Crucero por el Mediterráneo. Día 3. Génova

Nuestra visita partió de la Estación Marítima Ponte dei Mille (Stazione Marittima), no muy lejos del centro de la ciudad. Es la estación histórica de la que salían los grandes buques hacia América, aunque parece que el Meraviglia tiene unas dimensiones superiores, ya que se ve cómo sobresale tras el edificio.

Génova

A finales del siglo XIX las migraciones no dejaban de crecer, por lo que fue necesario crear un espacio con salas de pasajeros. Se construyó un edificio que constaba de salas de pasajeros, un comedor, una sala médica y un puesto policial en el interior, todo en el mismo piso. Tras la I Guerra Mundial se recuperó el proyecto y se amplió a tres edificios conectados entre sí. Eso sí, las salas de la planta baja eran para la tercera categoría, mientras que las de la primera planta lo eran para primera y segunda. Siempre ha habido clases.

Estación Marítima Ponte dei Mille (Stazione Marittima)

A mí lo que más me impresionó fue su interior tan blanco y la gran cúpula sostenida gracias a varias columnas.

Stazione Marittima

Stazione Marittima

Con la llegada de los vuelos en los años sesenta, el tráfico marítimo había disminuido notablemente. Tras tareas de restauración en 2001, hoy, como digo, es la estación donde llegan los cruceros.

Nada más salir, hay un puesto de información, así que aprovechamos para hacernos con un mapa. Aunque con la lluvia y teniendo Google Maps, lo cierto es que no lo usamos mucho.

Stazione Marittima

Stazione Marittima

Pero antes de comenzar con la ruta, unos datos sobre Génova:

Génova

Delimitada entre la Riviera Poniente y la Riviera Levante, es la capital de Liguria, una de las regiones más pequeñas del país, y la cuarta en población.

Liguria perteneció a Francia en el siglo XVII y, aunque en 1746 fue ocupada por los austriacos, Napoleón la recuperó. Consiguió independizarse, pero el Congreso de Viena en 1815 estipuló que debía anexionarse al Reino de Cerdeña.

Tras una larga etapa de decadencia, en el siglo XX remontó gracias a los túneles ferroviarios, los astilleros, industrias petroquímicas y metalúrgicas. Fue entonces cuando se convirtió en región portuaria. No obstante, la II Guerra Mundial y la ocupación germana frenaron de golpe este desarrollo.

Génova es la sexta ciudad italiana en población (la primera en su región) y la cuarta por importancia económica. Por supuesto, su historia, tanto política como cultural, está ligada al mar y tiene un carácter multicultural gracias a la multitud de pueblos que han pasado por su territorio. Los cartagineses la destruyeron en el 209 a.C y fue reconstruida por los romanos. Tras la caída del Imperio Romano llegaron los bizantinos, más tarde los lombardos. En el año 935 fue saqueada por los sarracenos.

El apogeo de Génova comenzó en el siglo XII cuando venció a los sarracenos. A partir de ahí, fueron prosperando hasta conseguir establecer puestos comerciales en Oriente Medio gracias a las Cruzadas. En el siglo XVI Andrea Doria consolidó el papel de la ciudad.

Con el paso de los siglos se enfrentó a los aragoneses, Visconti y franceses. Además, disputó la hegemonía marítima con Pisa, Venecia y Almafi. Y es que los genoveses siempre se han echado al mar en busca de nuevas rutas comerciales ¿Suena un tal Cristóforo Colombo? Así fue cómo la República Genovesa tuvo colonias en Oriente Medio y en el Norte de África.

Cristóforo Colombo

Su época dorada transcurrió entre los siglos XVI y XVII, sin embargo la decadencia llegó como consecuencia de la rivalidad entre los aristócratas gobernantes, los avances de los franceses en 1668 y de los austriacos en 1734. Poco a poco perdió importancia y territorios.

El puerto de Génova es el más importante del país y el segundo del Mediterráneo. El mar es el protagonista, así, no es de extrañar que la ciudad haya crecido en torno a él. Eso sí, de una forma desordenada y caótica. Sin embargo, no todo está a nivel del mar, sino que Génova se asienta sobre colinas, a las que se accede por medio de funiculares o elevadores.

Génova

El centro histórico queda bastante recogido y se puede recorrer tranquilamente a pie. De hecho, es la mejor forma de hacerlo, pues es complicado acceder de otra forma a su entramado de callejuelas, callejones, plazas, plazoletas, escaleras y túneles.

Génova

Génova

Fuera del casco histórico se encuentra una ciudad más renacentista, símbolo de una época en la que Génova destacaba en el comercio.

Nosotros, equipados con impermeables y paraguas, comenzamos nuestra caminata por la Via Alpini d’Italia, que nos lleva por el Porto Antico.

Génova

Fue renovado en 1992 y ha ido añadiendo atracciones turísticas como la Biosfera, la Ciudad de los Niños, el Museo de la Antártida, una biblioteca, un centro comercial, un gimnasio, cines, restaurantes y bares. Además del famoso Acuario, el segundo más importante de Europa por detrás del de Valencia. Es el más grande de Italia y cuenta con 70 tanques y 800 especies.

Porto Antico

Acuario

Cerca se halla el Museo del Mar (Galata Museo del Mare), inaugurado en 2004 con motivo de la capitalidad cultural europea de Génova. En sus 10.000 metros cuadrados se puede conocer la historia naval de la ciudad. Organizado en cuatro pisos, es el museo más grande del área mediterránea dedicado al mar.

Museo del Mar (Galata Museo del Mare)

El nombre nos recuerda a la torre de Estambul de mismo nombre, y es que, si recordamos, es en aquel barrio donde vivían los genoveses.

Y mientras, en la acera opuesta vamos viendo edificios coloridos que parecen tener historia, sin embargo, Génova no nos termina de emocionar. La ciudad parece gris, y no solo por la lluvia. Hay algo de decandencia, de dejadez en su paisaje urbano.

Génova

Génova

Génova

En este tramo solo destaca el Complejo de San Giovanni di Pré (Commenda di San Giovanni di Pré), un edificio de piedra negra de Promontorio de estilo románico que se abre al mar.

Complejo de San Giovanni di Pré (Commenda di San Giovanni di Pré)

Fue mandado construir en 1180 por un monje perteneciente a los Caballeros de Jerusalén. Consta de dos iglesias sobrepuestas una sobre la otra y de la commenda, que tiene tres pisos y que servía como convento y hospedaje para caballeros, mercaderes y peregrinos que iban o volvían de Tierra Santa. Hoy es un Museo-Teatro dedicado a la historia medieval de la ciudad.

En esa misma acera, medio escondida, se encuentra la Porta dei Vacca.

Porta Vacca

Originalmente se llamaba Porta di Santa Fede, pues tomaba el nombre de la iglesia próxima, pero el dei Vacca se lo debe a la familia adinerada que residía tras cruzarla. Cuando los Vacca traicionaron a la República de Génova su vivienda fue demolida como castigo. En su lugar se levantó una fuente.

También se la llama Porta Sottana, como contraste de la Porta Soprana.

Esta puerta, que data de 1155, es considerada uno de los grandes monumentos de Génova y permite el acceso al recinto amurallado medieval. Consta de dos torres semicirculares y está incorporada a dos palacios, el de Marc’Aurelio Rebuffo y el de Lomellini-Serra.

En las tareas de restauración de 1960 salieron a la luz estructuras originales y modificaciones del siglo XVIII.

Un poco más adelante, dejamos el puerto para cruzar a la Piazza Caricamento.

Piazza Caricamento

Piazza Caricamento

Esta plaza de aproximadamente 9.000 metros cuadrados estuvo ocupada por muelles portuarios durante la Edad Media: Calvi (también llamado della Legna), Spinola, Reale (de pasajeros) y Mercanzia. En 1839 se construyó como terminal, para que sirviera de enlace vial con el puerto y, en 1854, con la inauguración de la línea ferroviaria Turín-Génova, se convirtió en la estación principal de carga y descarga de mercancías al permitir los traslados directamente desde los barcos hasta los trenes.

En 1963 se construyó una carretera elevada que cruza la plaza para que la aliviara de tráfico. Sin embargo, también la afea. En 1992, con motivo de las celebraciones del descubrimiento de América, se peatonalizó parcialmente y se abrió a la ciudad. Desde entonces sus funciones comerciales han desaparecido.

En el centro se alza la estatua de bronce de Raffaele Rubattino, considerado el primer armador italiano.

La plaza queda delimitada por el Palazzo San Giorgio, que antiguamente era conocido como Palazzo delle Compere di San Giorgio. Hoy es la sede de la Autoridad Portuaria.

Palazzo San Giorgio

La fachada está decorada con los San Jorge y el dragón y en su parte posterior aún se pueden ver rastros de la construcción medieval.

Palazzo San Giorgio

Y es en esta parte trasera donde parte la Via al Ponte Reale, que nos conduce al casco histórico de la ciudad, donde los callejones son tan estrechos que abriendo los brazos se pueden tocar ambos extremos y apenas entra luz entre los edificios.

Paramos en la Piazza Bianchi, donde se localiza la primera Bolsa de Italia, la Loggia dei Mercanti, construida en 1855. También en la plaza se alza la Iglesia de San Pietro in Banchi.

Iglesia de San Pietro in Banchi

Es uno de los tres edificios religiosos (además de la catedral de San Lorenzo y de San Bernardo) que fueron construidos en la ciudad por el gobierno de la República de Génova. Esta iglesia se levantó a finales del siglo XVI en el lugar en que había habido ya un templo, pero que quedó reducido a escombros a finales del XIV.

Durante la II Guerra Mundial quedó gravemente dañada como consecuencia de un bombardeo aéreo. Tras la guerra fue restaurada siguiendo fotografías y grabados antiguos. La decoración de la fachada, que nunca se acabó, se sustituyó por frescos.

Siguiendo la Via San Pietro della Porta llegamos a la Via San Lorenzo, que nos conduce a la Catedral.

Via San Lorenzo

Imagino que normalmente es una calle muy transitada, sin embargo, con la lluvia, apenas había gente, salvo nuestros compañeros de crucero. Bueno, y las pinturas del suelo.

Via San Lorenzo

La Catedral de San Lorenzo fue construida gracias a los beneficios obtenidos en las Cruzadas y las obras se alargaron entre los siglos XII y XVI . Así, aunque comenzó a construirse en estilo románico, tiene elementos de varios estilos arquitectónicos como consecuencia del paso del tiempo. Lo primero que se construyó fue la fachada, y fue decorada con franjas de mármol horizontales blancas y negras, bastante común en Liguria (y que ya habíamos visto en Marsella). Por su parte, la mayoría de la estructura interior data del siglo XIV; mientras que el campanario y la cúpula son del XVI.

Catedral de San Lorenzo

La entrada principal se encuentra flanqueada por efigies de los cuatro animales del apocalipsis y la representación de Jesús en actitud de bendecir. La parte superior queda rematada por un gran rosetón.

El interior queda dividido en tres naves: una central y dos laterales (donde se encuentran las capillas). Me sorprendió su edificio con la combinación de columnas y piedra, aunque lo que más llama la atención es la bomba de la II Mundial que lanzaron las tropas británicas pero que afortunadamente no explotó. Los católicos lo consideran una intervención de Dios y el obús se venera como una figura religiosa.

Catedral de San Lorenzo

Catedral de San Lorenzo

La catedral es uno de los principales monumentos de la ciudad y la sede episcopal católica. Cuando se erigió, favoreció la fusión de los tres núcleos de la ciudad antigua y se convirtió en el corazón de Génova. Y es que por aquel entonces, la plaza era el único espacio público de la ciudad.

Bajo el edificio se encuentra el Museo del Tesoro de San Lorenzo, que alberga una colección de joyería y platería desde el siglo IX a la actualidad.

Seguimos bajo la lluvia hacia la cercana Iglesia de Jesús (Chiesa del Gesú).

Iglesia de Jesús (Chiesa del Gesú)

Data de la segunda mitad del siglo XVI y es de estilo barroco genovés. Destaca sobre todo su interior, donde alberga obras de Rubens.

Al lado se halla el Palazzo Ducale, uno de los símbolos más prestigiosos de la ciudad.

Palazzo Ducale

Se comenzó a construir en 1298, una época en la que Génova era una potencia en el Mediterráneo. Fue renovado en el siglo XVI, para darle una nueva apariencia más actualizada, tanto en su exterior, como en el interior.

A finales del siglo XVIII se le añadieron elementos neoclásicos durante la restauración posterior al incendio de 1777. Volvería a ser renovado de nuevo en el siglo XIX y a principios del XX.

Fue abierto al público en 1992 y ahora acoge grandes eventos y exhibiciones. Durante nuestra visita había una de Picasso.

Seguimos la Via di Porta Soprana que nos conduce, como no podía ser de otra forma, a la Porta Soprana, también conocida como Porta di Sant’Andrea ya que se encuentra en la cima del Piano di Sant’Andrea.

Porta Soprana

Esta puerta era uno de los antiguos accesos de la Génova Medieval. Fue construida en el siglo X para defenderse del imperio alemán. El aspecto actual sin embargo no es el original, sino que se corresponde con la restauración del siglo XII.

En el siglo XIV perdió su papel defensivo y con el desarrollo urbanístico se quedó integrada dentro del barrio de Ponticello. Sobre el arco de entrada, entre ambas torres, se construyó una casa en la que viviría el hijo del verdugo que había guillotinado a Luis XVI.

Porta Soprana

En el siglo XIX la casa fue ampliada y las torres se convirtieron en cárcel al igual que el cercano Claustro de San Andrea. Con la restauración de finales de siglo se incorporaron las águilas de los capiteles. La torre sur pasó por un lavado de cara en 1930 cuando se demolió el barrio de Ponticello.

Muy cerca, tomando el Vico dritto di Ponticello se encuentra la casa-museo de Cristobal Colón (o la que se cree que fue su casa), aunque nosotros no teníamos tiempo, por lo que continuamos por Via Dante, que nos lleva al centro neurálgico de la ciudad, a la Piazza de Ferrari.

Piazza di Ferrari

Le debe su nombre a Raffaele De Ferrari, Duque de Galliera, que en 1875 donó una importante suma de dinero para la ampliación del puerto.

Proyectada en la segunda mitad del siglo XIX, es la plaza más espectacular de la ciudad, y una que al parecer concentra gran bullicio de tráfico y gente. Aunque con la lluvia estaba el ambiente bastante tranquilo.

Se encuentra dominada por la monumental fuente de bronce circular con saltos de agua y rodeada de impresionantes edificios históricos.

Piazza de Ferrari

Piazza de Ferrari

En su entorno se erigen sedes de bancos y aseguradoras así como edificios de oficinas, por lo que también se la conoce como el centro financiero de Génova y hay quien se refiere a ella como la “city”. Además hay varios palacios y el Teatro Carlo Felice.

El Palazzo della Nuova Borsa Valori destaca por su recargada decoración y su planta semicircular. Pero también encontramos el imponente Palazzo Ducale, la antigua sede de gobierno de la región de Liguria. Aunque es su cara lateral la que da a esta plaza. Su fachada principal ya la habíamos visto en la plaza Giacomo Matteotti.

palazzo de Raffaele De Ferrari

El Teatro Carlo Felice es la principal ópera de la ciudad. También se usa para representaciones de ballet y música de orquesta.

