Asentados en Frankfurt, el cuarto día de nuestro viaje volvimos a cambiar de nuevo de ciudad. Siguiendo nuestra dinámica, madrugamos para tomar la primera opción disponible a las 9 de la mañana, la hora en que se activaba nuestro billete. Ya habíamos visto el día anterior que en la estación había varios puestos en los que vendían café y bollería, así que nos aprovisionamos y, en el andén, mientras esperábamos a que llegara el tren, desayunamos tranquilamente. Después nos esperaba una hora de trayecto hasta la ciudad histórica de Heidelberg, nuestra elección para pasar el penúltimo día de nuestro viaje.
Ubicada en el suroeste de Alemania, a orillas del río Neckar (afluente del Rin), es famosa por su imponente castillo, que se puede ver desde kilómetros de distancia, y su vibrante vida universitaria. En contraste con la gran capital financiera alemana, es un destino que combina el atractivo de su historia, con la cultura y la belleza natural del paraje boscoso que la rodea.
En Heidelberg es donde se ha encontrado la prueba más antigua de vida humana en Europa, una mandíbula humana que se cree que data de entre 600.000 y 200.000 años. En la zona también se asentaron los celtas en el siglo V a. C. y, mucho más tarde, los romanos, en el siglo I, ya donde hoy se extiende la ciudad actual. Después fueron expulsados por los germanos. Konrad III se hizo con las tierras en 1155 y existe constancia en 1196 de una aldea de nombre Heidelberch. Época en la que se construyó el primer castillo.
Un hito sin duda muy relevante para Heidelberg fue la fundación de la Universidad en 1386, lo que la convierte en la más antigua del país. Es además una de las más prestigiosas del mundo gracias a sus prestigiosas instalaciones de investigación, especialmente en el ámbito de la ciencia y la literatura.
Otro punto clave fue la destrucción de la ciudad a finales del siglo XVII como consecuencia de la invasión de las tropas francesas por la guerra por la herencia del Palatinado. En su reconstrucción ya a inicio del XVIII los edificios abandonaron el estilo gótico sustituyéndolo por el barroco. Sin embargo, no sufrió mucho durante la II Guerra Mundial, pues no era considerada como una ciudad estratégica. Tras la contienda, los estadounidenses se establecieron en ella, pues les venía muy bien su ubicación y sus comunicaciones. Gracias a ello hoy en día podemos ver un casco histórico bastante bien conservado.
La estación de tren se encuentra a kilómetro y medio del Altstadt, este casco antiguo. No nos vino mal, pues hacía un día gélido, así que en la caminata entramos en calor. La parte histórica va paralela a la margen izquierda del río Neckar desde Bismarckplatz hasta Karlstor.
Entre ambos puntos se desarrolla la Hauptstraße, una calle peatonal de nombre poco original (Calle principal) en cuyo kilómetro y medio se van sucediendo estatuas, edificios históricos, restaurantes, galerías, cafeterías, tiendas de ropa, iglesias…
La primera iglesia que nos encontramos fue la Providenzkirche, un templo protestante construido entre 1659 y 1661 que tuvo que ser reconstruida a principios del siglo siguiente tras quedar dañada durante el gran incendio de la ciudad en 1693. Alberga en su interior el órgano más antiguo de la ciudad.
A unos pasos más adelante, en el lado opuesto, destaca el Palacio Morass, que hoy acoge el Kurpfälzisches Museum, el Museo del Palatinado. En él se puede conocer más sobre la historia de la región, pues en sus salas recoge los numerosos hallazgos arqueológicos de Heidelberg, exposiciones sobre la época en que la ciudad se convirtió en residencia de los Electores, una colección de esculturas de los siglos XII al XX, una amplia pinacoteca de obras de los siglos XV al XX, así como grabados, acuarelas y dibujos, y extensas colecciones de muebles, porcelana, cristal, monedas y medallas.
Siguiendo la Hauptstraße llegamos a la histórica Universitätsplatz, la plaza central del casco antiguo y donde se ubican los edificios de la Antigua Universidad a un lado, y los de la Nueva, al otro. La plaza ocupa los cimientos del antiguo monasterio agustino donde Martín Lutero defendió sus 95 tesis en 1518. Fue aquí, por tanto, donde se considera que se inició la Reforma Protestante. Por supuesto, no podían faltar los puestos del mercadillo navideño ocupando la plaza prácticamente por completo.
Aunque la Universidad como tal se remonta al siglo XIV, el edificio de la Antigua Universidad que se erige en esta plaza comenzó a construirse en 1712. De estilo barroco, se caracteriza por su sencillez y juega con el contraste de los detalles en rojo. Aunque la institución es reconocida como Universidad Libre y Democrática, lo cierto es que durante la II Guerra Mundial perdió muchos profesores porque apoyó al nazismo. Por sus aulas han pasado grandes pensadores y científicos del mundo han pasado por sus aulas – ya sea como alumnos o docentes-. Hoy, este edificio alberga el Museo de la Universidad y en su interior se puede repasar su historia. Su Gran Salón, que durante décadas fue testigo de clases y seminarios, es empleado en la actualidad tanto en seminarios y ceremonias académicas, como conciertos.
Frente al portal de la Antigua Universidad se erige una fuente coronada por un león, símbolo del Electorado del Palatino. Esta fuente es uno de los puntos más importantes del suministro de agua de la ciudad.
