tornándose más anaranjado a cada segundo.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Es imposible expresar con palabras la belleza del momento en que empieza a atardecer. Ni siquiera las imágenes captan la belleza de la vista. El último atardecer que nos había sorprendido había sido el de Budapest. El de Estambul lo superó. Estaría casi a la par con el del Gran Cañón, aunque ahí contamos con el factor impresión de ver la abertura de la tierra y la inmensidad del barranco.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Me sorprendió ver que apenas había gente disfrutando de las vistas. No estábamos solos, cierto es, pero poca gente para el espectáculo natural que uno puede apreciar. Supongo que la mayoría de los visitantes de Estambul se centran más en los barcos que realizan excursiones turísticas e ignoran estos lugares mágicos en los que uno sólo tiene que sentarse, relajarse y observar el panorama mientras pasan los minutos.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

No sé la cantidad de fotos que hicimos de la hora que estuvimos sentados hablando y observando, viendo a la gente pasar, relajándonos y empapándonos del ritmo de la ciudad y del Bósforo. Veíamos pasar barcos de mercancías continuamente. Las aguas del Bósforo se consideran internacionales bajo control turco. Son internacionales porque el paso es vital para poder dar salida a los mares del sur a países como Rumanía Bulgaria, Ucrania y Rusia.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Cuando el sol terminó de ocultarse y con una nueva llamada a la oración, nos dirigimos de vuelta a la terminal del ferry. En el camino de vuelta, al pasar por la zona de las alfombras, paramos en un kiosco a comprar unos tés y unos cafés. La temperatura había disminuido al caer el sol, y apenas eran las 5 de la tarde, por lo que era buena hora para tomar una bebida caliente.

El café se popularizó en el país en el siglo XVI y su evolución fue meteórica, apareciendo varios locales por Estambul. En los primeros cafés se cerraban transacciones económicas y se trataban asuntos sociales. El café turco tiene una forma especial de prepararse. Se hace en un cazo de cobre de mango largo. En él se mezclan sin filtro el agua y el café molido muy fino. Una vez hervido se pasa a la taza, en la que se deja reposar. El resultado es un café muy cremoso, cercano al chocolate. Es fuerte y sabroso. Al pedirlo para llevar, lo ponen en una taza de poliestireno blanco y los posos no se quedan abajo, sino que se van pegando en las paredes del vaso. Así que mejor pedirlo para tomar y sentarse a degustarlo.

De nuevo en el ferry nos subimos a la planta superior para poder observar el Bósforo y la iluminación de los edificios de vuelta a Eminönü con el recuerdo de un bello atardecer.

Ferry

Bósforo

Ferry

Bósforo

Ferry