Mercadillos Navideños Alemanes. Día 3 II: Frankfurt am Main

Dejando atrás la Eschenheimer Tor, seguimos nuestro paseo por la Große Eschenheimer Straße, una gran avenida en la que nos encontramos con un mercado ambulante. En este caso no tenía nada que ver con la Navidad, sino que en sus puestos se vendía fruta, verdura, embutido, quesos, miel, mermeladas… e incluso había alguno de comida. Precisamente estos últimos eran los que tenían más cola, ya que era medio día y en los alrededores hay muchas oficinas.

Para nosotros era aún algo pronto, por lo que continuamos hasta el edificio de la Bolsa, que, por desgracia, nos encontramos prácticamente cubierto por una lona, pues estaba en obras. Así, poco pudimos ver de su fachada de estilo neoclásico.

La bolsa de Frankfurt se fundó en 1585 ante la necesidad de establecer formalmente un mercado que fijase los tipos de cambios de las monedas en una ciudad que se había convertido en un importante centro de comercio al por mayor y de los negocios bancarios. Con el tiempo pasó de ser un mercado de bienes y materias primas a un centro en el que se podían comprar y vender acciones. Hoy en día es una de las bolsas de referencia, moviendo miles de millones de euros cada año.

En la pequeña plaza en que se erige el edificio se encuentran las esculturas del Oso y el Toro, que simbolizan las bajadas y subidas de la bolsa respectivamente. Nada original si recordamos el famoso Toro de Wall Street en Nueva York.

Como no podíamos ver mucho más del edificio, volvimos sobre nuestros pasos a la Große Eschenheimer Straße, en cuya acera opuesta se halla el centro comercial Galeria. No deja de ser un centro comercial más con las típicas marcas, pero a nosotros nos interesaba por el mirador en la terraza del restaurante de su último piso. Era una buena oportunidad de observar la ciudad desde otra perspectiva y además gratis.

Eso sí, al entrar en el restaurante hay que recoger una tarjeta. Es una manera de controlar si la gente va solo a disfrutar de las vistas, o a tomarse algo. Y es que es en esta tarjeta donde queda reflejado lo que se ha consumido, bien en la terraza, bien en el interior. Después, al marchar, hay que mostrarla en el control y pagar en consecuencia. Si no se ha consumido nada, se entrega, comprueban que está a cero, y puedes irte tranquilamente.

He de decir que las vistas no me maravillaron especialmente. Quizá lo más interesante es que se tiene una visión de conjunto de los rascacielos de la ciudad. Pero más allá de eso, Frankfurt no tiene una vista panorámica especialmente atractiva más allá de algún campanario aquí y allá. La plaza Hauptwache, prácticamente bajo la terraza, tampoco pasaba por su mejor momento, ya que Katarinenkirche, quizá su edificio más significativo, estaba cubierto de andamios.

Tras las fotos de rigor, abandonamos el centro comercial y nos dirigimos, precisamente, a la Plaza Hauptwache, que recibe este nombre por el edificio homónimo, cuya traducción sería «Guardia Principal» en alemán. Hace alusión al cuartel general de la milicia y prisión que custodiaba la plaza en el siglo XVIII.

En la planta baja albergaba tres tres salas de guardia para oficiales, suboficiales y soldados rasos. Por su parte, en la superior se encontraban las habitaciones y cámaras que servían como sala de interrogatorios y prisión para ciudadanos respetables. Los presos comunes por su parte eran encerrados en las mazmorras del sótano.

Cuando Prusia anexó la ciudad en 1866, Frankfurt perdió su importancia militar y, por consiguiente, dejaba de ser necesario contar con una guardia urbana. El edificio pasó entonces a manos del tesoro militar prusiano. Aunque la prisión quedó abandonada, la construcción continuó usándose como cuartel militar. Con el traslado del cuartel a la Taunustor en 1903, la ciudad recuperó el edificio y llevó a cabo trabajos para su remodelación inaugurándolo dos años más tarde como cafetería, uso que sigue teniendo en la actualidad.

La Hauptwache se incendió tras los intensos bombardeos aéreos del 44 y tuvo que ser de nuevo reconstruida. Fue reabierta en 1954, aunque con una estructura temporal que se desmanteló en 1967 para construir la estación de metro y cercanías. Finalmente se erigió simulando la arquitectura original de estilo barroco.

Junto a la guardia se halla la Katharinenkirche, o Iglesia de Santa Catalina en español, la principal iglesia protestante de la ciudad.

Construida entre 1678 y 1681, se trata de una iglesia de una sola nave que no cuenta con una segunda fachada significativa porque su lado oeste daba con la muralla medieval. Su torre, de 54 metros de altura, fue, hasta la construcción de la torre Langer Franz a principios del siglo XX, la segunda estructura más alta del centro de la ciudad por detrás de la de la Catedral de San Bartolomé.

También quedo dañada con los bombardeos de la II Guerra Mundial. Sin ir más lejos, el interior barroco se perdió como consecuencia de un incendio provocado por las bombas. Por otro lado, las manecillas del reloj de la iglesia quedaron paradas a las 21:43, el momento exacto en que el bombardeo acabó con el casco antiguo medieval de la ciudad. Y así se mantuvieron durante diez años. La Katharinenkirche fue reconstruida entre 1950 y 1954, siendo inaugurada el 24 de octubre.

Y de iglesia a iglesia, pues de la de Catalina pasamos a la de Nuestra Señora, a un par de plazas de distancia. Ubicada en la colina Liebfrauenberg, una de las plazas más importantes del casco antiguo durante la Edad Media, la gótica Liebfrauenkirche (por su nombre en alemán) fue construida en varias fases entre los siglos XIV y XVI. Aunque tiene una orientación este-oeste como suele ser habitual, su portal se abre al sur, y esto se debe a que se levantó junto a la antigua muralla.

A un paso se encuentra el Kleinmarkthalle, un mercado de 1500 metros cuadrados que cuenta con más de una centena de puestos en los que venden alimentos frescos, frutas y flores.

