Balcanes XX. Día 6: Recorriendo Sarajevo. Novi Grad

Era nuestro último día en Sarajevo y aún nos quedaban cosas por ver. Comenzamos cruzando el Puente Latino y en la calle Zelenih beretki nos encontramos con unas ruinas que salieron a la luz durante la construcción del Hotel Europa.

Se trata de los restos arqueológicos del Tašlihan, uno de los más importantes khans (hostales) de los cincuenta que había en la ciudad allá por 1878. Fue construido entre 1540 y 1543 para acomodar a los comerciantes, así como sus mercancías y caballos. Junto a la entrada había dos escaleras que conducían desde el patio a la primera planta, donde estaban las habitaciones. El Tašlihan sobrevivió a varios incendios hasta que en 1879 uno de ellos lo arrasó.

Estaba conectado con el Bezistan de Ghazi Husrev-bey, que se construyó a la vez.

Este mercado realizado en piedras y cubierto con seis cúpulas contaba con dos entradas y en él se vendían principalmente productos textiles, sobre todo la tela que producía el Gran Visir de Solimán el Magnífico en Bursa. Quedó seriamente dañado en la guerra, y hoy, tras su reconstrucción, en él se pueden encontrar tiendas de artesanía y recuerdos.

De nuevo en el exterior callejeamos por el barrio otomano y salimos a la calle Mula Mustafe Bašeskije, donde nos encontramos con el Museo de la Antigua Iglesia Ortodoxa. Fundado en 1889, está clasificado entre los cinco museos ortodoxos más importantes del mundo. En su colección alberga pinturas antiguas, grabados hechos a mano, manuscritos y libros impresos (el más importante es el Códice de Sarajevo, que fue escrito en pergamino en el siglo XIV), tapices y textiles, artículos de metal como cruces adornadas de los siglos XVII y XVIII y objetos litúrgicos, dinero antiguo emitido por Turquía, Venecia y la República de Dubrovnik, reliquias, armas…

Siguiendo la misma calle vimos otro museo religioso, esta vez dedicado a los judíos: el Museo de los Judíos de Bosnia y Herzegovina.

El edificio fue construido como sinagoga al final del siglo XVI en la parte de la ciudad entonces conocida como Sijavus-pasha han, un pequeño barrio en Baščaršija donde vivían los judíos provenientes de España y Portugal. Se convirtió en museo en 1966, tras la reconstrucción llevada a cabo una década después de la II Guerra Mundial. Los nazis habían demolido la sinagoga en el 41, aunque durante su historia ya había resultado arrasada varias veces como consecuencia de incendios. Los peores fueron en 1697 y en 1788. En este último el fuego se extendió incluso hasta el barrio judío y el techo de la sinagoga acabó cediendo. Fue reconstruida en 1813, y esta es la apariencia que se recuperó en 1957.

Continuamos el paseo por la gran avenida. Y un poco más adelante de la catedral, justo frente a la parte trasera del Markale, vimos otro mercado, el Pijaca Markale.

Este mercado al aire libre (aunque techado) parecía ser de frutas y verduras sobre todo. Sin embargo, no sé si por las horas, pero el caso es que no había mucho trajín.

Una manzana más allá la calle se convierte en la Maršala Tita y llegamos al monumento de la llama eterna, donde habíamos acabado el día anterior. Tanto en el tramo anterior como en este en el que nos adentramos, predominan cada vez más los edificios altos, algunos recuerdan al pasado austrohúngaro, otros a la Yugoslavia comunista. Y aunque se ha trabajado mucho para reconstruir la ciudad, muchos aún tienen las marcas de los proyectiles.

Recorrimos la calle hasta el BBI Centar, buscando de paso algún sitio donde comer, pues se acercaba la hora. Ya habíamos visitado la zona de noche, momento en que llaman mucho más la atención las grandes torres de acero y vidrio, sin embargo, lo que se nos escapó con tan poca luz fue la placa que recordaba los Juegos Olímpicos del 84.

Frente a esta plaza se halla el Parque Memorial de los Niños, que recuerda a los 521 niños que fueron asesinados durante el asedio de la ciudad.

En los alrededores se hallan varios edificios gubernamentales, como por ejemplo el Predsjedništvo Bosne i Hercegovine, la Presidencia de Bosnia y Herzegovina.

La historia de la Presidencia de Bosnia y Herzegovina comienza en 1974, cuando la Constitución de la entonces República Socialista de Bosnia y Herzegovina, dentro de la República Socialista Federativa de Yugoslavia, estableció una nueva institución en el sistema sociopolítico. En aquel sistema, la Presidencia contaba con nueve miembros. La primera reunión de la Presidencia de Bosnia y Herzegovina se eligió en septiembre de 1996 mediante votación directa en la Federación de Bosnia y Herzegovina y la República Srpska.

Un poco más adelante se halla la mole de un edificio ministerial claramente de corte soviético.

En él aún podemos ver los daños de la guerra.

Su diseño contrasta con el edificio que tiene al otro lado de la calle, el de la Mezquita Ali Pasha (Alipašina džamija).

Esta mezquita es parte del legado de Hadim Ali Pasha, nacido en Sarajevo, criado y educado en Estambul y que después sirvió para el Ejército Otomano. Se cree que fue construida en 1560 o 1561 y está considerada como una de las mejor proporcionadas y más bellas construidas en estilo clásico otomano en el país. Fue el foco central del barrio residencial y, junto con el harem, ocupaba un gran área hasta que se construyeron las carreteras y la vía del tranvía, momento en que el barrio fue demolido y el harem de la mezquita se vio reducido en un espacio junto a la calle Maršala Tita que más tarde se convertiría en un parque.

El cementerio que rodea la mezquita es más antiguo que el edificio. En él está enterrado desde 1557 Ali Pasha, así como otros destacados bosnios.

Bordeamos la mezquita y tomamos la calle paralela a la Maršala Tita para tomar rumbo al centro de vuelta. De camino nos encontramos con más oficinas de la administración, enormes edificios de corte austrohúngaro.

Claramente han sido reconstruidos, porque se ven en muy buen estado, no así como otros edificios de viviendas, que parece que lo más que han hecho ha sido reparar los daños de la guerra desde el punto de vista estructural, pero no estético. Cuestión de dinero y de establecer prioridades.

Poco antes de llegar a la calle Kulovića nos encontramos con otras ruinas, estas pertenecientes a la mezquita de Kalin hadži-Alija, construida en 1535 y destruida en 1947.

Las excavaciones arqueológicas comenzaron en septiembre de 2017 por la Sociedad de Arqueólogos en colaboración con profesores y estudiantes de arqueología de la Universidad de Sarajevo. Durante la investigación hallaron numerosos objetos realizados en metal así como vajillas del período otomano.

Asimismo se encontraron los cimientos de todo el complejo de la mezquita y un cementerio con unas 40 tumbas entre las que se encuentra la de la hija de Kalin hadži-Ali.

Justo al otro lado de la calle está el Teatro Nacional, que ya habíamos visto el primer día desde el río.

Continuamos por la Branilaca Sarajeva hasta llegar a otro de los relevantes edificios religiosos de la ciudad, la Catedral de la Natividad de la Madre de Dios.

Construida en 1868 con la colaboración del sultán Abdul Aziz, es la iglesia ortodoxa más grande de los Balcanes. Fue consagrada en 1872, el mismo año en que fue terminada la torre barroca. De estilo neoclásico, cuenta con una planta en forma de cruz y cinco cúpulas neobizantinas. Su iconostasio, realizado por un artesano ruso en 1869, fue donado por la familia imperial rusa.

Se erige en un parque en el que encontramos a varios grupos de hombres jugando al ajedrez gigante, un juego que parece que es muy popular no solo en la ciudad, sino en el país.

Alrededor de ellos se arremolinan amigos, curiosos y aficionados para seguir la partida.

