El escándalo (Bombshell)

El escándalo (Bombshell) lleva a la gran pantalla la historia de la caída del magnate empresarial Roger Alies, quien había fundado Fox News en 1996 como una cadena de noticias abiertamente a favor del Partido Republicano. Su línea editorial se caracterizaba por un periodismo polarizante y pronto se convirtió en el altavoz de la propaganda de derechas logrando calar en un importante segmento de la población y siendo durante años líder de audiencia. Fue Alies quien estuvo detrás de las campañas de Nixon, Reagan, Bush padre e incluso asesoró a Trump para los debates. En julio de 2016 Gretchen Carlson, uno de los rostros de la cadena que había sido recientemente despedida, presentó una demanda de acoso sexual a la que se sumaron más de 20 mujeres del canal y que llevó a Rupert Murdoch, dueño de la cadena, a forzar a Ailes a abandonar la compañía o ser despedido. Finalmente renunció llevándose 40 millónes de dólares en su salida. Un año más tarde murió en su domicilio.

La película se basa en estos hechos reales y arranca con Megyn Kelly, periodista política de la cadena, explicando los entresijos de Fox News. Este inicio tiene cierto toque de documental con la presentadora dirigiéndose a cámara y guiando a través de los platós y las plantas del edificio en que se ubica la cadena. Sin embargo, pronto se pierde este estilo se nos van intercalando las historias de las tres protagonistas. Porque en realidad, aunque todo gira en torno a Ailes, El Escándalo nos ofrece la mirada a través de los ojos y la experiencia de las víctimas.

Megyn Kelly está en la cima de su carrera. Es la cara del principal telenoticias y goza de prestigio. Sin embargo, unos días antes de las elecciones recibe ataques del mismo Trump por haber sido incisiva con él en uno de los debates. Paralelamente conocemos a Kayla Pospisil, una joven periodista que acaba de llegar a la cadena y trata de hacerse un hueco para conseguir salir en pantalla. Este es el único de los tres personajes principales que no es real. No obstante, no es del todo ficticio, sino que está creado a partir de los relatos de otras muchas mujeres que sufrieron abusos del directivo. Con la introducción de este tercer personaje ficticio la cinta pretende resaltar la perpetuidad de los hechos a lo largo del tiempo. También sirve como mecanismo para mostrar los abusos y no tener que recurrir a los flashbacks de las otras dos presentadoras.

Cuando Gretchen Carlson es despedida y sale a la luz la demanda, estas dos mujeres se verán en la tesitura de dar un paso adelante también. Cada una de ellas representa un punto de vista diferente sobre los abusos. Por un lado Carlson es la veterana que ya está harta de todo y no tiene nada que perder; por otro Kelly lo ha dejado atrás y no quiere traerlo al presente y que se interponga en su carrera ahora que está en su mejor momento; y por último Pospisil que aún está asimilando lo que le acaba de pasar.

Tanto Charlize Theron como Nicole Kidman y Margot Robbie están muy bien en sus papeles, sin embargo, a la película le falta algo de profundización para poder empatizar con los personajes. Apenas llegamos a conocerlas. Ni siquiera interactúan entre ellas, tan solo una recriminación sorora de Pospisil a Kelly por no haber hablado antes y prevenir a las nuevas. Es quizás la joven a quien llegamos a conocer un poco más, pero aún así, no llegamos a saber cómo acaban sus historias. La trama, en ocasiones, da la sensación de avanzar muy rápida, como si únicamente quisiera presentar el momento en que estalló el escándalo sin ahondar en los hechos en sí o en los sentimientos de las protagonistas.

No obstante, en conjunto, sí que invita a reflexionar sobre la cultura de acoso sistemático a las mujeres ya sea bajo la petición explícita de favores sexuales, por agresiones físicas o por la exigencia de llevar determinado vestuario convirtiéndolas en mero objeto sexual. Y no solo pone el punto de mira en Ailes, sino que también apunta al entorno. Porque no es un caso de unos pocos, sino una cuestión sistémica en la que son tan responsables el agresor como los compañeros que callan y miran para otro lado. Cayó Royer Ailes, uno de esos hombres que se creían intocables, pero había muchos más cómplices a su alrededor que la cinta hace la vista gorda.

El Escándalo consigue mostrar el ambiente tan terriblemente machista en los medios en general y en Fox en particular, donde para triunfar debías ser una cara bonita (y joven), tener unas buenas piernas y llevar una falda muy corta. Un ambiente en que las mujeres aprenden pronto cómo sortear los comentarios paternalistas o sexuales de los compañeros y jefes. Logra incomodar y despertar la rabia, sobre todo con un personaje tan repulsivo como Roger Ailes, pero no consigue exprimir al máximo la historia real en que se basa.

¿Qué coño está pasando?

¿Qué coño está pasando? es un documental sobre el feminismo en España que se gestó a finales de 2017 cuando las calles se llenaron en protesta por la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Navarra sobre el caso de La Manada. Rosa Márquez y Marta Jaenes iban en el coche de camino a casa cuando decidieron que había que recoger aquello que acababa de explotar.

Hasta aquel momento la violencia sexual no era un tema del que se hablara mucho en los medios. Sí, de vez en cuando saltaba alguna noticia de alguna violación o intento de agresión, pero contada prácticamente como de pasada. El caso de la Manada sin embargo supuso un punto de inflexión por la manera en que impactó en la opinión pública. Y no fue solo por la violación en sí, sino porque indignó que se pusiera el foco en la víctima y además abrió el debate sobre el límite del consentimiento y sobre cómo quedan recogidos en el código penal los delitos de abuso y agresión sexual.

