The Split es un drama legal británico centrado en una familia de abogadas especializadas en casos de divorcio. Creado por Aby Morgan (Sufragistas), quien se inspiró parcialmente en la separación de sus padres, inicialmente estaba concebido como miniserie. Tuvo sin embargo tan buena acogida que acabó extendiéndose por tres temporadas y un especial de Navidad. A diferencia de otras series legales como Boston Legal, The Good Wife o The Good Fight la ficción de la BBC se sirve de la temática para entrelazar la vida profesional y personal de los personajes. Lo que realmente le interesa es el drama familiar, las relaciones personales, los conflictos entre los miembros, sus emociones y traumas.
En el centro de la historia está Hannah Stern (Nicola Walker), abogada que después de no conseguir un ascenso en el bufete de su madre, se va a trabajar a una firma rival, dirigida precisamente por una antigua pareja. Casada con Nathan (Stephen Mangan), también abogado, y con tres niños en común, en esta nueva etapa de su vida se debate entre continuar con su matrimonio o apostar por retomar una relación con su amor de juventud.
Sus hermanas no podían ser más diferentes entre sí. Nina (Annabel Scholey), la mediana, compagina su vida profesional en el bufete de su madre con relaciones esporádicas; mientras tanto, Rose (Fiona Button), la pequeña, no termina de encontrar su espacio en lo laboral pero en lo personal está asentada con su novio, un economista muy formal y religioso, con el que está planeando su boda. La aparición de su padre tras 30 años de ausencia en el 70 cumpleaños de su madre desestabiliza el universo no solo de las tres hermanas, sino también del de la madre, Ruth Defoe (Deborah Findlay), quien siguió adelante y las educó en solitario tras el tempestuoso divorcio. En lo profesional además no está en su mejor momento, ya que está pasando por algunas estrecheces económicas.
A partir de este detonante las cuatro mujeres se replantearán las bases de sus relaciones amorosas. Hannah se debatirá si dejar su matrimonio y retomar aquel amor de juventud o, por el contrario, pensar en su familia, en lo que ha construido con su marido, y olvidarse de los sueños que alguna vez tuvo. Nina por su parte reflexionará sobre lo poco profundo de sus relaciones amorosas. Finalmente Rose pondrá en duda si realmente quiere casarse o es lo que piensa que debe hacer porque toca, porque es lo que se espera. Y mientras las vemos dudar y discutir entre ellas y con sus parejas, a la vez se van desarrollando los casos legales.
La esencia de The Split está ahí, en la reflexión sobre las relaciones. Es un drama adulto, con personajes coherentemente diseñados, unos casos atractivos y que interpelan de alguna manera a la protagonista o su entorno y unos arcos de temporada muy bien estructurados para mantener el interés. Que cada temporada cuente con solo 6 episodios también ayuda, pues evita rellenos y subtramas innecesarias. Con los 18 capítulos quedó una serie redonda, sin embargo, un par de años después de su final, la BBC quiso hacer un especial de Navidad.
En The split: Barcelona la familia abandona por unos días el gris Londres y se traslada a la capital catalana para celebrar la boda de Liv, la hija mayor de Hannah y Nathan. Y es que la pareja de la joven es un muchacho local cuya familia tiene una Masía rodeada de viñedos, el espacio perfecto para acoger a los allegados de ambos y festejar por todo lo alto la unión. El cambio de escenario viene acompañado de un nuevo registro. Estos dos episodios especiales tienen un tono más suelto, más cómico que la serie original. Tiene sentido ya que los personajes no se mueven entre bufetes y litigios, sino que se encuentran de celebración en un lugar con un clima agradable y donde corren los litros de alcohol; sin embargo, no sé si le va del todo bien este tono de comedia de enredos. O que igual no es lo que yo me esperaba.
La boda es la excusa para que se propicie el reencuentro de los personajes y explorar qué ha sido de ellos desde el capítulo final y cómo se han adaptado a su nueva situación. Se presenta a una Hannah ya en la cincuentena pero en un momento de plenitud y con muchos experiencias por vivir. Y también se introducen personajes nuevos con sus conflictos relacionales, como los padres del novio, porque al final ese siempre fue el Leit Motiv de esta serie. Se sigue hablando de divorcios, claro, pero The split: Barcelona lo explora desde un punto de vista optimista. No como un fracaso, sino como una corrección. Porque hay veces en que se han acumulado tantos reproches y banderas rojas que no merece la pena continuar con la relación sino abandonar y seguir por caminos separados. Mejor caminar en solitario que con malas compañías.
The Split funcionaba por su reparto, por su guion y por su realismo. Se sumergía en el aspecto menos atractivo de las relaciones humanas huyendo del idealismo y, con una sensibilidad inteligente, hablaba de tramas familiares no resueltos, de secretos guardados, de sentimientos ocultados durante años que acaban saliendo a la luz… en definitiva, de la vida. Sin embargo, me da la sensación de que The split: Barcelona con esa diferenciación formal en su estructura y tono se carga su espíritu. Personalmente creo que no aporta gran cosa al arco narrativo de los personajes. Es un epílogo bastante flojo. Aunque quizá es porque la ambientación, los acentos, algunas actuaciones y lagunas en el guion me sacaron bastante de la historia, especialmente en el segundo capítulo.
Como decía, The split: Barcelona arrancaba como una comedia de enredos en la que los personajes se encuentran tras un tiempo sin verse fuera zona de confort y donde hay algún malentendido y triángulo amoroso. Hasta ahí aceptamos barco. No obstante, la segunda entrega se vuelve más melodramática con subtramas de culebrón y adentrándose en cuestiones legales totalmente irreales. Y es que las normas legales no se aplican por igual en todos los países, y por tanto los abogados no pueden ejercer fuera de su ámbito de actuación. Más aún cuando estamos hablando de Reino Unido y España, uno fuera y otro dentro de la Unión Europea. Además, como ya mencionaba, tampoco es muy verosímil la historia de la familia del novio que lleva enlazada a la del viñedo desde hace décadas pero no hablan catalán, sino un español forzado para camuflar el acento argentino. Es que no parecen locales ni la madre, ni el hijo, ni siquiera los amigos o familiares. Como tampoco son locales las costumbres de bravas, guitarras flamencas y sangrías. No digo que no pasen en Cataluña, pero la ambientación parece más The split: Málaga que otra cosa. Claro, que supongo que el especial estaba más enfocado a un público británico y de ahí que hayan tirado del clichés y han elegido un lugar español por puro exotismo. Hay veces que es mejor cerrar una etapa, pasar página y no mirar atrás. Igual que en las relaciones.