Como en tantos otros sitios, Frankfurt acogía en sus plazas mercados de productores que acudían de los alrededores a vender sus mercancías. Así, se celebraba el Mercado del Grano, el del Pan, en del Caballo, el del Pollo, el de Artesanía… En el siglo XIX, sin embargo, con el aumento de las normas de higiene, surgió la necesidad de crear un mercado municipal cubierto en el que se pudieran celebrar estas ferias. Por eso entre 1877 y 1879 se construyó entre las calles Fahrgasse y Hasengasse un edificio en el que se pudiera cumplir con estas nuevas exigencias.

El antiguo mercado era una estructura de tres naves construida en estilo neorrenacentista, de 117 metros de largo, 34 de ancho y 22 de alto. En su planta baja contaba con 354 puestos distribuidos en 4.000 metros cuadrados, mientras que en la superior había otros 114 ubicados en una galería de 6 metros de ancho que se extendía por todo el perímetro.

Aquel primer Kleinmarkthalle quedó también destruido por los bombardeos, y, cuando en 1954 se reconstruyó, se hizo a unos 200 metros al suroeste de su ubicación original. Desde el año 2000, por su singular arquitectura e historia, es un edificio protegido.

Tras dar una vuelta y echar un ojo tanto al mercado como a los puestos y la oferta gastronómica que allí se mostraba, seguimos con nuestra ruta hasta el Dominikanerklosterun monasterio dominico que funciona como sede del Decanato de las ciudades de Frankfurt am Main y Offenbach.

Fundado en 1233, lo que vemos hoy en día es una reconstrucción de mediados del siglo pasado porque, como no podía ser de otra manera, el conjunto gótico se vio afectado por los ataques aéreos. Del estilo original solo se conserva el coro de la Iglesia del Espíritu Santo, que data de 1470.

Tomando la Kurt-Schumacher Straße llegamos al margen del río Meno, en concreto al Alte Brücke, el puente viejo. Recibe este nombre por ser el más antiguo de la ciudad y durante mucho tiempo fue considerado la estructura más importante de Frankfurt. Desde la Edad Media hasta 1914, año en que fue demolido porque ya no podía dar servicio a las exigencias del tráfico moderno tanto por carretera como fluvial, unió la Fahrgasse, en el casco antiguo, con la Brückenstraße, en el barrio de Sachsenhausen. A lo largo de su historia ha sido destruido (generalmente por inundaciones) y reconstruido una veintena de veces. El estado actual es bastante reciente, data de 2014.

Recorrimos el agradable paseo junto al agua hasta llegar al Historical Museum Frankfurt (Museo de Historia), fundado en 1878. Se ubica en el Saalhof, la construcción más antigua de la ciudad que aún se mantiene en pie.

Nació para recoger la memoria de Frankfurt y alrededores y aprovechar esos conocimientos para la investigación, pero tras la I Guerra Mundial quedó relegado a museo local cediendo o vendiendo parte de sus colecciones a otras instituciones del país. Después, con la II Guerra Mundial se perdieron muchos objetos como consecuencia de los bombardeos. En la década de los 50 recuperó su categoría de Museo Histórico y se cambió a su ubicación actual. Aunque en los 70 se expandió a un edificio anexo, esta construcción fue demolida en 2007 sustituyéndola por una más moderna pero que encajaba mejor en el casco histórico de la ciudad.

Precisamente a partir del Saalhof comenzaba otro mercadillo navideño, en este caso prácticamente todos los puestos eran de bebida – ese vino caliente- y alguno de dulces (churros, crepes, gofres…). Aunque aún era pronto, ya había gente  que empezaba a acercarse a la zona a tomar algo.

Este mercadillo no era muy extenso, pues acababa a unos metros del Eiserner Steg (Puente de Hierro), un puente peatonal que data de 1868. Al igual que el anterior, conecta el casco histórico con el barrio de Sachsenhausen.

Este puente de estilo neogótico surgió precisamente para dar algo de alivio al Alte Brücke, que, con el aumento de población (de 35.000 habitantes a principios de 1800 a casi 57.000 en 1840), ya no era suficiente para comunicar los dos distritos. Era un clamor popular, sin embargo el ayuntamiento desoyó las peticiones de los vecinos justificando que era un proyecto demasiado caro. Ante tal postura, se creó una asociación ciudadana que se encargó de su construcción. Una vez finalizado, cada persona que quisiera cruzarlo tenía que pagar un peaje. Y fue tal la afluencia, que el puente quedó pagado y fue transferido a la ciudad el 1 de enero de 1886.

Hubo que modificarlo en la década de 1910. En primer lugar porque había signos de corrosión, y en segundo, porque su altura era un obstáculo para el tráfico fluvial. Por supuesto, también fue bombardeado durante la II Guerra Mundial, sin embargo, fue una de las primeras construcciones en ser reconstruidas. Y no fue la última vez, ya que con la construcción del Canal Meno-Danubio el Eiserne Steg tuvo que ser elevado de nuevo (en este caso 40 centímetros) en 1969. Y un par de décadas después, en 1993 tuvo que ser sustituido como consecuencia de la corrosión. En la actualidad se ha modernizado y cuenta incluso con dos ascensores.

En lugar de cruzarlo (ya visitaríamos Sachsenhausen en otro momento), nos dimos la vuelta hasta el Museo de Historia, pues al llegar a este edificio el mercado navideño continúa por la Fährtor hasta la plaza central Römerberg, nuestro siguiente destino.

Serie Terminada: El sabor de las margaritas

Me gusta el noir, no me escondo. Es un género que no me cansa, por mucho que repita siempre el mismo esquema. Por eso, cuando me enteré del éxito de El sabor de las margaritas, una thriller gallego que se colocó entre las 10 producciones de habla no inglesa más vistas del catálogo de Netflix en el Reino Unido e Irlanda, no pude por menos que ver el primer episodio para saber a qué venía tanto revuelo. Emitida originalmente en la TVG en 2018, tuvo una segunda temporada en Netflix tras haber sido estrenada en 190 países.