En el parque también se halla una curiosa estatua de un hombre intentando formar un globo terráqueo. En su pedestal reza la frase en italiano y bosnio”El hombre multicultural construirá el mundo”

Inaugurada el 14 de julio de 1997, refleja muy bien el espíritu de una ciudad en la que durante siglos convivieron diferentes credos y nacionalidades.

Con esta última parada de nuevo nos adentramos de nuevo en Baščaršija, donde nos perdimos entre sus calles y bazares en busca de algún recuerdo. En Sarajevo se pueden encontrar desde tapices o textiles hasta juegos de té y objetos realizados en distintos metales pasando por los típicos imanes que representan los símbolos de la ciudad o la mascota de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984.

Pero sin duda lo que más llama la atención son aquellos objetos realizados con balas de la guerra. Aunque lo cierto es que no sé si aún les quedarán balas o estas que se venden hoy en día provienen de otro lugar.

Tras hacer alguna compra, y ya con el atardecer, nos dirigimos al centro comercial para cenar allí. Íbamos con la intención de comer en un japonés, pero no nos quedaba tanto dinero y no pensábamos sacar más para las horas que nos quedaban en el país, así que dimos una vuelta y nos decidimos por un local en el que tenían una especie de platos combinados.

Después de cenar y comprar unos baklavás de postre, volvimos al apartamento para preparar las mochilas, ducharnos, cenar y acostarnos pronto, pues al día siguiente teníamos un viaje duro por delante de vuelta a Split.

Nueva serie “para ver”: Dead to me

Dead to me es la nueva serie de Christina Applegate, a la que no veía en televisión desde Samanta, who? Aquí comparte protagonismo con Linda Cardellini e interpretan a dos mujeres que se hacen amigas en un momento duro para ambas. Jen (Applegate) se acaba de quedar viuda después de que su marido fuera atropellado. El culpable además salió huyendo y no lo auxilió, por lo que necesita encontrarlo para poder pasar página y seguir con su vida. Mientras tanto, para intentar gestionar este duelo, se apunta a un grupo de apoyo. Allí conocerá a Judy (Cardellini), que ha perdido a su prometido.

Aunque tienen caracteres diferentes (Jen es cínica mientras que Judy es bastante optimista) y a priori parece que no casan muy bien, enseguida conectan y se establece una dinámica entre ambas que hace que la peculiar amistad avance a pasos agigantados. Por momentos parece que se trata de una relación inquebrantable, como si se conocieran de toda la vida, pero enseguida nos encontramos con un giro de guion (aunque se veía venir, todo hay que decirlo) que recuerda que hace dos días que se conocen.

La serie se fundamenta en esta relación de amistad, en la química que hay entre ambas y en cómo se apoyan la una a la otra. El contraste de ambas personalidades, una más sarcástica y otra más histriónica y excéntrica, favorece a aligerar el tono. Porque aunque Dead to me aborda la pérdida de un ser querido y es un drama, también tiene un punto cómico que va dejándose ver poco a poco entre escenas de lágrimas.

En apenas 30 minutos pasan muchas cosas. Conocemos a los personajes, sus traumas, vemos el nacimiento de la amistad, asistimos a dos giros de guion, sufrimos, reímos… La corta duración y el ritmo vertiginoso ayudan a engancharse, y, si lo sumamos al cliffhanger del final, nos quedamos con ganas de saber más sobre estas dos mujeres y cómo se va a revelar el secreto que nosotros ya conocemos.

Aunque cada vez es más complicado elegir entre tanta oferta de las numerosas cadenas y plataformas, Dead to me tiene muy buena pinta. Por el momento cuenta con una temporada de 10 capítulos (perfecta para un modo maratón) y ya ha sido renovada para una segunda.

Balcanes XIX. Día 6: Recorriendo Sarajevo. De Baščaršija a Mejtaš

Después de la primera toma de contacto de la tarde anterior por las márgenes del río y de la excursión de por la mañana en que habíamos aprendido un poco sobre el asedio de la ciudad, ahora tocaba conocer el casco histórico, el barrio turco de Baščaršija.

El nombre se deriva de las locuciones turcas Baş, que significa principal, y çarşı, bazar o mercado. Y es que ya durante la Edad Media, en este lugar en que después se asentarían los otomanos, ya había un pequeño mercado. Después, en 1460, Isa-Beg Isaković mandó construir uno nuevo que alcanzaría su punto álgido en el siglo XVI recibiendo mercaderes que llegaban de otros puntos del Mediterráneo. Siguiendo la costumbre otomana, el mercado estaba organizado por sectores en función de los oficios de los comerciantes.

En el siglo XVII resultó dañado por un terremoto y un par de incendios, pero lo peor llegó a finales de siglo cuando Eugenio de Saboya conquistó Sarajevo y ordenó saquearla y quemarla. En 1857 se volvió a construir el mercado, aunque bastante más pequeño que el original, puesto que la ciudad se estaba desarrollando siguiendo otros planes urbanísticos.

Hoy, el reducto que queda nos traslada a otros bazares o mercados árabes, a otra época. Podemos encontrar mezquitas, puestos de ropa o alfombras, tiendas artesanales, de recuerdos, locales donde comprar especias, fruta o frutos secos, pequeños restaurantes en los que se puede fumar en cachimba, degustar té moruno, café al más estilo turco, baklavas, burek o el famoso čevapčiči que ya habíamos probado en Zagreb.

Como cualquier otro barrio turco, las calles son estrechas y es muy fácil perderse, sobre todo si eres como yo que tienes nula orientación y te abrumas con tantas tiendas donde mirar.

Vimos un local que vendía Kürtőskalács y nos pareció una buena opción para merendar, así que compramos uno para compartir.

Este dulce húngaro que ya habíamos probado en Budapest se cocina sobre un cilindro que gira sobre el fuego, de forma que la masa se queda crujiente por fuera y esponjosa por dentro. Después se puede completar con diferentes aderezos. Es original de Transilvania, aunque se ha extendido por otros países europeos, como en los Balcanes.

En el área de Baščaršija se concentran varios edificios históricos importantes, en la plaza principal se erige por ejemplo la mezquita Havadža Durak. También conocida como la mezquita Baščaršija, se cree que fue construida en torno a 1530. Cuenta con una cúpula principal y un pórtico abierto con otras más pequeñas, pero nos la encontramos en obras y tapada con una gran tela, por lo que apenas se veía el edificio.

En las proximidades, compitiendo con el minarete de la mezquita, se halla el Sahat-Kula, una torre de reloj de 30 metros de altura que parece que fue erigida en el siglo XVI en honor a un oficial otomano de alto rango. El mecanismo actual fue traído desde Londres en 1875 por unos comerciantes. Cuenta con la particularidad de ser el único reloj público del mundo que mantiene la hora lunar para indicar las horas de las oraciones diarias. Así, el día comenzaría al atardecer, y es por eso que mientras que nuestros relojes marcaban las siete menos cuarto, en este podíamos leer las doce menos veinticinco.

El problema es que como no todos los días atardece a la misma hora, hay que ajustarlo manualmente cada semana. Así pues, hay un señor (Mensur Zlatar) que lleva 50 años (incluso durante la guerra) subiendo los 76 escalones de la torre para ajustar las manecillas y así mantener la precisión horaria. Dado que el relojero ya tiene 72 años, está enseñando a un joven la labor, aunque no se sabe si será su sucesor, ya que esto lo decidirá la Fundación Gazi Husrev-beg.

En la misma plaza se encuentra también la Fuente Sebilj, uno de los iconos de la ciudad.

Esta fuente pública realizada en madera y piedra en estilo pseudomorisco data de 1753. Con forma de kiosco supone un punto de encuentro para los sarajevitas y lugar donde los visitantes se sientan a reposar y observar el trajín de la zona. Además, según la leyenda, si se bebe de ella, se volverá a la ciudad.