Construido en 1827, es de estilo neoclásico. Aunque su aspecto se lo debe a una reconstrucción total tras haber quedado dañado como consecuencia de los bombardeos de la II Guerra Mundial.

Teatro Carlo Felice

Frente a él se halla la estatua ecuestre de Giuseppe Garibaldi, el militar y político italiano que promovió la unificación de Italia.

También en las proximidades está la Accademia Ligustica di Belle Arti, construida en el siglo XIX en el lugar en que se encontraba el convento de San Domenico.

Piazza de Ferrari

Y de plaza a plaza. Nuestra siguiente parada fue la Piazza di San Matteo, una clara muestra del poder de una gran familia genovesa en la Edad Media: los Doria. Todos los edificios en la plaza pertenecían a esta familia.

Piazza San Matteo

Su lugar es estratégico: muy cerca de la Catedral, de la Piazza Soziglia y de  la Via Luccoli. Además, por aquel entonces suponía el límite de la ciudad, por lo que controlaban las salidas. En el siglo XII, con los nuevos muros, quedó dentro del recinto urbano.

En el centro se halla el templo que le da nombre, la Abazzia de San Matteo.

Abazzia de San Matteo

Esta pequeña iglesia data de 1125 y fue erigida en estilo románico, aunque en el siglo XIII fue renovada con toques góticos. El promotor de esta construcción fue el benedictino Martino Doria, que era recaudador de impuestos. Se la dedicó a San Matteo porque era el patrón de su profesión, y con ello se convirtió también en el de la familia. Hoy el templo sigue perteneciendo a los Doria, e incluso el nombramiento del Abad ha de ser aprobado por ellos.

En el siglo XIII la plaza fue renovada. Se construyeron los palacios de Branca Doria y Lamba Doria, y se echó abajo la iglesia para levantar una más grande (desplazada hacia arriba y atrás) y con un diseño más acorde a las nuevas edificaciones. Así, se actualizaron las fachadas y se diseñaron con las franjas de mármol y pizarra tan típicas en las construcciones de la Edad Media genovesa.

Abazzia de San Matteo

Abazzia de San Matteo

A mediados del siglo XVI se construyó la tumba de Andrea Doria en la cripta, bajo el altar mayor.

Otros palacio de la familia son el Palazzo Lamba Doria, con un pórtico con cuatro arcos y formado por dos edificios unidos por sus fachadas; el de Domenicaccio Doria, con tres arcos ojivales; o el Gnecco Quartara (antes conocido como Giorgio Doria, pero comprado en 1826 por Andrea De Ferrari, padre del futuro duque de Galliera, Raffaele De Ferrari), con el portal del siglo XV que representa San Jorge y el dragón. En 1486 se construyó el último de los palacios, el de Lazzaro Doria.

Todos los palacios de Doria albergan importantes colecciones de arte en su interior.

Palazzo Lamba Doria

Piazza San Matteo

Tanto la plaza como las fachadas fueron renovadas en 1992 con motivo del aniversario del Descubrimiento de América, pero quizá ha llegado el momento de darles otro lavado de cara.

Tras intentar captar los detalles de la Piazza San Matteo y sus construcciones, volvimos sobre nuestros pasos hasta la Piazza di Ferrari para tomar allí la Via XX Settembre, una calle comercial de casi un kilómetro que conduce a la Piazza de la Vittoria, construida en tiempos del fascismo.

Via XX Settembre

Via XX Settembre

La Via XX Settembre es conocida por los locales también como Via Venti y además de tiendas, también predominan en ella oficinas, bares elegantes y algunos edificios históricos. Hasta los años 80 conservó salas de cine, hoy ya desaparecidas y trasladadas a los centros comerciales.

Para construir esta importante avenida hubo que demoler muchos edificios, con lo que no fue acogida con mucha expectación. Tras varias modificaciones, su desarrollo se llevó a cabo en dos fases y con problemas económicos.

Via XX Settembre

Podríamos haber seguido mucho tramo, pero como no teníamos mucho tiempo, tomamos la calle Sofia Lomellini y llegamos hasta la Piazza Corvetto, llamada así por Luigi Emanuele Corvetto, un político genovés de la época napoleónica. Es una de las plazas más grandes de la ciudad y de ella salen varias calles importantes como la Via Roma, Via XII Ottobre, Via Serra o Via Assarotti. También la Galleria Nino Bixio sobre cuya balaustrada se erigen dos estatuas de personajes ilustres de la ciudad: el almirante Andrea Doria y Guglielmo Embriaco, héroe de las cruzadas.

Galleria Nino Bixio

En la Piazza Corvetto, destacan sus jardines y parterres, así como la estatua ecuestre de Víctor Manuel II de Saboya.

Piazza Corvetto

También desde la plaza se ve el Palazzo Doria – Spinola, que es Patrimonio de la Humanidad.

Palazzo Doria - Spinola

Fue construido entre 1541 y 1543 para el almirante Antonio Doria, pero en 1624 pasó a la familia Spinola, de ahí su nombre compuesto. En 1876 fue vendido al ayuntamiento, y más tarde fue transferido a la provincia, momento en que se realizaron tareas de reacondicionamiento para poder establecer las oficinas. Como consecuencia de la construcción de la Via Roma en 1877 perdió la esquina derecha, la galería y el jardín.

Alberga hoy en día la Galería Nacional, el principal museo de arte de la provincia. Su colección incluye desde muebles hasta pinturas y esculturas que la familia Spinola donó al Estado en 1958.

Siguiendo la calle nos adentramos en la parte más histórica de la ciudad, que merece entrada aparte.

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Crucero por el Mediterráneo. Día 3. Aproximación a Italia

Amaneció un nuevo día con cambio de país. Llegábamos a Italia, país en el que habíamos estado brevemente en nuestra visita a Venecia en 2008 durante nuestro primer crucero. Aquella vez predominaba Grecia, esta vez, de seis paradas, tres eran italianas.

Hablar de Italia es complicado, casi tanto como hablar de Grecia. Es un país que ha heredado varias culturas antiguas como la de los etruscos, los griegos, los vénetos y los romanos; pero también ha sido cuna de diferentes artes en siglos más próximos (por ejemplo el Humanismo y el Renacimiento). Además, su capital es referencia religiosa, pues en Roma se encuentra el Vaticano, sede de la Iglesia Católica. Gracias a todo ello, Italia es el país que tiene mayor número de reconocimientos bajo el título Patrimonio de la Humanidad (51).

Génova

Génova

Iglesia de la Santa María de la Anunciación de los Catalanes

Mesina

El nombre Italia proviene de los ítalos, un pueblo que residía en el centro de la península. Con el tiempo el nombre se fue extendiendo a medida que la República Romana fue conquistando tribus y unificando territorios.

Según los yacimientos arqueológicos, Italia ha estado habitada desde el Paleolítico, aunque las primeros pueblos estudiados son los ligures, que se asentaron en el norte de Italia, Suiza y el sur de Francia (Niza) y que tenían conocimientos de agricultura y navegación.

En esa época, también residían en el centro de la península (en la Toscana) los etruscos. No se conoce mucho de ellos, quizá venían de Asia Menor. Los frescos, joyas y cerámicas que se han hallado en sus tumbas muestran que tenían un alto nivel artístico y cultural. Gracias al comercio pronto avanzaron hacia el norte, alrededor del valle del río Po (hoy Lombardía). También se extendieron hacia el sur, donde se encontraron con la Magna Graecia. A partir del siglo VIII a. C. llegaron griegos que crearon colonias en el sureste de la península. Poco a poco fueron naciendo ciudades-estado.

Los etruscos eran destacados orfebres e innovadores constructores navales. Además, conocían técnicas militares superiores. Sin embargo, eso no impidió que hacia el siglo V a.C comenzara la decadencia de Etruria como consecuencia de las invasiones celtas así como ataques de griegos y cartagineses. Finalmentente hacia el 40 a. C. fue conquistada por los romanos.

En la Edad de Hierro habían llegado a Italia pueblos indoeuropeos (latinos, sabinos, oscos y umbros) que se fueron asentado sobre todo en el centro y norte de Italia.

En el 753 a. C. a orillas del río Tíber se fundó Roma, una ciudad que acabaría siendo clave en la historia de Italia y Europa durante siglos. Nació como una sociedad agrícola, pero fue creciendo y pasó de monarquía etrusca (21 de abril del 753 a. C. hasta el 510 a. C.) a república romana latina (509 a. C.- 27 a. C.) y finalmente acabó convirtiéndose en todo un Imperio gracias a su excelente organización militar y civil.

Roma se hizo con tierras desde el Rin en Germania hasta el norte de África, abarcaba toda la Península Ibérica así como los actuales territorios de Francia, Gran Bretaña, Europa Central y Oriente Medio hasta Armenia. Bajo el dominio de Augusto hubo unos años de paz, un período de esplendor conocido como Paz Romana.

El Imperio Romano fue relevante tanto cultural como científica o técnicamente. En la época del imperio la cultura romana, el arte, la literatura y filosofía se propagaron. Todo el imperio tenía la misma moneda, el mismo código legal, la misma religión, la misma lengua (que evolucionaría en las diferentes lenguas romances), el mismo ejército… Se construyeron calzadas romanas para facilitar las comunicaciones en todo el territorio, se explotaron minas en Hispania y Britania y se erigieron puentes y acueductos para llevar agua a las ciudades. Todo este desarrollo urbanístico favoreció el comercio y la economía. Nació así la Ruta de la Seda, que conectaba Occidente con el Imperio Chino y la India.

Durante el reinado de Trajano el Imperio Romano abarcaba unos 6,14 millones de km². Iba desde el Océano Atlántico hasta las orillas del mar Negro, el mar Rojo y el golfo Pérsico; y desde el desierto del Sáhara hasta las tierras boscosas a orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia. Pero llegó un momento en que era difícil de gobernar un territorio tan amplio. Además, el ejército comenzó a revelarse. En el año 476 las Invasiones Bárbaras pusieron fin al imperio, aunque ya venía debilitándose y fragmentándose.

La Edad Media estuvo marcada por diferentes pugnas de poder entre diferentes pueblos que querían hacerse con el control de los territorios. En el norte dominaba el Sacro Imperio, el Papa y el poder de las ciudades-estados y en el sur el Imperio Bizantino, los musulmanes, los normandos, los angevinos, los aragoneses y los Borbones…

Entre los siglos X y XII cuatro ciudades destacaban en el comercio marítimo: Amalfi, Pisa, Génova y Venecia. También tenían su independencia (gobierno autónomo con forma de república oligárquica, moneda, ejército, etc.) como consecuencia de la falta del poder central. Otras ciudades que consiguieron el autogobierno gracias al comercio y la artesanía fueron Gaeta, Ancona, y Noli.

A finales de la Edad Media había seis Estados principales: el ducado de Saboya, el de Milán, las repúblicas de Florencia y Venecia, los Estados Pontificios y el reino de Nápoles.

El norte se había desarrollado más gracias a las ciudades-estado y a la llegada de mercaderes durante el siglo XII y XIII. Esto conllevó al Renacimiento en el siglo XV, una época en la que resurgieron las artes y las ciencias. En un principio nació en la literatura, pero el mecenazgo favoreció otras disciplinas y áreas intelectuales. En este movimiento destacan artistas como Leonardo Da Vinci, Michalangelo Buonarotti, Sandro Botticelli, Dante Aligheieri y Francesco Petraca.

El movimiento comenzó en la Toscana, en las ciudades de Florencia y Siena, gracias a la influencia de los eruditos griegos. Pronto tuvo impacto en otras ciudades como Milán y Venecia. También el Papa quiso hacer cambios en edificios en Roma. Y después se extendió por el resto de Europa. Aún así, no hay que olvidar que los cambios estaban concentrados en las clases altas y que para la mayoría de la población no supuso gran diferencia esta etapa con la Edad Media.

Políticamente fue un período en el que diferentes países luchaban por hacerse con el poder. Así, el Renacimiento terminó a mediados del siglo XVI debido a las Guerras Italianas provocadas por la rivalidad entre Francia y España y las continuas sucesiones dinásticas. Las ciudades-estado perdieron su autonomía y quedaron bajo dominio extranjero.

La España de Carlos I pasó a controlar Milán, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, la parte sur de la Toscana y algunos estados pequeños del norte. Sin embargo, la decadencia del Imperio Español en el siglo XVIII por las numerosas guerras que tuvo que encarar arrastró también a los territorios italianos. La Guerra de Sucesión Española tras la muerte de Carlos II implicó casi a toda Europa. Y mientras en la Península Ibérica se libraban las batallas, el duque de Saboya y el de Austria se hicieron con las posesiones españolas en Italia.

Tras la guerra, Milán, Nápoles y Cerdeña pasaron a los Austrias, mientras que Sicilia pasó a la Casa de Saboya. Después Carlos III conquistó el Reino de las Dos Sicilias, que le pasaría a su hijo Fernando I. Tras la muerte de Carlos IV, su hija María Teresa I de Austria heredó la corona, pero no era reconocida por las potencias europeas, lo que desembocó en una guerra entre Prusia, Francia y España. Cuando María Teresa se casó con Francisco, la Toscana se incorporó a la casa Habsburgo-Lorena.

A finales de siglo XVIII llegó Napoleón, quien puso fin al dominio austriaco, reorganizó los territorios en repúblicas, abolió el poder de los papas y deportó a Pío VII a Savona. Después unió las diversas repúblicas en el Reino de Italia. Solo Sicilia y Cerdeña quedaron fuera de su dominio.

En 1814, con el Congreso de Viena, Italia quedó dividida en ocho partes, la mayoría bajo dominio extranjero. Tras la caída de Napoleón, comenzó a despertar un sentimiento revolucionario de carácter de independencia: El Risorgimento. Nació desde el odio hacia la dominación extranjera. Los patriotas se alzaron en 1848 contra los austriacos en Milán y Venecia, contra los Borbones en Sicilia y contra el Papa en Roma, donde se declaró la República.

Víctor Manuel II encabezó un movimiento que en apenas dos años se hizo con todo el territorio. Nombró a Camillo Benso Di Cavour presidente del consejo de ministros, quien consiguió crear el Reino de Italia, en el que solo el Véneto y Roma quedaban excluidos (tardarían una década en caer). Por su parte, Giuseppe Garibaldi unificó Nápoles y Sicilia, que en 1861 sirvió para que Cavour declarara un reino unificado. En 1866 se anexionó Véneto y, finalmente, en 1870 Roma, convirtiéndola en capital y confinando al Papa Pío IX en el Vaticano, ya que no quería entregar el poder. En 1871 Italia estaría unificada como monarquía parlamentaria constitucional.

El nuevo estado unificado sin embargo tenía sus problemas. Mientras que el norte se industrializaba rápidamente, por contra el sur (y zonas rurales del norte) estaban subdesarrolladas y sobrepobladas. Además, había un número alto de analfabetismo y grandes diferencias culturales. Ni siquiera había una lengua común. En cuanto a política exterior, comenzó una expansión colonialista: Eritrea, Somalia y Abisinia. Además, el nacionalismo italiano reclamaba las “Tierras italianas irredentas”, ciudades y regiones que consideraban propias, como algunas ciudades fronterizas de Croacia o Austria; Niza, Saboya, Córcega o Malta. Tras una guerra con Turquía entre 1911 y 1912 se hizo con territorios de Libia y algunas islas del Egeo.