La acción transcurre en Murias, donde un día la joven Marta Labrada (Paloma Saavedra), que trabajaba en la gasolinera del pueblo, desaparece sin dejar rastro. El suceso hace volar por los aires la tranquila rutina de esta pequeña localidad en el interior de Galicia donde nunca pasa nada y la investigación acaba exponiendo las miserias humanas y secretos ocultos de sus residentes. La encargada de esta investigación es Rosa Vargas (María Mera), la teniente novata de la Policía Judicial de la Guardia Civil llegada desde A Coruña. Y no lo tendrá fácil, pues ni el sargento Alberte (Miguel Insua), a días de jubilarse, ni el agente Mauro (Toni Salgado), quien se espera que le suceda en la comandancia, muestra mucho interés en esclarecer el caso y encontrar a la chica. Ambos consideran que la joven, que era algo conflictiva y no tenía familia, se ha marchado por su propia voluntad. Además, el cuartel está bajo mínimos como consecuencia del operativo para la visita del Papa Benedito XVI a la cercana Santiago de Compostela.

No obstante, pronto el caso adquiere un cariz diferente cuando se confirma que Marta fue brutalmente asesinada y las primeras pistas parecen apuntar a la existencia de un asesino en serie en la zona. La teniente Vargas tira de varios hilos llegando a desenmarañar una serie de subtramas que hablan de tráfico de mujeres, cultos satánicos y orgías en las que intervienen hombres poderosos y donde predomina la violencia y se abusa de menores. Salen a la luz secretos mantenidos ocultos durante años por una comunidad por miedo al qué dirán y en pos de la convivencia. Y paralelamente a estos descubrimientos se va haciendo patente que la propia protagonista también arrastra consigo algún secreto que le ha llevado a Murias aparte de la investigación que la ocupa.

Como decía al principio, la serie sigue el esquema tradicional y repetitivo de tantas otras ficciones enclavadas en el género noir. El sabor de las margaritas nos sitúa en un pueblo pequeño y cerrado en el que sus vecinos llevan, en apariencia, una vida anodina y rutinaria que de pronto se ve interrumpida por un terrible suceso. Para perturbar más aún la comunidad, llega alguien de fuera a investigar el caso, que no encuentra otra cosa que un entorno hostil y compañeros escépticos o con pocas ganas de colaborar. Y para rizar más el rizo, esta persona recién llegada es una persona solitaria con nulas habilidades para relacionarse con los demás y un pasado oscuro. Pero eso sí, tiene una mente privilegiada que le lleva a analizar los casos desde otra perspectiva consiguiendo unir los puntos antes de que los demás ni siquiera se hayan dado cuenta de que estos existen. El sabor de las margaritas tiene todo esto, sí, sin embargo, lo que le hace destacar es que se desarrolla pegada a la tierra explotando lo local y lo tradicional.

Cuenta con una magnífica ambientación de los parajes naturales gallegos y del carácter de sus gentes. Además, apuesta por unos diálogos sencillos, aunque, como ya mencioné al ver el piloto, mucho mejor el visionado en su versión original, ya que el doblaje en castellano es más frío y por momentos me sacó de la trama. La trama se desarrolla a un ritmo pausado, soltando pistas aquí y allá a la vez que introduce giros de guion inesperados que te mantienen pegado a la pantalla. Y si bien es un poco oscura, resulta bastante realista. Y es que la trata de mujeres es algo que, lamentablemente, está a la orden del día en nuestro país. En definitiva, no es una serie que invente nada, sin embargo consigue convencer con su propuesta.

La segunda temporada continúa profundizando tanto en el personaje de la protagonista, una Guardia Civil llena de conflictos internos (hasta ahí puedo leer para no hacer spoilers), como en el submundo de la trata de personas y de la prostitución infantil. Vargas consigue su propósito evolucionando desde una detective atormentada hasta convertirse en heroína. No obstante, en este sentido, no sé si era necesaria una segunda entrega o se habría podido solventar su viaje con un par de episodios más en la primera. El sabor de las margaritas peca de un problema que ya hemos visto en otras series: su temporada inicial sabe lo que quiere contar con un planteamiento muy bien desarrollado, unos personajes claramente definidos y una trama que dosifica sus misterios y giros; pero cuando se renueva por una segunda temporada intenta reinventarse perdiendo su esencia, abusando de artificios y de un guion inconsistente, y sin saber muy bien cómo concluir la historia. En este caso, se vuelve mucho más sórdida, más violenta, más salvaje. Me da la sensación de que se busca más mostrar ese mundo corrupto de pederastia y prostitución que el de construir un caso nuevo. Los giros son constantes e inverosímiles, tanto a nivel de trama como en las relaciones o forma de actuar de los personajes. Quiso ir a más y se perdió por el camino. Al menos son solo 12 episodios (aunque de 70 minutos).

Mercadillos Navideños Alemanes. Día 3: Frankfurt am Main

El tercer día de viaje tocaba cambiar de ciudad. Así pues, nos levantamos pronto y abandonamos el hotel. Como el billete de transporte no lo podíamos activar hasta las 9 de la mañana, hicimos una parada antes para coger un café y un bollo, que nos comimos de camino a la parada del bus. No es que estuviéramos muy lejos de la estación de tren, pero ya que íbamos con las mochilas y que el pase nos lo permitía, pues tiempo y esfuerzo que nos ahorrábamos. En Wiesbaden Hauptbahnhof tomamos el primer tren que nos llevaba a Frankfurt, prácticamente hicimos el camino inverso del primer día cuando llegamos desde el aeropuerto. Y como teníamos el hotel justo frente a la la estación central, aunque no pudiéramos hacer aún el check-in por ser demasiado pronto, lo que hicimos fue dejar el equipaje en recepción para ir más ligeros en nuestra visita.

Frankfurt am Main (Fráncfort del Meno en español), situada en el centro de Alemania en el estado federado de Hesse, es la quinta ciudad más poblada del país (tras Berlín, Hamburgo, Múnich y Colonia). En parte esto se debe a que es el centro económico y financiero más importante no solo de Alemania, sino de la Unión Europea. También es un importante nudo de comunicaciones (el río Main sigue siendo uno de los ríos comerciales más importantes del continente y el aeropuerto uno de los de mayor tráfico internacional) y la ciudad germana con mayor número de museos. Wiesbaden es capital administrativa del Land.

