Mercadillos Navideños Alemanes. Día 2 V: Mainz Liebfrauenplatz y Marktplatz

Tras el paseo por el Rin y, dejando atrás la Eisenturm, nos dirigimos a la Liebfrauenplatz, una de las plazas más importantes de la ciudad. En ella vemos un lateral de la Mainzer Dom, la Catedral de San Martín, una basílica de arenisca roja considerada uno de los más destacados ejemplos de arquitectura románica de todo el mundo. En ella han tenido lugar diversos eventos históricos, incluyendo la coronación de emperadores del Sacro Imperio Romano.

Sus orígenes se remontan a 975, durante el reinado del emperador Otón II. El Arzobispo y Canciller Imperial Willigis, quien ya había sido aplaudido por promover el comercio, quiso que el templo principal de Mainz reflejara la importancia de la ciudad como centro religioso y político del Sacro Imperio Romano. No obstante, no fue concluida hasta 1009, durante el reinado de su sucesor Enrique II. Curiosamente, el día de su consagración hubo un incendio y tuvo que ser reconstruida porque quedó bastante dañada. Desde entonces ha pasado por varias renovaciones y expansiones en las que se han ido incorporando elementos góticos y barrocos.

En aquel momento nos encontramos la catedral parcialmente tapada por el Mercado Navideño, pero durante el resto del año la plaza también acoge tres veces por semana el Wochenmarkt Mainz Domplatz, un mercado de frutas y productos locales.

También medio oculta por los puestos quedaba la Nagelsäule, una columna de siete metros de altura que se construyó durante la Primera Guerra Mundial como parte de una campaña de donación para financiar a los niños desfavorecidos y ayudar a las esposas de los soldados.

Los donantes compraban los clavos y después los incrustaban en el tronco de roble. Clavo a clavo, quedó ricamente ornamentada. En lo alto, queda coronada por una cruz de hierro.

Bordeando la catedral llegamos a su fachada principal, que da a la Marktplatz, el corazón comercial y social de Mainz desde la Edad Media. El nombre de la plaza, Marktplatz, hace alusión al mercado semanal que en ella se celebra. En él se pueden comprar una amplia selección de alimentos vendidos por comerciantes de la zona, desde jalea hasta vinos, pasando por frutas, verduras, huevos y quesos. El resto del tiempo es el centro donde transcurre la vida social de la ciudad, por lo que no es de extrañar que sea el lugar en que se ubica el Mercado Navideño principal.

De nuevo, las casetas no dejaban apreciar el templo en su máximo esplendor, pero a su vez, los puestos y la iluminación le daban cierto encanto a la plaza.

Frente a la catedral destaca la estatua de San Bonifacio, que recuerda al obispo de Maguncia y primado de Alemania, asesinado por un grupo de paganos opuestos a su predicación cristiana. El santo porta una lanza en su mano izquierda, y un libro atravesado por una espada en la mano derecha.

Entre el santo y el acceso a la catedral, se había ubicado un belén con figuras gigantes.

En el centro de la plaza se erige la Heunensäule (Columna de los Condes), una columna de 6,40 metros y 16 toneladas que aunque tiene más de 1.000 años, no se colocó en la plaza hasta 1975, en el 1.000 aniversario de la ciudad. Durante la construcción de la catedral se pensó en construir columnas de arenisca, sin embargo, finalmente se desechó la idea y no se llegaron a integrar en la estructura del templo. Esta es una de aquellas columnas que sobrevivió.

Llama la atención su base de bronce del escultor Gernot Rumpf que está llena de referencias a diferentes capítulos históricos de la ciudad desde el momento de su fundación por los romanos hasta la actualidad.

Las figuras están cargadas de simbolismo. Por ejemplo, el casco de legionario hace referencia a la importancia histórica de la ciudad, mientras que la mitra de obispo a la eclesiástica. Por otro lado, el gorro de bufón simboliza la tradición del carnaval.

Además encontramos varios animales. En un lado a un pequeño pájaro con las iniciales MP en honor al ministro-presidente Bernhard Vogel (Vogel es pájaro en alemán), y en otro a un zorro con las iniciales OB, que asoma desde una máscara de gladiador romano. Este simboliza al antiguo alcalde de Mainz, Jockel Fuchs (Fuchs es zorro en alemán). Con él hay tres ratones que representan a los tres partidos políticos (SPD, CDU y FDP) que participaron en la planificación y construcción del parlamento municipal. La máscara hace referencia al ayuntamiento, conocido coloquialmente como Fuchsbau( guarida del zorro). La escultura queda coronada con un gorro jacobino que hace alusión a la época de la República de Mainz.

En uno de los extremos de la plaza destaca otro elemento, la Marktbrunnen, una de las primeras fuentes renacentistas de Alemania. Construida en 1526 en el taller del escultor Hans Backoffen se decoró para celebrar el fin de la Guerra de los Campesinos Alemanes y a su vez para recordar la victoria de Carlos V en la batalla de Pavía sobre Francisco I de Francia.

En el resto de la plaza destacan las coloridas fachadas renacentistas de edificios de diferentes alturas y anchuras.

Siguiendo el recorrido de las casetas, llegamos a la cercana Gutenbergplatz, presidida en un extremo por la estatua de Johannes Gutenberg realizada por el escultor danés Bertel Thorvaldsen y en el otro por el Teatro Estatal, la sede de la Orquesta Filarmónica de la ciudad.

Este edificio de estilo neoclásico fue construido entre 1829 y 1833 siguiendo el diseño de Georg Moller como Teatro Municipal de la ciudad. Tras quedar destruido por los bombardeos de la II Guerra Mundial, fue reconstruido entre 1998 y 2001 hasta devolverlo a su estado original. Hoy en día alberga la ópera de la ciudad, teatro, conciertos y otro tipo de eventos con una capacidad de hasta 1000 espectadores.

Volviendo sobre nuestros pasos dimos dar un paseo por la Marktplatz para descubrir los diferentes puestos, entre los que se alternaban los de juguetes u ornamentación navideña, con los de artesanía y comida o bebidas calientes. Y qué mejor momento para hacernos un hueco en una mesa y parar para comer antes de que casi fuera hora de merendar de los locales.

En esta ocasión comimos unas pinchos hechos en barbacoa que nos supieron a gloria. Y de postre, un Kürtőskalács, un dulce típico húngaro que calentito con azúcar y canela entra muy bien. Aunque en este caso les faltaba un poco de cocción.

En cuestión de minutos, empezó a nublarse y bajar mucho el sol, por lo que abandonamos el mercadillo para continuar con nuestro paseo por la ciudad antes de que se nos hiciera de noche.