Trucos viajeros: Salud viajera – Seguro de Viaje

Ponerse malo es siempre un fastidio, pero si además nos pilla de viaje, es aún peor. Si además hay que recurrir a la consulta médica, mejor contar con seguro para evitar más sorpresas. Que un esguince tonto lo puede tener cualquiera, por no hablar de un dolor de muelas, un catarro o una diarrea. En algunos países te puedes encontrar con que has de pagar cifras astronómicas por una consulta, un análisis de sangre o una radiografía. Y si además requieres de ingreso hospitalario, mejor vende un riñón. Por eso es muy importante viajar asegurados.

En Europa contamos con la Tarjeta Sanitaria Europea, que permite el acceso a la asistencia sanitaria en el Estado Miembro en el que nos encontremos. Nos cubre como si fuéramos locales.

Se puede solicitar por internet y llega a tu domicilio en apenas un par de días. Tiene validez de dos años y sirve para los países integrantes de la Unión Europea (Alemania, Austria, Bélgica, , República Checa, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia), así como los del Espacio Económico Europeo (Islandia, Liechtenstein, Noruega) y Suiza.

Sin embargo, cuando salimos de este entorno (e incluso como complemento de la Tarjeta Sanitaria Europea) necesitamos un seguro. Ahora bien, ¿cómo sabemos qué tipo de seguro necesitamos?

Pues no hay un seguro universal que sirva para todo el mundo. Sino que lo ideal es configurar en base a nuestras necesidades. Tanto como viajeros (persona sola, familia con niños o mascotas, mayores de 60 años…) como por el tipo de viaje que realizamos (crucero, a la montaña, de playa, de mochilero…). Lo básico sería que incluyera cambios de itinerario, equipajes, defensa legal, salud, hospitalización y repatriación/evacuación. Hoy en día incluso es interesante que cubra el material informático (cámara, ordenador, tablet, móviles…).

Normalmente suele haber dos modalidades: el de cancelaciones (que sirve hasta la fecha de inicio de viaje) y el de salud (para el viaje en sí). Aunque hay compañías que ofrecen una mezcla de ambos.

Hay que asegurarse bien del tipo de viaje que vamos a hacer, pues un seguro de salud estándar no suele cubrir viajes en crucero o deportes considerados de riesgo como esquí, snowboard, surf, hípica… Para esos casos hay que contratar uno más específico. Y si el país es considerado como conflictivo, directamente no dan cobertura, así se evitan indemnizar como por ejemplo en caso de atentado.

También suelen excluir las coberturas de lo que llaman las condiciones preexistentes. Es decir, que si tienes una cardiopatía, diabetes o algún tipo de enfermedad, probablemente te pidan pagar un extra para asegurarte.

El precio suele ir condicionado por el destino, porque obviamente la sanidad no cuesta lo mismo en todos los lugares del mundo. Aún así, es un gasto necesario. Es preferible pagar 100€ por 15 días, en lugar de 25.000€ por una apendicitis, como es el caso de EEUU.

También influye la duración, claro. Y, aunque lo normal es contratar uno puntual para un viaje en concreto, para viajeros frecuentes a veces sale más rentable decantarse por uno anual que suele cubrir todos los de menos de 90/120 días dentro del año en cuestión. Independientemente de los viajes que se hagan.

Pero esto es la teoría. Otra cosa es la práctica. ¿Cómo funcionan a la hora de la verdad?

Pues en general, solo cubren las urgencias, no una revisión u operación concertada previamente. Y la mayoría te pide que les llames antes de acudir a ningún consultorio. De esta forma, son ellos quienes buscan el médico que te correspondería en el lugar en que te encuentras y así cuando llegas ya estás autorizado. Sin embargo, también hay otros seguros en los que no falta que avises. Siempre que sea una urgencia, eso sí.

En caso de hospitalización, conviene saber si cubre el desplazamiento de un familiar (generalmente línea directa), si le pagan la estancia, cuántos días…

A la hora de pagar tras la atención sanitaria también hay que tener en cuenta lo que hemos contratado, pues aunque tengamos la autorización previa, en la mayoría de los casos eres tú el que tienes que adelantar el dinero. Después reclamas, aportas documentación y el seguro te paga. Pero también hay seguros que se encargan de todo desde el principio, lo cual evita tener que llevar mucho dinero encima o una tarjeta con buenos fondos.

Así pues, con estas consideraciones, podemos comparar varias compañías para ver cuál se aproxima más a nuestras necesidades en función de coberturas, transparencia a la hora de hacer uso de él (poder contactar con un teléfono gratuito, en español y 24 horas, por ejemplo) y precio.

La tranquilidad que da viajar con una cobertura detrás no tiene precio, pero sobre todo, el volver sin haber tenido que recurrir a él.

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Nueva serie a la lista “para ver”: Liar

Una cita y dos versiones. Así comienza Liar, un thriller británico en el que Laura, una profesora de literatura de instituto que tras un tiempo sin quedar con hombres después de una ruptura, decide salir, animada por su hermana, con Andrew, un reputado cirujano.

Todo parece ir bien, pero, a la mañana siguiente, Laura se levanta desubicada. No parece recordar todo lo que pasó la noche anterior, pero sí que cree haber sido violada, por lo que acude al hospital a que le hagan un reconocimiento. Cuando Andrew es llevado a comisaría, niega rotundamente los hechos. Él tiene una versión completamente diferente.

Liar plantea dos versiones de una historia, algo parecido al planteamiento de The Affair, sin embargo, creo que se mete en tema farragoso al poner en entredicho una violación. Tan solo he visto el primer capítulo, por lo que no sé qué ocurre en los cinco restantes de los que consta la temporada; pero flaco favor hace al cuestionar un delito tan grave, tan común y tan silenciado como es la agresión sexual.

Claro que todo el mundo tiene su punto de vista de cómo ocurren las cosas, porque no todos percibimos de la misma manera la realidad. Somos subjetivos. Pero hay algo más allá de las versiones y son los hechos. La serie intenta explorar ese baile de declaraciones intentando esclarecer lo que realmente ocurrió para descubrir quién tiene razón, pero, al contrario que en otros delitos, en muchos casos, una violación es difícil de demostrar.