El área que hoy ocupa Frankfurt estuvo habitado en la antigüedad en primer lugar por los celtas y posteriormente por los romanos. Los primeros registros documentados de Franonovurd o Vadum Francorum datan del año 794, en la época de Carlomagno, quien la empleó como residencia imperial y centro administrativo. Durante la Edad Media se consolidó como importante centro comercial y político dentro del Sacro Imperio Romano Germánico.

En 1536 Frankfurt fue declarada sede permanente de las elecciones imperiales y, desde 1562 hasta 1792  se coronaba a los emperadores en la Kaiserdom. Su condición de ciudad libre imperial le otorgó una importante autonomía política y económica. Además, era un importante nudo comercial gracias a encontrarse en medio de la ruta entre Génova y los puertos del Mar del Norte. Esto hizo que muchos mercaderes adinerados se establecieran en la ciudad y que en 1585 se creara la Bolsa de Valores.

Con la caída del Sacro Imperio Romano Germánico en 1806, dejó de ser ciudad imperial y se convirtió en una ciudad independiente. Sin embargo, en las décadas siguientes tuvo un destino bastante cambiante. Primero en 1810 se convirtió en capital del Gran Ducado de Frankfurt, dentro de la Confederación del Rin bajo la influencia napoleónica. Apenas tres años más tarde, con la derrota de Napoleón en Leipzig, el ducado desapareció y Frankfurt volvió a ser independiente. No obstante, esto solo le duró dos años, pues en 1815 pasó a formar parte de la Confederación Germánica hasta que esta se disolvió en 1866 tras la guerra austro-prusiana. Entonces fue anexionada por Prusia. En 1871, con el Tratado de Frankfurt que puso fin a la guerra franco-prusiana, se creó el Imperio Alemán y durante las décadas siguientes la ciudad fue una de las más relevantes de este estado de nueva creación. Entre 1879 y 1926 vieron la luz la Bolsa de Valores, la Ópera, la Estación Central, la Universidad o el primer aeropuerto de la ciudad.

Durante la I Guerra Mundial la ciudad no sufrió daños significativos. Sin embargo, durante la II Guerra Mundial sufrió intensos bombardeos que la destruyeron prácticamente en su totalidad. Tras la contienda, en 1949, pasó a formar parte del nuevo estado federado de Hesse como parte de la República Federal de Alemania con capital en Bonn. Fue una de las ciudades alemanas que más rápidamente se recuperó después de la guerra, aunque esto implicó que perdió su tradicional arquitectura en favor de un estilo más moderno y de líneas sencillas. Sí que se decidió reconstruir sin embargo el centro histórico. Así, hoy en día Frankfurt tiene dos partes claramente diferenciadas: por un lado, la ciudad vieja con las edificaciones más antiguas e importantes de la ciudad y, por otro, el Distrito Financiero, donde se concentran un buen número de rascacielos. Y es precisamente por este distrito por donde empezamos nuestra visita a la ciudad.

En la estación tomamos la Kaiserstraße una calle que nos conduce a la Willy-Brandt-Platz. Esta plaza en la  cada año se organiza el Wolkenkratzer Festival se abre a un parque que alberga varias esculturas, como Den Opfern, de Benno Elkan, dedicada a las víctimas de la guerra. Erigido en 1920, se trata de un monumento que representa a una figura femenina de bronce en duelo sobre una base de mármol. aunque quedó dañada durante la II Guerra Mundial, se recuperó en 1946.

Pero si hay una escultura que llama la atención es la del símbolo del Euro, obra del artista alemán Ottmar Hörl. Con una altura de 14 metros, pesa 50 toneladas. El símbolo de la divisa está rodeado por 12 estrellas amarillas que representan los primeros países que la introdujeron en enero del 2002.

Se ubica delante de la Eurotower, el edificio más antiguo de la zona, construido en el 1977. Este rascacielos de 148 metros de altura fue la sede del Banco Central Europeo hasta 2014, cuando esta se trasladó a dos torres gemelas en Ostend, la zona este de la ciudad. La escultura sin embargo se quedó.

En la calle de detrás, en la Neue Mainzerstraße se halla otra torre sede de un banco, en este caso la Commerzbank Tower, construida entre 1994 y 1996. Con 259 metros de altura fue el edificio más alto de Europa hasta 2003, cuando el Triumph Palace de Moscú le arrebató el título.

Siguiendo la misma calle, a continuación se erige la Main Tower, con 200 metros de altura (240 con la torre de transmisión). Construido entre 1996 y 1999 es el único de los rascacielos de la ciudad que tiene una terraza panorámica abierta al público. La construcción se compone de dos torres conectadas entre sí que se integran con la fachada de un edificio ya existente. Alberga varios bufetes, el Landesbank y algunas estaciones de radio y televisión.

Callejeamos un poco por la zona, observando el contraste entre los rascacielos modernos acristalados y otros edificios más señoriales intercalados aquí y allá. Y aunque hay quien llama a Frankfurt Mainhattan, haciendo un juego de palabras uniendo el nombre del río y la zona de negocios de Nueva York, lo cierto es que a nosotros este distrito financiero nos recordó algo más a Chicago, quizá por el tipo de piedra en las construcciones más antiguas.

Detrás del distrito financiero se encuentra la zona de tiendas más exclusivas en las calles Goethestraße y Grosse Bockenheimer. En ellas se encuentran Prada, Dior, Cartier, YSL.. marcas en las que nosotros no solemos comprar, por lo que simplemente paseamos mirando los escaparates y los edificios mientras continuábamos con nuestra ruta.

Nuestra siguiente parada fue la Opernplatz o Plaza de la Ópera. Le debe su nombre a que en ella se ubica la Alte Oper (Antigua Ópera), un edificio que alberga una de las salas de conciertos más importantes no solo de la ciudad, sino del país. Cuenta con dos salas, la Grosse Saal, con capacidad de hasta 2500 personas, y la Mozart Saal, en la que pueden entrar 700 espectadores.

