Mercadillos Navideños Alemanes. Día 3 II: Frankfurt am Main

Dejando atrás la Eschenheimer Tor, seguimos nuestro paseo por la Große Eschenheimer Straße, una gran avenida en la que nos encontramos con un mercado ambulante. En este caso no tenía nada que ver con la Navidad, sino que en sus puestos se vendía fruta, verdura, embutido, quesos, miel, mermeladas… e incluso había alguno de comida. Precisamente estos últimos eran los que tenían más cola, ya que era medio día y en los alrededores hay muchas oficinas.

Para nosotros era aún algo pronto, por lo que continuamos hasta el edificio de la Bolsa, que, por desgracia, nos encontramos prácticamente cubierto por una lona, pues estaba en obras. Así, poco pudimos ver de su fachada de estilo neoclásico.

La bolsa de Frankfurt se fundó en 1585 ante la necesidad de establecer formalmente un mercado que fijase los tipos de cambios de las monedas en una ciudad que se había convertido en un importante centro de comercio al por mayor y de los negocios bancarios. Con el tiempo pasó de ser un mercado de bienes y materias primas a un centro en el que se podían comprar y vender acciones. Hoy en día es una de las bolsas de referencia, moviendo miles de millones de euros cada año.

En la pequeña plaza en que se erige el edificio se encuentran las esculturas del Oso y el Toro, que simbolizan las bajadas y subidas de la bolsa respectivamente. Nada original si recordamos el famoso Toro de Wall Street en Nueva York.

Como no podíamos ver mucho más del edificio, volvimos sobre nuestros pasos a la Große Eschenheimer Straße, en cuya acera opuesta se halla el centro comercial Galeria. No deja de ser un centro comercial más con las típicas marcas, pero a nosotros nos interesaba por el mirador en la terraza del restaurante de su último piso. Era una buena oportunidad de observar la ciudad desde otra perspectiva y además gratis.

Eso sí, al entrar en el restaurante hay que recoger una tarjeta. Es una manera de controlar si la gente va solo a disfrutar de las vistas, o a tomarse algo. Y es que es en esta tarjeta donde queda reflejado lo que se ha consumido, bien en la terraza, bien en el interior. Después, al marchar, hay que mostrarla en el control y pagar en consecuencia. Si no se ha consumido nada, se entrega, comprueban que está a cero, y puedes irte tranquilamente.

He de decir que las vistas no me maravillaron especialmente. Quizá lo más interesante es que se tiene una visión de conjunto de los rascacielos de la ciudad. Pero más allá de eso, Frankfurt no tiene una vista panorámica especialmente atractiva más allá de algún campanario aquí y allá. La plaza Hauptwache, prácticamente bajo la terraza, tampoco pasaba por su mejor momento, ya que Katarinenkirche, quizá su edificio más significativo, estaba cubierto de andamios.

Tras las fotos de rigor, abandonamos el centro comercial y nos dirigimos, precisamente, a la Plaza Hauptwache, que recibe este nombre por el edificio homónimo, cuya traducción sería «Guardia Principal» en alemán. Hace alusión al cuartel general de la milicia y prisión que custodiaba la plaza en el siglo XVIII.

En la planta baja albergaba tres tres salas de guardia para oficiales, suboficiales y soldados rasos. Por su parte, en la superior se encontraban las habitaciones y cámaras que servían como sala de interrogatorios y prisión para ciudadanos respetables. Los presos comunes por su parte eran encerrados en las mazmorras del sótano.

Cuando Prusia anexó la ciudad en 1866, Frankfurt perdió su importancia militar y, por consiguiente, dejaba de ser necesario contar con una guardia urbana. El edificio pasó entonces a manos del tesoro militar prusiano. Aunque la prisión quedó abandonada, la construcción continuó usándose como cuartel militar. Con el traslado del cuartel a la Taunustor en 1903, la ciudad recuperó el edificio y llevó a cabo trabajos para su remodelación inaugurándolo dos años más tarde como cafetería, uso que sigue teniendo en la actualidad.

La Hauptwache se incendió tras los intensos bombardeos aéreos del 44 y tuvo que ser de nuevo reconstruida. Fue reabierta en 1954, aunque con una estructura temporal que se desmanteló en 1967 para construir la estación de metro y cercanías. Finalmente se erigió simulando la arquitectura original de estilo barroco.

Junto a la guardia se halla la Katharinenkirche, o Iglesia de Santa Catalina en español, la principal iglesia protestante de la ciudad.

Construida entre 1678 y 1681, se trata de una iglesia de una sola nave que no cuenta con una segunda fachada significativa porque su lado oeste daba con la muralla medieval. Su torre, de 54 metros de altura, fue, hasta la construcción de la torre Langer Franz a principios del siglo XX, la segunda estructura más alta del centro de la ciudad por detrás de la de la Catedral de San Bartolomé.

También quedo dañada con los bombardeos de la II Guerra Mundial. Sin ir más lejos, el interior barroco se perdió como consecuencia de un incendio provocado por las bombas. Por otro lado, las manecillas del reloj de la iglesia quedaron paradas a las 21:43, el momento exacto en que el bombardeo acabó con el casco antiguo medieval de la ciudad. Y así se mantuvieron durante diez años. La Katharinenkirche fue reconstruida entre 1950 y 1954, siendo inaugurada el 24 de octubre.

Y de iglesia a iglesia, pues de la de Catalina pasamos a la de Nuestra Señora, a un par de plazas de distancia. Ubicada en la colina Liebfrauenberg, una de las plazas más importantes del casco antiguo durante la Edad Media, la gótica Liebfrauenkirche (por su nombre en alemán) fue construida en varias fases entre los siglos XIV y XVI. Aunque tiene una orientación este-oeste como suele ser habitual, su portal se abre al sur, y esto se debe a que se levantó junto a la antigua muralla.