Así, aunque el planteamiento de Liar me llama la atención, el visionado del piloto me produjo cierto desasosiego. Por un lado por la posibilidad de que ella no esté diciendo la verdad y sirva como ejemplo de las famosas denuncias falsas; pero en caso de que sea verdad, la angustia es peor porque es difícil no empatizar con el personaje y con su desazón. Liar refleja la situación que viven muchas mujeres tras denunciar una violación y cuyos relatos no son creídos. Ella salió a cenar con él y le invitó a entrar en casa, y esto suele considerarse como un hecho que desacredita todo lo demás. Además, él es el típico cliché de hombre apuesto y de reputada fama, por lo que “por qué iba a violarla”. Al final la víctima se convierte en culpable.

El primer capítulo se adentra en ambas versiones y a medida que avanza, comienzan las dudas de ambos relatos. Se cuestiona la estabilidad emocional de Laura que parece estar tomando medicación; pero también el pasado de Andrew, pues su mujer se suicidó. ¿Quizá fue un asesinato?

La trama se estructura en torno a dos líneas temporales: por un lado la cita, que se va contando a modo de flashbacks, con cuentagotas y con sus dos versiones; y por otro el presente, en el que los personajes intentan seguir con sus vidas.

Pero no todo gira en torno a Laura y Andrew. Alrededor de los dos protagonistas hay toda una red de personajes secundarios que completan la historia. Ambos están conectados por Luke, el hijo de Andrew, que es alumno de Laura. Pero también por Katy, la hermana de la profesora, que trabaja en el hospital con el cirujano.

Laura recurre a Tom, su ex, que es policía, para que la ayude con la denuncia y que no se quede en agua de borrajas, pero lo que esta no sabe es que está liado con su hermana, que está casada y con dos hijos.

Así pues, es posible que el Liar del título no se refiera solo a que alguno de los dos personajes principales está mintiendo, sino cómo las mentiras en la pareja, en la familia, en los amigos… al final acaban pasando factura cuando los secretos salen a la luz. Quizá por eso se ha renovado para una segunda temporada. Y es que si solo se centrara en Laura y Andrew, no tendría mucho recorrido.

Liar engancha. Por el relato, por la incomodidad que genera, por la incertidumbre de a quién creer, y por esa narración de los flashbacks con cámaras escondidas como si el espectador hubiera sido un testigo escondido.

Conclusiones del viaje a Mahé, Bombay y París

Cuando surgió el viaje, tuve un breve momento de duda, como ya comenté. Por suerte, duró poco y nos lanzamos. Fue un viaje un poco agotador, con mucho por ver y hacer en algo más de una semana. Sin embargo, creo que el contraste entre los tres países fue bueno para desconectar y vivir cada uno de una forma totalmente diferente.

Comenzamos por las Islas Seychelles, unas islas paradisíacas que desde luego no entraban en mis planes más próximos (ni lejanos, en realidad). Y es que con tanto globo terráqueo por descubrir, los destinos de playa quedan muy abajo en muy lista. Además, África para nosotros de momento era terreno inexplorado. Si hubiéramos ido más días, quizá habríamos aprovechado para hacer alguna excursión a Praslin o La Digue, sin embargo, al tratarse de una escala diurna, nos centramos en Mahé, que es la isla principal y donde llegaba nuestro avión.

Playa Seychelles

Mahé no es muy grande, pero para poder aprovechar el tiempo al máximo, alquilamos un coche para poder movernos a nuestro ritmo y no depender de los autobuses locales. Seguimos la carretera principal y fuimos parando en playas y calitas que nos iba apeteciendo. Incluso nos bañamos en Beau Vallon, donde nos quedamos también para comer en ambas escalas aprovechando los restaurantes a pie de playa y el pescado fresco.

Playa Seychelles

Beau Vallon

Comida

Por supuesto, también estuvimos en Victoria, la capital. Un pueblecito, más que una ciudad, donde se concentra la mayor parte de la población. Turísticamente tiene poco que visitar, es de esos destinos en que hay que seguir a nuestros pies y perderse entre el ir y venir de los lugareños. Mahé no es un destino de monumentos, fueron mucho más interesantes las visitas al mercado y a la plantación de té.

Slewyn-Clarke Market

Slewyn-Clarke Market

Slewyn-Clarke Market

Tea Factory

Tea Factory

Aunque sin duda, uno de los mejores sitios es el Parque Natural Morne Seychellois, un auténtico paraíso verde y salvaje para los amantes de la naturaleza. En su mirador se respira tranquilidad, se ve cómo se mueven las nubes que tapan y descubren los montes. Y abajo, las prístinas aguas.

Parque Nacional Morne Seychellois

Morne Blanc View Point

Lo que menos me gustó fue el clima. Nada más bajar del avión nos encontramos con una bofetada de humedad, sobre todo en la primera escala, ya que en la segunda había lluvias intermitentes y la temperatura había descendido unos grados.

Nuestros gastos en las dos escalas a la isla se redujeron al alquiler de coche, que dividido entre cuatro fueron 22.50€; y la gasolina y comida, que fueron otros 70.95€.

Los precios de Mahé eran elevados, un menú costaba más o menos como en Reino Unido. En total gastamos en las Seychelles 93.45€ por cabeza (menos de 50€ por día).

Playa Seychelles

Bombay fue nuestra estancia más larga. Y es que, en teoría, era el destino originario del viaje. Tampoco estaba en la lista. Sí que habíamos pisado Asia cuando visitamos Japón (y Estambul), pero claro, el país nipón no tiene nada que ver. Sí, tanto la India como Japón son países muy poblados, pero no son comparables ni en clima, ni precauciones sanitarias, ni infraestructuras, ni cultura, ni costumbres…

Barbería

Caña de Azúcar

dabbawala

Estación

Dhobi Ghat

Bombay fue un choque cultural. Tuvimos que despojarnos de nuestros prejuicios y dejarnos llevar por el caos. Fue un gran contraste viniendo del ritmo pausado de Mahé. Llevábamos una ruta más o menos establecida, por aquello de querer aprovechar al máximo nuestra visita. Sin embargo, pronto descubrimos que no hay organización que valga y que hay que dejarse fluir.