Construida a finales del siglo XIX, la Ópera también quedó prácticamente destruida tras la II Guerra Mundial. En determinado momento se planeó echarla completamente abajo y levantar en su lugar un edificio más moderno, sin embargo, finalmente se decidió reconstruir el existente y, paralelamente, erigir la Neue Oper (Nueva Ópera) en la Willy-Brandt-Platz, que es la sede del Städtische Bühnen y de la compañía Oper Frankfurt.

Bordeando el edificio de la Ópera nos adentramos en el Parque Bockenheim cuya mayor parte de su superficie está constituida por un gran estanque con su fuente. Construido originalmente como depósito de agua para la lucha contra incendios durante la II Guerra Mundial, hoy en día es un agradable espacio para pasear o sentarse lejos del ajetreado ritmo de la ciudad. Además, el Club de Artistas de Frankfurt organiza en él exposiciones, conciertos y lecturas.

El sendero del parque nos conduce a la Eschenheimer Tor, el edificio más antiguo de la ciudad. Se trata de una torre vigía del siglo XV que en su día formaba parte del sistema defensivo de Frankfurt durante la Edad Media y el Renacimiento y que era utilizada como la puerta principal de acceso al recinto. Es la única que se conserva de todas las que tenía la muralla y contrasta notablemente con los edificios modernos que la rodean.

En la actualidad ha perdido su función defensiva. En su lugar alberga un restaurante en su primera planta y permite el acceso a la parada de metro que lleva su nombre.

A partir de aquí nuestro paseo cambió de rumbo en dirección al río. Pero eso ya para otro post.

Miniserie: Siempre el mismo día

Adaptación de la exitosa novela de David Nicholls publicada en 2009, la miniserie británica Siempre el mismo día (One Day) nos muestra – como dice el título- siempre el mismo día de las vidas de dos jóvenes a lo largo de 16 años, permitiendo ver cómo evolucionan en lo personal con el paso del tiempo, y cómo lo hace también la relación que hay entre ellos.

Emma Morley (Ambika Mod) y Dexter Mayhew (Leo Woodall, The White Lotus) se conocen en la fiesta de graduación de la Universidad de Edimburgo la noche del 15 de julio de 1988. Él se fija en ella, a quien no había echado el ojo antes, pese a haber coincidido durante años en el mismo lugar. Y, aunque Emma sí que sabe quién es Dexter, y tiene la teoría de que se ha acercado porque ya no le quedan chicas con las que ligar en el campus, entra en su juego y acepta tomarse algo con él. La protagonista no es una de las chicas más populares del campus; es una chica normal, de familia obrera, con inquietudes políticas y que pretende hacer del mundo un lugar mejor. Él es popular, un niño bien acostumbrado a codearse con gente de su clase social sin más aspiraciones que viajar una vez que ha acabado de estudiar. En principio no tienen mucho que ver, sin embargo hay mucha atracción y acaban yéndose juntos a la habitación de ella. Hay besos y aproximación, pero la cosa no va más allá. Se les va la noche entre batallas dialécticas que de alguna manera les hacen conectar. Comparten también la mañana siguiente paseando y conversando algo más hasta que Dexter ha de irse con sus padres y sus caminos se separan.

A partir de entonces quedarán cada 15 de julio para ponerse al día de sus vidas. Cada uno de los catorce episodios (con duraciones que varían entre los 19 y los 38 minutos) recogerá un día desde aquel encuentro inicial en 1988 hasta 2007. La elección del día no es aleatoria, sino que se basa en el folclore británico. Según la tradición, según se comporte el clima ese día de St Swithin’s Day, así se mantendrá durante las próximas 40 jornadas. Siempre el mismo día establece un paralelismo entre la meteorología y el estado de ánimo de los protagonistas. Así, el humor del día marcará el curso de las siguientes semanas.

En cada entrega seguimos las andanzas de Emma y Dexter, siendo los años muy diversos entre sí. Hay unos en los que se encuentran, otros en los que están cada uno en una punta del globo, e, incluso, algunos en los que solo vemos a alguno de los dos. También son muy diferentes sus circunstancias. Mientras que Emma tiene dificultades económicas y encadena trabajos mal pagados a la vez que intenta lanzar su carrera de escritora; Dexter por su parte no para de recibir ofertas laborales como presentador televisivo y pronto se hace famoso. Transitan juntos, aunque con caminos divergentes, el paso a la vida adulta. Sin embargo, a pesar de estas diferencias, los protagonistas son dos personas que tienen una conexión tal que no saben dejar de pensar la una en la otra. Su relación va más allá de las afinidades; se entienden, se apoyan y son brutalmente honestos el uno con el otro.

Siempre el mismo día es una serie amable y emotiva calificada como comedia romántica. Pero, aunque tiene romance y tiene momentos cómicos, yo la definiría más como drama romántica. En ella el amor no es sencillo, no es una historia de chico conoce a chica, hay unos malentendidos por el camino y finalmente viven felices para siempre. Por el contrario, en esta miniserie el amor es un juego del gato y el ratón en el que los personajes no están nunca en el mismo momento vital. Cuando uno quiere, el otro no puede y viceversa. Y cuando ambos pueden, hay algún impedimento sobrevenido.

Si bien a lo largo de la historia aparecen personajes secundarios como la familia de ambos, amigos, parejas… Siempre el mismo día es en esencia la exploración de la relación de Emma y Dexter, por ello, son Ambika Mod y Leo Woodall quienes sostienen la serie. Y, aunque la química entre ambos es muy buena, Woodall queda eclipsado por Mod y su interpretación de la encantadora, inteligente y graciosa Emma. En comparación, Dexter es un personaje mucho más plano. Salvo ese pequeño detalle, Siempre el mismo día consiguió mantenerme pegada a la pantalla y casi me la vi en modo maratón. Es divertida por momentos, triste en otros, pero en global es una bonita historia. Eso sí, para ver con pañuelos.