Detrás de la Antigua Universidad se encuentra la Studentenkarzer, un antiguo centro de detención perteneciente a la institución. Y es que durante los primeros 500 años de historia, la universidad tenía su propia jurisdicción, así pues, tenía potestad para apresar a aquellos estudiantes que habían cometido delitos menores como disturbios nocturnos, embriaguez, insultar a las autoridades, perturbar la paz o participación en duelos. Según la gravedad del delito el preso podía pasar entre 3 días y un mes detenido. Aunque eso sí, le estaba permitido salir el tiempo necesario para acudir a clase. Para evitar que no escaparan en uno de los trayectos, la cárcel contaba con una puerta que conectaba el edificio directamente con el de la universidad. Asimismo, podían visitar a otros presos, así como recibir comida y cerveza. La cárcel dejó de funcionar en 1914, pero hoy se puede entrar para observar los poemas y dibujos que realizaron los presos en sus días entre aquellas paredes.
Tomamos la Grabengasse para acercarnos a la Biblioteca de la Universidad, un edificio de estilo manierista alemán del siglo XX. Sin embargo, no pudimos ver nada salvo los picos de las torres porque estaba completamente cubiertas de andamios.
Así pues, volvimos sobre nuestros pasos a la calle principal para seguir con nuestro paseo. Nuestra siguiente parada fue la Jesuitenkirche, a apenas 100 metros.
Esta iglesia construida en estilo barroco entre 1712 y 1759 tiene la peculiaridad de que no se orienta al este como es habitual, sino al sur. Su aspecto actual no es el original. Por un lado la torre se añadió en el siglo XIX, y, por otro, de su interior tan solo se conserva el altar.
A lo largo de su historia, además de servir como templo, fue empleada como hospital militar y biblioteca universitaria. Ahora también alberga el Museo de Artes Eclesiásticas.
Volviendo a la Hauptstraße pasamos por, quizás, el edificio histórico más famoso de la ciudad, la Casa del Caballero (Haus Zum Ritter), la única casa burguesa que sobrevivió al gran incendio de Heidelberg de 1693 durante la Guerra de Sucesión del Palatinado.
Construida en 1592 por el comerciante textil Charles Bélier, un hugonote francés. Recibe su nombre de la escultura del Caballero San Jorge ubicada en la parte superior del edificio. Hoy en día es un hotel que nos da la bienvenida a la Fischmarkt.
En esta plaza en la que en su día se vendía pescado, encontramos la Iglesia del Espíritu Santo (Heliggeistkirche), la más grande e importante de Heidelberg y testigo de la convulsa historia de la ciudad.
Construida sobre los restos de una antigua basílica románica entre 1398 y 1515, fue planeada como lugar en que serían enterrados los Príncipes Electores. No obstante, durante la Guerra de Sucesión del Palatinado las tumbas quedaron destruidas y hoy en día tan solo se conserva una de ellas, la del Elector Ruperto III y su mujer Isabel de Hohenzollern.
Esta iglesia ha servido tanto a protestantes como a católicos. El primer servicio protestante se celebró en 1546 durante el reinado de Federico II, sin embargo, durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) funcionó como católica. En 1698 por decreto del Elector Johann Wilhelm todas las iglesias protestantes del Palatinado debían ser usadas por ambas ramas conjuntamente. Y lo que en la teoría parecía salomónico, en la práctica resultó ineficaz. Así pues, en 1706, la iglesia fue dividida en dos por un tabique de forma que los protestantes se quedaron con la nave y los católicos el presbiterio. Aunque el muro cayó temporalmente durante el jubileo de la Universidad en 1886, fue vuelto a levantar en 1892. No fue hasta 1936 que la iglesia volvió a ser una única entidad. De nuevo bajo el control de los protestantes.
Al formar parte de la Universidad, uno de los usos que ha tenido esta iglesia ha sido el de la famosa Biblioteca Palatina, una de las más importantes del renacimiento alemán. En el siglo XV albergaba más de 5000 libros y 3524 manuscritos.
La iglesia se ubica en la Plaza del Mercado (Marktplatz), el centro neurálgico de la ciudad y donde dos días en semana se celebra un mercado. También el ayuntamiento (Rathaus) se encuentra aquí, como no podía ser de otra manera. La inauguración oficial del mercado navideño se hace precisamente desde el balcón del ayuntamiento.
De estilo barroco, la construcción que hoy vemos en pie data de 1701. Con anterioridad hubo otro, pero quedó destruido durante la conquista de Heidelberg en 1689. Además, ha sido ampliado a principios del siglo XX, después de que un incendio lo dañara y en 1961, momento en que se añadió el campanario.
En el centro de la plaza se erige además la Fuente de Hércules (Herculesbrunnen), un monumento de 1703 que viene a recordar el esfuerzo de los habitantes de Heidelberg por reconstruir su ciudad tras dos guerras importantes, la de los Treinta Años y la del Palatinado.
Llegados a este punto dejamos la Hauptstraße para encaminarnos hacia el castillo. Para ello nos dirigimos a otra plaza, a la Kornmarkt, cuyo nombre (Mercado de Grano) nos recuerda que en determinado momento allí se comerciaba trigo y otros productos agrícolas. En el centro de la misma destaca la Fuente de la Virgen (Mutter-Gottes-Brunnen), coronada, claro está, por una virgen. Erigida en 1718 por los jesuitas para llamar la atención sobre el catolicismo en pleno conflicto religioso, representa a María, con una corona dorada de rayos, una guirnalda de estrellas y un cetro de lirios en la mano. Además, sostiene al Niño Jesús, quien por su parte levanta la mano derecha en señal de bendición, mientras que con la izquierda clava una lanza con una cruz en la cabeza de la serpiente-dragón a los pies de la virgen.
Siguiendo la calle, continuamos hasta el funicular que nos subiría hasta el castillo. Pero de momento lo dejamos aquí.