Basada en un libro de investigación firmado por el periodista Fabrice Arfi, la miniserie francesa Sangre y dinero explora en sus doce capítulos de 50 minutos los entresijos de la estafa sobre el impuesto sobre el carbono que tuvo lugar entre los años 2008 y 2009 y que sigue considerándose en el país galo la mayor estafa del siglo. Creado, coescrito y codirigido por Xavier Giannoli y protagonizado por Vincent Lindon, Ramzy Bedia, Niels Schneider y Olga Kurylenko, este thriller financiero examina con suma precisión las triquiñuelas empleadas por los delincuentes para defraudar el impuesto que gravaba las cuotas de carbono y que supuso pérdidas milmillonarias para el estado francés.
En un intento por combatir el calentamiento global, la Unión Europea impuso en 2005 un límite anual de emisiones de CO2 a las empresas más contaminantes. No obstante tenía truco, ya que, en realidad si una compañía superaba este límite, podía comprarle su cuota a otra que no lo hubiera alcanzado. Así pues, al final esta medida se reducía a que si lo podías pagar, podías contaminar igual. Puro capitalismo.
Unos tres-cuatro años más tarde, en el punto álgido de la crisis inmobiliaria, Alain Fitoussi y Bouli, dos delincuentes de poca monta del barrio parisino de Belleville, se alían con Jérôme Attias, un adicto al póker y a las finanzas que tiene contactos empresariales porque está casado con la hija de uno de los hombres más ricos del país, para embolsarse, través de la creación de empresas fantasma ecologistas, el IVA del impuesto sobre el carbono, malversando miles de millones de Euros a costa de las arcas del estado francés. Es decir, como prácticamente cualquier caso de corrupción, esto redundó en un empeoramiento de las condiciones de vida de la gente. En un momento especialmente complicado además. Y como añadido, se jugaba con el futuro del planeta.
De primeras, sin conocer lo que ocurrió por aquellos años, puede ser un poco complicado seguir la historia. No obstante, para eso está la figura de Simon Weynachter. Inexistente en el libro, este alto funcionario de aduanas especializado en delitos de estafa es quien descubre el fraude multimillonario y quien se pondrá al frete de una complejíisma investigación. Gracias a sus explicaciones el espectador consigue no perderse en el lenguaje financiero y en los tejemanejes de los estafadores. Su personaje es un hombre recto en un mundo de grises. Su rabia y su obsesión por acabar con los criminales es la de quien está al otro lado de la pantalla.
Sangre y dinero ofrece un thriller trepidante que no escatima en presupuesto. La historia es fascinante a la vez que consigue despertar la indignación. En todo momento me recordaba la expresión «Hecha la ley, hecha la trampa». Y es que mientras que las ambiciones de la Unión Europea por mejorar las políticas medioambientales parecían estar llenas de buenas intenciones, lo cierto es que certificaron que no se pueden combinar políticas que tienen que ver con el estado del bienestar con otras libertarias que se basan en la libertad del mercado. Porque entonces, se pierde el verdadero objetivo y todo gira en torno al dinero.