Mercadillos Navideños Alemanes. Día 2 VI: Mainz

Apenas nos quedaba una hora de luz, por lo que después de una breve parada para comer en la Marktplatz, continuamos con nuestro paseo por Mainz. Tomando la Schustertraße, en el cruce con la Betzelsrtraße nos encontramos con la Alte Universität, el edificio renacentista de la antigua universidad, construido entre 1615 y 1618 por la orden jesuita.

En el siglo XIV comenzaron a fundarse diversas universidades en las regiones de habla alemana, hubo tal desarrollo que, a finales de la Edad Media, Alemania era el país con mayor número de universidades de Europa. Y es que para los pequeños principados contar con una universidad era una manera perfecta de aumentar tanto su prestigio como su poder. Además de ser una forma de controlar la educación de sus élites.

Lamentablemente de esta universidad no se conservan muchas fuentes, porque con la conquista y destrucción de la ciudad en varios momentos de su historia se perdieron muchos documentos. Lo que sí se sabe es que este edificio inicialmente funcionó como escuela latina jesuita y como sede de las facultades de teología y filosofía. En sus inmediaciones se encontraban las residencias estudiantiles, donde los estudiantes vivían con sus profesores y donde se impartían las clases. Con la supresión de la orden jesuita en 1773 esta construcción pasó a manos de la universidad y se convirtió en la principal para todas las facultades.

En 1793, durante el asedio y bombardeo de Mainz el tejado se se incendió y la buhardilla occidental, con su torreón, quedó totalmente destruida. Después, con la ocupación francesa, el edificio sirvió como cuartel, función que mantuvo hasta 1889, cuando ya se habían retirado los galos. Posteriormente albergó oficinas gubernamentales y el instituto de enseñanza superior femenino de la ciudad.

Con el bombardeo de agosto de 1942 el edificio quedó reducido a cenizas y tuvo que ser reconstruido en la década siguiente. Hoy en día acoge el Instituto Leibniz de Historia Europea y el Departamento de Periodismo de la Universidad Johannes Gutenberg.

Al otro lado de la calle, se erige la Iglesia San Quintín, considerada como la más antigua de Mainz (se la menciona en un documento de 774). Construida en estilo gótico tardío entre 1288 y 1330 está dedicada al patrón de los presos. El segundo santo patrón de la iglesia es San Blas.

Al igual que la universidad, esta parroquia sufrió grandes daños por un incendio. En este caso fue por uno que se propagó desde el cercano barrio judío. También sirvió como cuartel, en un primer momento para las tropas suecas durante la Guerra de los Treinta Años, y más tarde para las francesas tras la batalla de Leipzig.

Durante los bombardeos aéreos de la II Guerra mundial quedó gravemente tocada y se perdieron varias reliquias. Los muros se salvaron, por lo que se iniciaron de inmediato los trabajos de reconstrucción y renovación y en 1948 ya estaba de nuevo en funcionamiento. Después, en la década de los 60 se realizaron nuevas actuaciones en el exterior y en el campanario para recuperar su diseño medieval original.

La torre cuenta con un apartamento que, hasta el siglo XX funcionó como puesto de vigilancia contra incendios de la ciudad, y es que desde él se se podía contemplar prácticamente toda la zona urbana de la antigua Mainz.

Algo que llamó nuestra atención a la hora de cruzar los pases de cebra fueron los muñecos de algunos de sus semáforos. Conocía los de la RDA, pero no estos de un personaje con gorro y gafas. Y resulta que se trata del duende Det, uno de los dibujos animados más famosos de Alemania. Los semáforos se instalaron en 2013 para conmemorar el 50 aniversario de los Mainzelmännchen, unos personajes creados por el artista gráfico Wolf Gerlach para la cadena ZDF. Son seis muñecos: Anton, Berti, Conni, Det, Edi y Fritzchen y aparecían brevemente para indicar cuándo un programa pasaba a publicidad.

Dejando la iglesia a nuestras espaldas continuamos con nuestro paseo hacia la Schillerplatz, una pequeña plaza alrededor de la cual a partir del siglo XIII se fundaron monasterios e iglesias. Por ello era considerada como el centro de la actividad monástica de Mainz. Además, en ella se ubicaba uno de los tres mercados de frutas y cereales y el de ganado. En la Edad Media los grandes edificios monásticos fueron seguidos por las residencias de familias electoras y nobles de la corte, por lo que se convirtió en la zona residencial más prestigiosa de la ciudad. Y es que en la zona había terreno sin urbanizar, lo que permitía la creación de amplios jardines y parques en las inmediaciones de los edificios.

En el extremo noroeste destaca el Bassenheimer Hof, una residencia aristocrática construida en 1750 construida en estilo sobrio y clasicista del barroco francés. Fue vendido a las autoridades militares de la Fortaleza Federal de Mainz en 1835 y utilizado como cuartel hasta 1889. Tras pasar por varios dueños, en  la actualidad alberga el Ministerio del Interior del Estado de Renania-Palatinado.

En la parte sur se halla el Osteiner Hof, construido en estilo rococó entre 1747 y 1752 como residencia familiar del administrador principal del Electorado de Mainz. Durante la ocupación francesa sirvió como sede administrativa del recién creado Departamento del Mont-Tonnerre, después fue la sede del respectivo gobernador militar de la ciudad y, más tarde, de 1918 a 1930, albergó la administración de las fuerzas de ocupación francesas. El 20 de abril de 1933, con motivo de las celebraciones del cumpleaños de Hitler, la ciudad de Mainz cedió el edificio al Partido Nazi. No obstante, aunque estaba destinado a albergar a todas las organizaciones del partido, solo fue ocupado brevemente y en él solo se quedaron la dirección de las SA y las SS. Desde 1958 acoge el cuartel general del comandante regional de las Fuerzas Armadas Federales Alemanas.

La plaza se ha llamado de diferentes maneras en el pasado. Cuenta con el nombre actual desde 1862, momento en que se colocó la estatua del dramaturgo, poeta, filósofo e historiador alemán como conmemoración de su centésimo cumpleaños.