Aún así, intentamos recorrer los puntos más o menos significativos de la ciudad como Fort, el actual distrito comercial y administrativo pero que era donde en el siglo XVII se erigía la antigua fortaleza. Es en ese barrio donde se encuentra el mayor número de edificios victorianos de finales de siglo XIX cuando Bombay era la joya de la corona del Imperio Británico. De aquella época datan la Central Telegraph Office, el Tribunal Supremo, la Universidad, la Biblioteca David Sassoon, el Museo Chhatrapati Shivaji Maharaj Vastu Sangrahalaya o la Puerta de la India, ya en Colaba.

Central Telegraph Office

Tribunal Supremo de Bombay

Universidad

Biblioteca David Sassoon

Chhatrapati Shivaji Terminus

Puerta de la India

Esta zona está más o menos delimitada y se puede recorrer siguiendo una ruta. Por lo demás, el resto de Bombay es llegar a un barrio y perderse en él, callejear y descubrir su singularidad, la confesión de sus habitantes. Si Mahé no era un lugar para hacer turismo de monumentos, Bombay fuera de Fort, tampoco lo es. Sí, quedan restos como los fuertes de Bandra o Worli, alguna iglesia o templo… pero no se conservan en un muy buen estado. Como ya dije, Bombay no es para ir de turista, sino de viajero. Asumir el calor, el caos, los contrastes e intentar disfrutar la experiencia de salir de la zona de confort.

Khan Abdul Gaffar Khan

Aún así, es quizá la más europea de las ciudades indias con sus edificios coloniales y sus modernos rascacielos. Imagino que no tiene nada que ver con Nueva Delhi, Calcuta, Agra o Bangalore.

Aunque íbamos predispuestos a dejarnos llevar por la India, sus costumbres, su clima, su comida… hay algo a lo que no pensábamos renunciar y era el poder dormir con aire acondicionado, sin bichos y disponer de un baño decente. Así que buscamos un hotel de estilo occidental. Nuestra estancia con desayuno incluido nos salió por 127.98€ por persona (o 255.95€ por habitación). El buffet no disponía de una gran variedad de comida, pero estaba bastante bien con opciones dulces y saladas, calientes y frías, occidental e india. Una buena combinación. También cenamos allí y los platos eran abundantes, a buen precio y con un personal muy atento y simpático.

Habitación

Buffet

Por lo demás, el resto de gastos en Bombay (comidas, desplazamientos, excursión a la Isla Elephanta y alguna compra) fueron 369.69€, que son 92.42€ por cabeza.

Mondegar Café

A esto hay que sumarle el visado que hubo que sacar antes del viaje, que al cambio fueron 47.86€ cada uno. Es decir, en total, en Bombay gastamos 268.26€ por persona.

Para finalizar, llegamos a París, donde nos sentimos casi como en casa. El clima, la comida, la arquitectura, el transporte público ya no suponían un contraste como habían sido nuestras dos paradas anteriores. Aún así, París supuso un reto: el de conseguir ver lo máximo posible en dos días y medio. Algo imposible, por supuesto, ya que por mucho transporte público al que puedas recurrir, es una ciudad inmensa con siglos de historia, muchos monumentos, parques, museos, palacios, iglesias, catedrales, hoteles y cafeterías de renombre con parisinos sentados frente a la calle para ver a la gente pasar y dejarse ver…

Hotel du Louvre

París

París

París

cafetería

Café

París

Pero bueno, intentamos quedarnos con un primer acercamiento, pateando la ciudad, ya que el clima acompañaba a estar en el exterior. Paseamos por Montmartre y sus bohemias callejuelas, por la selecta Isla de San Luis, por el origen de la ciudad en la Isla de la Ciudad, por Le Marais, por los jardines de Luxemburgo y de las Tullerías; admiramos los palacios, el Louvre, la Catedral de Notre Dame, el Sacre Cœur; subimos a la Torre Eiffel y la vimos iluminada de noche; recorrimos los Campos Elíseos y llegamos hasta el Arco del Triunfo; callejeamos por el Barrio Latino; visitamos la Plaza de la Concordia, la des Vosges y la Vendôme y seguimos el curso del Sena descubriendo sus numerosos puentes.

Sacré-Cœur

Moulin Rouge

Jardín de las Tullerías

Museo del Louvre

Notre Dame

Torre Eiffel

Arco del Triunfo

Plaza de la Concordia

Puentes sobre el Sena

Siempre había sido escéptica con respecto a París. No sé si por los franceses o por su fama como ciudad de los enamorados. Quizá por ambos motivos. En cualquier caso, me sorprendió gratamente. Encontré un París que me hubiera gustado recorrer con más calma para descubrir más rincones; para entrar a museos, a los diferentes monumentos; para sentarme en una de las sillas verdes típicas de los parques; para comer más crepes; para visitar las catacumbas; para subir a la Torre Montparnasse o para perderme entre las lápidas de los cementerios. Supongo que habrá que volver.

Los gastos en París no se nos dispararon mucho, a pesar de que es una ciudad cara. Siempre hay opciones para todos los bolsillos, aunque haya que buscar mucho. El primer reto fue el alojamiento. Al ser cuatro, nos era más rentable un apartamento por Airbnb, que un hotel. Nos costó 36.63€ por persona para los dos días.

Apartamento

Por otro lado, para movernos, era imprescindible sacarse algún pase o abono, y lo hicimos con los locales, con la Navigo, que fueron 27.50€ por persona, con el gasto de expedición de tarjeta incluido.

Además, sacamos las entradas de la Torre Eiffel por internet. No es que nos ahorráramos dinero, pero sí tiempo. Otros 17€.

Por lo demás, el único gasto fue comer, y prácticamente lo solucionamos con el supermercado que teníamos frente al apartamento. En total fueron 42.20€ en este aspecto.

Así, la suma de nuestros gastos en la capital francesa fue 123.32€.

A veces lo barato sale caro. Coges una oferta, pero a medida que vas añadiendo extras, la cuenta va subiendo y al final resulta que no era tan ventajosa como parecía. Sin embargo, este no fue el caso, ya que los gastos por persona de todo el viaje no llegaron a los 800€. En situaciones normales, con ese dinero apenas nos habría dado para cubrir los vuelos.