Abandonamos la transitada plaza y tomamos la calle Sarači, la más larga del barrio. En 1928 se conectó con la calle Ferhadija y se renombró como Prijestolonasljednika Petra, sin embargo recuperó su nombre original en 1941 y se ha mantenido hasta la fecha. En ella se encuentra la Mezquita Gazi Husrev-beg, la más relevante de la ciudad (y eso que no hay pocas) y uno de los mejores ejemplos de arquitectura islámica en Bosnia y Herzegovina.

Construida en el siglo XVI, lleva el nombre del gobernador otomano que la encargó. Aunque fue Isa-beg Ishakovic quien fundó Sarajevo, Ghazi Husrev-bey contribuyó a que la ciudad ganara su relevancia entre Oriente y Occidente y se convirtiera en un importante centro artesano, comercial y cultural gracias a la construcción de edificios como baños, mercados, posadas, fuentes, mercados y, por supuesto, mezquitas. Sus años de gobierno fueron los más prósperos de Sarajevo.

El espacio central de la mezquita, que mide 13 metros de ancho por 13 de largo, cuenta con una cúpula abovedada de 26 metros de altura. Se extiende a ambos lados por sendos cuadrados de 6.5 metros de ancho y largo, cada uno con su propia entrada. La parte frontal del edificio está dominada por pilares de mármol que soportan los arcos del pórtico de la mezquita. Cuenta además con un minarete de 45 metros de altura desde el que el resuena el muecín cinco veces al día.

En el patio destaca la fuente en la que los creyentes pueden llevar a cabo la ablución o calmar la sed. Fue construida en 1530, pero tuvo que ser restaurada en 1772 porque las temperaturas invernales de Sarajevo hacían que el agua se congelara.

En 1893 fue sustituida por una nueva, hecha de mármol de la isla de Brač, y que ya estaba conectada al sistema de canalización de agua de la ciudad. La última reconstrucción data de 2002.

En la entrada occidental del recinto de la mezquita, la que da a la calle Mudželiti Veliki, se encuentran tres de los chorros de agua de la fuente original.

En la entrada este hay dos mausoleos que mandó construir Gazi Husrev-Beg. El mayor de ellos acoge su propia tumba, y el otro la de su amigo y comandante Murad-beg Tardić.

Esta mezquita ha sido reconstruida varias veces a lo largo de su historia, pues ha pasado por varios incendios. También sufrió desperfectos en la guerra, cuando recibió más de 100 proyectiles. Junto a ella se construyó una madrasa en 1538 en honor a la madre de Ghazi Husrev-bey, una biblioteca y una universidad islámica. Es en ese espacio donde también se encuentra el museo.

Un poco más adelante entramos ya en la calle Ferhadija, una amplia avenida comercial que une el barrio otomano con la parte nueva. Aquí predominan edificios de corte austrohúngaro y podemos encontrar cafeterías y restaurantes, tiendas de ropa internacionales, hoteles, bancos… Hay una marca en el suelo que nos marca el límite de ambos mundos y que nos recuerda que Sarajevo es una ciudad en la que conviven diferentes culturas.

Al principio de la calle, en la esquina con la Vladislava Skarića, se encuentra la mezquita Ferhadija, construida a mediados del siglo XVI en estilo clásico otomano. Ante su entrada hay un pequeño cementerio con una veintena de lápidas.

Un poco más adelante se erige la Catedral del Sagrado Corazón de Jesús, construida en 1889 en estilo neogótico.

El arquitecto húngaro Josip Vancaš, encargado de su diseño, se inspiró en las catedrales de Notre Dame en Dijon (Francia) y de San Teyn en Praga.

Frente a ella podemos ver una estatua dedicada a Juan Pablo II.

También el resto de una rosa roja.

Estas marcas en el suelo recuerdan a las enormes manchas de sangre que dejaron los muertos como consecuencia de los impactos de mortero lanzados por el ejército serbio entre 1992 y 1995. Rellenadas con una resina roja, podemos encontrar bastantes por todo Sarajevo (aunque muchas han ido desapareciendo con la reconstrucción de la ciudad), algunas un tanto borradas como esta, pero otras bastante más evidentes.

La plaza de la catedral muestra claramente este estilo arquitectónico austrohúngaro y nos retrotrae a cualquier otra ciudad centroeuropea dejando de lado las calles estrechas, los pequeños comercios y el olor a especias y té de la parte otomana.

Continuamos el paseo hasta el Markale, el mercado de la ciudad.

Construido en 1895 también por el arquitecto Josip Vancaš siguiendo el diseño neorrenacentista de August Butsch, recibía el nombre en alemán de Markthalle für Sarajevo. Fue el primer edificio de la ciudad en tener el techo con vigas de acero. Es tristemente conocido por dos masacres que tuvieron lugar durante la guerra. La primera de ellas ocurrió entre las 12:10 y las 12:20 de la mañana del 5 de febrero del 94 cuando los serbios lanzaron en el edificio un proyectil de mortero de 120 mm. Fueron asesinadas 68 personas y 144 resultaron heridas. Un año más tarde, el 28 de agosto del 9, a las 11 de la mañana cinco granadas causaron la muerte de 43 personas y dejaron otras 84 heridas.

En la parte posterior del edificio hay una placa que rememora a estos civiles asesinados. Tan solo un par de días antes había sido el aniversario, por lo que junto a la pared encontramos coronas y ramos en recuerdo a las víctimas.

Hoy sigue siendo un bullicioso mercado en el que se puede encontrar todo tipo de víveres así como souvenirs.

En el tramo final de la calle Ferhadija abundan comercios y restaurantes y nos recuerda a una típica calle Preciados.

En el último tramo de la calle, justo donde se une con la avenida Maršala Tito, encontramos el edificio del antiguo Gran Hotel, diseñado por Karlo Pardžik y Josip Vancaš en estilo renacentista. Abrió sus puertas en 1895 convirtiéndose en el segundo más grande después del Europa Hotel.

Hoy en una de sus fachadas acoge la llama eterna (Vječna vatra), un monumento dedicado a los caídos en la II Guerra Mundial. Diseñado por el arquitecto Juraj Neidhardt, fue inaugurado el 6 de abril de 1946, en el primer aniversario de la liberación de Sarajevo.

Consiste en una pared con un texto tallado en los colores de la antigua bandera de Yugoslavia: azul, blanco y rojo. Delante se halla el fuego en una especie de pebetero con forma de corona de laurel. La llama permanece siempre encendida, como dice su nombre. Tan solo se apagó durante el asedio de la ciudad, ya que no había combustible.

Acabamos la tarde aquí, puesto que a habíamos reservado una sala de escape a las 8 de la tarde. Como aún nos quedaba algo de tiempo, nos volvimos al apartamento para ducharnos y así ahorrar tiempo por la noche.

Balcanes XVIII. Día 6: Recorriendo Sarajevo. El asedio de Sarajevo

Tras desayunar, nos dirigimos a la oficina de Sarajevo Funky Tours, con quienes habíamos contratado la excursión de 4 horas sobre el Asedio de Sarajevo. Consistía en un recorrido en furgoneta por lugares como la Avenida de los Francotiradores, el Museo del Túnel de la Guerra, Sarajevo Oriental (República Srpska), la montaña olímpica de Trebević, las antiguas pistas de Bobsleigh de las Olimpiadas de Invierno de 1984 o el cementerio judío.

Normalmente solemos visitar las ciudades por libre, informándonos previamente sobre la historia del lugar, los puntos de interés, los sitios más turísticos, los más pintorescos… Sin embargo, en este caso nos encontramos con que había puntos que estaban alejados del centro y a los que no era tan fácil llegar con transporte público o a pie. Además, para “entender” la guerra, nos parecía interesante no quedarnos en la superficie con los datos que podemos leer en los libros o la prensa de aquel momento, sino ir más allá y conocer la realidad que vivieron muchos bosnios.