Márquez y Jaenes recogen, a través de entrevistas a más de 40 mujeres, el panorama actual español relación al movimiento feminista. Se sientan ante las cámaras nombres muy relevantes de sectores muy diversos. Así, nos entontramos con políticas de diferentes ideologías como Lidia Falcón, Adriana Lastra, Andrea Levy, Irene Montero y Begoña Villacís; con filósofas como Ana de Miguel; con sociólogas como Cristina Hernández o Rosa Cobo; con sexólogas como Loola Pérez; con periodistas y escritoras como Rosa María Calaf, Nuria Varela, Isa Calderón o Henar Álvarez; con juezas como Ana Ferrer; con económicas como Marta Flich; con artistas como Becky Jaraiz y Yolanda Domínguez o con directoras de cine porno como Anekke Necro. También se le da voz a otras mujeres que aportan una perspectiva interesante como María José Jiménez, de Gitanas Feministas por la Diversidad; a Antoinette Torres, de Afroféminas; a Inma Rodríguez, de las Kellys; o a la víctima de trata y activista Amelia Tiganus.

El documental arranca explicando qué es el feminismo y defendiendo que hoy en día sigue siendo necesario porque, pese a que se ha avanzado mucho, la igualdad real aún no existe. Siguen existiendo los malos tratos, la violencia sexual, el riesgo a volver a casa sola, el acoso, los piropos, el mansplaining… Es cierto que mucho de estos temas no se traían al debate público, pero sí que estaban presentes en las conversaciones entre mujeres. ¿Qué coño está pasando? reflexiona sobre cómo queda en evidencia esta desigualdad en todos los ámbitos de la vida, porque es algo estructural. Las mujeres que ponen voz en este montaje opinan sobre temas como la violencia machista, la violencia sexual, la hipersexualización de las niñas, el trato que da la publicidad a las mujeres, el uso del lenguaje, la idea del amor romántico, la ausencia de mujeres en los libros de texto o en los museos, la vida laboral y el techo de cristal (también el suelo pegajoso), la prostitución, la pornografía y los vientres de alquiler, la maternidad, la corresponsabilidad en el hogar, la carga mental… Todas tienen algo interesante que aportar, aunque chirrían un poco Leyre Kahl, Begoña Villacís o Loola Pérez con su mirada neoliberal.

Quitando el detalle de estas invitadas, por lo demás resulta un buen reportaje que pone en evidencia las desigualdades que aún siguen arraigadas de forma totalmente normalizada en nuestra sociedad. Una de las más incisivas es Ana de Miguel, que nos recuerda que ya desde que nacemos hay una marca para las niñas: los pendientes. Y que por mucho que se presuma de que se educa en igualdad, con el mismo acceso a la educación y con las niñas pudiendo ser lo que quieran, lo cierto es que a la vez se transmite el mensaje de que lo importante es encajar en determinada imagen para obtener la aprobación masculina. Y en eso tiene mucho que ver la cultura y publicidad (y no solo de los juguetes), que siguen siendo sexistas. Yolanda Domínguez lleva tiempo analizando cómo se trata a la mujer en las campañas publicitarias.

Además, como recalca Henar Álvarez, a ellas les faltan referentes. Durante años las mujeres son excepciones en libros de textos, en los museos, en el cine, en la televisión… Y lo que no se nombra, no existe. Deja una idea subliminal de que si las mujeres no están, es porque no tienen nada que aportar.

La lucha del feminismo lleva siglos, sin embargo ahora ha vuelto a renacer de una forma un tanto llamativa y las redes sociales tienen mucho que ver. Y cómo no, el capitalismo ya ha movido ficha para intentar sacar rédito económico del movimiento. No ha tardado mucho en aparecer merchandising morado, con el símbolo de la mujer, o con la palabra Feminismo impresa. Cierto es, como dice Henar, que si Beyoncé y H&M quieren difundir el mensaje van a llegar a mucha más gente que nosotras, no obstante, también hay que tener cuidado de que no se quede en una moda vacía de contenido. Como bien apunta Yolanda Domínguez, hay que ir más allá del eslogan de la camiseta.

El documental deja además una interesante reflexión con los aportes de María José Jiménez, de Gitanas Feministas por la Diversidad y de Antoinette Torres, de Afroféminas, porque aunque parece claro el componente de clase dentro del feminismo, en muchas ocasiones se deja fuera a mujeres que además de por su sexo, son marginadas por no ser blancas.

Lo que desde luego queda constatado tras casi hora y media de visionado es que aún queda mucho camino por recorrer y sobre todo que una sociedad no cambia si solo lo hace la mitad de la población. Y es que parece que mientras que hay más conciencia feminista entre las mujeres, no ocurre de la misma manera entre los hombres, quienes ven estos avances como una pérdida de privilegios y obvian que el machismo también les oprime en algunos aspectos. El futuro será feminista o no será.

Nadie duerme, Barbijaputa

Tras Machismo: 8 pasos para quitárselo de encima, Barbijaputa volvió a la ficción en octubre del año pasado con Nadie duerme, una novela distópica en la que un pequeño grupo clandestino de mujeres organizadas se toma la justicia por su mano como respuesta al recorte de derechos y libertades que está viviendo el país con la llegada al poder de un partido ultraderechista.

La trama se centra en Eare, un país ficticio en el que el partido fascista TOTUM ha ganado las elecciones en una época de crisis tras promesas populistas. Una vez en el gobierno han ido contra los migrantes, los homosexuales, las feministas, gente de izquierdas… en definitiva, contra todos aquellos que van en contra de sus ideas o que ponen en cuestión su estructura social conservadora. La población va asumiendo los cambios y limitaciones progresivos que van sucediéndose sin especial resistencia, tan solo parece reaccionar el Frente Feminista Revolucionario (FFR), un pequeño grupo de mujeres hartas de las injusticias.

Cansadas de ver cómo agresores, violadores, maltratadores o asesinos machistas acaban libres tras unas míseras condenas (o incluso sin pisar la cárcel siquiera) deciden comenzar a asesinarlos. Así, se suceden diez víctimas sin que a nadie parezca preocuparle. Sin embargo, la cosa cambia cuando el cadáver es el de un reputado juez. No solo por quién es el muerto, sino porque es entonces cuando el FFR lanza su primer comunicado dándose a conocer. Una acción que provocará, como era de esperar, la reacción del gobierno y que pondrá en peligro a todos los miembros del grupo clandestino.