Con la tarifa error y los vuelos Madrid – París ida y vuelta, nos gastamos 273.76€ por persona. Para el resto seguimos la misma rutina de siempre, y es que, aunque establecemos un presupuesto estimado para más o menos saber cuánto nos vamos a gastar, lo cierto es que siempre transcurre natural y no acabamos derrochando. Tiene que ver con la educación y hábitos adquiridos.

Así pues: 268.26€ de Bombay + 93.45€ de Mahé + 123.32€ de París = 485.03€. Que sumado a los vuelos (485.03€ + 273.76€) nos dan el total de 758.79€.

No nos salió nada mal la aventura.

Misión Imposible, S-Time

Siguiendo la costumbre de hacer un Escape Room al mes, a finales de octubre tocó Misión Imposible.

En realidad teníamos pensado realizar otra sala, pero no había el horario que queríamos, así que, elegimos este a última hora y prácticamente sin leer mucho sobre él. De hecho, poco más que la temática.

Durante los años 60, en los momentos más críticos de la Guerra Fría, ambos bandos deciden aumentar drásticamente el presupuesto en inteligencia militar. Formando parte de un grupo de agentes de la CIA, sois enviados a una base secreta para recabar información. ¿Seréis capaces de completar la misión sin levantar sospechas?

En esta sala el papel de cada jugador es clave. La diversión va más allá de los propios enigmas que os hemos preparado: con vuestras nuevas identidades, todos tendréis algo que esconder.

Pueden participar de 4 a 6 jugadores. Nosotros éramos el mínimo y creo que 4-5 funciona muy bien. 6 quizá se estorben. No por lo porque sea un espacio pequeño, sino por el desarrollo simultáneo de tareas. Y es que no hay muchos enigmas que resolver; eso sí, cada uno lleva su tiempo. Cabe remarcar que es una sala en la que no hay ni un solo candado, sino que todo consiste en resolver acertijos. No es un juego que sea de buscar, sino de observar, pensar, razonar y asociar. Y desde mi punto de vista, ahí radica su acierto.

Ya nos habíamos encontrado con este planteamiento en Tras el Espejo, sin embargo, aquella sala fue un fiasco. Ya conté que no me sentí integrada en el juego y que no encontraba el sentido de las diferentes pruebas. Aquí, sin embargo, la ambientación está muy lograda en cada una de sus salas. El hecho de que no haya candados tiene todo su sentido. Que paredes, techo y mobiliario formen parte del escenario hace más real el juego de espías. Es una sala muy tecnológica y con los mecanismos tan bien escondidos que cuando resuelves un problema, has de estar atento para saber qué es lo que has abierto o movido. Así, sí.

En cuanto al nivel de dificultad, entramos un poco dudosos porque no nos habíamos dado cuenta de que tenía la más alta calificación de S-Time. No obstante, creo que esta vez entramos menos fríos que otras veces y enseguida comenzamos a encontrar posibles piezas de varios puzzles y a detectar por dónde iban a ir los tiros. Resolvimos bastante rápido el primer juego (he de decir que gracias a una inspiración que me vino de una prueba de Tras el Espejo) y ya a partir de ahí fue más o menos rodado (salvo algún mecanismo que nos desconcertó bastante, pero que a la vez nos encantó).

En la explicación inicial nuestra Game Master nos había dado unas identificaciones. Y es que cada jugador tiene un rol y esto influirá en el desarrollo del juego. Sin embargo, creo que aquí no nos explicó muy bien (o no nos enteramos) de que debía ser secreto. O de que al menos podía serlo, ya que la elección de mostrar o no las cartas al resto, cambiará el ritmo y resultado de la partida. Nosotros no captamos la dinámica y nos pilló por sorpresa alguna misión de la segunda parte. El giro de los acontecimientos hace que la experiencia sea totalmente diferente a la de otras salas. Y nos encantó. Al final este malentendido inicial provocó varias anécdotas divertidas. Y hasta aquí puedo leer sin reventar nada.

Conseguimos salir con 16 minutos restantes, así que seguimos imbatidos. Eso sí, nos dejamos alguna prueba sin resolver. Esto tiene que ver con el malentendido que comentaba, ya que en función de los roles de los jugadores, la misión tendrá diferentes finales. Por ello, nuestra Game Master acudió a decirnos que ya habíamos terminado.

Fue sin duda el Escape Room más divertido y mejor ambientado de los que he jugado hasta la fecha. Eso sí, le pondría la pega de la explicación inicial, ya que como consecuencia del malentendido, nos desorientamos un poco al final. Nos desconcertó también un poco el objetivo, ya que además de salir, se suponía que éramos espías que teníamos que recabar información, y como veníamos de Plan de Huida, pensábamos que había que escapar con algún documento u objeto.

Pero salvo ese par de detalles, recomiendo Misión Imposible sin duda tanto a novatos como a experimentados. Que el nivel no frene, ya que los enigmas no son difíciles. Eso sí, absténganse claustrofóbicos.

Conclusiones de nuestra breve estancia en París

Cuando surgió este viaje a Bombay decidimos añadir unos días más en París antes de volver a casa y ya entonces sabíamos que íbamos a tener que seleccionar y que nos quedarían muchas cosas pendientes.

París tiene mucho que descubrir y es muy complicado elegir qué ver en una primera visita. En estos casos siempre solemos darle prioridad a la calle. Es decir, nos centramos en patear la ciudad, perdernos por sus barrios, observar su arquitectura y edificios emblemáticos. Y si da tiempo, quizá alguna visita de interés cultural o histórico, un paseo en barco por el río u otro tipo de atracción.

París

Louvre

Plaza Vendôme

Place des Vosges

Así pues, creamos una planificación en la que intentaríamos conocer los barrios más importantes buscando aquellos básicos de la ciudad como el Sacre Cœur, el Louvre, el Pompidou, las islas, caminar por las riberas del Sena viendo los numerosos puentes cada uno de ellos diferente del anterior, relajarse por los jardines importantes de la ciudad, recorrer los Campos Elíseos, subir a la Torre Eiffel

Sacre-Cœur

Sena

Sena

Sena

Sena

Palacio de las Tullerías

París

Jardín de las Tullerías

Jardines de Luxemburgo

Campos Elíseos

Torre Eiffel

Y si hubiera tiempo, quizá subir al Arco del Triunfo, a la torre de Notre Dame, al mirador de Montparnasse y visitar las catacumbas.