Cuando llegamos a la oficina de la agencia ya estaban otras dos personas que también habían contratado el tour, un australiano que estaba de visita en la ciudad porque había venido a tocar el violín con su orquesta, y una austriaca que estaba de vacaciones como nosotros. En principio se nos iban a unir otras dos personas, pero no aparecieron, así que al final salimos los cinco visitantes, el guía y el conductor.

Nos dirigimos hacia nuestra primera parada y por el camino nuestro guía fue poniéndonos en situación relatándonos los acontecimientos históricos que llevaron a la guerra. Recordemos que cuando en febrero de 1992 la República Socialista de Bosnia y Herzegovina aprobó en referéndum la independencia de la República Federal Socialista de Yugoslavia, Serbia se armó para impedir que se llevara a cabo tal secesión. La comunidad serbia en Bosnia formó el Ejército de la República Srpska (VRS) y junto con el Ejército Popular Yugoslavo (JNA) tomó posiciones en las colinas de la ciudad, comenzando así el largo asedio de Sarajevo que duraría 1.425 días.

El 5 de abril del 92, día de la declaración de independencia, mientras una gran multitud se manifestaba, los francotiradores serbios comenzaron a disparar. Y de allí no se movieron, ya que desde las colinas tenían un amplio rango de disparo sin obstáculos entre su posición y las de las víctimas. Recorrimos con la furgoneta el bulevar Mese Selimovica, una de las principales arterias de Sarajevo, e incluso hoy en día con la construcción de nuevos edificios, se puede una imaginar porqué era conocida como la Avenida de los Francotiradores (Snajperska aleja). Los transeúntes arriesgaban diariamente sus vidas cuando tenían que caminar por ella o por las calles cercanas. Se convertían en blancos fáciles para unos francotiradores que no discriminaban. Apuntaban a cualquier cuerpo en movimiento, fuera civil o no.

En la avenida se colocaron decenas de carteles con la alerta “Pazi – Snajper!” (“¡Peligro, Francotiradores!”) después de las primeras muertes, pero aún así había gente que tenía que cruzarla para llegar a sus casas, a sus trabajos o centros de estudio.

Tras pasar el aeropuerto llegamos al Túnel D-B, también conocido como Túnel de la Esperanza, pues durante aquel asedio permitía a los habitantes de la ciudad llegar a los pocos suministros que llegaban a Sarajevo. Por él entraban alimentos, armas, combustible, medicamentos, cigarrillos, ropa…

Su excavación comenzó en 1993 y conectaba el centro de la ciudad, que estaba sitiado, con las afueras. Se eligió la casa de la señora Sida Kolar por estar próxima al aeropuerto (cuyo control había recuperado la ONU poco antes) y constituía una vía de supervivencia (y de escape en algunos casos) para los ciudadanos. Sin embargo, no estaba libre de peligro, pues antes había que llegar a su entrada, atravesando seguramente medio Sarajevo exponiéndose a los francotiradores. Y después, con la carga hacer el camino inverso esquivando balas y mortero.

El pequeño tramo que aún queda abierto se convirtió en museo y en él podemos conocer la historia de la guerra mediante paneles explicativos con fotos de la época, la del túnel gracias a un vídeo, visitar una reconstrucción de los campos minados y una exposición de diversos objetos cotidianos, así como uniformes de guerra o munición recogida tras la contienda.

Allí se conserva la bomba que fue lanzada en el atiborrado Mercado de Markale el 5 de febrero de 1994 y que acabó con la vida de 68 personas y dejó heridas a 144.

También se pueden recorrer los últimos 25 metros rehabilitados de los 900 que tuvo en su día e imaginar la claustrofobia que debían sentir los sarajevitas cuando lo recorrían. Yo apenas paso del metro cincuenta y tenía que ir un tanto encorvada, así que para una persona más alta y además con carga extra, debía suponer un gran esfuerzo recorrerlo.

Aún así, se estima que lo cruzaron unos tres millones de personas desde su construcción hasta el fin de la guerra.

Tras la visita al museo, dura, pero necesaria, volvimos a la furgoneta y retomamos la ruta. De camino a la montaña Trebević pasamos por el límite entre Sarajevo y Sarajevo Oriental. No hay una frontera como tal, pero se percibe en las señales y carteles cuando el alfabeto latino va convirtiéndose en cirílico. Nos comentó nuestro guía que el idioma que hablan a un lado y a otro de la frontera es el mismo (con localismos como puede haber entre cualquier población) y que la diferencia viene dada por la escritura. Al parecer durante los años de primaria tenía que hacer los deberes una semana escribiendo en cirílico y otra en latino, para así dominar los dos.

Paramos en el barrio de Kovačić, en la ladera de la montaña, donde se halla el Antiguo Cementerio judío.

Fundado en 1630, es uno de los cementerios sefardíes más famosos del mundo y el segundo más grande de Europa por detrás del de Praga. Alberga más de 3.850 tumbas en un área de 31.160 metros cuadrados y entre ellas aún se conservan algunas de los descendientes sefardíes españoles que huyeron de la limpieza étnica de los Reyes Católicos. Prácticamente a la entrada podemos leer en una lápida algo parecido al español.

No había ese antisemitismo en el Imperio Otomano, sino que se valoraba a la comunidad por sus conocimientos mercantiles y financieros. Tanto, que el sultán Bayezid II envió barcos a los puertos españoles para recoger a los refugiados. E incluso recibía personalmente a los individuos más ilustres. “Aquellos que les mandan, pierden, yo gano”, parece que dijo el sultán otomano.

Los sefarditas se asentaron en la ciudad y construyeron a mediados del siglo XVI su primera sinagoga, ubicada en una zona a la que llamaron El Cortijo. Este barrio quedó reducido a cenizas a finales del XIX y apenas se conservan sus sinagogas, por eso este cementerio es tan importante para la comunidad, pues sirve de testigo del pasado.

Los judíos españoles no solo se mudaron con sus costumbres y su idioma, sino que además se llevaron una reliquia, la hoy conocida como Hagadá de Sarajevo, un manuscrito sobre pergamino blanqueado e iluminado con cobre y oro. Data de 1350 y parece que fue elaborado en Barcelona por los judíos de la Corona de Aragón. Cuenta con 109 páginas, 34 de ellas ricamente ilustradas con pasajes religiosos.

Hoy se expone en una sala especial del Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina, aunque ha estado a punto de perderse a lo largo de su historia. Para empezar, los nazis lo buscaron con ahínco cuando ocuparon Sarajevo en 1941, pero, según nos contó nuestro guía, el bibliotecario jefe del museo, Derviš Korkut, se las ingenió para protegerlo llevándoselo a un imán del pueblo de Zenica, quien lo ocultó en su mezquita. En 1945, tras la II Guerra Mundial, misteriosamente la Hagadá volvió a aparecer en el museo.

En 1992 las autoridades la encontraron en el suelo del museo durante la investigación de un robo. Fue entonces llevada a una cámara acorazada de un banco donde se guardó hasta 1995. Tras la guerra fue restaurada y es expuesta desde diciembre de 2002.

También fueron enterrados en el cementerio judíos ashkenazis, quienes habían llegado huyendo de las persecuciones en el centro de Europa durante el XVII. Al igual que los sefardíes consiguieron prosperar en Sarajevo.

El siglo XX y el Holocausto acabó con cerca del 85% de la población judía de Sarajevo. La mayoría de los pocos supervivientes de la II Guerra Mundial se marcharon al recién creado Estado de Israel. Y la reducida comunidad aún menguó más con la llegada de la guerra en 1992. Actualmente parece que los judíos en Sarajevo no llegan ni a 1.000.

El cementerio jugó un papel relevante durante la guerra de Bosnia, pues al estar en la primera línea de batalla era utilizado para disparar sobre la ciudad. Así, quedó lleno de minas y restos de munición. Tuvo que ser minuciosamente limpiado y reparado tras la contienda, aunque aún se pueden ver los agujeros. Hoy destaca por sus lápidas de piedra con inscripciones en hebreo.