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Power del bueno, primas. Prometido.

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La novela está estructurada en cuatro partes (34 capítulos y un épilogo). La primera de ellas está narrada por Búho y es la más extensa. En ella nos habla de sí misma, de dónde viene, cómo se une a este grupo y cómo comienza a actuar. En la segunda toma la palabra su hermana Jana y aporta algún detalle más para configurar el personaje protagonista. La tercera parte es muy breve, tan solo un capítulo desde el punto de vista de Águila que sirve para adentrarnos un poco más en la organización. Y finalmente en la última parte retoma el relato Búho.

Búho y Águila no son más que pseudónimos, y es que en el FFR se comunica en un foro de amantes de la ornitología para escapar del control del gobierno. Así pues, cada integrante asume el nombre de un pájaro cuando se registra y lo mantiene de ahí en adelante. De esta manera se minimiza el riesgo de que en caso de ser descubiertas pudieran delatar a sus compañeras. Cuanto menos detalles personales se conozcan, mejor. Eso sí, todas tienen algo en común, y es que son mujeres que han vivido experiencias de violencia machista de una manera u otra; algunas de forma directa, otras indirecta, pero que igualmente cargan con el trauma sobre su espalda. Están tan rotas que no tienen nada que perder, por eso ponen sus vidas en peligro para acabar con el sistema y las injusticias.

Aunque la narradora nos va contando detalles aquí y allá de las compañeras y de su entorno, en realidad el único personaje que parece estar bien configurado es el de ella misma (incluso cuando cambia la voz que cuenta la historia). Está claro que Búho es la protagonista, pero me ha dado la sensación de que el resto de los que conforman la trama están mucho menos dibujados, que han quedado algo flojos. La prosa de Nadie duerme es bastante sencilla y sin florituras. Imagino que es porque la autora ha buscado un estilo lo más cercano posible a lo que sería el relato de unas memorias tras todos los acontecimientos. Un recurso que por cierto me ha recordado bastante a El cuento de la criada. En realidad, la novela parece beber mucho de la historia de Atwood, al situar la trama en un mundo distópico en el que las mujeres ven cómo pasan a ser ciudadanas de segunda ante la llegada de un gobierno ultraderechista. Es cierto que en Nadie duerme no encontramos el aspecto de la procreación a servicio del Estado, pero sí que recuerda mucho a los derroteros por los que ha ido la serie en cómo parece que la única manera de acabar con este sistema es que las mujeres se organicen.

También es verdad que últimamente nuestra realidad se parece mucho a estos mundos distópicos y en algunos aspectos la novela se siente muy cercana a la actualidad. Se ve claramente cómo Barbijaputa para escribir este alegato feminista se ha inspirado en casos reales que vemos a diario en las noticias y sobre los que la autora ha escrito columnas de opinión. En ellas ya criticaba la mirada machista de algunos jueces y lo que cuesta en determinados círculos aceptar que las mujeres alcen la voz y se echen a la calle reclamando igualdad de derechos aunque sea pacíficamente. Creo que con este bagaje le debió llegar la inspiración de un what if. ¿Qué pasaría si en vez de manifestarse cada 8M se tomaran las armas y se iniciara una revolución? Y aunque Eare no es España, hay conexiones muy claras como el ascenso de partidos ultraderechistas, las referencias al cambio climático, a los problemas del capitalismo, al racismo, a la migración…

Sin embargo, pese a las deficiencias de la obra, resulta entretenida. Eso sí, no desde un punto de vista amable, pues no deja de ser un relato un tanto duro en algunas ocasiones. Los pasajes en los que se describe el maltrato, la violencia u otros métodos de abuso de poder consiguen remover las entrañas. Deja también una reflexión sobre si el fin justifica los medios y cómo la unión hace la fuerza. En cualquier caso, pese a que se lea rápido y enganche, me gustó bastante más su primera novela, La chica miedosa que fingía ser valiente muy mal.

Nueva serie a la lista “para ver”: The morning show

Parece que en el panorama actual televisivo no teníamos suficiente con los canales en abierto, los de cable y las plataformas en streaming (Netflix, HBO, Amazon Prime Video y Disney Plus), que en noviembre la compañía de la manzana mordida se sumó a la fiesta lanzando Apple TV+. Y lo hizo por todo lo grande, con The Morning Show, su serie insignia protagonizada por Jennifer Aniston, Reese Witherspoon y Steve Carell.

The Morning Show usa como punto de partida la historia del libro Top of the Morning: Inside the Cutthroat World of Morning TV de Brian Stelter, en el que se exponían varios casos de luchas de poder en los magacines matutinos, aunque podría basarse en tantos otros casos de acoso sexual que han salido a la luz en los últimos años (Matt Lauer en el magacin matutino Today; Charlie Rose, presentador estrella de la CBS o Tom Brokaw de la NBC News por poner algunos ejemplos).

La ficción arranca con la crisis que sigue al despido de Mitch Kessler (Steve Carell) de The Morning Show, el matinal más exitoso de la televisión estadounidense, tras ser acusado de acoso sexual. Su compañera desde hace 15 años, Alex Levy (Jennifer Aniston), ha de tomar las riendas de un barco que hace aguas en medio de una tormenta y limpiar tanto su imagen como la del programa y la cadena.