Al estallar la I Guerra Mundial Italia se mantuvo neutral. Sin embargo, debido a presiones de sectores nacionalistas y de izquierdas, en 1915 acabó uniéndose a los Aliados y declarándole la guerra a Austria a cambio de varios territorios (Trento, Trieste, Istria, Dalmacia). Al fimar la paz recibió Trento, Trieste e Istria, no así Dalmacia que pasaría a Yugoslavia.

Tras la I Guerra Mundial hubo agitaciones socialistas inspiradas por la Revolución Rusa, sin embargo, tuvieron un resultado diferente, ya que provocaron una contrarrevolución. El Partido Nacional Fascista, liderado por Benito Mussolini, se convirtió en una importante fuerza política. Su reacción a las huelgas fue mejor aceptada que la del propio gobierno gracias al discurso del miedo. Fue ganando adeptos hasta que en octubre de 1922 los fascistas intentaron llevar a cabo un Golpe de Estado con la Marcha sobre Roma, pero fracasó. Aunque no del todo, ya que el Rey Víctor Manuel III convirtió a Mussolini en Primer Ministro.

Nació la dictadura fascista y en los años siguientes se prohibieron los partidos políticos, se controló a la prensa y a los sindicatos y se recortaron libertades personales para así “prevenir” nuevas revoluciones. En 1929 Mussolini pactó con la Iglesia Católica y les permitió crear el Estado del Vaticano. Mientras tanto, la política exterior se centró en las colonias. En 1936 invadió Etiopía y en 1937 se creó el Imperio Italiano de África Oriental. Además, Italia se unió a la Alemania nazi para apoyar a Franco en la Guerra Civil Española. Cuando Alemania se anexionó Austria e invadió Checoslovaquia, sin avisar a Mussolini, este decidió anexionarse Albania pese a la oposición del rey Víctor Manuel III.

Cuando comenzó la II Guerra Mundial, Italia también se mantuvo neutral, sin embargo, en 1940, cuando Francia estaba en horas bajas, decidió declarar la guerra esperando que así Gran Bretaña pediría la paz. Algo que no ocurrió. Hitler invadió Polonia, Francia y Dinamarca y Mussolini decidió hacer lo propio con Grecia atravesando Albania. Sin embargo, lo que él esperaba que fuera rápido, le llevó más tiempo y esfuerzo y al final tuvo que intervenir en 1941 Hitler en coalición con Bulgaria y Hungría. Entre 1941 y 1942 Italia consiguió extender su control en el área central del Mediterráneo.

Con la entrada de EEUU y la fallida invasión de la URSS, el Eje perdió poder. Además, en 1943 Italia fue derrotada en el norte de África y Sicilia fue invadida. El rey Victor Emmanuel III mandó arrestar a Mussolini y nombró Primer Ministro al mariscal Badoglio. Este nuevo gobierno comenzó a negociar el armnisticio con los aliados, algo que no gustó en Alemania, que envió tropas a Italia. Hitler se hizo con el norte de Italia, y tras la liberación de Mussolini, la zona se convirtió en la República Social Italiana. En aquel momento surgió la Resistencia Partisana, que se oponía al fascismo y al nazismo y consiguió desestabilizar su poder y expulsar a los nazis. La liberación italiana se llevó a cabo en abril de 1945 y Mussolini fue fusilado. Casi un millón de italianos murieron en la guerra y el país quedó sumido en la pobreza.

El 2 de junio de 1946 tuvo lugar un referéndum en el que por primera vez pudieron votar las mujeres (el sufragio universal masculino se aprobó en 1913). El rey, que había estado implicado en la II Guerra Mundial y en la dictadura, tuvo que abdicar al proclamarse la República.

El 1 de enero de 1948 entró en vigor la Constitución Republicana. En aquel momento Italia redibujó sus fronteras. La mayoría de la Venecia Julia pasó a Yugoslavia y Trieste quedó dividida entre los dos estados. También se perdieron todas las posesiones coloniales y se dio por acabado el Imperio Italiano. En las primeras elecciones en abril de 1948 hubo una pugna entre el partido apoyado por EEUU: el Partido Democracia Cristiana, y los respaldados por la URSS, el Partido Socialista Italiano y Partido Comunista Italiano. El miedo al comunismo le dio el triunfo al PDC, un partrido que ha estado muy presente en los gobiernos de Italia desde la guerra hasta la década de los 80.

En 1949 Italia se unió a la OTAN y en 1955 a las Naciones Unidas. Comenzó a remontar económicamente gracias al Plan Marshall. En 1957 fue miembro fundador de la Comunidad Económica Europea, antecesora de la Unión Europea.

Desde finales de los años 60 hasta finales de los 80 se vivieron los conocidos anni di piombo (años de plomo). La crisis del petróleo, la guerra fría y los gobiernos que duraban apenas unos días desembocaron en una crisis social. Esta insatisfacción se tradujo en revueltas callejeras. La violencia fue escalando hasta que en 1978 las Brigadas Rojas asesinaron al líder cristianodemócrata Aldo Moro. Los servicios secretos italianos intervinieron deteniendo a activistas de extrema izquierda. En 1980 tuvo lugar el brutal atentado en la estación de tren de Bolonia que dejó a 85 muertos. La masacre fue atribuida a Ordine Nuovo, un grupo terrorista de ultraderecha, pero nunca se llegó a aclarar.

En los años 80 se produjo una alternancia de gobierno. En 1981 consiguió llegar al gobierno Giovanni Spadolini (liberal) y en 1983 Bettino Craxi (socialista), aunque Democracia Cristiana siguió siendo el principal partido. Durante el gobierno socialista la economía se recuperó e Italia se convirtió en la quinta nación más industrializada, no obstante, la deuda se disparó como consecuencia de los gastos del gobierno.

En los años 90 Italia tuvo varios escándalos judiciales. Por un lado, el ex Primer Ministro democratacristiano Giulio Andreotti fue acusado de colaborar con la mafia. Por otro, salió a la luz la Operación Gladio, en la que los servicios secretos de la OTAN habían llevado a cabo actividades anticomunistas.

El 92 fue un año movido. Las elecciones reflejaron el hartazgo de la población y el castigo a los políticos que llevaban años de inmovilismo y acumulando deudas. Además, la Operación Manos Limpias había descubierto flagrantes casos de corrupción. Aunque estaban todos los partidos involucrados, especialmente era notable en Democracia Cristiana, que llevaba 50 años en el poder. Así, los partidos sufrieron una gran crisis y se reorganizaron. Por ejemplo, los comunistas se reconvirtieron en fuerza socialdemócrata. También fue el año en que la mafia asesinó al juez Giovanni Falcone.

En 1996 ganó las elecciones una coalición de centro izquierda, el Olivo, encabezada por Romano Prodi, pero las tensiones internas hicieron que tan solo dos años después hubiera nuevas elecciones. En 1998 se formó una coalición de centro-izquierda que incluía a los comunistas por primera vez en cincuenta años. A la cabeza estaba Massimo D’Alema, quien dimitiría en 2000 tras unos malos resultados en las elecciones regionales.

En 2001 ganó las elecciones Silvio Berlusconi. Este magnate de los medios de comunicación (es dueño de tres cadenas de televisión) aprovechó la crisis de los partidos tradicionales para formar el partido de centro-derecha Forza Italia. Gobernó en coalición con la separatista Liga Norte y otros partidos de corte neofascista como Alianza Nacional. La coalición de Berlusconi no consiguió renovar la presidencia en 2006 y Prodi volvió al poder con la alianza centroizquierdista L’Unione. Aunque volvió a haber alternancia en 2008, cuando Berlusconi volvió a ganar. Eso sí, fueron unos años de escándalos y de maniobras en los que el Primer Ministro intentó modificar las leyes en su propio beneficio. Tres años más tarde, atrapado entre juicios de corrupción y otros personales, tuvo que dejar la presidencia.

Le sucedió Mario Monti, que tampoco duró mucho y fue sustituido en 2013 por Enrico Letta, quien solo estuvo un año en el cargo. En 2014 Matteo Renzi asumió la presidencia, y tras dos años dimitió tras un referéndum fallido y le tomó el relevo su ministro de Exteriores Paolo Gentiloni, cuyo Gobierno fue el número 65 desde enero de 1946. Demasiados para tan poco tiempo, pero es la consecuencia del sistema electoral italiano. La Constitución favorece deliberadamente las coaliciones. Es algo que se tuvo en cuenta cuando se redactó, para que así se pudieran unir el norte y el sur y no llegara un gobernante demasiado poderoso (no querían repetir sus errores). De esta forma, el Primer Ministro necesita tener mayoría en ambas cámaras para poder gobernar. Y además mantenerlo, si no, tendrá que renunciar.

Así pues, si ya de por sí estas coaliciones tienen sus propias tensiones, además le unimos que los partidos no están unidos y las diferentes corrientes chocan entre sí, el resultado es la inestabilidad. A principios de los 90 se cambió la ley electoral para intentar favorecer gobiernos de mayoría y desde entonces los gobiernos duran el doble de lo que lo hacían antes de la modificación. Aún así, sigue habiendo problemas. En 2017 se aprobó la Rosatellum bis, una nueva ley electoral que ha resultado ser un caos a la hora de formar gobierno. El primer domingo de marzo de 2018 hubo elecciones y ninguna agrupación ni partido político ganó por mayoría absoluta. El “partido” más votado fue el Movimiento 5 Estrellas, liderado por Luigi Di Maio y la coalición de derechas ganó por mayoría simple en la Cámara de Diputados y en el Senado.

El 5 de marzo, Matteo Renzi anunció que su partido, el PD, estaría en la oposición durante la legislatura y que una vez se forme un nuevo gabinete, renunciaría como líder. Por su parte, Matteo Salvini reiteró la promesa que realizó durante la campaña de no formar coalición con el M5S. Sin embargo, el 1 de junio se convirtió en Vicepresidente y Ministro de Interior del Gobierno de Italia gracias al acuerdo de la Liga Norte con el Movimiento 5 Estrellas.

Se encontraron con alguna traba a la hora de formar gobierno, ya que Sergio Mattarella, Presidente de la República, rechazó la propuesta de Paolo Savona (euroescéptico) como Ministro de Economía. Parecía que aquello iba a conducir a unas nuevas elecciones tan solo 83 días de haber celebrado unas, pero finalmente salieron del bloqueo al proponer a Giovanni Tria, quien no defendía salir del Euro.

En el nuevo Gobierno el Movimiento 5 Estrellas (M5S), controla nueve ministerios, siendo Di Maio el responsable de Desarrollo Económico, Trabajo y Políticas Sociales. Los otros ocho son: Defensa, Infraestructuras y Transportes, Sanidad, Cultura y Turismo, Justicia, Sur, Relaciones con el Parlamento y Medio Ambiente. Por su parte la Liga ostenta ministerios clave. Sin ir más lejos, Salvini ocupa Interior y el rechazado Savona ha acabado en el Ministerio de Asuntos Europeos. Además cuentan con Agricultura, Educación, Discapacidad y Familia, Asuntos Regionales y Autonomías y Administración Pública.

El partido de ultraderecha con su lema “Los italianos primero” (que recuerda al America First de Trump) parece ganar cada vez más puntos en intención de voto (al poco de formarse el gobierno las encuestas le daban ya 14 más que lo que lograron en las elecciones). Italia, con sus políticas antiinmigración y antiEuropa está cada vez más cerca de Hungría, Polonia o Austria. El rumbo que está tomando Europa recuerda al siglo pasado.

Política aparte, el territorio italiano está organizado en veinte regiones administrativas divididas en cinco áreas:

Noroccidental: Liguria, Lombardía, Piamonte y Valle de Aosta.
Nororiental: Emilia-Romaña, Friuli-Venecia Julia, Trentino-Alto Adigio y Véneto.
Central: Lacio, Marcas, Toscana y Umbria.
Meridional: Molise, Abruzos, Apulia, Basilicata, Calabria y Campania
Insular: Cerdeña y Sicilia.

Aunque la mayor parte de su territorio se encuentra en Europa, Italia es un país bicontinental, ya que posee varias islas en el norte de África. Su territorio europeo lo conforman la Península Itálica, el valle del Po y dos grandes islas en el mar Mediterráneo: Sicilia y Cerdeña, mientras que el territorio africano lo conforman las islas de Lampedusa, Lampione y Pantelaria. En el norte está bordeado por los Alpes, donde limita con Francia, Suiza, Austria y Eslovenia. Los estados independientes de San Marino y Ciudad del Vaticano son enclaves dentro del territorio italiano. A su vez, Campione d’Italia es un municipio italiano que forma un pequeño enclave en territorio suizo.

La mayoría de la población se concentra en grandes ciudades, destacando Roma (la capital política) y Milán (la capital económica).

A pesar de ser un país pequeño, existen grandes diferencias entre las regiones. En el sur la gente es más tradicional y la estructura social está fuertemente influenciada por la religión católica. Así, se le da mucha importancia a los lazos familiares y a la familia tradicional.

También hay diferencias en cuanto al idioma. El oficial es el italiano, claro, pero también se hablan algunos dialectos, así como alemán y francés en las zonas fronterizas.

Génova

El italiano proviene de una variedad del toscano, y así se identificaba claramente hasta el siglo XVI. A partir de ese siglo, gracias a la expansión del Renacimiento y de su literatura, la lengua que hasta el momento era local, se extiende imponiéndose a otras.  Hacia 1550 se escribieron gramáticas y vocabularios italianos destinados a extranjeros para la comprensión de la cultura. Para finales de siglo las publicaciones en esta lengua habían superado por primera vez en Italia a las escritas en latín. En una época en la que aún no había unificación del país, por el contrario ya comenzaba a haberla del idioma. Eso sí, era una lengua elitista, claro. Tan solo hablaba este italiano aquella minoría que había cursado estudios superiores. El resto de la población seguía usando sus dialectos locales.

Con la unificación fue elevada a lengua oficial y comenzó la alfabetización de las masas. Así, nació un italiano estándar que en el siglo posterior se extendería más aún gracias a la difusión de los medios de comunicación. El italiano se convirtió en la lengua materna de toda la población y los dialectos quedaron en un segundo plano. No obstante, siguen presentes y varía mucho de unas regiones a otras la entonación, el vocabulario e incluso las formas verbales. Pero es lo mismo que ocurre con el castellano de Andalucía o el que se pueda hablar en Galicia. No todos hablamos igual.

Asimismo, la gastronomía refleja esta variedad cultural de sus regiones. Se la conoce por la pizza, la pasta o el rissotto, pero tiene mucho más. Es puramente mediterránea, con elementos griegos, turcos y árabes.

Pasta

Génova

Pastelería

Postres

Cannolo

Italia está entre los 5 países más visitados en el mundo cada año. Atrae a millones de turistas gracias a la gastronomía, pero también por la historia y las artes. Y claro, no nos podemos olvidar del turismo religioso y del de relax y playa. Nosotros la playa, poco. No solo porque era noviembre, sino porque el día nos sorprendió lluvioso. Sin embargo, eso nos iba a frenar.