Intentamos aprovechar al máximo los días, y teníamos a nuestro favor suficientes horas de luz y unos 15º de temperatura media. Sin embargo, jugó en nuestra contra el factor cansancio acumulado de todo el viaje y una ciudad demasiado extensa, con demasiados atractivos en cada barrio, en cada rincón. París es todo un monumento en sí misma.

Aprovechamos bastante bien el primer día visitando Montmartre, la zona de Ópera, Le Marais, La Isla de San Luis, el Jardín de las Tullerías y acabando en la Plaza de la Concordia. Aunque llegamos cansados tras un largo viaje, el cambio de clima nos cambió totalmente las pilas.

Montmartre me encantó, y el hecho de que el barrio estaba aún despertando, con poco ajetreo por sus empedradas calles, nos permitió pasear tranquilamente observando cada rincón, cada plazoleta, cada local.

mur des je t'aime

Montmartre

Place du Tertre

Montmartre

Montmartre

Ver cómo se pone en marcha una ciudad también tiene su encanto. Y observar a tus pies París desde la escalinata de la Basílica te anima a seguir con el paseo.

Sacré-Cœur

Montmartre aún mantiene ese encanto bohemio, ese barrio de artistas, y además, se ve mucho arte callejero en sus paredes.

París

Otro punto simbólico que no podíamos dejar de visitar en Montmartre es el Moulin Rouge, que aún hoy sigue funcionando.

Moulin Rouge

Desde allí continuamos hasta las Galerías Lafayette que me dejaron con la boca abierta al ver esa cúpula tan ricamente decorada. Y aún más con sus vistas de la ciudad.

Galerías Lafayette

Vistas desde Galerías Lafayette

Después de dejar nuestras maletas en el alojamiento continuamos por la histórica Plaza de la Bastilla y por el barrio de Le Marais que nos condujo a la Isla de San Luis, dos barrios residenciales en los que habitan las clases acomodadas de la ciudad, sobre todo en la isla, un oasis urbano próximo al corazón histórico de la ciudad.

Columna de Julio

Place des Vosges

Hôtel de Ville

Acabamos nuestro primer día por todo lo alto con el Pompidou, el Louvre, el Jardín de las Tullerías y la Plaza de la Concordia. En el Pompidou nos quedamos con las ganas de subir a su mirador, pero se nos estaba yendo el sol y hubo que continuar nuestro recorrido. El Louvre me abrumó. El conjunto de edificios que lo componen está ricamente decorado y la plaza entera es impresionante. Y nos conduce a través del jardín a la Plaza de la Concordia, otra plaza emblemática de la ciudad desde la que vimos atardecer.

Centro Pompidou

Museo del Louvre

Plaza de la Concordia

Aunque la Torre Eiffel parece un imprescindible en una primera visita a París, creo que nos quitó bastante tiempo del segundo día que podríamos haber aprovechado a pie de calle. Antes de subir paseamos por el barrio de Los Inválidos y el Campo de Marte, sin embargo, cuando bajamos, ya se nos había ido toda la mañana. Esto nos impidió entrar en otros monumentos como el Arco del Triunfo o Notre Dame, de hecho, cuando llegamos a la plaza de esta última había tremenda cola simplemente para acceder a la catedral. Imagino que hay dos opciones para subir: bien ir a primera hora, o bien armarse de paciencia y esperar en cualquier otro momento del día.

Iglesia del Dôme

Campo de Marte

Arco del Triunfo

Notre Dame

Ese día acabamos muy cansados, no obstante, no perdimos la oportunidad de salir de noche para ver otra perspectiva de la ciudad. Y aún así, tuvimos que elegir, pues no teníamos tiempo ni ánimos para salir de fiesta y perdernos por París. Así pues, nos acercamos a ver iluminada la Torre Eiffel y Moulin Rouge.

Torre Eiffel

Moulin Rouge

El último día fue algo más relajado porque ya habíamos asumido que no nos daría tiempo a ver lo que nos quedaba pendiente, pero intentamos aprovechar al máximo la mañana paseando por Saint Germain des Pres, el Jardín de Luxemburgo, la Universidad y el Barrio Latino.

Iglesia St Germain des Pres

Facultad de Derecho

Barrio Latino

Por la tarde, después de comer, nos quedaban unas horas antes de coger el avión, pero no las suficientes como para visitar las catacumbas. Y, aunque quizá sí que nos habría dado tiempo a subir a la Torre Montparnasse, decidimos seguir pateando algún tramo que nos habíamos dejado pendiente, como la Madeleine y la lujosa Plaza Vendôme. Y terminamos nuestra visita con unas compras.

Iglesia de la Madeleine

Plaza Vendôme

Aunque quedó mucho por ver, no nos habría dado tiempo a recorrer tanto sin la ayuda del transporte público. La elección de la tarjeta Navigo fue un gran acierto, pues quedó prácticamente amortizada con los dos viajes al aeropuerto más las paradas en Gare du Nord a dejar el equipaje.

El metro de París cubre prácticamente toda la ciudad gracias a sus 16 líneas. Tiene buena frecuencia y hay muchas conexiones para poder hacer trasbordo de una línea a otra.

Metro

La primera de ellas fue inaugurada en 1900. Desde entonces, la red de metro no ha hecho más que crecer contando en la actualidad con 303 estaciones y 219 kilómetros de vías. Es la tercera más larga de Europa Occidental solo superada por Londres y Madrid.

metro

El metro funciona de 5:30 a 1:00. Aunque los viernes y sábados cierra a las 2:00.

Se dice que no hay ningún punto de París alejado más de 500 metros de una estación, aunque con señalización diversa.

Metro

Metro

Algunas de ellas cuentan con unas salidas muy pintorescas.