Es complicado juzgar la serie con solo un primer episodio, pues es todo muy caótico y nos encontramos con tres tramas abiertas. Al acoso sexual de Kessler y la lucha de Levy por seguir siendo imprescindible, se une la llegada de Bradley Jackson (Reese Witherspoon), una desconocida reportera de Virginia Occidental que llama la atención de uno de los directivos de la cadena después de que un vídeo de uno de sus reportajes se hiciera viral. Está claro que Jackson llegará para sustituir a Kessler y a la vez para funcionar como elemento de conflicto y confrontación con Levy. Ambas tienen una personalidad diferente y un distinto punto de vista sobre cómo ejercer el periodismo. Pero esto solo se intuye de momento, ya que la serie se lo toma con calma para presentar a los protagonistas y las tramas antes de entrar de lleno en lo que quiere contar.

Así pues, no me queda muy claro si pretende ser una especie de The Newsroom reflejando el día a día del backstage de un programa de noticias (esta vez matinal) aprovechando para criticar la forma de hacer periodismo hoy en día y en cómo se elige poner el foco sobre unas noticias u otras teniendo en cuenta los intereses de la cadena; si va a centrarse en los egos de los rostros conocidos y en la batalla por las audiencias; o si quiere ir por otros lares más cercanos al libro en el que se basa y exponer las relaciones de poder en un ambiente machista y cómo esto afecta a las mujeres del sector. O quizá busca contar un poco de todo lo anteriormente mencionado, pues tan solo con el piloto, parece querer ser muchas cosas.

The Morning Show sin duda ha llamado la atención por ser el gran estreno de Apple TV+ y contar con un reparto tan mediático. No podemos decir que sea la mejor serie de 2019, sin embargo, el primer duelo entre las dos protagonistas en el piloto ya nos da un poco de esperanza de que puede ir a más.

De momento cuenta con una primera temporada de 10 episodios y antes de su estreno ya fue renovada para una segunda.

Serie Terminada: Creedme (Unbelievable)

2019 parece ser el año de las miniseries, además de gran calidad. Ha sido el año en que hemos podido ver Chernobyl, Así nos ven, Years and Years y Creedme (Unbelievable), la última que he visionado. De repente me encontré con numerosos artículos y comentarios en las redes sociales sobre lo buena que era, por lo que despertó mi curiosidad.

Al igual que Así nos ven, Creedme es un true crime basado en hechos reales. Recogido inicialmente en 2015 por los periodistas Ken Armstrong y T. Christian Miller en un reportaje que les hizo ganar el premio Pulitzer, ahora pasa a la pequeña pantalla en formato de 8 episodios. La historia arranca con Marie Adler, una joven de 18 años de la ciudad de Lynnwood, en el estado de Washington, que fue violada en 2008 por un hombre que se coló por la noche en su apartamento. Por si fuera poco la traumática experiencia de sufrir una violación, se encuentra después con un calvario cuando ha de relatar los hechos mil y una veces ante los médicos y los agentes de policía que la atienden. Unos detectives que ponen en duda su relato hasta el punto en que ella acaba retractándose cansada de esforzarse para que la crean. Sin embargo, tras declarar que todo era mentira y que se lo había inventado para llamar la atención, la situación empeora más. La poca gente de su entorno que la había apoyado de repente la deja de lado y se convierte en poco menos que una apestada. Su padre de acogida incluso no quiere estar a solas con ella por si acaso ella pudiera inventarse una historia similar. Poco después es además llevada a los tribunales tras ser acusada de delito de falso testimonio.

El primer capítulo se centra enteramente en el caso de Marie, en la violación, en su soledad durante todo el proceso, en su frustración ante el acoso de los detectives y en su derrota emocional cuando comprende que la policía ya ha decidido que su denuncia carece de credibilidad y que no va a investigar su violación. Es un episodio lento y duro. Muy duro. No por la violación en sí, ya que no se muestra de forma explícita; sino por la facilidad con la que nos hace sentir empatía por Marie y comprender por qué tan frecuentemente las víctimas de abuso y acoso sexual no llegan a denunciar. A menudo se sienten doblemente violadas: primero físicamente por el agresor y después psicológicamente por un personal no cualificado (policía, sanitarios, abogados) que se centra más en buscar inconsistencias en el relato y en el comportamiento de la víctima que en investigar realmente el caso.

En los siguientes capítulos Creedme se bifurca en dos tiempos narrativos. Por un lado sigue los pasos de Marie y cómo intenta recomponerse cuando todo su entorno la margina y, por otro da un salto a 2011 a la investigación conjunta de las detectives de Colorado, Grace Rasmussen y Karen Duvall después de que esta última descubriera que un caso suyo guarda muchas similitudes con otro de Rasmussen y a partir de ahí salieran a la luz muchos más con el mismo patrón: las víctimas eran atadas con los ojos vendados, violadas durante horas, fotografiadas y obligadas después a ducharse concienzudamente. Además, las escenas de los crímenes quedaban totalmente limpias, sin resto alguno del agresor.

Viendo ambas historias contrasta notablemente las actuaciones de los detectives en cada una de ellas. Por un lado la típica actuación de tipo duro, agresivo, que acorrala al entrevistado como si fuera un acusado en vez de una víctima en el caso de Marie, y, por otro lado, el trato mucho más humano y empático de las detectives de Colorado. Puede que la diferencia venga determinada en parte por ser mujeres y por ello ser capaces de ponerse en el lugar de las víctimas, pero también se ve que tienen más experiencia y formación específica y adecuada en ese tipo de casos. No hay más que ver con qué calma y tacto Duvall entrevista a una de ellas en el segundo episodio, acompañándola también durante todo el proceso en el hospital y llevándola después a casa de una amiga para asegurarse de que tiene el apoyo de alguien cercano.

Creedme pone sobre la mesa las buenas y malas prácticas ante un caso de violación y la necesidad de una mirada no patriarcal. Habla del acoso institucional a las víctimas y de cómo se cuestiona su relato tanto como el de un acusado y de la creencia social de que solo hay un único comportamiento posible tras una agresión sexual. Marie Adler había tenido una infancia complicada pasando por varios centros y casas de acogida. Quizá por eso su testimonio sonó frío, sin emoción, porque ya había pasado por momentos complicados en el pasado. Sin embargo, estas dos circunstancias (su pasado y su comportamiento) llamaron más la atención que el parte de lesiones. Incluso el hecho de que se contradijera, o se acordara de cosas a medida que volvía a repetir los detalles fue tomado como señal de que mentía en lugar de plantearse que es completamente normal que la mente tenga lagunas tras un suceso traumático o que se recuerden cosas en de una forma totalmente desordenada.