Desayunamos y tras prepararnos para afrontar la jornada, desembarcamos. Bueno, no fue tan rápido en realidad. En Marsella habíamos bajado tranquilamente porque no lo hicimos nada más atracar, sino que paramos previamente en el comedor para hacer el cambio de turno. Sin embargo, en Génova la apertura de puertas se retrasó un poco con respecto a la hora prevista y se formó una buena cola. O barullo, porque realmente parece que los italianos son poco dados a las filas y se intentan meter en cualquier hueco sin ningún tipo de pudor. Además, para más inri, al tratarse de un crucero que tiene embarque y desembarque en cada parada, había gente que se marchaba ese día e iba cargada hasta arriba de bultos, con lo que empujaban y golpeaban. Supongo que muchos tenían prisa por el transporte de enlace.

La verdad es que me parece un gran error que se habilite una única salida para los de desembarque y para el resto de viajeros que van a hacer excursión, bien contratada, bien por libre. O das prioridad a unos antes que a otros, o mejor habilita dos salidas. Pero claro, eso supondría poner el doble de tripulación destinada al desembarque.

En cualquier caso, nos pusimos a la cola armados de paciencia listos para descubrir Génova.

Génova

Escape Room: Dr. Green/Original, AdventureRooms

Tras el éxito en Alcatrax, repetimos equipos para hacer otro Roombate. Nos costó mucho decidirnos por una sala, pero finalmente elegimos Dr. Green/Original de AdventureRooms.

Esta sala es la primera de la empresa, de ahí su nombre (o no nombre). Gabriel Palacios Sánchez (Si el nombre no suena muy suizo esto es porque sus padres eran de Toledo y emigraron a Suiza en los años 70), profesor de física de instituto en Berna, lo ideó para que sus alumnos pusieran en práctica lo aprendido en clase. Cuando los chavales llegaron a casa contando la experiencia, los padres y amigos también quisieron participar, así que Gabriel, junto con su hermano, crearon una empresa para comercializar la sala que ahora está presente en más de treinta ciudades del mundo.

El juego nació sin temática, sin embargo, al lanzarlo al público en general le añadieron una historia para que tuviera cierto hilo conductor. Y de ahí le viene el sobrenombre, Dr Green. Este científico, el Doctor Jack Green, ha vivido obsesionado durante años investigando la mente del ser humano llevando a cabo en la clandestinidad métodos poco ortodoxos. Quería demostrar que la mente puede ser estimulada para ello encerraba a personas durante 60 minutos en una jaula. Los individuos tenían que conseguir abrir la puerta gracias al ingenio. De lo contrario, un gas acabaría con sus vidas.

Llegamos al local puntuales pero nos tuvieron esperando en la calle como cinco minutos. Había un game master dando las indicaciones a un grupo y el nuestro parece que estaba colocando las salas. Aprovechamos para hacer un repaso de los escaparates y de las paredes del local, pintadas de rojo y llenas de firmas y post-it con frases, fechas y tiempos. Tras rellenar la documentación y pagar, nos explicaron el funcionamiento de la sala. Íbamos a un duelo, pero no era como nuestra vez anterior, sino que aquí el juego consiste en atrapar en menor tiempo posible al otro grupo y ese a su vez escapar sin que sean atrapados. Para ello se cuenta con la mitad del tiempo: 30 minutos. Pasado ese lapso, se invierten los papeles.

Mi cara fue un poema. Yo esto no lo había leído en su web. Pensé que nos meterían en dos salas gemelas y que contaríamos con una hora para escapar y además hacerlo antes que el equipo rival. Pero eso de cambiar las tornas, ¿qué sentido tiene? Pues ninguno, realmente. Ya veremos porqué.

Éramos dos equipos de cuatro, unos científicos, otros cobayas. Tras la explicación entramos cada uno a nuestra sala. Mi equipo era el de los científicos, por lo que tengo un relato parcial de lo que ocurrió. A nosotros cuatro no se nos dio mal. Empezamos bastante bien y participamos todos. Al ser una sala antigua había mucho candado, aunque también había alguna cerradura y algún ejercicio de observación muy bien planteado. A medida que pasaban los minutos había pruebas más variadas de las que pensábamos de inicio e íbamos bastante enchufados, pues no necesitamos ninguna pista. Sin embargo, cuando nos quedaban dos enigmas por resolver y a falta de cuatro minutos para la media hora, las cobayas entraron en nuestra sala.

Reloj congelado y momento de cambiar posición. Salimos todos de la sala y el game master volvió a entrar, primero en una y luego en otra, a reorganizar todo. Nos cortó totalmente el ritmo del juego. Estuvimos esperando unos 10 minutos fácil, tiempo que empleamos en picarnos entre nosotros, dándonos supuestas pistas y dejando caer comentarios en clave para despistar.

Cuando finalmente nos dejó volver a entrar nos encontramos en una sala mucho más pequeña con poco que buscar. Contábamos con 34 minutos para no solo salir de nuestra sala, sino para atrapar a los contrincantes y, si aún no habían salido, ayudarles a terminar para escapar. Empezamos bien y encontramos varios objetos y claves para un par de candados. Solucionamos con cierta destreza una prueba de mecanismos y cuando el reloj marcaba el minuto 19 nos quedamos totalmente bloqueados. No había más objetos, ya habíamos usado varios y lo que nos quedaba por usar no nos daba ningún resultado.

Momento de pedir pista, pues. Pero el game master nos puso los grillos. Un par de minutos después nos aparecieron un par de pistas en la pantalla que no tenían mucho sentido, pero seguimos dando vueltas a la habitación a ver qué era lo que se nos estaba escapando. Pero nada. Nos quedaban 15 minutos y el game master seguía ignorándonos. Pedíamos pista y no nos escribía nada. Llegué a pensar que se había marchado al baño o que estaba de cháchara con algún compañero. Finalmente, cuando el reloj iba por el 13 nos hizo caso y nos puso la solución en la pantalla. El objeto en cuestión no funcionaba, no es que se nos hubiera escapado nada.

Resolvimos una prueba más, conseguimos la llave y pasamos a la sala de los científicos a falta de 9 minutos. Una pena, pues si hubiera funcionado correctamente o nos hubiera hecho algo más de caso y detectado que algo no iba bien, tendríamos fácilmente 15. Pero bueno, el otro equipo iba bastante avanzado y yo recordaba dos claves, así que enseguida nos pusimos a ayudarles. Nos faltaba la prueba final, para lo que, esta vez sí, el game master nos dio una pista y finalmente salimos todos juntos cuando nos sobraban unos 3-4 minutos.

En el post-juego comparamos nuestras experiencias. A nosotros nos había fallado un objeto, pero al equipo rival les falló un mecanismo y el game master tuvo que parar el tiempo y entrar. Un fallo es comprensible con tanto mecanismo, puzle y demás, pero dos… Ahí ya hay un problema de mantenimiento.  El tema de las pistas nos vino a decir algo así como que ante el vicio de pedir, la virtud de no dar. Que está muy bien dejar jugar y, si ves que el equipo va bien de tiempo, que le dé otra vuelta. Pero en otros casos que nos ha ocurrido siempre nos han respondido. Un “chicos, vais bien, aún no os puedo dar pista” aunque sea… Pero la falta de respuesta daba la sensación de abandono.

El escape si se hace de forma tradicional creo que está bastante bien. Guarda cierta coherencia, tiene sentido y ritmo. Aunque es una sala tradicional, tiene suficiente variedad incluso con la cantidad de candados que te encuentras. Además, casi todo es manipulable y el decorado interviene de una forma u otra en el juego. Sin embargo, el modo duelo no tiene sentido. Por un lado, por la espera para cambiar de sala. Si no puedes duplicar, no hagas esa chapuza. Por otro lado, las pantallas que muestran el tiempo y las pistas están sincronizadas, por lo que las pistas de un equipo se ven en la otra sala y viceversa. De ahí que viéramos unas pistas que no tenían sentido.

Pero lo principal es que normalmente la primera sala es mucho más corta. Normalmente están planificadas para unos 15 minutos. Si tiene dos más (como en este caso), suelen tener pautado media hora para la segunda y otro cuarto de hora para la final. Así, siempre va a pillar el equipo de cobayas al de científicos, pues tienen muchas menos pruebas que resolver. Que si está planteado para que los dos grupos se junten al final, perfecto, pero entonces no lo llames duelo, porque se convierte en colaboración.

En definitiva, una buena sala con algunos mecanismos por revisar y desde luego para hacer en el modo tradicional.

Crucero por el Mediterráneo. Día 2. Marsella II

Desde el Memorial de la Marsellesa seguimos dirección al puerto. Tomamos la Rue de Bir-Hakeim hasta el Palacio de la Bolsa. Inaugurado en 1862 por Napoleón III, alberga la Cámara de Comercio más antigua de Francia y también el Museo Marítimo y Económico de Marsella.

Palacio de la Bolsa

Fue el primer edificio que se erigió en el Segundo Imperio y supuso el punto de partida de una gran ola de construcción de edificios públicos en Marsella en la mitad de siglo XIX. En su día no tenían muy claro el lugar en que debería ubicarse, puesto que había partidarios de que se construyera cerca del ayuntamiento y otros de que se hiciera cerca de la plaza real. Finalmente se decidió que fuera frente a la Plaza de la República.

Al lado, encajonada entre edificios, se encuentra la Iglesia Saint Ferreol Les Augustins.

Iglesia Saint Ferreol Les Augustins

Se erige en el lugar en que un día hubo una capilla y ha sufrido muchos cambios a lo largo de los siglos. Del momento de su construcción tan solo se conservan las paredes principales y las capillas laterales. Su fachada, por su parte, data del siglo XIX.

Iglesia Saint Ferreol Les Augustins

La parte trasera no tiene mucho que ver con esta delantera de estilo neobarroco que mira al puerto.

Y aunque habíamos llegado de nuevo al agua, volvimos a adentrarnos, esta vez por la Rue de la Republique.

Rue de la Republique

Originalmente llamada Calle Imperial, fue diseñada a mediados de siglo XIX dentro del nuevo plan urbanístico para unir el puerto viejo con el nuevo de mercancías. Tras tirar casi mil casas y unas obras que duraron 24 meses, finalmente se inauguró en 1864 con la presencia de Napoleón III.

La calle ha sido renovada a principios de este siglo y acoge muchas tiendas de renombre así como hoteles de cuatro estrellas.

Giramos a la izquierda en la Grand Rue, pues en el número 27 se encuentra la casa más antigua de Marsella que queda en pie, el Hôtel de Cabre.

Hôtel de Cabre

Data de 1535 y tiene una combinación de estilos gótico y renacentista. Fue construida para el conde de Cabre, comerciante y regidor de Marsella.

Desde el siglo VI a.C. la Grand Rue ya era una de las calles más transitadas de la ciudad. Daba acceso a los edificios públicos y era usada para los mercados y las ventas de los artesanos.

En 1943 los alemanes acorralaron a la población y enviaron unos 25.000 habitantes a campos de concentración. Después bombardearon las áreas viejas destruyendo 1.924 edificios. Tan solo unos pocos se salvaron, y este edificio fue uno de los afortunados.

Placa conmemorativa a la población deportada a campos de concentración

En 1954, cuando se reconstruyó la zona, la casa fue trasladada y girada 90º para que quedara alineada a la calle principal. De ahí que no coincida el nombre de la calle que figura en la placa con el que tenía tallado en su día.

Hôtel de Cabre

Se aprovechó para rehabilitar también su fachada, que estaba dañada por las explosiones de los nazis. Y creo que va siendo hora de que le den un lavado, porque está muy ennegrecida.

Siguiendo la Grand Rue pasamos por el Intercontinental – Hotel Dieu, que data del siglo XVIII.

Intercontinental Hotel Dieu

El primer Hotel Dieu en Francia surgió en el siglo VII, parece que como hospital de peregrinos. Sin embargo, poco a poco su función fue cambiando. Cuando la Cofradía del Espíritu Santo llegó a Marsella en 1166 se estableció aquí y fundó el Hospital del Espíritu Santo, un conjunto de casas que se comunicaban entre sí. En el siglo XIII pasó a ser municipal y en 1344 se fundó el Hospital de Santiago de Galicia, exclusivo para mujeres. En 1593 se unifican ambas instituciones como Hotel Dieu.

La población siguió creciendo con los siglos, a pesar de las epidemias, y el hospital se queda pequeño, con lo que se realizan diferentes ampliaciones en varios momentos de su historia. En 1865, por ejemplo, se le añadieron las dos alas laterales al edificio principal.

En 1993 cesó su actividad y se convirtió en un centro de enseñanza de enfermería. Sin embargo, duró poco, ya que en 2006 cerró y ya volvió a abrir como Hotel de 5 estrellas en 2013. Cuenta con 194 habitaciones, dos restaurantes, un bar, una terraza con capacidad para 160 personas, una Spa y una piscina cubierta. Además, cuenta con unas vistas despejadas del puerto, ya que se encuentra en un alto y no tiene edificios delante, sino una plaza.

En ella se halla la Casa de diamantes, que recibe su nombre por su peculiar fachada.

Casa de diamantes

Se cree que fue construida entre finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, así que es una de las más antiguas de la ciudad. Copia el estilo de los Medici en Italia y, aunque fue erigida a petición de ricos comerciantes italianos y españoles, ha sido residencia de familias importantes de Marsella.

Es Monumento Histórico desde 1925 y consiguió sobrevivir a la destrucción del barrio en 1943. Desde 1967 alberga colecciones del Museo de la Antigua Marsella.

Al lado se encuentran las oficinas del Ayuntamiento, uno de los pocos edificios que han sobrevivido a la guerra.

Ayuntamiento

Es de estilo barroco provenzal con reminiscencias genovesas y los marselleses lo apodan “la logia”. Su fachada, como no podía ser de otra forma, mira al mar. Está construido en piedra rosa de la Corona, como muchos monumentos de Marsella del Antiguo Régimen.

Conserva la estructura de la época en la que los mercaderes y los concejales no se relacionaban. Así, los primeros estaban en la planta baja y los segundos en la primera sin ningún tipo de escalera que los comunicara. Hoy, si se quiere ir de una planta a otra, hay que atravesar el edificio trasero que lo conecta por medio de un puente.

En una de las paredes laterales hay una inscripción que reza:

Tous citoyens habitants de la même commune sont garants civilement des attentats sur le territoire de la commune soit envers les personnes soit contre les propriétés.

Ayuntamiento

Esta inscripción data de finales del siglo XVIII y hace responsables a los propios habitantes del barrio de los ataques en el territorio de su propio municipio, ya sea a personas o bienes. De esta forma el Estado se lavaba las manos ante manifestaciones o revueltas en las que no podía comprobar quién había causado los daños.

Me llamaron la atención el león y el toro sostenidos por una especie de alzas en lugar de por un pedestal, aunque quizá eran temporales. No nos acercamos mucho, pues parece que había una boda y no quisimos molestar.

