Adaptación de la exitosa novela de David Nicholls publicada en 2009, la miniserie británica Siempre el mismo día (One Day) nos muestra – como dice el título- siempre el mismo día de las vidas de dos jóvenes a lo largo de 16 años, permitiendo ver cómo evolucionan en lo personal con el paso del tiempo, y cómo lo hace también la relación que hay entre ellos.
Emma Morley (Ambika Mod) y Dexter Mayhew (Leo Woodall, The White Lotus) se conocen en la fiesta de graduación de la Universidad de Edimburgo la noche del 15 de julio de 1988. Él se fija en ella, a quien no había echado el ojo antes, pese a haber coincidido durante años en el mismo lugar. Y, aunque Emma sí que sabe quién es Dexter, y tiene la teoría de que se ha acercado porque ya no le quedan chicas con las que ligar en el campus, entra en su juego y acepta tomarse algo con él. La protagonista no es una de las chicas más populares del campus; es una chica normal, de familia obrera, con inquietudes políticas y que pretende hacer del mundo un lugar mejor. Él es popular, un niño bien acostumbrado a codearse con gente de su clase social sin más aspiraciones que viajar una vez que ha acabado de estudiar. En principio no tienen mucho que ver, sin embargo hay mucha atracción y acaban yéndose juntos a la habitación de ella. Hay besos y aproximación, pero la cosa no va más allá. Se les va la noche entre batallas dialécticas que de alguna manera les hacen conectar. Comparten también la mañana siguiente paseando y conversando algo más hasta que Dexter ha de irse con sus padres y sus caminos se separan.
A partir de entonces quedarán cada 15 de julio para ponerse al día de sus vidas. Cada uno de los catorce episodios (con duraciones que varían entre los 19 y los 38 minutos) recogerá un día desde aquel encuentro inicial en 1988 hasta 2007. La elección del día no es aleatoria, sino que se basa en el folclore británico. Según la tradición, según se comporte el clima ese día de St Swithin’s Day, así se mantendrá durante las próximas 40 jornadas. Siempre el mismo día establece un paralelismo entre la meteorología y el estado de ánimo de los protagonistas. Así, el humor del día marcará el curso de las siguientes semanas.
En cada entrega seguimos las andanzas de Emma y Dexter, siendo los años muy diversos entre sí. Hay unos en los que se encuentran, otros en los que están cada uno en una punta del globo, e, incluso, algunos en los que solo vemos a alguno de los dos. También son muy diferentes sus circunstancias. Mientras que Emma tiene dificultades económicas y encadena trabajos mal pagados a la vez que intenta lanzar su carrera de escritora; Dexter por su parte no para de recibir ofertas laborales como presentador televisivo y pronto se hace famoso. Transitan juntos, aunque con caminos divergentes, el paso a la vida adulta. Sin embargo, a pesar de estas diferencias, los protagonistas son dos personas que tienen una conexión tal que no saben dejar de pensar la una en la otra. Su relación va más allá de las afinidades; se entienden, se apoyan y son brutalmente honestos el uno con el otro.
Siempre el mismo día es una serie amable y emotiva calificada como comedia romántica. Pero, aunque tiene romance y tiene momentos cómicos, yo la definiría más como drama romántica. En ella el amor no es sencillo, no es una historia de chico conoce a chica, hay unos malentendidos por el camino y finalmente viven felices para siempre. Por el contrario, en esta miniserie el amor es un juego del gato y el ratón en el que los personajes no están nunca en el mismo momento vital. Cuando uno quiere, el otro no puede y viceversa. Y cuando ambos pueden, hay algún impedimento sobrevenido.
Si bien a lo largo de la historia aparecen personajes secundarios como la familia de ambos, amigos, parejas… Siempre el mismo día es en esencia la exploración de la relación de Emma y Dexter, por ello, son Ambika Mod y Leo Woodall quienes sostienen la serie. Y, aunque la química entre ambos es muy buena, Woodall queda eclipsado por Mod y su interpretación de la encantadora, inteligente y graciosa Emma. En comparación, Dexter es un personaje mucho más plano. Salvo ese pequeño detalle, Siempre el mismo día consiguió mantenerme pegada a la pantalla y casi me la vi en modo maratón. Es divertida por momentos, triste en otros, pero en global es una bonita historia. Eso sí, para ver con pañuelos.