Aunque la serie tiene un toque policíaco y sigue una investigación y sus procesos, no sigue la misma estructura de otras ficciones como CSI, Motive, Castle o tantas otras. Es verdad que se busca a un criminal, pero no nos importa sus motivos. Aquí la importancia recae en las víctimas y el relato se hace desde su punto de vista (no desde el del detective de turno que resuelve el caso). Así, a pesar de que se trata de una serie sobre agresiones sexuales, no nos encontramos con escenas de violaciones brutales y explícitas. No hace falta mostrarlo, pues nos lo podemos imaginar a la perfección simplemente con los retazos de los recuerdos de las víctimas. Somos capaces de sentir su miedo y vulnerabilidad sin entrar en el morbo o el amarillismo.

Creedme le da una vuelta al mito de las denuncias falsas poniendo en evidencia el juicio público que sufren miles de víctimas cuando dan el paso y denuncian las agresiones. Muestra lo indefensas que se encuentran cuando son cuestionadas y en lugar de ser protegidas son responsabilizadas (que si qué llevaba puesto, que si había bebido, que si dio pie, que si dijo “no”, que si cerró las piernas…). En el caso de Marie Adler las inspectoras acabaron encontrando la relación y los tribunales acabaron compensándola económicamente (como también pasara en Así nos ven), sin embargo, el daño ya estaba hecho. Quizá no intencionadamente, pero si los primeros agentes hubieran intentado llegar al fondo del asunto en lugar de dudar de la víctima, el exmilitar Marc O’Leary (que se declaró culpable de 28 cargos de violación) no habría seguido agrediendo durante tres años más.

La serie deja una cuestión en el aire desde el principio: ¿Merece la pena denunciar y pasar por todo ese trago en el que ni la policía ni tu entorno te va a creer? Marie lo tiene claro al final: “Incluso la gente en la que confías, si la verdad es incómoda, no se la creen”. Triste, pero por desgracia, es más común de lo que pensamos. Por eso considero que Creedme es muy muy necesaria.

No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos, Corinne Maier

Últimamente le estoy cogiendo el gusto a los ensayos. Normalmente prefiero la novela, pero a veces, entre un libro y otro necesito leer algo diferente para desconectar la mente y no mezclar personajes o historias. Así, hace poco leí No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos, de la ensayista francesa Corinne Maier.

Aunque cada vez son más las mujeres que escriben sobre el tema y no se avergüenzan o lamentan de no querer pasar por la maternidad, en concreto este libro me llamó la atención porque la autora es madre, y sí que es menos frecuente que se atrevan a compartir que preferirían no haberlo sido. Y es curioso, pues cuando dices que no quieres tener hijos te hacen numerosas preguntas o directamente afirmaciones como que te vas a arrepentir o que te vas a perder algo maravilloso y,sin embargo, cuando alguien comunica la llegada de una criatura al mundo en su entorno nadie les cuestiona si se lo han pensado dos veces o son conscientes de la responsabilidad de la crianza y lo que ello conlleva, como por ejemplo también perderse cosas en la vida. Porque sí, toda decisión en nuestra vida significa dejar otras cosas de lado y que en un futuro podamos arrepentirnos de haber tomado un camino y no otro.

Y precisamente así comienza Maier su introducción, asegurando que se arrepiente de ser madre y que si volviera atrás seguramente no tendría hijos porque, analizándolo, le ve más cosas negativas que positivas. Y no pasa nada, no es un monstruo por ello, no creo que tenga que ver con que odie a su descendencia, sino que preferiría haber tomado otro rumbo en su vida. Como si te vas de alquiler y con los años volviendo la vista atrás piensas que quizá tendrías que haberte comprado una casa o viceversa. La autora rompe con el tabú de la maternidad idealizada y desgrana sus 40 razones para que aquellos que estén pensando en ser padres, se lo piensen bien antes. No es que descubra nada nuevo con su lista, quizá lo novedoso es el tono un tanto provocador que usa al exponerla. Pero en cualquier caso, la mayoría son verdades como puños.

Acierta al destacar la presión social que existe para tener hijos. Parece como si una pareja no fuera bien si no diera el paso de criar un par de retoños. Aquello de un matrimonio sin hijos es como un jardín sin flores… Quienes se atreven a no seguir ese camino son continuamente juzgados por no seguir el camino. Y mientras, hay tantos otros que dan el paso porque es lo que toca. No hay motivo detrás, sino simplemente porque es lo que se espera a cierta edad.

Y después viene el golpe de realidad, cuando descubren que el embarazo no era tan bonito, que el parto es doloroso, que la recuperación está lejos de ser como las de las famosas, que los meses de lactancia son esclavos y se duerme poco y que a partir de ahí todo gira en relación a esa persona dependiente, que no es algo que puedas posponer porque hoy no te apetezca o no tengas ánimos o fuerzas. Es una responsabilidad, una vida humana y estás a su servicio. Esto no quiere decir que la circunstancia sea mala, sino que hay que ser consciente de lo que conlleva. Un claro ejemplo son las campañas sobre las mascotas en las que se recalca la necesidad de una reflexión previa antes de su adquisición para evitar maltratos o abandonos.

