Miniserie: La mujer de la casa de enfrente de la chica en la ventana

La mujer de la casa de enfrente de la chica en la ventana es un intento de sátira de los thrillers psicológicos con origen literario del estilo de La chica del tren (Tate Taylor, 2016) o La mujer en la ventana (Joe Wright, 2021). Claramente, con el trabalenguas que tiene por título busca parodiar este subgénero en el que llevada por la curiosidad (y el exceso de tiempo libre) la protagonista, que está pasando por una situación de duelo o trauma y que para sobrellevarlo se refugia en el alcohol o en los tranquilizantes (o en los dos a la vez), se ve implicada de alguna manera en algún tipo de asesinato o misterio que se convertirá su obsesión.

Creada y dirigida por Rachel Ramras, Hugh Davidson y Larry Dorf, La mujer de la casa de enfrente de la chica en la ventana está protagonizada por Kristen Bell (Veronica Mars, House of Lies, The Good Place), quien, no nos vamos a engañar a estas alturas, es el motivo principal que me llevó a ver el piloto. La serie se sostiene en ella, y aunque aquí no explota sus dotes de canto, está estupenda, como siempre sacando a relucir su frecuente toque cómico, irónico y absurdo. Consigue transmitir el misterio, el trauma y los tormentos de su personaje.

La mujer de la casa de enfrente de la chica de la ventana tiene un punto de partida con gancho. En su arranque conocemos a Anna Whitaker, una mujer envuelta en una terrible depresión después de que su familia fuera destruida por una tragedia y cuyos días consisten en sentarse frente a la ventana de su salón bebiendo cantidades ingentes de vino con pastillas que son incompatibles con el alcohol, leyendo novelas de misterio y cotilleando a sus vecinos de típico barrio residencial. Además, Anna tiene ombrofobia, esto es, miedo a los fenómenos atmosféricos relacionados con las tormentas, por lo que no puede estar en la calle cuando llueve. Lo tiene todo la pobre.

Sin embargo, un día todo parece cambiar, cuando descubre que un atractivo hombre y su pequeña hija se acaban de mudar a la casa de enfrente. Como era de esperar, su vecino Neil se convierte en su interés romántico y Anna comienza una aproximación. No obstante, el educado, guapo, simpático y atento Neil no es tan perfecto como parece, sino que tiene pareja y nuestra protagonista presencia cómo la asesina. Sin embargo, cuando lo denuncia a la policía, no solo no aparece ningún cadáver, sino que la chica, que es azafata, se encuentra de viaje. A lo largo de ocho breves episodios de no más de 20 minutos cada uno se irá desarrollando una trama en la que todos los personajes parecen sospechosos y se dan las más rocambolescas situaciones.

Con un tono de comedia negra que recuerda a Solo asesinatos en el edificio y The Afterparty, la serie de Netflix combina misterio y comedia. No obstante, se diferencia de aquellas en que no hay que tomársela en serio. Busca la parodia por medio de referencias a escenas familiares que están en el imaginario colectivo, y no solo en lo que a thrillers psicológicos se refiere (esa bienvenida con comida como si fuera Bree Van de Kamp o el encuentro en la puerta del colegio a lo Big Little Lies).

La mujer de la casa de enfrente de la chica de la ventana no es una serie redonda ni mucho menos. De hecho, en ocasiones parece no encontrar el tono, llegando incluso a recordar a los telefilmes de sobremesa. Sin embargo, su curioso arranque y la escasa duración de sus episodios juegan a su favor. Una miniserie para desconectar y pasar el rato.