Tras la breve parada en que nuestro guía nos invitó a dar un paseo por el cementerio, nos acercamos al precipicio a observar el panorama. Es verdad que los árboles impedían la visión limpia, pero nos podíamos hacer una idea de la posición privilegiada que tenían los serbios.

Destacan claramente los edificios de este siglo, de acero y vidrio. Y contrastan con la iglesia que marca el límite con la tristemente conocida como Avenida de los Francotiradores. La visión es directa. Imagino que más aún con una mira.

Desde las alturas también se alcanza a ver, sobre todo por su llamativo color amarillo, el Hotel Europe Group.

Durante la guerra este hotel era el Holiday Inn y alojaba a los periodistas extranjeros que estaban cubriendo el conflicto. Literalmente estaban en la zona 0. Había sido construido el año antes de los Juegos Olímpicos de invierno del 84 y rápidamente se convirtió en un icono de la ciudad gracias a su singular arquitectura.

Tras la breve parada volvimos a la furgoneta para seguir subiendo. Hicimos un segundo alto en un edificio en ruinas desde el que se puede comprender aún más la visibilidad que daba la montaña y lo difícil que lo tenían los bosnios para sobrevivir.

De un simple vistazo se abarca todo Sarajevo.

Por último nos dirigimos a la zona olímpica de Trebević. Con las consecuencias de la guerra en nuestra retina, cuesta imaginar el Sarajevo de 1984 que acogió los Juegos Olímpicos de Invierno (cuando aún era parte de la Yugoslavia de Tito). Poco ha llegado a nuestros días de aquella época, pero sí que se conservan los restos de las pistas de bobsleigh construidas ex profeso de estos juegos.

El Bobsleigh es esa disciplina en la que los deportistas se sitúan en lo alto de una montaña cubierta de hielo con un trineo, después empiezan a correr empujándolo y finalmente se meten dentro y descienden a más de 150 km/h. Es de vital importancia conseguir la mayor velocidad posible en esos metros iniciales, pues una vez sentados en el habitáculo, poco pueden hacer (salvo frenar en la línea de meta). Así, la diferencia entre los equipos es mínima, generalmente de centésimas, ni siquiera décimas.

En 1984 las medallas de oro y plata fueron para la RDA, tanto la versión de dos (3:25:56 y 3:26.04), como la de cuatro (3:20:22 y 3:20.78), mientras que las de bronce fueron para la URSS (3:26.16) en el caso de dúo y para Suiza en el cuarteto (3:21.39). Nuestro guía nos dijo que España no había participado, algo que para nada nos pilló por sorpresa, ya que es un deporte que se practica en pocos países, básicamente en el centro y norte de Europa, EEUU o Canadá… No es solo que sea un deporte de invierno y se precise de un determinado clima, sino que se depende de unas instalaciones que escasean.

Estas se siguieron usando para las competiciones de la Copa del Mundo hasta 1991, hasta que cesaron los acontecimientos deportivos por la guerra. Entonces fueron ocupadas por las fuerzas serbias y quedaron seriamente dañadas.

Hoy, a los daños de la guerra, se suman los graffitis y, aunque han perdido su función, según nos comentó nuestro guía, parece que acuden ciclistas de pista para entrenar, y también novios para hacerse fotos para el álbum de boda.

De nuevo el guía nos dejó en la parte alta y nos dijo que las recorriéramos tranquilamente mientras ellos se iban con la furgoneta a la parte baja, donde nos recogerían. Así que así hicimos. Y con esta visita concluimos nuestra excursión volviendo a la oficina de la agencia.

Como eran las 2 de la tarde y hacía calor, repetimos la rutina de los días anteriores y nos volvimos al apartamento a comer y a echarnos un rato con intención de visitar el centro histórico ya a media tarde.

Serie Terminada: Chernobyl

No había terminado Juego de Tronos y HBO ya estaba emitiendo otra serie que ha roto todos los esquemas: Chernobyl.

Durante años, las mejores críticas del sector audiovisual se las llevaba el cine. La tele por su parte era un género menor y los actores que hacían series estaban peor considerados que los que hacían películas. Sin embargo, aquella teoría cambió con la llegada de HBO. De esta cadena son grandes ficciones televisivas como Los Soprano, The Wire o A dos metros bajo tierra. Con Juego de Tronos primero, y Chernobyl después, ha vuelto a marcar el paso. Con tan solo cinco episodios, esta serie se ha convertido en la mejor valorada de todos los tiempos en la web imdb (9.6). Enseguida se corrió la voz y todo el mundo hablaba de ella. En un fin de semana nos la hemos visto en modo maratón.

Con el título es fácil hacerse a la idea de qué va este fenómeno audiovisual, al menos lo es para quienes vamos sumando años. Hagamos memoria: el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin durante una prueba de seguridad fallida se produjo una explosión. Esta detonación provocó que saltara la tapa del reactor 4 y se liberara una nube radiactiva que se extendió por media Europa y puso en alerta a medio mundo. Así, Chernobyl es la crónica de este desastre nuclear ocurrido al norte de Ucrania y casi en la frontera de Bielorrusia (a tan solo 17km). Un accidente que está considerado, junto con el de Fukushima en 2011, como el más grave de la historia (nivel 7).

Según los datos oficiales fallecieron dos empleados de la central como consecuencia de la detonación y otros 29 en los meses siguientes (la mayoría bomberos a causa del Síndrome Agudo por Radiación). Sin embargo, aún hoy, 33 años después, no conocemos el alcance total de la tragedia. La OMS estima que entre 4000 y 9000 personas sufrieron (o sufrirán) cáncer (sobre todo de tiroides por la ingesta de leche contaminada) u otras enfermedades ocasionadas por la exposición a la radiación en los años posteriores, pero es difícil de evaluar porque no se conocen las dosis a las que se vieron expuestos todos los individuos y no existen grupos de control con los que comparar. No hay estudios científicos que hayan conseguido relacionar de forma fiable el accidente nuclear con el cáncer. Sí que se pudieron relacionar sin embargo enfermedades asociadas a la salud mental (50.000 muertes asociadas con alcoholismo y depresión).

Escrita por Craig Mazin, quien venía de secuelas de Scary Movie y Resacón en las Vegas, la serie está inspirada en Voces de Chernóbil, de la Premio Nobel Svetlana Alexievich, un libro que recoge los testimonios de familias y afectados por la catástrofe de Chernóbil. El guionista se pasó dos años leyendo sobre sobre el suceso, recopilando datos, relatos de supervivientes e informes de investigadores y dando forma a este proyecto que sin duda supone un giro drástico en su trayectoria. Coproducida por EEUU y Reino Unido se rodó en 4 meses entre Ucrania y Lituania. En Vilna se recreó Pripyat y las escenas de la central de Chernóbil se grabaron en la central nuclear de Ignalina, que cesó su actividad en 2009 y era prácticamente igual.

Estructurada en cinco episodios de una hora de duración, consigue relatar los acontecimientos tras la tragedia de una forma redonda. Sabe lo que quiere contar, cómo hacerlo y cuál va a ser su cierre. Dedica los dos primeros episodios para el accidente, los dos siguientes para alcanzar el clímax de los acontecimientos y finalmente remata la historia en el último con el juicio. No pierde tiempo en relleno. No hay más que ver cómo comienza, sin introducción ni explicación detallada al espectador, sino que permite que sea él mismo quien deduzca la situación y conozca a los protagonistas a medida que se desarrolla la trama. Además, este arranque también nos suma de una cierta confusión, la misma en la que se encuentran los personajes.

Chernobyl empieza dos años y un minuto después del accidente en la cocina de Valeri Legasov, físico nuclear y miembro de la dirección de la Academia Soviética de Ciencias así como director adjunto del Instituto Kurchatov (centro de la investigación nuclear soviética) que participó en el equipo de emergencia de Chernóbil tratando de minimizar los efectos del desastre. Vemos cómo tras grabar unas cintas de casete y esconderlas, se quita la vida. A partir de ahí, volvemos al 26 de abril de 1986 para intentar reconstruir el camino.