Abbesses

Metro

Hay estaciones con pasillos interminables y múltiples desvíos. Sin embargo, está bien indicado y además, cuenta con paneles informativos que indican los horarios y avisan de posibles incidencias a tiempo real.

Panel informativo

Panel informativo

Una vez en el andén, también hay paneles que señalan la línea en que estás, el sentido, la hora, y lo que le falta al tren por venir, y además, a un segundo. Es bastante fácil moverse por la red de metro parisina. Y por si fuera poco, las locuciones se repiten en inglés, francés, español, alemán e incluso chino y japonés. Asimismo, la información dentro de los vagones con las advertencias de seguridad está en varios idiomas.

Metro

No obstante, en algunas líneas debían estar dando un lavado de cara a las estaciones, puesto que estaban como en bruto.

Metro

Metro

El RER tan solo lo cogimos para ir y volver del aeropuerto, trayecto que lleva apenas unos 50 minutos y sin apenas paradas.

RER

El bus solo lo cogimos una vez para acortar desde la Estatua de la Libertad a Trocadero y parecía tener buena frecuencia. Eso sí, también depende del tráfico, no nos olvidemos que estamos hablando de una gran capital. De ahí que cogiéramos más el transporte suburbano.

El apartamento a pesar de no estar céntrico creo que fue buena elección, pues estaba bien comunicado. Además, teníamos cerca un supermercado, que nos permitió hacer la compra y solucionar desayunos y cenas.

Desayuno

Esos tres días de París sirvieron como aperitivo, pues se quedaron cortos. Es una ciudad inabarcable. Además de los lugares a los que no entramos por falta de tiempo, me da la sensación de que nos quedaron muchos rincones por descubrir y que no observé con todo el detenimiento que se merece una ciudad con tanta historia en su pasado y una arquitectura tan rica (no hay que olvidarse de mirar hacia arriba para no perderse hermosas azoteas). Supongo que no nos quedará otra que volver algún día.

Día 10 II Parte. París. Iglesia de la Madeleine y Plaza Vendôme

Tras comer, nos dividimos. Los escoceses se marcharon al aeropuerto, pues tenían el vuelo a primera hora de la tarde, y nosotros, que lo teníamos a última hora de la tarde, intentamos aprovechar lo que nos quedaba de tarde. En un principio pensábamos subir a la Torre Montparnasse y visitar las Catacumbas, que quedaban cerca de la zona. Sin embargo, contábamos con poco tiempo para visitar las Catacumbas con calma. Así pues, decidimos seguir paseando en busca de algún punto de interés que se nos había quedado perdido en el mapa.

Tomamos el metro hasta la Plaza de la Concordia. Ya la habíamos visitado en nuestro primer día, pero era al atardecer y queríamos verla con más luz.

Plaza de la Concordia

Desde allí, la Rue Royale nos conduce a la Iglesia de la Madeleine, una iglesia católica que sorprende por su diseño, ya que recuerda a un templo griego con sus 52 columnas corintias de 20 metros de alto y con el frontón que representa la escena de El Juicio Final.

Iglesia de la Madeleine

Comenzó a construirse en 1764, pero las obras se vieron interrumpidas con la Revolución Francesa. Napoleón decidió continuar con los trabajos en 1806, pero cambió totalmente el diseño y se echó prácticamente abajo todo lo que se había construido.

Sobre todo cambió el aspecto interior. La idea original era construir un templo en honor a la Armada Francesa, pero este fin dejó de tener sentido cuando se erigió el Arco del Triunfo y en 1842, con la caída de Napoleón pasó a ser usada como iglesia en honor a Santa María Magdalena, función que sigue cumpliendo hoy en día.

Iglesia de la Madeleine

Su planta cuenta con una única nave de tres cúpulas. En la superior destaca un fresco sobre la historia del cristianismo. Frente al exterior neoclásico, el interior es de estilo barroco. Unas robustas puertas decoradas con motivos religiosos nos dan la bienvenida.

Iglesia de la Madeleine

El interior es muy sencillo y está sumido en la penumbra. Su órgano es uno de los mejores de París.

Iglesia de la Madeleine

Iglesia de la Madeleine

Iglesia de la Madeleine

Una escultura de la Asunción de la Magdalena preside el altar mayor.

Iglesia de la Madeleine

Tras visitar la iglesia, nos adentramos en el I distrito rumbo a la Place Vendôme. Es una zona en la que abundan los hoteles de lujo y las marcas de renombre como Chanel, Nina Ricci, Cartier, Bulgari o Christian Dior.

Vendôme

Vendôme

La plaza, construida en 1698, tiene una longitud de 124 metros y un ancho de 213 metros en un diseño octogonal. Fue concebida para acoger academias y embajadas, sin embargo, los banqueros se adelantaron, compraron los terrenos y levantaron suntuosas mansiones.

Plaza Vendôme

Plaza Vendôme

Plaza Vendôme

Es una plaza espectacular en cuyo centro se erige un gran obelisco, la Columna de Austerlizt, que conmemora la victoria de Napoleón en dicha batalla. En lo alto de sus 44 metros está coronada por una estatua del emperador. Fue construida con cañones de los imperios ruso y austríaco e imita la Columna Trajana de Roma. En su lugar, antes de la Revolución Francesa, había una estatua de Luis XIV.

Plaza Vendôme

Con el paso de la historia ha recibido varios nombres: Plaza Luis el Grande, Plaza de las Conquistas, Plaza Internacional y Plaza de las Picas. Y ha sido lugar de residencia de personajes célebres como Chopen o César Ritz, que fundó su hotel en el número 15 a principios del siglo XX. El nombre de Vendôme lo toma de otro hotel que hay en la plaza.

Plaza Vendôme

Hoy es el paradigma de la exclusividad, la opulencia, el lujo y las compras debido a sus joyerías y tiendas de alta costura.

Se nos acababa el tiempo, así que tomamos el metro hasta Montmartre para comprar recuerdos de última hora y de vuelta a Gare du Nord a por las mochilas.

Gare du Nord

Ninguna de las veces anteriores habíamos salido al exterior, así que esta vez lo hicimos, y el edificio de estilo neoclásico es impresionante. Destaca su fachada decorada con 23 estatuas que representan las ciudades a la que llega la compañía ferroviaria. Las que coronan el edificio simbolizan destinos internacionales.