Ayuntamiento

Muy cerca se encuentra el Musée des Docks Romains, un museo dedicado a la vida y actividad portuaria de Marsella entre los siglos VI a.C. y el IV d.C. Pero como no teníamos tiempo para entrar, seguimos hasta la Iglesia Notre Dame des Accoules.

Iglesia Notre Dame des Accoules

Es una de las iglesias más antiguas de Marsella y lugar simbólico del barrio de Panier. Fue destruida durante la Revolución porque había albergado reuniones políticas y reconstruida en el siglo XIX. Hoy, sin embargo, solo se conserva el campanario.

A partir de aquí nos adentramos en el barrio histórico de Panier, el lugar en que nació la ciudad cuando se establecieron los griegos. El nombre se lo debe a un albergue del siglo XVII que se llamaba “Le Logis du panier”.

En el siglo XVIII se convirtió en el barrio obrero cuando los burgueses se mudaron a los nuevos barrios de la zona este. Un siglo más tarde era el distrito marinero y adquirió mala reputación como consecuencia de la prostitución y las mafias. En 1943 los alemanes también dinamitaron Le Panier y quedó prácticamente en ruinas. Tras su rehabilitación se convirtió en un barrio multicultural habitado por argelinos, magrebíes, vietnamitas… Poco a poco ha ido renaciendo gracias a sus locales y animadas callejuelas. Al igual que en la zona de Cours Julien predominan cafeterías, galerías de arte y locales de ocio. Las plazas se convierten en lugares de reunión y esparcimiento, por lo que merece la pena perderse por sus estrechas calles y conocer el Marsella más vivo.

Panier

Panier

Panier

Panier

Panier

En cierta medida recuerda a Montmartre, no solo por ser el barrio de los artesanos y artistas, sino porque también se encuentra en la zona alta de la ciudad. Y por los molinos. En la Plaza des Moulins, la parte más alta del barrio, había 40. Hoy tan solo quedan dos, uno de ellos convertido en vivienda.

Pero el monumento más representativo del barrio es la Vieille Charité.

Vieille Charité

El edificio fue construido entre 1671 y 1745 como hospicio para vagabundos, ancianos y huérfanos dentro del plan de “rehabilitación de la ciudad”. El ayuntamiento decidió confinar a los pobres en un espacio para que así no estuvieran en las calles.

Poco a poco fue perdiendo su función. En 1905 pasó a disposición del Ejército. Aún así, en 1922 sirvió para acoger a gente que había sido expulsada de sus casas cuando se demolieron algunos barrios. También en 1943 cuando los nazis volaron los barrios del Puerto Viejo. Sin embargo, quedó en abandono y en 1962 se desalojó a los que aún residían allí y se cerró el edificio.

Como consecuencia de estar abandonado y expuesto al aire del mar, fue degradándose hasta el punto de que se planteó su demolición. No obstante, se decidió llevar a cabo una exhausta restauración. Entre 1960 y 1980 se renovó y ahora se ha convertido en un centro de arte multidisciplinar que acoge además el Museo de Arqueología del Mediterráneo y el Museo de Artes Africanas Oceánicas y Amerindias.

Consta de cuatro alas dispuestas en forma de rectángulo. Cada edificio cuenta con tres pisos de galerías que se abren al patio interior de 82×45 metros.

Vieille Charité

En el centro se alza la capilla de estilo barroco italiano y cúpula elíptica. El pórtico, decorado con columnas corintias, es de estilo Segundo Imperio y evoca el tema de la Caridad dando la bienvenida a niños indigentes, rodeados por dos pelícanos que los alimentan.

Vieille Charité

Vieille Charité

Seguimos callejeando por el entramado laberíntico de Le Panier descubriendo más arte callejero y rincones pintorescos. Sin duda es el auténtico alma de la ciudad con sus tiendas de artesanía pero también con sus locales artesanales como panaderías y bollerías con productos típicos de la zona. Sobresale por encima de los demás el chocolate, área en la que destaca la Chocolatière du Panier, tienda de mayor prestigio en la ciudad.

Le Panier

Le Panier

Le Panier

Le Panier

Prácticamente al lado del puerto, en lo alto de un montículo al que da nombre se encuentra la Iglesia Saint Laurent, de estilo románico provenzal.

Iglesia Saint Laurent

Construida en el siglo XIII en el lugar en que había una más pequeña, es la iglesia de los pescadores y la única que queda en la ciudad de esta etapa y de este estilo. Su torre es posterior, del siglo XVII, de cuando fue renovada. Adosada a la iglesia está la capilla de Santa Catalina.

En la Revolución fue convertida en almacén militar y no recuperó su función religiosa hasta 1801. En 1943 se salvó de la destrucción cuando se volaron los barrios del Puerto Viejo, pero sí que se vio afectada por las explosiones.

En la zona se han llevado a cabo excavaciones que han sacado a la luz restos de un asentamiento griego de la época de la fundación de la ciudad. También se sabe que cerca se encontraba el Castillo de Babon, construido en el 870 por el obispo Babon para proteger la ciudad y que no se volvieran a repetir las invasiones bárbaras.

Desde la plaza sale la pasarela que une el barrio del Panier con el Fuerte de San Juan, ubicado en un lugar en que se han encontrado vestigios griegos del siglo VI a.C.

Fuerte de San Juan

Fue erigido entre los siglos XII y XIV para defender la puerta más antigua de la ciudad, la norte. Y en él fue donde se asentó la orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (que sería después Orden de Malta) en el siglo XIII. De esta orden recibe su nombre.

Tras un saqueo aragonés en 1423, el rey René mandó construir la torre cuadrada. En 1664 se levantó el faro. Más tarde, Luis XIV amplió la fortificación y construyó un foso para que quedara aislada.

Fuerte de San Juan

Fue convertida en prisión en la época de la Revolución Francesa y allí estuvieron encerrados algunos jacobinos. Los alemanes lo usaron como almacén de municiones durante la II Guerra Mundial y una explosión accidental acabó causando graves daños, no solo al fuerte, sino también a los alrededores.

Clasificado como Monumento Histórico desde 1964, es desde 2013 el símbolo de la regeneración del Puerto convertido en el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (MuCEM).

Fuerte de San Juan

Este museo es el primero dedicado a las culturas del Mediterráneo. Cuenta con unos 30.000 metros cuadrados y alberga diferentes tipos de exposiciones y colecciones que sobre las civilizaciones mediterráneas a lo largo de la historia desde el punto de vista de distintas disciplinas (antropología, arte, historia…).

El edificio es un alarde arquitectónico con su forma de cubo. Su moderna estructura combina hormigón con cristal y permite que los alrededores se reflejen.

MuCEM

Desde las terrazas se obtienen unas buenas vistas de la ciudad, no solo de los fuertes o el puerto, sino de la Catedral, de la Iglesia de Saint Laurent o de Notre Dame de la Garde.

Marsella

Marsella

Volvimos a cruzar la pasarela y apurando la tarde, nos dirigimos a nuestra última parada: la Catedral Santa María la Mayor.

Catedral Santa María la Mayor

Es un imponente edificio construido a mediados del siglo XIX en piedra rosa de la Corona y estilo románico-bizantino. Era una época de gran desarrollo económico, social y demográfico para Marsella, y fue cuando se construyeron también la Estación Saint Charles, el Palacio de la Bolsa, el Palacio Longchamps, el du Pharo, el de las Artes o la Basílica de Notre Dame de la Garde. Así, en este momento de expansión no podía faltar una catedral.

Catedral Santa María la Mayor

La construcción de la nueva catedral permitió sacar a la luz un baptisterio paleocristiano de más de 25 metros. Aunque no se puede ver.

Con un estilo similar a Santa Sofía de Constantinopla, es única en su estilo en todo el país. Es además la mayor catedral construida en Europa desde la Edad Media. Es tan grande que en ocasiones se la compara con la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Está flanqueada por dos torres rematadas en cúpulas. La galería que las une está decorada por siete estatuas que representan a Cristo y los apóstoles Pedro y Pablo, Lázaro así como Marta, Maximin y, María Magdalena. Sobre la puerta de acceso está esculpida en mármol La Coronación de la Virgen y sobre ella hay tres arcos y un rosetón junto a la representación de Jerusalén y Belén. En las otras dos puertas están esculpidas El símbolo de la Resurrección y El Agnus Dei y la Fuente de la Vida.

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Al entrar entendemos las referencias a Santa Sofía. Las comparaciones son odiosas, claro, pero impresiona la altura de sus naves, las bóvedas y cinco cúpulas sostenidas gracias a las abundantes columnas de mármol y pilares.

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

La catedral se compone de tres naves, una central y dos laterales. Destaca el altar mayor realizado en mármol de Carrara y ricamente decorado con mosaicos.  A su izquierda queda la capilla del Sagrado Corazón y a la derecha la de San Lázaro.

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Baptisterio

Pero sin duda lo que más me llamó la atención fue el suelo decorado con diferentes motivos.

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Está recién renovada en 2017 y se nota, porque brilla en todo su esplendor.

Y ya casi rozando el atardecer, nos dirigimos a la parada de la Joliette para tomar el bus. No queda muy lejos de la catedral, así que la bordeamos previamente. Y nos sorprendió encontrarnos con un grupo de jóvenes jugando a la petanca. Es curioso, pero parece que en España es un juego de jubilados, pero ya habíamos visto en Suiza y ahora en Francia, que por aquellos lares lo practicaba gente de todas las edades.

Catedral Santa María la Mayor

Catedral Santa María la Mayor

Aún no se había hecho de noche, pero sabíamos el recorrido en bus nos llevaría un rato hasta llegar al puerto y después tendríamos que andar otros diez minutillos hasta el barco, así que no nos entretuvimos más. De todas formas, la escala resultó bastante provechosa y pudimos recorrer tranquilamente la ciudad ya que todo queda bastante cerca (a excepción de Notre Dame de la Garde).

Una vez en el barco, y dado que apenas habíamos picado algo a media mañana, nos acercamos al buffet a hacer una comida-merienda y después al camarote a descansar. Aunque la salida de puerto sabíamos que no iba a ser muy memorable, subimos para despedirnos de Marsella y, como aún era pronto, fuimos al Anchor Bar a tomar unas cervezas. No todas estaban incluidas en nuestro pack, pero había bastante donde elegir. Eso sí, echamos de menos unas tapas.

Anchor Bar

Carta bebidas pub

Carta bebidas pub

Volvimos al camarote para prepararnos para la cena, que cambiábamos de horario y de salón. En este predominaban las mesas redondas, tipo boda, aunque a nosotros nos asignaron una para dos de las cuadradas, que no abundaban tanto.

Menú

Para nuestro segundo día elegimos unos platos muy regionales. De primero la ensalada niçoise, típica de Niza, y la bouillabaisse, propia de la cocina marsellesa. El nombre de esta modesta sopa proviene de bouillir (hervir) y baisse (desechos) ya que era el recurso de los pescadores para aprovechar el pescado que no habían conseguido vender. Así, podía incorporar al menos una media docena de pescados diferentes, sobre todo los de roca (congrio, gallo o rape) que no tenían mucho público. Para su elaboración se cocían los diferentes pescados con hierbas aromáticas y verduras. Después se servía acompañada con picatostes.

Hoy en día ha evolucionado y se sustituyen aquellos pescados por marisco o langosta, sobre todo en los restaurantes de más renombre, por lo que ha perdido aquel carácter modesto.

De segundo nos pedimos la parrillada de pescado con pez espada, jibias y langostino.

Cena día 2

De postre un baklava (delicioso) y una copa de helado y fruta de temporada.

Postre

De nuevo, estaba todo muy rico y el pescado muy jugoso. Por suerte, esta vez sí que terminamos con tiempo de llegar al espectáculo, así que parece que quince minutos de adelanto sí que supusieron una gran diferencia. Aunque también hay que decir que el servicio fue más rápido que en el otro salón.

El espectáculo elegido para esa noche (porque van alternando en días y horarios y tú decides qué ver) fue Meraviglioso Amor. Y empezamos mal, porque me decepcionó bastante. Entiendo que la naviera es italiana, pero creo que existen numerosas canciones italianas cuya temática es el amor y que son reconocidas mundialmente. Sin embargo, tan solo conocíamos un par de ellas, lo cual unido a las coreografías pobres y repetitivas y un vestuario que parecía de mala calidad y no muy bien confeccionado, hicieron que estuviera todo el tiempo desconcentrada pensando en cualquier cosa menos en la música. Eso sí, los cantantes eran muy buenos.

Meraviglioso Amor

Ya casi rozando la media noche, subimos al bar de la planta 18, que está semi-descubierto y nos tomamos una copa. Esto es algo que eché de menos con respecto a otros cruceros que hemos hecho, y es que normalmente en el propio teatro te puedes tomar algo mientras ves el espectáculo. Aquí no. Pero bueno, como salíamos directos de la cena, los 45 minutos que solía durar el espectáculo nos servían para hacer un poco la digestión.

Copas

Después de una copa, pasamos por la cubierta 6, donde estaba la animación de la fiesta mediterránea y se veía una marea blanca que bailaba al son de la música latina. Nosotros sin embargo no estábamos para mucha danza y nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos esperaba otra jornada completa y el atraque era tempranero.

Crucero por el Mediterráneo. Día 2. Marsella

Nos despertamos temprano, pero frescos y renovados, dispuestos a patear Marsella. El buffet para el desayuno era tan variado como para la comida. Mil opciones donde elegir… bien fruta, bollería, tortillas, una especie de frittata, huevos, arroz cantonés, fideos salteados con verduras… Para todos los paladares, tanto dulces como salados. Además de cafés, tes y zumos.

Desayuno

Tras el desayuno y antes de desembarcar, pasamos por el restaurante para solicitar el cambio de turno. Y aunque lo conseguimos, no es que nos adelantaran mucho, ya que nos reasignaron las 21:30. Tan son 15 minutos de diferencia, pero es que no había a las 21 y los demás turnos eran muy tempraneros (¡¡¡nos querían cambiar a las 6 de la tarde!!! ¿Estamos locos? Si a esa hora habría días que ni estaríamos en el barco…).

Una vez modificado el turno, procedimos al desembarque. El puerto de Marsella está algo alejado del centro, ocurre algo similar al de Barcelona, si te asomas a cubierta tan solo ves muelles y otros cruceros. Allí estaba el Costa Fascinosa también.

Costa Fascinosa

Puerto Marsella

El puerto está en la propia ciudad, pero hay que tomar un bus desde la terminal náutica hasta la zona urbana. No obstante, no tiene pérdida y está todo muy bien indicado. Hay que seguir un camino verde en el suelo que nos conduce a un shuttle gratuito.

Indicaciones Marsella

Camino verde

Shuttle

No obstante, este servicio se suele colapsar, porque se unen varios cruceros a la vez, el bus tiene una frecuencia limitada y, claro, se forma buena cola.

Horarios shuttle

Sin embargo, si se continúa un poco más adelante, se encuentra la parada del 35T, un bus de la red local, la RTM.

35T

35T

En apenas unos 15 minutos deja en la última parada, en Joliette, muy próxima al centro.

Ruta 35T

El billete sencillo cuesta 1.7€, pero el integrado para todo el día cuesta 5.20€, así que, dado que íbamos a hacer al menos 4 trayectos, este último fue el que compramos.