La acción sigue la actividad de la central desde el momento del accidente. El personal reacciona con incredulidad ante lo que acaba de ocurrir. Lo acaban de ver con sus propios ojos, pero no alcanzan a imaginar la magnitud del desastre. Y luego están los mandos intermedios o superiores que directamente no quieren creérselo. Su postura es la negación: no puede haber pasado y no ha pasado. Toda una irresponsabilidad por su parte y más aún cuando el relato que transmiten a las autoridades locales está alejado de la realidad minimizando la gravedad del accidente. Se informó de que había habido una explosión en la central, pero que el reactor estaba intacto.

Ante la situación de emergencia los gobernantes ucranianos quisieron contener la información mientras intentaban poner orden. Sin embargo, en el momento en que se desplazaron al lugar y lo vieron con sus propios ojos, se dieron cuenta de que habían infravalorado el incidente. Y aún así, tardaron en asimilarlo y en reaccionar para poner a salvo a la población. De hecho, el desfile del día del Trabajador, cinco días después del accidente, se celebró con normalidad en la capital, a tan solo 180 kilómetros de Chernóbil. No obstante, la información era difícil de contener, pues pronto los suecos detectaron unos inusuales niveles de radiación y comenzaron a hacer preguntas. Pronto se extendieron las dudas por Europa y finalmente la URSS tuvo que publicar un comunicado.

Chernobyl desarrolla la línea cronológica presentando una atmósfera apocalíptica desasosegante. Potencia el miedo, pero aquí no se teme a un personaje, sino a una amenaza invisible: la radiación. Es difícil plasmar eso en pantalla para mantener al espectador en un estado de alerta constante, así que se juega con los planos y se recurre a la música (y al sonido de los dosímetros) para transmitir el pánico.

Es sin duda una serie de gran calidad técnica que, según los testigos, parece que consigue exponer la catástrofe y el posterior desarrollo de los acontecimientos de una manera bastante precisa, aunque lógicamente, con alguna licencia creativa. Además, recrea con bastante exactitud las localizaciones y la atmósfera de aquellos últimos años de la URSS. Cuenta con una fantástica puesta en escena gracias a la caracterización de personajes (maquillaje, peluquería y vestuario) y a la ambientación de los espacios con detalles como mobiliario, vehículos, cartelería, pancartas, grafitis y arte de corte soviético. Sin embargo, también cae en algunos tópicos como beber vodka como solución a todo, y sacando a coalición a la KGB a la menor ocasión.

Hay que recordar que estamos ante una serie, no un documental, y por tanto, pese a que sea hiperrealista, también cuenta con ciertas licencias para dotar de dramatismo al guion. Por ejemplo, algunos personajes están exagerados y otros tienen más presencia de la que realmente tuvieron. Parece que Legasov fue importante en la gestión del desastre, sin embargo, él no solía trabajar sobre el terreno, sino que lo hacía en el búnker. Tampoco fue testigo en el juicio, sino que declararon otros científicos. El darle este protagonismo viene motivado para centrar la trama en un personaje, al igual que se hace con Ulana Khomyuk, creada para sintetizar a todos aquellos científicos que ayudaron a Legasov.

Esta forma de dar dramatismo, unida a los mitos perpetuados con el paso del tiempo, se ve también en la inexactitud al recrear algunos momentos. Algunos ejemplos:

  • No existen pruebas que confirmen que todos los que se asomaron al puente de Prípiat fallecieran como consecuencia de la radiación. Investigadores que han trabajado sobre el terreno para trabajos periodísticos o científicos afirman haber hablado recientemente con gente que estuvo allí. Tampoco se han hallado pruebas concluyentes que demuestren que el personal del hospital o los visitantes corrieran riesgo. Así, no se podría confirmar que los nacidos tras el accidente se vieran afectados por la exposición a la radiación y más de 100.000 abortos practicados en los meses siguientes habrían sido innecesarios.
  • Aunque sí hubo algunos incendios en la planta, ninguno en el techo.
  • El helicóptero no se estrelló cuando intenta descargar plomo, boro y arena sobre el reactor;
  • Los buzos que se sumergieron debajo del reactor para abrir una válvula vestían con un traje de neopreno y la cabeza al descubierto. No es cierto como se muestra que fueran recompensados económicamente ni aplaudidos al salir. Era su trabajo, sin más. Tampoco lo es que fallecieran. Uno murió en 2005 y los otros dos aún siguen vivos.
  • No parece claro que los mineros llegaran a desnudarse.
  • Personalmente me chirrió que siempre se refirieran entre los personajes como Camarada X o Camarada Y y no recurrieran al uso del patronímico como ya habíamos visto en The Americans. Los rusos tienen su nombre, después el nombre de su padre con el sufijo – ich (masculino) / -ichna o -vna (femenino) y después el apellido familiar. Por ejemplo Legasov se llamaba Valeri Alekseyevich Legasov y en la serie siempre le llamaban Legasov y no Valeri Alekseyevich como sería habitual en contextos oficiales y conversaciones formales.

En cualquier caso, estas licencias, errores o confusiones no alteran en demasía el relato ni la calidad de la serie, pero conviene tenerlo en cuenta para no tomar la ficción como realidad.

Chernobyl nos deja en la exposición final de Legasov una reflexión sobre las mentiras y el secretismo. Pues, como hemos visto, las mentiras tienen consecuencias. El desconocimiento del fallo de diseño en los reactores puso en riesgo a mucha gente. Y esto, sumado al secretismo (ya había ocurrido en 1975 en una central en Leningrado el mismo fallo) y la falta de información sobre el accidente, hizo que el daño fuera mayor. Es cierto que hay que entender el contexto de la Guerra Fría para entender cómo se gestionó la crisis intentando que no se filtrara nada al exterior que pudiera servir para desacreditar al país, pero el problema es que no supieron tampoco cuidar de sus ciudadanos. Así, parece que el desastre nuclear de Chernóbil y esta gestión posterior influyó bastante en la desintegración de un país que vio cómo su economía quedaba afectada y cómo entre sus habitantes crecía la desconfianza en las instituciones.

Esta lectura sin embargo tiene cierto sesgo ideológico (no es raro siendo una coproducción de EEUU y Reino Unido) y parece atribuir las causas del accidente al régimen soviético y por extensión al comunismo. Va mostrando detalles que conducen a esta idea. Véase: excesiva burocratización, abaratamiento de costes, incompetencia de los altos cargos, malas decisiones tomadas anteponiendo el poder a las necesidades del pueblo, secretos y mentiras para ocultar el desastre, intervención del KGB, censura… Pero pese a que todo esto ocurrió, no se tratan de errores inherentes al modelo socioeconómico, sino que todos estos aspectos están igual de presentes en los gobiernos capitalistas. La ambición política suele anteponerse al interés popular.

Política aparte, la serie está muy bien construida. Cuenta con una buena estructura, una fotografía hiperrealista, una música que transmite el caos y el pánico y un elenco actoral a la altura de las circunstancias. Bien merecido tiene ese 9.6.

Escape Room: El estudio secreto del Sr. Fox, Fox in a box (Sarajevo)

No podía faltar un viaje sin probar una Escape Room. Valoramos diferentes opciones en las ciudades que íbamos a visitar y por cuestión de tiempo decidimos que lo mejor era dejarlo para Sarajevo. Además, era donde más barato nos salía. Volvimos a nuestros orígenes, ya que elegimos Fox in a box, la misma cadena en la que hicimos el Bunker, nuestro primer juego de escape.

Habíamos reservado para las 8 de la tarde y llegamos un cuarto de hora antes como siempre recomiendan para asistir al previo. Sin embargo, cuando subimos y entramos en el piso donde se encuentra la compañía, nos dijeron que nos fuéramos a dar un paseo porque no les constaba nuestra reserva y tenían que preparar la sala… Empezamos bien.