Gare du Nord

La primera estación abrió en 1846, aunque enseguida se quedó pequeña y fue demolida parcialmente en 1860 para erigir una nueva, que es la que vemos hoy en día. La nueva construcción llevó desde 1861 a 1865. En 1885 se añadieron cinco vías extra. Cuatro años más tarde se reconstruyó entero y se amplió el lado este para las líneas suburbanas. En el siglo XX hubo dos nuevas ampliaciones, una en 1930 y otra en 1960. Actualmente es la estación de tren más grande de la ciudad.

Justo al salir al exterior hay una peculiar casa ladeada que supongo que es algún tipo de obra vanguardista.

Gare du Nord

Gare du Nord

Y con esto finalizó nuestra visita a París, volvimos de nuevo al interior para tomar el RER que nos llevaría al aeropuerto. Aunque la línea es exprés y apenas realiza un par de paradas, fácilmente lleva una hora llegar hasta la terminal del Charles de Gaule.

RER

Charles de Gaule

Habíamos hecho el checkin, pero no llevábamos las tarjetas de embarque porque no me llegó el correo electrónico, así que lo primero que hicimos fue ir a una de las máquinas para sacarlas. Y como no teníamos nada que facturar, pasamos el control y nos fuimos a la puerta. Y de nuevo, como a la vuelta de Japón, nos tocó la zona cuyo techo es de cristal.

Charles de Gaule

No sé quién fue el lumbreras que la diseñó, pero hace mucho calor, ya que aquello parece un invernadero. De hecho, si embarcas al atardecer, el sol te da de lleno a través de la cristalera y tienes que acabar recurriendo a un parasol como las asiáticas que teníamos enfrente.

Charles de Gaule

Para más inri, nos avisaron de que el vuelo salía con retraso. Aunque, por suerte, tan solo fue unos cuarenta minutos.

Panel

El vuelo fue tranquilo e incluso nos dieron un tentempié para medio cenar.

Cena

Para cuando llegamos a Madrid tan solo queríamos darnos una ducha y dormir. Se nos había acabado el viaje.

Serie Terminada: Halt and Catch Fire

Hace poco acabamos Halt and Catch Fire, una serie que ha pasado muy desapercibida para lo buena que es. Comenzó en 2014 y sus creadores tenían planteadas siete temporadas, sin embargo, terminó hace unos meses tras cuatro. Y saben a poco. Ojo que vamos con spoilers.

Halt and Catch Fire nació como una serie que se centraba en los primeros años de la informática allá por los años ochenta. Una serie de época, nostálgica. Con unos protagonistas visionarios que miran al futuro. Como ya conté cuando vi el piloto, comienza cuando Joe MacMillan, un ejecutivo agresivo, “ficha” a Gordon Clark, experto en hardware y a Cameron Howe, una brillante programadora, para crear un nuevo ordenador que compita con el de IBM. A ellos se les unirá Donna Clark, la mujer de Gordon, también ingeniera.

Así, la temporada se centra en Joe, ese antihéroe atormentado que manipula a todos y vende cualquier idea, y el trabajo a contrarreloj del resto de los integrantes del equipo para lanzar ese nuevo producto de Cardiff Electric. Nos adentra en ese mundo frenético y competitivo de los negocios en el que hay que ser el mejor y el más rápido.

Sin embargo, la serie se ha ido reinventando en cada temporada. En realidad, la serie y sus protagonistas, porque tras el fracaso no queda otra. Levantarse y volver a empezar. Tras la muerte de Cardiff Electric, Cameron monta Mutiny en una casa con un montón de informáticos que cumplen con el perfil de frikis. A ellos se les unirá Donna, y juntas nos adentran en el mundo de las primeras startups mientras Joe y Gordon intentan encontrarse a sí mismos y encauzar sus vidas por separado. MacMillan con un nuevo trabajo que le consigue su suegro y Clark volviendo a su garaje.

Si en la primera temporada el que sirve de nexo de unión y marca el ritmo es Joe; a partir de la segunda se produce un giro de timón y se pone el foco en Cameron y Donna. Juntas están consiguiendo éxito como emprendedoras, sin embargo, cuando salen al mundo empresarial no lo tienen tan sencillo.  Se encuentran en un mundo de hombres y no les es fácil conseguir inversores ni que les tomen en serio. Este cambio en el guion sirve para ampliar las tramas con un punto de vista que no habría podido ser posible con protagonistas masculinos.

El mundo de todos y cada uno de ellos salta por los aires en algún momento. El matrimonio de los Clark hace aguas, además Gordon descubre que tiene una enfermedad degenerativa; Joe no termina de encajar en su nueva vida; Cameron toma decisiones por su cuenta en relación a Mutiny…

Y vuelta a empezar. La tercera temporada en California, donde se han mudado todos para estar cerca de donde se están desarrollando los proyectos importantes en el mundo tecnológico. Un nuevo comienzo. Cameron y Donna siguen con Mutiny, a la que se ha incorporado Gordon. Joe se ha divorciado y parece haber vuelto a ser el ejecutivo de la primera temporada pero esta vez vendiendo antivirus.

La cuarta y última temporada arranca en los 90 con Cameron viviendo en Tokio diseñando videojuegos tras su salida de Mutiny. Ahora son los Clark quienes se han divorciado. Joe intenta juntar de nuevo a todos aprovechando una visita a los Estados Unidos de Cam para sacar adelante un nuevo proyecto sobre indexar páginas web en un buscador. Sin embargo, aunque consigue que se le una Gordon, Cameron solo decide colaborar si Donna no se encuentra en el equipo. Así que esta se buscará su propio hueco en el sector, convirtiéndose en su competencia. Ganan también minutos las dos hijas de los Clark, ya adolescentes.