Los billetes se pueden comprar en el mismo bus, aunque es mucho más rápido hacerlo en la caseta que hay justo al lado.

Tarifas

Y listos para conocer nuestra primera escala, por segunda vez en el año visitábamos territorio galo.

Bus Marsella

Marsella es la segunda ciudad en población de Francia y el puerto comercial más importante del país y del Mediterráneo (tercero de Europa tras Róterdam y Amberes). Esta relevancia como ciudad portuaria la convierte en una ciudad con una gran actividad económica e industrial. Dada su localización, es asimismo un importante nudo de comunicaciones en las rutas entre París, Italia, Suiza y España. A lo largo de su historia ha alternado épocas de prosperidad con otras de decadencia.

Marsella es la capital y ciudad más poblada de la región de la Provenza-Alpes-Costa Azul (también conocida como PACA), una de las más turísticas y conocidas de Francia. Esta región es la imagen del turismo de lujo, de los grandes yates y de las boutiques de marca. No obstante, también quedan pueblecitos con encanto y mucha historia.

PACA

En la Provenza se encuentran el valle del Ródano, con Orange, Aviñón, Arles y la Camarga; también Les Alpilles, les Baux de Provence y St Remy-de-Provence; el macizo del Luberon; Aix-en-Provence, Marsella, Les Calanques; Cassis y Tolón. El abanico de colores de sus poblaciones y sus vistas al mar ha atraído a numerosos artistas a lo largo de la historia, sobre todo a pintores (Renoir, Dufy o Cézanne).

En los Alpes es famosa la ruta de la lavanda y a medida que avanzamos hacia el interior la naturaleza gana más protagonismo. Apenas hay habitantes. Abundan los lagos y los dos grandes parques nacionales, el de Mercantour y el Parque Nacional des Ecrins.

La Costa Azul es el glamour. El clima templado favoreció que a partir del siglo XIX comenzaran a asentarse en la zona los ricos. Allí se hicieron sus segundas residencias para huir de las grandes ciudades y asegurarse respirar aire puro.

Esta región de la Provenza-Alpes-Costa Azul fue habitada en la Edad de Hierro por los ligures, después por los griegos y más tarde por romanos, ostrogodos, borgoñeses y francos. Ha pertenecido a diversas regiones (reino de Arles, reino de Aragón, casa de Anjou…).

Hoy la región consta de de seis departamentos: Var, Vaucluse, Altos Alpes, Alpes Marítimos, Bocas del Ródano y Alpes de Alta Provenza. Y comprende tanto zonas de alta montaña en su parte oriental, como otras de llanura en su parte occidental.

Marsella es la ciudad más antigua de Francia. En el 600 a. C. se convirtió en colonia comercial cuando se asentaron en ella un grupo de marineros y pasó a ser puerto de referencia facilitando el comercio entre Roma y la Galia. Asimismo, favoreció la propagación de la cultura griega hacia el interior del continente.

En el 49 a. C. fue anexionada a Roma y pasó a llamarse Massilia. La ciudad siguió prosperando gracias a los aportes romanos, como por ejemplo el alcantarillado público. Tras la caída del Imperio Romano en el siglo V, Marsella pasó a manos visigodas, después a ostrogodas y finalmente a francas. En el siglo IX Marsella fue atacada y saqueada por tropas venidas desde Al-Ándalus, y durante el siglo X perpetuó su decadencia económica.

Comenzó a recuperarse en los siglos posteriores, sin embargo, volvió a decaer de nuevo tras la peste de 1347 que acabó con más de la mitad de la población. Y no terminaba de recuperarse cuando volvió a ser saqueada en 1423 por la Corona de Aragón como respuesta a las pretensiones francesas de recuperar el dominio de los territorios del sur de Italia.

Marsella recuperó parte de su relevancia y el comercio volvió a florecer con la llegada del nuevo Rey de Sicilia y Duque de Anjou, Renato I de Nápoles. Este se estableció en la ciudad y mandó construir unas murallas que protegieran el puerto y dotaran a Marsella de unas nuevas defensas. También fundó la Corporación de Pescadores. En 1481 Marsella se unió a la Provenza y en 1482 al Reino de Francia.

En el siglo XVIII se mejoraron las murallas y el puerto ganó importancia en aspectos militares. Sin embargo, en 1720 la población volvió a disminuir como consecuencia de la Gran Peste de Marsella, variante de la Peste Negra. La Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas también perjudicaron a la ciudad.

En el siglo XIX en Marsella prosperó. Surgieron fábricas y aumentaron las instalaciones portuarias. Se desarrolló la industria y se convirtió en ciudad industrial gracias a los sectores del hierro y el acero, los productos químicos, los de plástico y metal, los barcos, el petróleo, los materiales de construcción y la industria aeronaval entre otros. Además, el comercio se vio favorecido por las conquistas coloniales y la apertura del Canal de Suez. Se llevaron a cabo importantes obras de urbanismo y arquitectura, se diseñaron amplios bulevares y se construyeron edificios históricos.

Pero volvió a sufrir otro revés en la II Guerra Mundial, cuando fue ocupada por los alemanes y quedó parcialmente destruida. Después de la guerra, Marsella fue recuperándose y acogió a más de un millón de inmigrantes, muchos italianos, pero también españoles que huyeron de la Guerra Civil. Muchos más llegaron una década después con la independencia de Argelia, convirtiendo a la ciudad en una urbe multicultural. Aún así, en la década de los 70, la crisis provocó un descenso notable de la población. Hasta el último cuarto del siglo pasado Marsella no volvió a comenzar una lenta recuperación.

El desarrollo de Marsella siempre ha ido ligado al puerto y a su importancia como ciudad portuaria, desde los inicios con los griegos, hasta el siglo pasado con la llegada de los ciudadanos de las excolonias. Ha sido lugar de paso y ha sido una urbe muy cosmopolita estando conectada con Grecia, Italia, España y el norte de África (Argelia, Marruecos y Túnez). Hoy en día el puerto es uno de los principales atractivos turísticos, aunque la pesca sigue teniendo un papel relevante en la economía local. Si hablamos de turismo costero, ocupa la primera posición, gracias a su clima, sus playas, su puerto marítimo y los numerosos edificios históricos. Y es en el centro donde se conservan gran parte de los atractivos de Marsella.

En este siglo la ciudad ha emprendido un plan de renovación así como de conservación y rehabilitación del casco antiguo, sobre todo cuando se preparó para ser Capital Europea de la Cultura en 2013. Uno de los ejemplos es el Puerto Viejo, que, con una nueva disposición, está pensado para los peatones. Con su forma de U queda delimitado por los Fuertes de San Juan y San Nicolás.

Es el principal puerto de Marsella (alberga unos 3.000 barcos) y punto neurálgico del turismo, pues en él se encuentran un buen número de cafeterías, tiendas, mercados y puestos. Está formado por los muelles des Belges, el muelle du Port (a derecha) y el muelle Rive Neuve (a izquierda).

Puerto

Marsella

Sin embargo, nosotros lo dejaríamos para el final. Primero iríamos a lo más lejano, así, si el tiempo apremiaba a última hora, estaríamos en la parte más próxima a la terminal de cruceros. El bus nos dejó en Joliette y allí cambiamos de parada para tomar el bus 55 que nos llevaría a la Notre Dame de la Garde, una iglesia que se encuentra en una colina dominando la ciudad. Aunque el bus va indicando las paradas, llevábamos la app moovit para saber cuándo bajarnos, y una señora, que hablaba muy bien español, nos preguntó si íbamos a la iglesia, que ella se bajaba allí y nos podía avisar. Así que, eso hicimos, nos bajamos cuando ella y seguimos sus indicaciones para subir hasta lo alto del cerro.

Notre Dame de la Garde

Notre Dame de la Garde es una basílica católica menor que se encuentra en el punto más alto de la ciudad, a 162 metros sobre el nivel del mar, por lo que es visible desde prácticamente toda la ciudad. El día había amanecido algo nublado, pero aún así desde allí se podía ver la costa y el archipiélago del Frioul.

Marsella

Marsella

Este archipiélago se compone de cuatro islas: Pomègues, Ratonneau, Tiboulen e If. Está protegido y forma parte del Parque nacional de las Calanques. Es un entorno en el que se pueden encontrar casi un centenar de aves marinas y más de 300 especies vegetales raras y protegidas.

El Chateau d’If, en la isla del mismo nombre, es una fortaleza que mandó construir Francisco I en 1527 para proteger a la ciudad de ataques marinos. De esta forma quedarían controladas las salidas y entradas de barcos, a tiro de los cañones. Sin embargo, a partir del siglo XVII se convirtió en prisión estatal y se hizo conocida gracias a Alejandro Dumas, que ambientó allí su novela El Conde de Montecristo. Desde entonces se ha convertido en atracción turística y es uno de los monumentos más visitados de Marsella. También transcurren en la prisión la leyenda de El hombre de la máscara de Hierro y la del Marqués de Sade. Además, alberga el Hospital Carlonie, de 1828, donde reposaban los marineros que regresaban con fiebre amarilla.

Para visitar el castillo hay que pagar un trayecto en barco, y la propia entrada. Nosotros al tener una escala tan corta, ni nos planteamos visitarlo. Nos conformamos con las vistas desde la colina. En 1892 se construyó un funicular para subir a la cima. Constaba de dos cabinas y tenía capacidad para 50 personas, pero cesó su actividad en 1967 y desde entonces no nos queda otra que subir a pie.

Notre Dame de la Garde

El templo es conocido también como la Bonne Mère – la Buena Madre-, pero su nombre oficial se debe al nombre de la colina, ya que era un puesto de observación. Fue construida en 1853 sobre los cimientos de un fortín que había en el siglo XVI y se convirtió en lugar de culto de los pescadores marselleses, quienes siguen creyendo que les protege cuando están en alta mar. En la época en que se erigió se estaban construyendo muchas basílicas por todo el territorio francés siguiendo el programa de grandes construcciones impulsado por Napoleón III. Un caso claro es el Sacre Coeur.

Notre Dame de la Garde

Notre Dame de la Garde

Es de estilo románico-bizantino y está recubierta de mármol proveniente de Italia. Cuenta con una torre de planta cuadrada y 41 metros de alto cuya campana pesa más de 8 Toneladas y recibe el sobrenombre de Marie Josephine. El campanario está coronado por una efigie dorada de 11 metros de la Virgen María con el niño Jesús en brazos. Aunque es complicada de ver, pues hay que levantar mucho la cabeza.

Notre Dame de la Garde

Notre Dame de la Garde

Notre-Dame de la Garde se estructura en dos niveles: la parte inferior de estilo románico excavada en la roca – conocida como iglesia baja o cripta- con los altares laterales dedicados a Santa Filomena, San Andrés, Santa Rosa, Enrique II el santo, San Luis y San Benito Labre; y la superior o iglesia alta, que está dedicada a los marineros. Cuenta con motivos marinos y alusión a los pescadores, como no podía ser de otra forma en una ciudad como Marsella. Se pueden encontrar cuadros de barcos, timones, salvavidas… Las columnas y pilares de mármol están decorados en rojo y blanco.

Notre Dame de la Garde

Notre Dame de la Garde

La basílica tuvo que ser reconstruida a principios de este siglo pues la piedra utilizada para la construcción se deterioró como consecuencia de la contaminación industrial, sobre todo por las calefacciones de carbón. Las nuevas piedras se trataron antes de ser colocadas para que resistan más. También se restauraron los mosaicos interiores, que se habían dañado por los impactos de bala en 1944 y por el humo de velas y cirios.

Si subiendo las escaleras se podía ver la costa, en uno de los laterales de la iglesia hay una terraza donde se puede observar cómo se extiende la ciudad. Y me sorprendió, pues es inmensa. No es como Atenas, que no alcanzas a ver el fin, pero sí que se ve muy poblada.

Marsella

Marsella

Entre edificios de viviendas destaca la cúpula blanca del Stade Vélodrome, el segundo estadio más grande de Francia con capacidad para 67.000 personas. En él juega el Olympique de Marsella, el club local.

Stade Vélodrome

El primer estadio se construyó en 1937 para la Copa del Mundo de Fútbol de 1938 y mantuvo las pistas del velódromo hasta 1980. Se renovó y amplió para el Mundial de 1998, cuando acogió los partidos más importantes. Con estas obras se adaptó para que también pudiera servir para las competiciones de rugby y espectáculos como conciertos. Una tercera renovación tuvo lugar entre 2011 y 2014 para la Eurocopa de 2016. Fue entonces cuando se amplió hasta la capacidad actual y se cubrieron las tribunas.

Desde la terraza oíamos unos tambores y cánticos y al asomarnos nos encontramos con una celebración. Aunque no sabemos cuál era el evento.

Marsella

Tras dar una vuelta a la basílica, emprendimos la bajada hasta la parada de autobús más próxima donde tomamos un bus con dirección a la Abadía San Víctor. Fue fundada en el siglo V por Saint Jean-Cassien en unos terrenos próximos a una necrópolis medieval en la que se encontraban las tumbas de los mártires de Marsella, entre los que se encontraba San Víctor (de ahí toma su nombre) y es uno de los lugares más importantes de la cristiandad de la región.

Abadía San Víctor

En el siglo XI el Abad Isarn mandó construir una nueva iglesia cuya influencia se extendió por la Provenza, Catalunya, Castilla, Italia e incluso Siria. Desde finales del siglo XII hasta el siglo XIII, se reconstruyó por completo la abadía y en el siglo XIV (durante la época del Papa Urbano V, antiguo abad de San Víctor) se añadieron modificaciones de carácter defensivo al monasterio por su proximidad al puerto. Fue fortificado con torres almendradas y se agrandó el coro.

Abadía San Víctor

A partir del siglo XV, la abadía empezó un declive irreversible. Para 1738 la iglesia fue secularizada y en 1751 se convirtió en colegiata. El monasterio quedó disuelto con la Revolución, pero la iglesia se convirtió en almacén de forraje, cárcel y cuartel, lo que la mantuvo en pie. En el siglo XIX fue restaurada y recuperó su función religiosa.

Cada 2 de febrero, el día de la Candelaria, una procesión sale del Puerto Viejo hasta la abadía. Después de que el arzobispo bendiga la virgen y dé misa, hace lo propio con las Navettes, unas típicas galletas marsellesas con forma de barco.

Abadía San Víctor

La iglesia actual es una obra maestra del arte románico provenzal como se puede observar en su sobriedad, tanto en la exterior, como en la interior.

Abadía San Víctor

Abadía San Víctor

Abadía San Víctor

Además del altar y del órgano se puede encontrar la tumba de San Víctor, así como diferentes sarcófagos y reliquias que atraen a peregrinos de todo el mundo.

Abadía San Víctor

Abadía San Víctor

Tras la breve visita volvimos al exterior, y nos dirigimos hacia el puerto. Desde allí quisimos acercarnos al Fuerte de San Nicolás, pero una pareja que bajaba nos comentó que estaba cerrado (al parecer se van a llevar a cabo tareas de restauración), así que tuvimos que verlo solo por fuera.