Con la llegada al mundo de la criatura la vida de los progenitores cambia. Y, como dice la autora, la educación requiere que los progenitores estén siempre disponibles, atentos y dispuestos a sacrificar otros aspectos de su vida. Empiezan a vivir el tiempo de otra persona y pasan a segundo plano la pareja, las amistades, el tiempo de ocio o la vida laboral. Es cierto que se pueden seguir haciendo muchas cosas, pero está claro que hay que hacer reajustes porque los horarios cambian. No se tiene la misma maniobrabilidad para improvisar planes y hay muchos que no son aptos para críos. Aparte de que se tiene menos tiempo libre: llevar a los niños a la guardería/colegio, trabajo, recogerlos, meriendas, parque, extraescolares, deberes, duchas, mantener al día la casa, preparar cenas, comidas, la ropa del día siguiente… La crianza es agotadora, y más aún cuando el reparto de tareas no es equitativo.

Y es que como bien indica Maier, el coste de tener hijos no es el mismo para la madre que para el padre, pues la maternidad se ha convertido en una trampa para las mujeres. Es cierto que las cosas van cambiando y ahora los padres se involucran algo más y saben cambiar pañales, dar el biberón o llevan al niño al parque. Pero aún así siguen recayendo sobre las madres la mayoría de las tareas, y sobre todo el peso de la carga mental. Aquellas pequeñas cosas que no son tan visibles como que los niños crecen y hay que comprarles ropa nueva o estar pendientes del calendario de vacunaciones. La realidad es que la mujer se ha incorporado al mundo laboral, pero el hombre no lo ha hecho en igual medida en el doméstico y familiar. Así, esto crea una desigualdad en ambos ámbitos dando lugar a un círculo vicioso: si los hombres no asumen por igual sus tareas en casa, en las empresas se da por hecho que la mujer sale menos rentable y la balanza se inclina hacia el lado de ellos. Y puesto que la parcialidad y los sueldos inferiores recaen sobre ellas, ellos tienen más oportunidad de seguir desarrollando su carrera profesional. Así, con frecuencia se ve que mientras que un hombre en un alto cargo puede ser que sea padre o no, en el caso de ellas generalmente se trata de mujeres sin hijos. Las madres se han ido quedando por el camino.

Por tanto, en la actualidad ser madre supone tener que aceptar empleos peor remunerados pero que dejen tiempo libre para cuidar de la familia, porque claro, alguien tiene que hacerlo… Y al final supone una doble pérdida económica ya que por un lado se ingresa menos dinero por la actividad laboral (con lo que supone para la cotización e independencia económica) y por otro se echa otra jornada tan duradera y agotadora (o más) que no está remunerada. Así pues, la madre de hoy en día se encuentra cansada, con falta de tiempo y cierta dependencia económica. Al final va a ser verdad como dicen algunas amigas mías con hijos que nos engañaron con lo de la mujer liberada que se incorpora a la vida laboral y que vivían mejor las amas de casa. Al menos ellas no estaban pluriempleadas.

Aunque en esto siempre digo que hay evidencias previas: si tu pareja hombre antes de que haya hijos de por medio y con ambos trabajando fuera de casa no asume responsabilidades dentro, seguramente no lo haga después. Es preferible trabajar para conseguir una dinámica que funcione a nivel pareja antes de embarcarse en aumentar la familia. Y si no se llega a un acuerdo, mejor romper cuanto antes y cada uno por su lado antes de que todo se complique con custodias y demás.

Volviendo al libro de Corinne Maier, la autora reflexiona también sobre lo caro que sale tener hijos. Y eso que no entra en la concepción artificial, cada vez más frecuente. A los hijos hay que alimentarlos, vestirlos, ponerles ortodoncias, gafas, comprarles libros, pagarles las actividades extraescolares, la educación no obligatoria… Cualquiera quiere lo mejor para sus hijos, así que ¿cómo les vas a privar de las clases de natación para bebés, los idiomas o las clases de música? Como bien dice en su razón número 15: el hijo es un aliado objetivo del capitalismo. Los niños, además de consumir, hacen que los progenitores consuman. Aparte de los pañales, ropa y productos de aseo, hay una lista interminables de trastos que solo usan durante pocos meses pero que parecen imprescindibles: que si la cuna de colecho, la de viaje, la cuna grande, el capazo, la silla para el coche, la de paseo, la mochila portabebés, la hamaca, el parque, el calientabiberones, el esterilizador de biberones, el escurridor de biberones, los walkies vigilabebés… Y eso es solo el principio, porque luego se unen los juguetes, los libros, las tablets, móviles y ordenadores, los instrumentos u objetos de las actividades extraescolares… En muchos casos además la llegada de los hijos supone el tener que (o querer) cambiar de coche e incluso de casa, con lo que ello supone económicamente.

Como conclusión, la autora defiende que la solución es dejar de tener hijos. Sobre todo en los países desarrollados. Y es que aunque los países menos desarrollados tienen una mayor población, el problema es la supercontaminación de los más ricos y su consumismo voraz. Va más allá: ¿Qué sentido tiene traer hijos al mundo cuando se les va a dejar un planeta condenado al desastre ecológico?

No creo que el libro vaya a hacer cambiar la opinión de nadie, pero está muy bien que se hable cada vez más de la no maternidad como opción sin que ello suscite reprobación. Al fin y al cabo, no tener hijos es una elección como otra cualquiera y tan válida como sí tenerlos. De hecho debería ponerse más en duda la capacidad y madurez de algunos para ser padres que de quienes deciden no serlo.

Serie Terminada: Big Little Lies

Cuando escribí sobre el piloto de esta serie comentaba que me había costado entrar un poco en la dinámica porque era un tanto lento y tenía un relato fragmentado. Sin embargo, he de reconocer, que a medida que va avanzando, engancha la historia y el misterio de esta elitista comunidad de Monterrey. Big Little Lies arrancaba con dos sucesos en sendas líneas narrativas. Por un lado nos encontramos en el presente, donde, durante un evento escolar, ha ocurrido un asesinato y se están llevando a cabo los interrogatorios para resolverlo; y por otro lado nos trasladamos al pasado, al primer día de curso, cuando el niño nuevo es acusado de haber querido estrangular a una niña y se desata una guerra de padres. A partir de ahí la trama se irá desarrollando de forma que finalmente estos dos acontecimientos se unan.