Aunque la serie va sobre el inicio del mundo tecnológico y yo tenía mis reparos sobre toda la terminología que iba a usar, lo cierto es que en realidad eso es secundario. Halt and Catch Fire trata sobre la persecución de los sueños, sobre unos personajes empeñados en triunfar en lo que les apasiona y que, por el camino, se van encontrando fracasos. Están siempre en la vanguardia, y siempre están a punto de conseguirlo, de triunfar, de marcar un hito en la historia. Pero siempre se quedan ahí, a punto. Y me gusta que esta caída no ocurra en el último capítulo de cada temporada. La serie está tan bien estructurada que acaba cada etapa con un renacer. Es en el penúltimo episodio donde todo se viene abajo, y el último es un canto a la esperanza, a nuevas ideas.

También por eso está muy bien cerrada. El final se adelanta al capítulo 7 y los tres restantes sirven para poner en orden las vidas de Joe, Cameron y Donna (y sus hijas). Mientras que toda la serie mira hacia el futuro, el último capítulo, además de dejarnos entrever qué será de sus vidas, también mira hacia el pasado, haciendo un recorrido por la evolución de los protagonistas. Creo que no veía un capítulo final tan bueno como el de A dos metros bajo tierra.

Halt and Catch Fire es una gran historia sobre unos personajes que no encajan en su mundo, que toman malas decisiones, que son egoístas y no aceptan la opinión de los demás. Pero a pesar de todo ello, no se rinden. Sus aciertos y sus errores están en sus manos. Lo curioso es que su afán es conectar al mundo, cuando ellos mismos son incapaces de relacionarse entre sí. Aún así, todos evolucionan.

Joe pasa de ejecutivo agresivo a ser un tipo en calma fuera del mundo de los negocios. En la cuarta temporada se ve a un tipo más centrado y que sabe captar muy bien el espíritu y carácter de Haley Clark. Ha dejado de lado sus manipulaciones y caprichos. Gordon también deja atrás su pasado como alcohólico amargado que no conseguía crear nada. Recupera la confianza en sí mismo y renace de sus cenizas (aunque acabe muerto).

Pero sobre todo evolucionan ellas. Porque la serie sin la evolución de Donna y de Cameron habría sido otra cosa: una serie mediocre. Cameron es la creativa, inteligente e impulsiva. Vive por y para sus creaciones, y le cuesta introducir cambios, dejar entrar a los demás, o desprenderse de ellas. Tampoco se le dan bien las relaciones, parece que con el único que se entiende es con John Bosworth, quizá una especie de padre para ella. Con las temporadas aprende a ayudar y dejarse ayudar, a escuchar y dejar su espacio a los demás. Y para las hijas de los Clark se convierte en todo un modelo a seguir: una mujer independiente, inteligente y empoderada.

Donna por su parte tiene un cambio más agresivo. Ella, que empieza como una segundona a la sombra de su marido, va alcanzando posiciones de poder hasta convertirse en la directora de una empresa. En su camino se ha enfrentado a un mundo empresarial heteropatriarcal en el que para triunfar como mujer has de trabajar el doble y comportarte agresivamente, ser seria, distante. Los hombres acaparan los puestos de relevancia no necesariamente por sus méritos, sino por el hecho de ser hombres. Hay una frase suya que resume toda la serie: “Una cosa que he aprendido es que no importa lo que hagas, alguien estará a la vuelta de la esquina haciendo una versión mejor. Y si esa persona es un hombre, puede que no sea mejor, sino que logre más atención”.

Y digo que resume la serie porque esta frase pone en evidencia el problema que tienen los protagonistas en cada temporada cuando siempre hay alguien que se les adelanta. Pero además retrata las desigualdades laborales entre hombres y mujeres. Dos de los pilares de Halt and Catch Fire.

El camino de Donna no es nada fácil, ni en lo personal ni en lo profesional. Y en las últimas temporadas se entremezclan ambos ámbitos, ya que en determinado momento no es solo competencia directa de su exmarido, sino que lo es de su hija. Porque otro aspecto que pone en evidencia la serie es cómo en el modelo económico capitalista todo está permitido si es para conseguir enriquecerse.

Halt and Catch Fire también se adentra en la libertad sexual. Y lo hace muy bien, sin entrar en el morbo y sin que eso sea lo que defina a los personajes; sino tratándolo con cierta naturalidad. Lo vemos desde el principio con la bisexualidad de Joe (que también sirve para exponer el problema del SIDA más adelante), la promiscuidad femenina encarnada por Cam o la homosexualidad de Haley. En ningún momento se caricaturiza, se hace mofa o se trata con desprecio y connotaciones negativas. Todo lo contrario.

Asimismo, la serie no nos vende los estereotipos de madre trabajadora abnegada, o mala madre que antepone su trabajo a sus hijos. Donna es madre, pero comparte las responsabilidades con Gordon. De hecho, él es que se queda con la custodia de las hijas cuando se separan. Y en ningún momento es culpabilizada por ello. Es asumido con toda naturalidad. Al igual que cuando Cam rompe con Joe porque él quiere tener hijos y ella no. Simplemente es una elección en su vida, como otra más. Ha tomado una decisión y tiene derecho a no sentirse culpable por ello. Del mismo modo que se compra una caravana porque necesita su propio espacio independientemente de tener una relación estable con Joe. No se hace un drama de ello.

No sé si lo pretendían los creadores, pero Halt and Catch Fire resulta ser una serie feminista. Más incluso que muchas que hoy en día aseguran serlo y pasar el test de Bechel. Aboga por las relaciones igualitarias y no tóxicas y sobre todo apuesta por la sororidad. Donna y Cam, a pesar de sus diferencias, tienen una sana relación. Sus discusiones, enfados y distanciamiento se producen por tener diferentes puntos de vista profesionales, pero no se atacan en lo personal. En el fondo se respetan la una a la otra.

Comencé Halt and Catch Fire esperando una serie friki, y me ha sorprendido gratamente. Por sus personajes, por sus temas, por su análisis, por su tono crítico… pero también por la recreación de aquellos años 80 y 90, por la selección musical y referencias culturales. Y además está muy bien hecha, bien estructurada, con temporadas autoconclusivas, una fotografía muy cuidada y unos planos muy estudiados (sobre todo cada vez que servían para avanzar en la historia y contarnos sutilmente cómo habían pasado los años).

Una pena que se haya quedado en solo cuatro temporadas, porque podría haber tenido más recorrido.