Luis XIV se enfrentó a un fuerte movimiento antimonárquico tras tomar la ciudad, así que, mandó tirar las murallas medievales y construir el fuerte con los cañones apuntando hacia el pueblo. Era su forma de mantener en orden a los marselleses en caso de rebelión. Es decir, no tenía finalidad bélica, sino garantizar el control de la ciudad gracias a su doble recinto, las fosas y los bastiones. Paradógicamente, esta fue la primera fortificación en ser incendiada durante la Revolución Francesa, cuando fue usada como prisión. Casi quedó destruida, pero se reconstruyó en 1833.

En la II Guerra Mundial los alemanes lo usaron de almacén de municiones y explotó, con lo que años más tarde hubo que rehabilitarlo. Después se declaró Monumento Histórico.

Fuerte de San Nicolás

El fuerte se divide en dos: Fuerte Alto y Fuerte Bajo. La parte alta cuenta con dos recintos entrelazados. La  baja sirve de patio y acogía una capilla medieval de la que ya no quedan restos. También había una torre que permitía manejar la cadena que cerraba el puerto. Cadena que por cierto se llevaron los aragoneses como trofeo tras su saqueo de 1423 y hoy está en la catedral de Valencia.

El fuerte pertenece al Ministerio de Defensa desde 2010.

En la roca encontramos un monumento con la inscripción Montee du souvenir français. Que no engañe lo de “souvenir”, al parecer es una asociación que organiza acciones para rendir homenaje a aquellos que murieron defendiendo el honor y el país. Esta placa conmemoraría a aquellos que lucharon contra el rey por defender la independencia de la ciudad.

Montee du souvenir français

Dado que no pudimos entrar al fuerte, continuamos caminando por el puerto, a un lado los veleros amarrados, y al otro bares, restaurantes, tiendas y locales de ocio.

Puerto de Marsella

Marsella

Puerto de Marsella

Uno de los ejemplos es el Teatro Criée, el Teatro Nacional de Marsella. Ocupa el edificio del antiguo mercado de pescado y aún conserva su fachada de hierro y cristal en la que se puede leer Criée Libre aux Poissons.

Teatro Criée

Muy cerca podemos encontrar el Museo del Jabón, donde se puede ver la historia de este producto, así como participar en algún taller y hacer una pastilla. También tiene tienda. El famoso Jabón de Marsella consiste en una mezcla de aceite y sosa triturada a la que se le añade miel, esencias y perfumes.

El jabón de Marsella nació en el siglo XII. Más tarde, en el XVI, se abrieron las fábricas y se dejó atrás el proceso artesano. Se convirtió en un producto muy valorado y para 1660 ya había 7 fábricas en la ciudad que producían más de 20.000 toneladas de jabón. Un siglo más tarde la producción ascendió a 76.000 toneladas y se convirtió en denominación de origen.

A comienzos del siglo pasado había 90 fábricas de jabón, pero la I Guerra Mundial y la falta de comunicaciones marítimas provocaron que para 1918 tan solo se fabricaran 52.817 toneladas. Sin embargo, veinte años más tarde consigue aumentar a las 12.000 gracias a la mecanización. Después, tras la II Guerra Mundial, con la aparición de los detergentes, su producción descendió drásticamente.

No obstante, hoy en día el Jabón de Marsella se ha recuperado gracias a los ecologistas y gente que busca recuperar una tradición menos contaminante.

Mussee du Savon

Continuamos por el puerto, pero no hicimos la U completa, sino que nos dirigimos hacia el interior. Nos adentramos en el corazón de la ciudad y paseamos por plazas con sus mercadillos y locales que preparaban sus terrazas. Las fachadas de los edificios estaban ennegrecidas, algo típico de las ciudades portuarias.

Marsella

Marsella

Marsella

Marsella

En la Calle Molière se encuentra la Ópera. Aunque el edificio que vemos hoy en día no es el original, ya que este se incendió en 1919 y tuvo que ser reconstruido. El nuevo teatro, inaugurado en 1924, se realizó en estilo Art Decó. Tan solo se han conservado las paredes maestras y la fachada principal con su columnata jónica.

Ópera

Desde 1945 es municipal, ya que se considera un elemento fundamental de la cultura de los marselleses, y no como algo exclusivo de las élites como pudiera ocurrir en otras ciudades o países.

Muy cerca nace la calle Paradis, la más larga de Marsella. Se extiende por tres distritos a lo largo de 2,8 kilómetros y tiene un cierto aire burgués. En ella se pueden encontrar tiendas de decoración, salones de té, floristerías, tiendas de ropa de lujo, sedes de bancos y empresas.

Rue Paradis

Paralela es la Rue Saint-Ferréol, una calle peatonal llena de tiendas que recuerda a Preciados. En lugar de El Corte Inglés, tiene las famosas Galerías Lafayette. Y sus balcones tienen cierto toque parisino.

Rue Saint-Ferréol

Rue Saint-Ferréol

Esta calle nos conduce al Palacio de la Prefectura.

Palacio de la Prefectura

Este imponente edificio fue construido entre 1862 y 1866, durante el Segundo Imperio. En la fachada, sobre la puerta principal, había una estatua ecuestre de Napoleón III, pero fue destruida en 1870.

En el lateral que da a la Plaza de Roma hay un monumento en recuerdo a la Justicia, el Derecho y la Libertad del Trabajo.

Pax

Siguiendo por la calle llegamos al Cours Julien (conocido localmente como Cours Ju’), el barrio bohemio. Es un barrio con mucho color salpicado de graffitis y muy animado gracias a sus locales y terrazas. Destacan las tiendas artísticas, de anticuarios, de libros usados, de discos…

Cours Julien

Cours Julien

Cours Julien

Cours Julien

Hacia 1960, para descongestionar el centro de la ciudad, se unió a todos los vendedores de frutas y verduras en esta zona. En el barrio se encontraban los almacenes mayoristas y en la calle se establecían puestos semimayoristas y otros minoristas. Se vendían mercancías que llegaban al puerto desde África (alcachofas de Túnez, naranjas de Argelia o Marruecos).

En 1972 los comercios se trasladaron al Mercado Nacional y el Cours Julien se transformó en barrio de la cultura. Aunque también sigue habiendo mercado, en este caso los miércoles por la mañana, y especializado en comida orgánica.

Cours Julien

Cours Julien

En el barrio se encuentra también la Savonnerie de la Licorne, otra jabonería en la que se puede visitar el taller y aprender el proceso de fabricación de estas pastillas.

Savonnerie de la Licorne

La tienda es más un garaje abierto, pero huele de maravilla y tiene un montón de jabones de todo tipo y olores. Se pueden comprar las pastillas sueltas, una cesta, o hacer tu propia combinación.

Continuamos bajando dirección a la Iglesia de San Vicente de Paúl, también conocida como la iglesia de los Reformados, pues fue construida en 1855 sobre el emplazamiento del santuario de los Agustinos Reformados.

Iglesia de San Vicente de Paúl

De estilo neogótico, en los años 80 del siglo pasado se consideró su demolición, pues no había muchos católicos en el barrio y no se usaba prácticamente. Tan solo se abría los domingos para misa. A partir del 2005 se cambió el rumbo y el nuevo párroco abrió sus puertas doce horas al día, celebrando misa diaria. Desde aquel momento el número de fieles ha subido.

En el bulevar de la Rue Saint-Bazile, justo frente a la iglesia, se encuentra el Monument des Mobiles.

Monument des Mobiles

Fue inaugurado en 1894 con gran expectación. Es un monumento patriótico que consta de una columna coronada por la figura de una mujer que porta una espada representando a Francia. Abajo, cuatro soldados que personifican cuatro cuerpos militares.

La localización de este monumento se ha convertido en simbólica. El hecho de que mire a la iglesia hay quien lo ha visto como un reivindicación del ambiente anticlerical del momento y de la separación de la Iglesia y del Estado.

Seguimos por la avenida La Canebière, una de las arterias principales de Marsella y después tomamos la paralela Rue Thubenau, pues en el número 25 se encuentra el Memorial de la Marsellesa, un museo que sirve de viaje a la Revolución Francesa gracias a efectos especiales y realidad virtual. Aunque estaba cerrado, por lo que no lo visitamos. No tiene mucha pérdida, ya que la bandera que ondea en su fachada se ve desde varios metros antes.

Memorial de la Marsellesa

La Marsellesa, himno nacional, era la canción que iban entonando los 500 voluntarios marselleses que marcharon a París para unirse a la causa del gobierno revolucionario. En la época del Imperio y de la Restauración fue prohibida, aunque en 1830 se volvió a instaurar. De nuevo durante la ocupación alemana quedó prohibida porque se consideraba que promovía la resistencia. En 1958 se recuperó como himno nacional, y así aparece en la Constitución. Se han hecho intentos de adaptarla, pues algunas frases o expresiones son demasiado violentas o incluso racistas. Sin embargo, se mantiene como era, aunque no se cantan todas las estrofas.

El museo se ubica en la antigua sala del juego de Paume, donde se constituyó el cuerpo de federados que hicieron famoso el cántico.

La calle Thubenau se encuentra además en el distrito de las artes, una iniciativa que nació a principios de 2017 en la que los estudiantes del Liceo Thiers recuperan el alma artística y estética de las calles por medio de sus pinturas. Así, nos encontramos con muchos cierres de locales decorados con grandes retratos de personalidades importantes del barrio, así como galerías al aire libre en las zonas peatonales.

Rue des Arts

Marsella

Y desde aquí comenzamos la vuelta al puerto y a la otra mitad que nos faltaba. No paramos para comer, sino que nos comimos unos bocadillos de tortilla francesa que nos habíamos preparado en el desayuno y seguimos gastando suela. No había tiempo que perder.

Serie Terminada: The Americans

Allá por 2013 vimos el piloto de The Americans y lo añadimos a la lista para ver pues la serie prometía. Tras seis temporadas terminó este año, así que la vimos del tirón. Y la verdad es que me ha provocado sensaciones enfrentadas. Aún estoy asimilándola. OJO SPOILERS.

La serie se ambienta a comienzos de los años ochenta, en los últimos coletazos de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS. Conocemos a Elizabeth y Philip Jennings, una pareja con dos críos adolescentes que tienen una agencia de viajes y viven en las afueras de Washington. La típica familia estadounidense. Solo que en realidad son Nadezhda y Mischa, dos espías soviéticos entrenados para infiltrarse en la sociedad americana. Sus hijos sin embargo desconocen su secreto, y sí que han nacido en Estados Unidos. Así, The Americans arranca con el día a día de esta familia, con su tapadera, con sus misiones ordenadas por Moscú y con la llegada de un nuevo vecino al barrio, Stan Beeman, que resulta ser agente del FBI de contraespionaje.

A lo largo de sus seis temporadas los Jennings se mueven en la cuerda floja entre dos mundos: el familiar como agentes de viaje, padres de familia y amigos de su vecino; y el del servicio a su país con sus seudónimos, pelucas, muertes, robos de información y operaciones secretas.

Las ficciones sobre el espionaje siempre han sido un filón. Ahí lleva años la saga de James Bond en el cine, John le Carré con sus novelas o Alias, 24 y Homeland en la pequeña pantalla. En The Americans sin embargo no vamos a encontrar el lujo de James Bond con persecuciones y yates, coches descapotables y lugares exóticos, tampoco la acción de Alias, ni el ritmo frenético de 24 o los juegos psicológicos de Homeland. Mantiene la esencia de la clásica historia de agentes dobles, pero con un ritmo mucho más reposado y tramas que se dilatan a lo largo de toda la temporada. En parte tiene sentido, ya que la misión de los Jennings es a largo plazo, no se trata de entrar en un edificio, hacerse con un objeto y salir (que también), sino de crear unos personajes, entablar relaciones, conseguir información poco a poco y volver a empezar.

La época en que se ambienta también contribuye a este ritmo pausado. Ahora un espía contaría con tecnología microscópica y con otros métodos para llegar a la información. Y con teléfonos móviles encriptados, nada de cabinas. Lo mismo para la contrainteligencia. En la actualidad un agente del FBI cotejaría unas fotografías en la base de datos con unos segundos, mientras que en los 80 había que hacer un retrato robot y navegar entre miles de archivos.

La Guerra Fría es un escenario perfecto. La estética de los 80 y su música le dan un toque nostálgico a todo. Así, si intercalamos hechos reales con unos personajes ficticios, tenemos un relato más que interesante. El creador, Joe Weisberg, fue oficial de la CIA, así que tenía material con el que trabajar sobre el funcionamiento de los servicios de inteligencia de la época. Además, se basó en notas del libro del agente del KGB, Vasili Mitrojin, y en anécdotas de agentes del FBI. Pero el detonante que le inspiró para los protagonistas fue un caso de 2010 en el que Donald Heathfield y Tracey Foley, que fueron detenidos por el FBI ante la atónita mirada de sus hijos que no entendían nada. Eran dos espías rusos (también conocidos como “ilegales”) que tomaron la identidad de dos bebés muertos en Montreal en los años 60, tuvieron dos hijos en Toronto en los 90 y emigraron a Boston tras un breve paso por Francia.

Y es que, en realidad, aunque haya referencias políticas y el espionaje como hilo conductor, The Americans no pretende hacer crítica sociopolítica, sino que es un drama sobre la familia. Bien es cierto que podríamos decir que los Jennings tienen dos familias: por un lado la Madre Patria y por otro la falsa que han construido en EEUU que incluye a unos hijos que son muy reales y que están en plena adolescencia. Los infiltrados han de compaginar en su día a día las dos facetas y conseguir un equilibrio a la vez de que una parcela no influya en la otra. Algo que no es nada fácil, pues sus misiones son cada vez más exigentes con más problemas y tensiones que tensan la cuerda. Los veremos discutir por la forma en que educar los hijos en plena misión, por ejemplo. Estos altibajos y crisis repercuten en su estabilidad emocional, sobre todo en Philip.

Philip es profesional en sus misiones y cumple con lo que se le exige, pero se le ve sufrir. En más de una ocasión se le ve hacer de tripas corazón cuando ha de aprovecharse de alguna fuente/víctima. Representa la dualidad de la obligación de su trabajo y sus sentimientos, más patentes cuando hablamos de su faceta como padre y marido. Philip ama a sus hijos y con el tiempo también a su falsa esposa, una mujer mucho más fría y pragmática para la que la Madre Rusia es su prioridad. En cualquier caso, ambos forman un buen tándem a pesar de lo complicado de su relación y los vínculos que cada uno tiene fuera del matrimonio. Y funcionan mejor cuando están bien el uno con el otro. Son espías, sí, pero tienen debilidades, no se nos presentan como unos personajes arqueotipados, sino como personas con sus sentimientos y dilemas.

Así que aquí es donde me despistó la serie. Yo esperaba una historia de espías, de intrigas, de acción, de topos y de identidades falsas y en realidad eso es lo que menos peso tiene en The Americans. Además el ritmo, los silencios, la contención de emociones, las escenas de diez minutos sin diálogo, los cortes en las conversaciones a medias… es algo que no es para todo el mundo. Sí que es verdad que la tensión va creciendo a medida que pasan las temporadas, sobre todo con la hija mayor creciendo y haciendo preguntas y quizá las mejores temporadas sean las centrales. De hecho en la cuarta se acabó con varios personajes (Martha, Nina, Arkady Ivanovich, Oleg…) cerrando una etapa.