Volvimos a menos cinco y esta vez nos recibió la que sería nuestra Game Master. Y justo en ese momento acabó un grupo otro juego y entre los integrantes, coincidencias de la vida, estaba el australiano con el que habíamos hecho la excursión. Nos saludamos, nos deseó suerte y seguimos a nuestra Game Master a otra sala, donde nos preguntó por nuestra experiencia. Al tener ya algo de rodaje, no se entretuvo mucho y pasó directamente a explicarnos nuestra misión.

Habíamos elegido la sala de El Estudio Secreto del Sr. Fox. La temática podríamos decir que es similar a la de Tras el Espejo, pues contábamos con 60 minutos para conseguir el último paso para convertirnos en agentes secretos. Para ser reclutados tendríamos que demostrar nuestras habilidades especiales y escapar de su estudio personal.

Tras la breve explicación la chica nos condujo a la sala. Ya nos pasó con Casino, y es algo que no me gusta, pues se pierde la impresión inicial. Nos explicó dónde estaba el botón del pánico y dónde tendríamos que meter el código final. En serio, este tipo de cosas no hacen falta, y menos si te dicen que ya cuentan con experiencia. Lo único que consiguió es que mientras explicaba estas cosas nosotros mirásemos a nuestro alrededor intentando ver por dónde empezaríamos a buscar. Después de aclarar algún detalle, nos dejó solos y comenzó el juego.

Obviamente, teniendo en cuenta el nombre de la sala, nos encontramos en un estudio con su mesa, su máquina de escribir, su lámpara sus estanterías atestadas de libros, algún cuadro… En fin, buena ambientación y mucho por donde empezar. Nos dividimos y comenzamos a buscar. A diferencia de otras veces no estábamos fríos y enseguida encontramos varios objetos que nos pusieron en movimiento. Pero también dimos con algún puzle que no podíamos resolver del todo porque nos faltaba algo que lo desbloqueara y tuvimos un momento de atasco como a los 20 minutos. Así que, acabamos pidiendo una pista.

La forma de dar las pistas por medio de un buzón fue un tanto… ¿cómo decir? Peculiar. Me recordó a Polonia cuando nos pasaba los posts it por debajo de la puerta. Pero bueno, lo importante es que nos volvió a encauzar en el juego y seguimos avanzando. Aunque tuvimos que pedir una segunda pista unos diez minutos después.

Volvimos a atascarnos en determinado momento porque teníamos una parte de un puzle, pero los objetos que habíamos encontrados ya habían sido usados en algún momento. Así que parecía que algo se nos escapaba, pues habíamos preguntado expresamente si cada objeto tenía un único uso y nuestra Game Master así nos lo había confirmado. Sin embargo, todo apuntaba a que había que repetir y así lo hicimos. Y no solo acertamos, sino que de nuevo hubo que usar por segunda vez un objeto. Y su resolución nos dio finalmente el código que nos sirvió para abrir la puerta cuando aún quedaban 16 minutos. Parece que hemos superado la prueba del Sr. Fox.

La impresión inicial es buena, pues la sala está muy bien decorada en estilo retro con ese gran escritorio de varios cajones y la máquina de escribir. Además, el techo está pintado con mapas geofráficos del mundo, hay un gran reloj de péndulo y una bola del mundo. Nos pone en situación. Sin embargo, luego el desarrollo se queda algo corto. Parece algo pobre, sobre todo si la comparamos con otras salas de Fox in a box.

Los puzles y acertijos no eran demasiado complicados. Salvo un par de ellos que requieren de un poco de ingenio o matemáticas, el resto son bastante sencillos de sacar. Eso sí, no terminé de ver mucha conexión entre ellos y su resolución con la misión que nos ocupaba. No hay nada que te sorprenda especialmente. Además, eché en falta que hubiera más salas, algún pasadizo secreto o algo, pero no, todo queda concentrado en el despacho.

Quizá deberíamos haber elegido la sala del atraco al banco, pero como esa la hay en Madrid, preferimos decantarnos por una que aquí no se oferta. También puede ser que llevemos muchas salas de escape a nuestras espaldas y necesitemos arriesgar algo más. Desde luego El estudio secreto del Sr. Fox no es mala sala para principiantes, pero nos supo a poco.

Balcanes XVII. Día 5: Recorriendo Sarajevo II. Entorno del río Miljacka

Para esta primera tarde en Sarajevo no teníamos muchas pretensiones, tan solo una toma de contacto. Después de un viaje tan largo como el de aquella mañana nos vendría bien estirar un rato las piernas. Teníamos el apartamento en el barrio de Skenderija, por lo que comenzamos nuestro paseo por la orilla sur del río Miljacka. De camino nos encontramos con la Sinagoga Aškenaška, la tercera sinagoga más grande de Europa.

Construida en 1902 en estilo renacentista-morisco es la única en activo de la ciudad. 

Un poco más adelante, junto al parque arqueológico de Mejdan, encontramos la Mezquita de Bakr-Baba, que recibe el nombre del comerciante de Sarajevo Hajji Alija Bakr-Baba. La primera mezquita se construyó en 1544 y fue considerada una de las más bellas y grandes de la ciudad. Contaba con un minarete de unos 30 metros y hasta una escuela. Sin embargo, ardió en 1697, así que en 1700 se levantó una nueva. No obstante, siguió el mismo camino, por lo que tuvo que ser reconstruida de nuevo.

A mediados del siglo XVIII se construyó una Medresa en el lado este del patio y años más tarde se añadió una biblioteca, por lo que pronto se convirtió en un relevante centro educativo y cultural. Con la llegada del Imperio Austrohúngaro perdió su función convirtiéndose en almacén militar, aunque realmente ya llevaba un tiempo en estado de dejadez. Finalmente fue demolida en 1895.

Los restos arqueológicos que se ven en la actualidad son consecuencia de los trabajos de excavación llevados a cabo a principios de este siglo. En 2011 se inauguró la pequeña mezquita que vemos hoy en día, levantada sobre los cimientos de la original.

Tomamos la calle Bistrik, adentrándonos en un área que data de la época preotomana. Durante el período otomano esta vía estaba dividida en tres secciones: Šehove Dugonje, Bistrik y Pastrma. Se quedó con el nombre de Bistrik en 1878, aunque lo cambió por 6 de Noviembre en 1931 para conmemorar el día en que entró en la ciudad el Ejército Serbio en 1918. En 1993 recuperó de nuevo el nombre de Bistrik.

En esta calle se ubica el Hotel Isa begov Hamam que alberga el antiguo hamam Isa-begov,  el baño público más antiguo de Bosnia y Herzegovina. Fue construido por orden de İshakoğlu İsa Bey, general otomano al que se considera el fundador de Sarajevo.

A lo largo de la historia de la ciudad se abrieron muchos baños públicos, sin embargo, en el presente tan solo se conservan dos. Estos son uno de ellos. Construidos en 1462 y simbolizan la transición entre el gobierno del Reino de Bosnia y el Imperio Otomano.

Han sufrido muchos daños con el paso de los siglos, tanto por inundaciones como por incendios y tuvo que ser reconstruido en 1891, momento en que se aprovechó para añadir un segundo piso y dos alas en las que se ubicaron baños de vapor y bañeras. Con la guerra quedó seriamente dañado, por lo que en 2011 se aprobó un proyecto para una total renovación convirtiendo el espacio en un hotel.

Junto a los baños, se halla la Mezquita del Emperador (Careva džamija), la primera mezquita que se construyó en Sarajevo. De hecho el hamam y la mezquita se construyeron a la vez y se consideraban parte de un mismo complejo en el que también había un cementerio.

Fue erigida en 1457 también por orden de İshakoğlu İsa Bey, en honor del Sultán Mehmed II El-Faith. Quedó dañada en 1565 y 1697 y fue restaurada en 1779 y 1800.