Siendo una de las tres plazas más importantes de Mainz, no es de extrañar que nos encontráramos con más puestecitos distribuidos por todo su espacio. Tras las casetas, medio escondida, se erige la Fastnachtbrunnen o Gran Fuente de Carnaval, una fuente de bronce de casi 9 metros de altura creada por Blasius Spreng y erigida en 1967 que, con más de 200 figuras, representa los símbolos del carnaval. Y es que la Schillerplatz está íntimamente ligada a las celebraciones del esta festividad. Sin ir más lejos, desde 1982, el 11 de noviembre a las 11:11 h se anuncia la llegada del Carnaval desde el balcón del Osteiner Hof.

Además, en la actualidad, es un importante nudo de transporte público de la ciudad. Desde la parada de Schillerplatz, se puede acceder directamente a casi todos los distritos ya sea en autobús o en tranvía.

No muy lejos, donde inicia la Ludwigsstraße, una de las principales comerciales de Mainz, nos topamos con otra estatua. Se trata del Gardetrommler, escultura del Tamborilero de la Guardia, figura simbólica de la Guardia del Príncipe de Maguncia, diseñada por Wolfang Oester y erigida en 1994.

Con los últimos minutos de luz llegamos a Leichhof, al sur de la Catedral. Le debe su nombre a que este espacio era el antiguo cementerio catedralicio. Se construyó en la zona cuando en el siglo XII el cementerio fue abandonado porque ya cada parroquia tenía uno propio.

Los edificios que hoy vemos en la plaza, como tantos otros de Mainz, tuvieron que ser reconstruidos en la década de los 50 tras haber quedado destruidos por los bombardeos del 45. Por aquel entonces la Leichhof no era peatonal, esta transformación del espacio se llevó a cabo en 1975, para conmemorar el milenio de la construcción de la Catedral y casi a la par que se renovó el casco antiguo de la ciudad.

En el centro se encuentra la Leifhofbrunnen, una fuente creada por Heinz Müller-Olm que representa a cinco figuras de la historia de Mainz:

  • Un legionario romano que tiene delante de sí la columna de Júpiter y un templo representando a la ciudad en la época romana.
  • Un obispo con la primera piedra colocada por el arzobispo Willigis en 975.

  • Un patricio portando una gran llave y acompañado por los símbolos de los gremios.

  • Un arquitecto con un plano y la fachada de una casa del barrio de Bleiche.
  • Y un quinto personaje sujetando un fragmento de la muralla de la ciudad y acompañado por un búho sobre una pila de libros y la universidad tras él.

En un extremo de la plaza se encuentra la pequeña St Johannis, una iglesia de origen carolingio que fue catedral de la ciudad hasta el siglo X. Estaba en obras y no pudimos ver mucho más que el exterior que no quedaba cubierto por las vallas y andamiajes.

Para concluir la visita, continuamos hacia Kirschgarten y alrededores, que si ya nos había gustado nada más llegar a la ciudad, ahora que ya empezaba a estar todo iluminado, sin duda el ambiente era mucho más encantador, como si estuviéramos en un cuento de los hermanos Grimm.

Y con estas últimas imágenes en nuestra retina, continuamos hasta la estación para coger el tren y regresar a Wiesbaden.

Llegamos completamente de noche, por lo que dimos una vuelta por los diferentes mercadillos, cenamos y algunos se tomaron un tradicional Glühwein, el vino caliente especiado.

Poco más nos dio de sí el día, pues comenzó a llover y decidimos retirarnos a descansar que al día siguiente queríamos madrugar para aprovechar al máximo las horas de luz. Además, cambiábamos de hotel y de ciudad.

Nueva serie «para ver»: Paradise

Paradise, la nueva propuesta de Dan Fogelman, creador de This is us, arranca con Xavier Collins (Sterling K. Brown), en su rutina matutina. Primero un poco de carrera por el barrio, después desayuno con sus hijos adolescentes y, finalmente, la incorporación a su puesto de trabajo como jefe del dispositivo de seguridad de Cal Bradford (James Mardsen), el presidente de los Estados Unidos.

Sin embargo, ese día no es como los demás, ya que al iniciar su turno como guardaespaldas se sorprende de que el gobernante no esté despierto. Al entrar en su habitación, se lo encuentra muerto en el suelo. Hay sangre a su alrededor, manchas en diversos puntos de la estancia, copas de vino a medias, unos pendientes olvidados y, además, faltan algunos objetos. Como encuentra la escena sospechosa, Xavier no lo comunica de inmediato a las autoridades, sino que se toma 30 minutos para cerrar la residencia (que no es la Casa Blanca) y analizar la situación. Pasado ese tiempo, activa el protocolo y deja de tener el control sobre el escenario del crimen.

Se abre entonces una investigación para intentar dilucidar quién cometió el crimen y, mientras esta se va desarrollando, vamos conociendo a los personajes y la relación entre ellos por medio de flashbacks. Xavier se convierte en uno de los principales sospechosos por ser la última persona que vio al presidente con vida, pero también porque pronto descubrimos que no tenía una relación con él tan buena como parecía. No es el único en el punto de mira, sin embargo, ya que enseguida sale a la luz que en el entorno de Bradford había varias personas que podían desear su muerte.

Paradise se presenta como un thriller bastante estándar con sus intrigas políticas. Sin embargo, aunque parte de esta premisa bastante convencional con una trama centrada en un magnicidio y su posterior investigación, hacia el final del primer episodio, al puro estilo This is us, hay un giro que cambia por completo la percepción de lo que hemos visto hasta el momento. De repente se te enciende una bombilla y recontextualizas varios detalles que a priori habían pasado desapercibidos. Y estos detalles te dejan con más preguntas que respuestas, así que no queda otra que añadirla a la lista de «Series para ver» para solventarlas.

Con una temporada de 8 episodios, ya ha sido renovada por una segunda, por lo que parece que la historia tiene cuerda.