A partir de la quinta temporada todo se resquebraja poco a poco. Los guionistas ya sabían que la serie iba a concluir en la sexta y parece que quisieron eliminar flecos sueltos y reconducir la historia. La sexta comienza con un salto temporal de tres años. Se sitúa en 1987, cuando las relaciones entre Estados y la URSS comienzan a mejorar. Sin embargo, por el contrario, la de Elizabeth y Philip es cada vez más tensa. Él, superado emocionalmente por el estrés y su crisis existencial, está fuera del KGB. Al dejar atrás esa parte de su vida, el matrimonio está más distanciado que nunca. Philip se vuelca en su hijo Henry, que está estudiando fuera, mientras que Elizabeth estrecha lazos con Paige, que está en la universidad y entregada a la causa soviética.

En la temporada final, y sobre todo en el último episodio, The Americans ha sido fiel a sí misma. Yo me esperaba una conclusión frenética, con persecuciones, tiroteos y que muriera hasta el apuntador. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. The Americans no se reservaba giros espectaculares de guión. Por el contrario tenemos una huida lenta (de unos veinte minutos), sin apenas diálogos, acompañada por música que lo dice todo (ese With or without you de U2). Es un capítulo cargado de intensidad emocional: el abandono de Henry, el cara a cara con Stan poniendo las cartas sobre la mesa, la decisión de Page de no irse con ellos, la vuelta a un país que ya no conocen…

Sin embargo, aunque no haya un rastro de cadáveres o una vertiginosa acción, sí que hay una sensación de final, de pérdida. Porque Elizabeth y Philip (Nadezhda y Mischa de nuevo) a pesar de arriesgar todo y conseguir regresar vivos a la URSS, lo han perdido todo. Su familia ha quedado dividida y han de empezar de nuevo apoyándose el uno en el otro. “Nos acostumbraremos” dice Elizabeth. No tengo yo tan claro de que la estabilidad emocional de Philip le permitiera seguir adelante sin sus hijos. Aunque quizá en Rusia pudiera conocer a su hijo perdido. Y Elizabeth habría caído con la Unión Soviética. Pero nunca lo sabremos, igual que nos quedará la duda de qué pasa con Henry o Page o si la mujer de Stan también era del KBG.

Porque al final todo eso es irrelevante. Lo importante era el camino de ida y vuelta que han hecho estos dos personajes. La historia de espías era mero entretenimiento. Pero hay que reconocer que aunque lenta, tiene una detallada ambientación, una muy buena selección musical, una fotografía muy cuidada y una tensión que parece que no está, pero que va aumentando poco a poco.

En definitiva, volviendo la vista atrás y pensando en global, la serie me ha gustado. Pero claro, venía de Orphan Black, una serie mucho más dinámica, con otro pulso y me ha costado tomar perspectiva. The Americans es para verla reposada, observando cada detalle y prestando atención a cada diálogo y silencio.

Crucero por el Mediterráneo. Día 1. Embarque

A las 9 y media comenzaba nuestro viaje. En realidad un poco antes, pues a esa hora es a la que salía el AVE de Atocha y teníamos que llegar hasta allí.

Maletas

Sants

El trayecto a Barcelona dura unas tres horas y es bastante cómodo. Aburrido, eso sí, porque el paisaje es algo árido y la película que tocó era la de los Pitufos. Una vez en Sants, salimos al vestíbulo principal y seguimos las indicaciones del metro para dirigirnos a la línea 3. Sacamos el billete sencillo (muy caro, por cierto) y nos pusimos en marcha en busca del andén, que está a un trecho.

Acostumbrada al metro de Madrid, he de decir que el de Barcelona necesita una revisión de su climatización y renovación de aire. Es increíble el calor que hace en los túneles y andenes y lo viciado que está el ambiente.

L3

Sants Estació

Nos bajamos en Drassanes y salimos al exterior, justo a las Ramblas. Esperaba el azote de la humedad típico de las zonas costeras, pero aparte de más calor que en Madrid (que estaba nublado cuando salimos y amenazaba tormenta por fin), no era un tiempo agobiante. Bordeamos la glorieta de Colón por la izquierda y después, a la derecha de las Golondrinas, tomamos el bus que nos llevaba al crucero.

Marquesina

Cruise Bus

La línea antes se llamaba T3 Portbus, pero ahora se llama directamente Cruise Bus. Nos costó 3€ el billete individual y en unos 25 minutos estábamos en nuestra zona de embarque.

Era la 1 y algo y esperaba algo más de jaleo, sin embargo, al ser un crucero circular en el que hay embarque y desembarque en varios puertos, la cosa es mucho más fluida que en los que habíamos hecho con anterioridad. En la reserva nos informaban que podríamos hacer el check in a partir de las 11 y hay quien intenta estar allí a primera hora. Nos entregaron sin embargo el número 21, por lo que parece que no había habido mucho tránsito.

Entrega de Equipaje

Pusimos nuestras etiquetas en las maletas mientras hacíamos la cola, y enseguida nos las recogieron y nos mandaron a los mostradores de check in. Tras entregar nuestros pasaportes y documentación del viaje, nos dieron nuestra tarjeta y nos invitaron a subir al barco. El acceso lo hicimos por medio de un finger y tras la foto de rigor (que después intentan cobrarte), estábamos dentro.

Acceso al barco

Si por fuera impresiona, ya por dentro alucinas. Aún olía a nuevo, como los coches recién sacados del concesionario.

Bienvenidos a Bordo

Zona recepción

Escalera

MSC Meraviglia

MSC Meraviglia

MSC Meraviglia

MSC Meraviglia

Joyería

MSC Meraviglia

Biblioteca

Nuestras maletas aún tardarían en subir, así que fuimos en busca de nuestro camarote para dejar la mochila de mano y refrescarnos antes de marchar a comer. Ya teníamos claro que no nos daría tiempo a ver la ciudad, pero como Barcelona ya la conocíamos y la tenemos tan cerca, no nos importó. Además, con todo el proceso independentista, la aplicación del artículo 155 de la Constitución y el encarcelamiento el día anterior de Junqueras y otros 8 consellers, había concentraciones y manifestaciones en la ciudad y la Diagonal estaba cortada. Por tanto, no teníamos otro objetivo para el primer día que acomodarnos y descansar para así empezar el crucero con las pilas cargadas.

Nos costó encontrar el camarote entre tanto pasillo y, como suele ocurrir, al final era mucho más fácil de localizar. Pero el barco tiene muchos recovecos y a veces parece un laberinto.

Pasillo

Como en casos anteriores habíamos elegido una cabina interior sin ventana, ya que en el camarote es donde menos tiempo se pasa durante un crucero. En esta categoría suelen ser bastante justos, como una habitación de un easyhotel, sin embargo, nos sorprendió encontrar un espacio bastante amplio, con una cama grande, escritorio (con enchufes europeos, americanos y toma usb), armario (con caja fuerte) y televisión.

Camarote

Camarote

Detalles Camarote

Del mismo modo, el baño no era un zulo en el que apenas te puedes duchar y estaba muy bien distribuido y con espacio de almacenamiento para los productos de aseo. La verdad es que se notaba que todo estaba muy nuevo y con un diseño más moderno.

Baño

La temperatura se podía regular mediante un control en la pared. También había un par de pulsadores para indicar al camarista si podía limpiar el camarote o no querías que te molestara. Según el que estuviese marcado, así se encendía una luz en el exterior.

Ya que no teníamos las maletas y no podíamos colocar nada, nos fuimos a buscar el comedor. De nuevo alucinamos. El comedor principal, de estilo bufet y que está abierto prácticamente todo el día, cuenta con numerosos puestos, cada uno de ellos dedicado. Por ejemplo, había un espacio para la pizza, otro para panes y quesos, otro para la pasta, otro para ensaladas, una zona mediterránea, otra de carne, otra de cocina étnica, la infantil (que básicamente consistía en perritos, patatas fritas, hamburguesa y pasta), la de la fruta y la de los postres, además de algún espacio variado.

Comedor

Zona ensaladas

Comedor

Postres

La bebida había que pedirla bien a los camareros que iban con un carro, bien a otros que estaban en un puesto fijo dispuestos a lo largo del comedor. Había que enseñar la tarjeta o bien entregar los vales, en función de lo que se tuviera contratado.

Aunque es un comedor grande, el barco tiene capacidad para tantos pasajeros, que se llena y es difícil encontrar sitio. Y más aún cuando vuelves con la comida tras dar mil vueltas. Con los días descubriríamos que en la parte de popa solía haber menos gente. Pero era el primer día y pecamos de novatos. Estábamos aún haciéndonos al barco.

Me gustó el detalle de que los platos fueran como bandejas (de plástico duro), por lo que resultaba muy práctico para hacer un plato combinado y no llenar la mesa de vajilla. El descubrimiento del día fue el pan de ajo. Riquísimo.

Comida

Otro detalle que me gustó fue que justo antes de entrar al comedor, en cada una de sus puertas había dispuestos varios lavabos. Muy bien pensado. Así te puedes limpiar tanto antes como después de comer.

Lavabo

Después del almuerzo, para darle tiempo a las maletas y aprovechando que aún había gente de escala y el barco no estaba muy lleno, nos fuimos a recorrer las zonas comunes.

En el exterior descubrimos la piscina principal con algunos valientes a remojo e intentamos no perder detalle del barco: los jacuzzis, el carril para corredores (y los que hacen marcha rápida), la inmensa pantalla de plasma, el trozo del parque acuático que sobresale desde las alturas, los bares, los ascensores, las zonas de fumadores, la piscina de popa…

Piscina principal

Piscina Principal

Parque acuático

Carriles

Piscina Popa

Continuamos por el interior, planta a planta: localizamos los comedores, los teatros, los diferentes bares, los restaurantes temáticos, las tiendas, el gimnasio, los recreativos, la bolera, la pista multiusos, el casino, las discotecas, el cine 3D, las zonas infantiles… y es que este barco tiene de todo. Hasta el desembarque descubrí rincones nuevos.

Sportflex

Pista multiusos

Simulador Fórmula 1

Bolera

Recreativos

Zona infantil

Chocolatería

Kaito

Kaito

Bar Casino

Volvimos al camarote a ver si estaban ya listas nuestras maletas y sí, allí nos estaban esperando, pero no las deshicimos, pues a las 16:30 teníamos la charla inicial y después el simulacro. Así que las pasamos al interior y nos dirigimos a la charla informativa.

En realidad la única intención es venderte las excursiones de la naviera. Pero bueno, teníamos tiempo y no habíamos viajado con MSC hasta la fecha, por lo que acudimos para ver si se contaba algo nuevo. No nos aportó mucho, salvo algún dato sobre cómo había que gestionar las compras o los cambios de turnos de comidas además de conocer el Teatro Broadway.

Teatro Broadway

Teatro Broadway

Al finalizar la aburridísima charla, comenzó el simulacro de emergencia. En los tres cruceros anteriores siempre teníamos el chaleco en el camarote y había que hacer el paripé por todo el barco hasta el punto de encuentro. En este caso, por el contrario, se parecía más a la explicación de los aviones: póngase el chaleco por la cabeza y áteselo bien a la cintura. Tiene un silbato, y una luz que se enciende en contacto con el agua.

Simulacro

Después todos de paseo al punto de encuentro para tenerlo localizado y listo. A nosotros nos tocó el casino.

Casino

Este método resulta mucho más rápido y práctico, pues los chalecos quedan a buen recaudo almacenados en el barco y no en cada camarote. Además, me parece muy acertado que se escanee la tarjeta a cada persona que acude a su punto de encuentro, para comprobar que todo el mundo ha prestado atención. Si detectan que te has saltado el simulacro, te dejan un aviso en el camarote para que lo hagas al día siguiente.

Libres de obligaciones fuimos a vincular la tarjeta de crédito para el depósito. Se puede hacer en las máquinas que están dispuestas alrededor de la recepción.

Máquina tarjetas

Son muy sencillas de usar y en apenas un par de pasos queda el trámite hecho.

Aprovechamos también para reservar el espectáculo de la noche en una de las pantallas que hay en los vestíbulos del barco (luego descubriríamos que se podía hacer desde la propia televisión del camarote). Y como aún quedaba un rato para la salida, nos fuimos a deshacer las maletas.

Pantalla reservas

Después, subimos a cubierta, aunque lo cierto es que el puerto de Barcelona no ofrece grandes vistas.

Puerto de Barcelona

El barco estaba atracado bastante lejos de la ciudad, y aunque se podía ver el teleférico y algún pico, lo cierto es que lo que más veíamos eran muelles de carga.

Puerto de Barcelona

Yo esperaba ver al menos el atardecer en la costa al comenzar a navegar, pero el práctico tardó bastante en llegar y salimos con bastante retraso, con lo que ya se había hecho de noche.

Puerto de Barcelona

Puerto de Barcelona

Práctico

Puerto de Barcelona

Puerto de Barcelona

Con el barco ya en movimiento, volvimos al camarote para prepararnos para la cena. En la asignación de la reserva nos pusieron en el segundo turno. Hasta ahora siempre habíamos elegido el primero, pero en este caso nos dijeron que era a las 19:45. Dado que nos parecía excesivamente pronto, decidimos elegir esta vez la otra opción. Sin embargo, una vez en el barco, resultó que había tres restaurantes y 7 horarios diferentes. No todo era 19:45 o 21:45 como creíamos.

  • Waves Restaurant: 17:45, 19:45 y 21:45
  • Panorama Restaurant: 18:30 y 21:00
  • L’Olivo d’Oro: 19:00 y 21:30

Y no solo es que el inicio fuera tarde, sino que cuando nos quisieron empezar a servir eran ya las 22:20, por lo que nos perdimos el espectáculo, ya que cuando quisimos salir, eran más de las 23:30.

El menú no ofrecía excesivas opciones, pero había para todos los gustos: sopa/crema, ensalada, entrantes; y en los segundos: carne, pescado, arroz, algo de pasta… y siempre con opción vegetariana. Además, todos los días se podía pedir pescado al vapor o pechuga de pollo a la plancha. Está permitido repetir las veces que se quiera, e incluso pedir varios primeros si los segundos no convencen (y viceversa). Así que no es tan limitado como puede parecer en un principio, pues hay bastante libertad para combinar. El pan cambiaba cada día. El camarero pasaba con una canasta y 3 ó 4 tipos diferentes donde elegir.

Este primer día nos decantamos por los mejillones a la marinera y la ensalada Vesubio, y de segundo risotto a la pescadora y dorada a la parrilla. Lo rematamos con una tarta de pistacho y un Apfelstrudel. La verdad es que estaba todo muy rico, una pena que el servicio fuera tan lento, porque casi hicimos la digestión entre plato y plato.

Menú noche 1: Entrantes

Menú Noche 1: Platos principales y postres

Prácticamente el día no daba para más. Era casi media noche, habíamos dormido poco el día anterior y para el día siguiente había que madrugar. Así pues, aunque había animación con la fiesta de los años 70, nos dimos un paseo por las zonas centrales, pero enseguida nos fuimos a dormir. Demasiadas emociones para un día.

Fiesta años 70