La parte más antigua de la mezquita, que data de 1565, es la sección central, a la que se le añadieron dos alas con arcadas en 1800. En 1848 ambas alas fueron tapiadas y se conectaron con el área central de oración con una puerta. Los últimos trabajos fueron entre 1995 y 2000 para reparar los daños de la guerra.

La mezquita da a la calle Konak, que data de principios del período otomano. Recibe este nombre por la casa del gobernador de Bosnia que fue construida en la zona en 1869. En 1919 cambió su nombre por el del político serbio Nikola Pašić, pero durante la II Guerra Mundial se llamó Vojvode Slavka Katernika. Tras la guerra recuperó el de Nikola Pašić, aunque apenas unos años, ya que en 1948 fue rebautizada en honor al héroe de guerra Nurija Pozderac. En 1993 recuperó el nombre original, que se mantiene hasta el presente.

Siguiendo el margen del río llegamos al puente Šeher-Ćehajina ćuprija, construido a mediados del siglo XVI y considerado Monumento Nacional en 2005.

Junto a él vemos la pintoresca casa de estilo otomano conocida como Inat Kuca (casa del rencor).

El edificio estaba en la orilla opuesta e iba a ser derribado para construir el ayuntamiento, sin embargo, el dueño se opuso, por lo que fue desmontada piedra a piedra y movida a su ubicación actual. Ahora es un restaurante.

Cruzando el puente se llega precisamente al edificio del Ayuntamiento, aunque desde 1949 es la sede de la Biblioteca Nacional (Vijecnica). En su inauguración en 1896 era el ayuntamiento más grande de los Balcanes.

De estilo morisco español e inspirado en el Alcázar de Sevilla se convirtió en un símbolo de la ciudad. Lamentablemente durante la guerra quedó destrozada como consecuencia de los bombardeos del  25 de agosto de 1992. Durante los tres días en que estuvo activo el incendio ardió cerca del 90% de su colección.

Parece ser que el ideólogo fue Nikola Koljevic, un profesor universitario de literatura especializado en la obra de Shakespeare que además había sido usuario frecuente de la biblioteca. No obstante, el amor por los libros debió pasar a un segundo plano cuando se radicalizó convirtiéndose en la mano derecha del ultranacionalista Radovan Karadzic.

España, Austria, Quatar y la UE donaron fondos para su reconstrucción y finalmente reabrió el 9 de mayo de 2014. Además de biblioteca también funciona como salón de sesiones del ayuntamiento, espacio de recepciones oficiales, y centro de exhibición de muestras y conciertos.

Continuamos por la orilla del río. A la altura de la Mezquita del Emperador está el Careva ćuprija, o puente del Emperador.

El puente original databa del siglo XV y estaba a unos metros más abajo del actual, que se construyó en 1897. Durante el período de entreguerras fue renombrado como Puente de Bodgan Žerajić, pero recuperó el nombre actual en 1992. Desde 2009 es considerado Monumento Nacional.

El siguiente puente es el famoso Latinska ćuprija o Puente Latino, también Monumento Nacional, este desde 2004.

Construido a mediados del siglo XVI seguía el diseño en madera de los dos anteriores. Fue renovado en piedra en 1798 y recibe este nombre por estar junto al barrio en que residían los católicos. No obstante, 1918 y 1993 se llamó Principov Most, en memoria a Gavrilo Princip, el joven activista del grupo Joven Bosnia que asesinó al archiduque Francisco Fernando de Austria.

Y es que este puente no sería más que una pasarela de piedra más si no fuera por este suceso del 28 de junio de 1914. Este día es el Vidovdan/Видовдан o día de San Vito, festividad de suma importancia para el pueblo serbio y su identidad nacional. Se recuerda al Santo príncipe Lazar y los santos mártires serbios caídos en la épica Batalla de Kosovo en contra del Imperio Otomano un 15 de junio de 1389. Así, que el archiduque y su mujer llegaran a Sarajevo ese día tan señalado, fue tomado como una provocación. Como respuesta al atentado, Austria le declaró la guerra a Serbia un mes más tarde, lo que desembocó en la I Guerra Mundial.

No obstante, en realidad, la guerra seguramente habría estallado tarde o temprano, ya que en Europa no estaban los ánimos muy calmados. Si no hubiera sido esta gota, habría sido otra la que habría colmado el vaso.

En el puente hay un panel que recuerda el monumento al Archiduque y su mujer que fue colocado en el aniversario de sus asesinatos en 1917 y retirado en febrero de 1919.

Frente a él se halla el Muzeum Sarajevo 1878-1918 que se centra exclusivamente en esta etapa austrohúngara.

Seguimos río abajo por el barrio de Mejtaš, donde abunda precisamente la arquitectura austrohúngara. Es verdad que muchos edificios estaban un tanto deteriorados, pero aún así nos lleva a imaginar cómo era la Sarajevo de finales del siglo XIX, aquella en la que renombrados arquitectos desarrollaban sus proyectos en la ciudad antes de llevarlos a Viena.

Destaca frente a la Sinagoga de Sarajevo, el inicio de nuestra ruta, el Palata Ješue D. Saloma, un palacio construido en 1901 en estilo Secesión.

Un poco más adelante, en la esquina con la calle Kulovića, llama también la atención el Teatro Nacional (Narodno pozorište), diseñado por el arquitecto Karel Parik, quien proyectó más de 160 edificios en la ciudad.

Muy cerca de este se halla la Universidad de Sarajevo, la primera universidad del país. La institución nació en 1543 como instituto otomano de educación superior y bajo el nombre de Madrassa Otomana de Sarajevo. Era reconocida como universidad, aunque perdió esta consideración en el siglo XIX.

En 1946 se restableció ya como universidad moderna. En la actualidad es la mayor y más prestigiosa del país y una de las más grandes del mundo. Cuenta con 23 facultades y en ella se han formado varios presidentes del país.

Siguiendo con el paseo llegamos al siguiente puente, el Drvenija Most, construido en 1898 originariamente en madera y reemplazado después con uno de hormigón.

Un puente que no llama especialmente la atención y que, como tantos otros, fue restaurado después de la guerra en 1988.

Más curioso es el siguiente, el conocido Festina lente.

Diseñado por tres estudiantes de la Academia de Bellas Artes de Sarajevo, es el último en construirse (2012) entre las dos orillas del río Miljacka.

Y precisamente en uno de sus extremos se erige la Academia de Bellas Artes, uno de los edificios más imponentes de la ciudad.

Fue construido a finales del siglo XIX como lugar de culto para los evangélicos que habían llegado a la ciudad con la ocupación austrohúngara. Tras la I Guerra Mundial sin embargo habían ido abandonado Sarajevo, por lo que la iglesia perdió su función original. Acabó siendo cedida a la ciudad y se planificó darle otro uso.

A principios de los años 80 se decidió establecer la Academia de Artes Escénicas en Sarajevo porque se había detectado que había un déficit formativo en este aspecto en la población de la ciudad. Así pues, el edificio fue renovado y adaptado en 1981 con tal propósito.

Finalizamos nuestro paseo un poco más adelante, en el Puente Skenderija, también llamado Ajfel o Ajfelov ya que se cree (aunque no hay documento que lo confirme) que fue diseñado por Gustave Eiffel

El puente original se construyó en el siglo XV, este que vemos hoy en día data de 1893, aunque lógicamente ha sido renovado en el siglo XXI porque quedó destrozado con la guerra. Es peatonal y, como tantos otros puentes del mundo, está lleno de candados por culpa de Federico Moccia.

Ya apenas nos quedaban horas de luz, así que emprendimos la búsqueda de la cena. Continuamos el paseo hasta el centro comercial BBI Centar donde encontramos un supermercado Konzum, por lo que nos hicimos con algo de bebida y comida y volvimos al apartamento. Y como habíamos madrugado, tras la cena, enseguida nos fuimos a dormir, pues además para el día siguiente habíamos contratado una excursión y teníamos que estar a las 9 en el centro.