A un paso se encuentra el Kleinmarkthalle, un mercado de 1500 metros cuadrados que cuenta con más de una centena de puestos en los que venden alimentos frescos, frutas y flores.

Como en tantos otros sitios, Frankfurt acogía en sus plazas mercados de productores que acudían de los alrededores a vender sus mercancías. Así, se celebraba el Mercado del Grano, el del Pan, en del Caballo, el del Pollo, el de Artesanía… En el siglo XIX, sin embargo, con el aumento de las normas de higiene, surgió la necesidad de crear un mercado municipal cubierto en el que se pudieran celebrar estas ferias. Por eso entre 1877 y 1879 se construyó entre las calles Fahrgasse y Hasengasse un edificio en el que se pudiera cumplir con estas nuevas exigencias.

El antiguo mercado era una estructura de tres naves construida en estilo neorrenacentista, de 117 metros de largo, 34 de ancho y 22 de alto. En su planta baja contaba con 354 puestos distribuidos en 4.000 metros cuadrados, mientras que en la superior había otros 114 ubicados en una galería de 6 metros de ancho que se extendía por todo el perímetro.

Aquel primer Kleinmarkthalle quedó también destruido por los bombardeos, y, cuando en 1954 se reconstruyó, se hizo a unos 200 metros al suroeste de su ubicación original. Desde el año 2000, por su singular arquitectura e historia, es un edificio protegido.

Tras dar una vuelta y echar un ojo tanto al mercado como a los puestos y la oferta gastronómica que allí se mostraba, seguimos con nuestra ruta hasta el Dominikanerklosterun monasterio dominico que funciona como sede del Decanato de las ciudades de Frankfurt am Main y Offenbach.

Fundado en 1233, lo que vemos hoy en día es una reconstrucción de mediados del siglo pasado porque, como no podía ser de otra manera, el conjunto gótico se vio afectado por los ataques aéreos. Del estilo original solo se conserva el coro de la Iglesia del Espíritu Santo, que data de 1470.

Tomando la Kurt-Schumacher Straße llegamos al margen del río Meno, en concreto al Alte Brücke, el puente viejo. Recibe este nombre por ser el más antiguo de la ciudad y durante mucho tiempo fue considerado la estructura más importante de Frankfurt. Desde la Edad Media hasta 1914, año en que fue demolido porque ya no podía dar servicio a las exigencias del tráfico moderno tanto por carretera como fluvial, unió la Fahrgasse, en el casco antiguo, con la Brückenstraße, en el barrio de Sachsenhausen. A lo largo de su historia ha sido destruido (generalmente por inundaciones) y reconstruido una veintena de veces. El estado actual es bastante reciente, data de 2014.

Recorrimos el agradable paseo junto al agua hasta llegar al Historical Museum Frankfurt (Museo de Historia), fundado en 1878. Se ubica en el Saalhof, la construcción más antigua de la ciudad que aún se mantiene en pie.

Nació para recoger la memoria de Frankfurt y alrededores y aprovechar esos conocimientos para la investigación, pero tras la I Guerra Mundial quedó relegado a museo local cediendo o vendiendo parte de sus colecciones a otras instituciones del país. Después, con la II Guerra Mundial se perdieron muchos objetos como consecuencia de los bombardeos. En la década de los 50 recuperó su categoría de Museo Histórico y se cambió a su ubicación actual. Aunque en los 70 se expandió a un edificio anexo, esta construcción fue demolida en 2007 sustituyéndola por una más moderna pero que encajaba mejor en el casco histórico de la ciudad.

Precisamente a partir del Saalhof comenzaba otro mercadillo navideño, en este caso prácticamente todos los puestos eran de bebida – ese vino caliente- y alguno de dulces (churros, crepes, gofres…). Aunque aún era pronto, ya había gente  que empezaba a acercarse a la zona a tomar algo.

Este mercadillo no era muy extenso, pues acababa a unos metros del Eiserner Steg (Puente de Hierro), un puente peatonal que data de 1868. Al igual que el anterior, conecta el casco histórico con el barrio de Sachsenhausen.

Este puente de estilo neogótico surgió precisamente para dar algo de alivio al Alte Brücke, que, con el aumento de población (de 35.000 habitantes a principios de 1800 a casi 57.000 en 1840), ya no era suficiente para comunicar los dos distritos. Era un clamor popular, sin embargo el ayuntamiento desoyó las peticiones de los vecinos justificando que era un proyecto demasiado caro. Ante tal postura, se creó una asociación ciudadana que se encargó de su construcción. Una vez finalizado, cada persona que quisiera cruzarlo tenía que pagar un peaje. Y fue tal la afluencia, que el puente quedó pagado y fue transferido a la ciudad el 1 de enero de 1886.

Hubo que modificarlo en la década de 1910. En primer lugar porque había signos de corrosión, y en segundo, porque su altura era un obstáculo para el tráfico fluvial. Por supuesto, también fue bombardeado durante la II Guerra Mundial, sin embargo, fue una de las primeras construcciones en ser reconstruidas. Y no fue la última vez, ya que con la construcción del Canal Meno-Danubio el Eiserne Steg tuvo que ser elevado de nuevo (en este caso 40 centímetros) en 1969. Y un par de décadas después, en 1993 tuvo que ser sustituido como consecuencia de la corrosión. En la actualidad se ha modernizado y cuenta incluso con dos ascensores.

En lugar de cruzarlo (ya visitaríamos Sachsenhausen en otro momento), nos dimos la vuelta hasta el Museo de Historia, pues al llegar a este edificio el mercado navideño continúa por la Fährtor hasta la plaza central Römerberg, nuestro siguiente destino.