El ataque en el colegio nos sirve para ir descubriendo a los personajes principales de la trama. Conocemos así a Renata, la madre de la niña atacada, una mujer que siente que continuamente es juzgada por tener éxito laboral y no dedicarse únicamente a su hija. En el otro bando se halla Madeline, una especie de abeja reina que al contrario que la anterior no trabaja y se dedica únicamente a su familia (y a colaborar con actividades escolares). No se soportan, por lo que Madeline, cuya hija es compañera de la de Renata, enseguida se pone de lado de Jane (la recién llegada) y su hijo, acogiéndoles bajo su ala.

La cuarta mujer en escena es Celeste, la mejor amiga de Madeline, cuyos gemelos comparten curso con los niños de las anteriores. Al igual que Renata tenía éxito laboral, ya que era una reputada abogada, sin embargo, lo dejó para dedicarse a los niños.

Por último no podemos olvidarnos de Bonnie, la nueva mujer de el exmarido de Madeline, que también tiene una hija que va a la misma clase.

A lo largo de los siete episodios de la temporada vamos adentrándonos en las vidas de estas cinco mujeres y sus familias y descubrimos que no todo es tan idílico como parece. Big Little Lies nos retrata una sociedad en la que nadie sabe nada de nadie, pues lo que cada persona muestra es falso. Viven de las apariencias, de sonreír y mostrar un mundo feliz de puertas para fuera mientras ocultan sus miserias. Renata transmite su estrés a su hija; Madeline no consigue superar la relación con su ex, se distancia de su hija mayor y es infiel a su marido; Jane intenta superar una violación y Celeste vive en una relación abusiva y de maltrato de la que no es totalmente consciente.

Big Little Lies habla de prejuicios, de hipocresía, de presión social, de envidia, de las expectativas, del éxito y el fracaso, de la maternidad, de las relaciones con los hijos, del sentimiento de culpa de la madre trabajadora, de la fragilidad de la pareja, de relaciones tóxicas, de sentimientos reprimidos, de bullying y violencia machista… Pero sobre todo habla de secretos y mentiras. Y a medida que las verdades comienzan a salir a la luz, la atmósfera se va tensando y marcando el camino hacia el fatídico desenlace: el asesinato.

Un asesinato que en realidad tampoco es tan relevante. Big Little Lies no va de la resolución de un crimen como parece indicar en su primer episodio. Aquí lo importante son ellas, el relato de estas mujeres. Y aunque al principio parece que todo gira en torno a Madeline, que es ella el nexo de conexión con el resto de personajes (madre, mujer, exmujer, mejor amiga, archienemiga, nueva amiga, amante, integrada en el AMPA…), poco a poco va ganando más peso la trama de Celeste, convirtiéndose en el centro de la historia. En un mundo en que todo se queda en lo superficial nadie se ha percatado de la situación que vive en casa. De hecho, ni ella misma se llega a identificar como víctima. El maltrato al que se ve sometida se trata de una forma exquisita tanto en el contenido (desmitificando aquello de que la violencia machista se da en parejas de bajo estatus socioeconómico o en mujeres sin formación académica) como visualmente (con escenas apenas sin sonido que producen una tremenda tensión). Se muestra perfectamente el ciclo del abuso (desde los comentarios “así te tendré toda para mí” hasta los golpes), el síndrome de Estocolmo, el cómo influye en los hijos y sobre todo la ocultación.

Sin embargo su liberación es justamente que este maltrato salga a la luz. Es entonces cuando se olvidan las rencillas, los bandos y las enemistades y nace la sororidad. Y no solo hacia Celeste, sino también hacia Jane. La rivalidad entre mujeres es sustituida por una red de apoyo y cuidado. Es verdad que el asesinato es una solución radical, pero muestra que si se hubiera abierto a sus amigas, al menos a Madeline, quizá podría haber salido antes de esa relación tóxica, que no iba a ser juzgada.

Concebida como miniserie de siete episodios (pues está basada en la novela homónima de la escritora australiana Liane Moriarty), el cierre de la temporada resultaba un broche perfecto con las protagonistas y sus hijos en la playa siguiendo con sus vidas, unidas, más fuertes y mirando al futuro; sin embargo, gracias a la buena acogida que tuvo, HBO la renovó por una segunda a la que se incorporaría Meryl Streep en el papel de suegra de Celeste.

Esta nueva tanda no tenía la novela detrás (sí que tuvo la colaboración de la autora para que los personajes tuvieran cierta coherencia), por lo que había que abrir nuevo arco argumental. Mientras que en la primera el misterio era resolver el asesinato de Perry; en esta segunda la tensión gira en torno al secreto que guardan las cinco de Monterrey y si alguna de ellas acabará confesando superada por la presión. Abandona un poco el toque de thriller con que comenzó y toma un cariz más dramático y personal. Se mantiene sin embargo la estructura con saltos temporales con los interrogatorios. Aunque en esta ocasión no se trata de las entrevistas a los vecinos, sino a las protagonistas.

De nuevo arranca la temporada con el primer día de colegio. Pero esta vez no hay bandos, sino que todas van a una. O al menos lo intentan, ya que Bonnie está consumida por la culpa al haber sido ella quien empujó escaleras abajo a Perry. Ella que era el personaje con el carácter más afable y zen de la serie en la primera temporada, aquí es el más oscuro y triste. No es capaz ni de hablar con su marido e hija.

Se ha cambiado las tornas con Jane, quien ahora se ha liberado en cierta medida de ese pasado que le producía pesadillas e intenta comportarse como cualquier joven de su edad, saliendo y relacionándose. Aunque aún tiene alguna cadena que romper.

Celeste por el contrario no ha encontrado esa liberación, sino que está librando una batalla entre los buenos y malos recuerdos de su marido. Por un lado tiene pesadillas con las agresiones, mientras que por otro intenta aferrarse a los momentos agradables, sobre todo aquellos en los que pasaban con los niños, pues quiere que estos crezcan teniendo buena imagen de su padre. La llegada de su suegra intentando recuperar la cara más amable de este tampoco ayuda.

Renata tampoco está pasando por su mejor momento. Cuando está en la cresta de la ola porque le han comunicado que le van a dar la portada de la revista femenina más vendida del país, descubre que lo va a perder todo porque su marido ha cometido fraude fiscal. De un momento para otro se desmorona su castillo de naipes y todo su mundo, sustentado en las cosas y en el dinero, se viene abajo. Y para más inri, por si fuera poco quedarse sin nada por los errores de su marido y que esto le salpique también a su valorada vida profesional, sale a la luz que este le fue infiel con la niñera.

Y si hablamos de infidelidades, no nos podemos olvidar de Madeline, quien intenta recuperar su relación después de que su marido se enterara de su aventura. Después de un matrimonio fallido, ella que no estudió y se quedó en casa para ejercer como madre, no sabe qué será de su vida si tuviera que enfrentarse a otra separación. Y mientras en casa está a la espera del perdón, comienza una nueva andadura como agente inmobiliaria y sigue siendo el mejor apoyo de Celeste.

Esta nueva temporada profundiza en las vidas de las familias de estas mujeres centrándose menos en el thriller y el misterio, como comentaba más arriba, y más en temas como el matrimonio y sus crisis, la amistad y la maternidad. Podríamos decir que paralelamente al conflicto principal se trata de seguir el viaje de cada una de ellas enfrentándose a sus retos particulares. Parece como si fuera un epílogo de los primeros 7 episodios, un “qué fue de los personajes”, sin embargo, no todas las historias cobran la misma relevancia y da la sensación de que se han metido como relleno en torno a la trama principal. Véanse por ejemplo las de Renata o de Bonnie. En el caso de esta última además no era necesario traer a escena a una madre maltratadora para justificar que fuera capaz de ver el lenguaje no verbal y captara de lejos que Perry abusaba de su mujer.

Así, Celeste se erige de nuevo en la protagonista absoluta con su disputa por la custodia de sus hijos. La llegada de Mary Louise genera una atmósfera diferente, nunca sabes por dónde va a salir esta mujer que juega a ser la adorable abuela con anécdotas divertidas y una impecable educación mientras que a la vez hurga en los cajones y se asoma tras las puertas.

Es la villana de la temporada, un personaje que aunque parece que llega para ayudar a Celeste con los niños, en realidad pronto averiguamos que lo que realmente quiere es averiguar qué es lo que realmente le pasó a su hijo (aparte de querer quedarse con la custodia de los gemelos). Viene en busca de respuestas en una comunidad llena de grandes pequeños secretos y añade presión a las protagonistas. Por si no fueran ya una olla a presión.

Sin embargo, cuando empieza a husmear, Mary Louise se encontrará con revelaciones difíciles de asimilar, como que su hijo maltrataba a su mujer o que tiene un tercer nieto fruto de una violación. Aquí no hay atisbo de sororidad alguna, sino que saca su lado más cruel culpando a las víctimas de haber provocado de alguna manera a Perry. La palabra de la mujer siempre puesta en duda, al igual que su reputación. Así, la batalla por la custodia se sustenta en que Celeste es inestable y promiscua obviando que su inestabilidad se deriva precisamente de esa relación tóxica y abusiva y que ser madre no está reñido con tener vida sexual.

La temporada se cierra con Celeste resurgiendo cual ave fénix. Tras los ataques del abogado de su suegra acusándola de no estar capacitada para cuidar de los niños, pide interrogar a Mary Louise para demostrar que precisamente ella no se puede poner como ejemplo de perfección. No vemos entonces a una víctima, sino a una mujer que ha recuperado su seguridad y muestra sus aptitudes como abogada, un trabajo que adoraba pero que dejó a petición de su marido. La escena entre ambas es un espectáculo, aunque hay que reconocer que es un poco efectista sacándose el vídeo de la manga en el último momento.

El resto de personajes también tiene su cierre. Así, mientras Renata y Bonnie dejan a sus maridos (esta además se libera de la relación con su madre), Jane da una oportunidad a Cory y Madeline renueva sus votos matrimoniales. Pero aún así, les queda una última espina, esa mentira que les carcome, así que juntas acuden a comisaría, intuimos que para confesar. Y al igual que todas arropaban a Celeste (y Jane) en la playa, aquí toca hacer piña en torno a Bonnie, quien ha permanecido toda la temporada aislada del resto luchando contra sus propios fantasmas.

Y aunque es un cierre redondo, en realidad si miramos el conjunto, podemos llegar a la conclusión de que esta segunda temporada no era necesaria. Sí, hay momentos memorables, sobre todo aquellos en los que Mary Louise y Madeline muestran su agresivo-pasividad; pero queda una temporada un tanto desdibujada con respecto a la primera (los niños apenas tienen protagonismo, por ejemplo). La serie podría haber acabado con tras la escena de la playa y nos habríamos quedado tan felices.

Aún así, Big Little Lies deja una buena reflexión sobre las mentiras, las apariencias, la presión social, las relaciones y la maternidad. Rompe con la imagen de la mujer perfecta y nos ha mostrado unos personajes complejos cargados de contradicciones, dudas, errores y miedos. Mujeres que son madres, pero que no es eso lo que les define, incluso que se atreven a verbalizar que esa faceta de su vida no les realiza, algo totalmente tabú. No es que no disfruten de ser madres, sino que tienen mucho más que ofrecer. Eso sí, espero que no quieran renovarla de nuevo y darle una tercera temporada, porque ahora ya sí que perdería el rumbo. Dejémoslo como está y pasemos a la siguiente.