Mercadillos Navideños Alemanes. Día 2 V: Mainz Liebfrauenplatz y Marktplatz

Tras el paseo por el Rin y, dejando atrás la Eisenturm, nos dirigimos a la Liebfrauenplatz, una de las plazas más importantes de la ciudad. En ella vemos un lateral de la Mainzer Dom, la Catedral de San Martín, una basílica de arenisca roja considerada uno de los más destacados ejemplos de arquitectura románica de todo el mundo. En ella han tenido lugar diversos eventos históricos, incluyendo la coronación de emperadores del Sacro Imperio Romano.

Sus orígenes se remontan a 975, durante el reinado del emperador Otón II. El Arzobispo y Canciller Imperial Willigis, quien ya había sido aplaudido por promover el comercio, quiso que el templo principal de Mainz reflejara la importancia de la ciudad como centro religioso y político del Sacro Imperio Romano. No obstante, no fue concluida hasta 1009, durante el reinado de su sucesor Enrique II. Curiosamente, el día de su consagración hubo un incendio y tuvo que ser reconstruida porque quedó bastante dañada. Desde entonces ha pasado por varias renovaciones y expansiones en las que se han ido incorporando elementos góticos y barrocos.

En aquel momento nos encontramos la catedral parcialmente tapada por el Mercado Navideño, pero durante el resto del año la plaza también acoge tres veces por semana el Wochenmarkt Mainz Domplatz, un mercado de frutas y productos locales.

También medio oculta por los puestos quedaba la Nagelsäule, una columna de siete metros de altura que se construyó durante la Primera Guerra Mundial como parte de una campaña de donación para financiar a los niños desfavorecidos y ayudar a las esposas de los soldados.

Los donantes compraban los clavos y después los incrustaban en el tronco de roble. Clavo a clavo, quedó ricamente ornamentada. En lo alto, queda coronada por una cruz de hierro.

Bordeando la catedral llegamos a su fachada principal, que da a la Marktplatz, el corazón comercial y social de Mainz desde la Edad Media. El nombre de la plaza, Marktplatz, hace alusión al mercado semanal que en ella se celebra. En él se pueden comprar una amplia selección de alimentos vendidos por comerciantes de la zona, desde jalea hasta vinos, pasando por frutas, verduras, huevos y quesos. El resto del tiempo es el centro donde transcurre la vida social de la ciudad, por lo que no es de extrañar que sea el lugar en que se ubica el Mercado Navideño principal.

De nuevo, las casetas no dejaban apreciar el templo en su máximo esplendor, pero a su vez, los puestos y la iluminación le daban cierto encanto a la plaza.

Frente a la catedral destaca la estatua de San Bonifacio, que recuerda al obispo de Maguncia y primado de Alemania, asesinado por un grupo de paganos opuestos a su predicación cristiana. El santo porta una lanza en su mano izquierda, y un libro atravesado por una espada en la mano derecha.

Entre el santo y el acceso a la catedral, se había ubicado un belén con figuras gigantes.

En el centro de la plaza se erige la Heunensäule (Columna de los Condes), una columna de 6,40 metros y 16 toneladas que aunque tiene más de 1.000 años, no se colocó en la plaza hasta 1975, en el 1.000 aniversario de la ciudad. Durante la construcción de la catedral se pensó en construir columnas de arenisca, sin embargo, finalmente se desechó la idea y no se llegaron a integrar en la estructura del templo. Esta es una de aquellas columnas que sobrevivió.

Llama la atención su base de bronce del escultor Gernot Rumpf que está llena de referencias a diferentes capítulos históricos de la ciudad desde el momento de su fundación por los romanos hasta la actualidad.

Las figuras están cargadas de simbolismo. Por ejemplo, el casco de legionario hace referencia a la importancia histórica de la ciudad, mientras que la mitra de obispo a la eclesiástica. Por otro lado, el gorro de bufón simboliza la tradición del carnaval.

Además encontramos varios animales. En un lado a un pequeño pájaro con las iniciales MP en honor al ministro-presidente Bernhard Vogel (Vogel es pájaro en alemán), y en otro a un zorro con las iniciales OB, que asoma desde una máscara de gladiador romano. Este simboliza al antiguo alcalde de Mainz, Jockel Fuchs (Fuchs es zorro en alemán). Con él hay tres ratones que representan a los tres partidos políticos (SPD, CDU y FDP) que participaron en la planificación y construcción del parlamento municipal. La máscara hace referencia al ayuntamiento, conocido coloquialmente como Fuchsbau( guarida del zorro). La escultura queda coronada con un gorro jacobino que hace alusión a la época de la República de Mainz.

En uno de los extremos de la plaza destaca otro elemento, la Marktbrunnen, una de las primeras fuentes renacentistas de Alemania. Construida en 1526 en el taller del escultor Hans Backoffen se decoró para celebrar el fin de la Guerra de los Campesinos Alemanes y a su vez para recordar la victoria de Carlos V en la batalla de Pavía sobre Francisco I de Francia.

En el resto de la plaza destacan las coloridas fachadas renacentistas de edificios de diferentes alturas y anchuras.

Siguiendo el recorrido de las casetas, llegamos a la cercana Gutenbergplatz, presidida en un extremo por la estatua de Johannes Gutenberg realizada por el escultor danés Bertel Thorvaldsen y en el otro por el Teatro Estatal, la sede de la Orquesta Filarmónica de la ciudad.

Este edificio de estilo neoclásico fue construido entre 1829 y 1833 siguiendo el diseño de Georg Moller como Teatro Municipal de la ciudad. Tras quedar destruido por los bombardeos de la II Guerra Mundial, fue reconstruido entre 1998 y 2001 hasta devolverlo a su estado original. Hoy en día alberga la ópera de la ciudad, teatro, conciertos y otro tipo de eventos con una capacidad de hasta 1000 espectadores.

Volviendo sobre nuestros pasos dimos dar un paseo por la Marktplatz para descubrir los diferentes puestos, entre los que se alternaban los de juguetes u ornamentación navideña, con los de artesanía y comida o bebidas calientes. Y qué mejor momento para hacernos un hueco en una mesa y parar para comer antes de que casi fuera hora de merendar de los locales.

En esta ocasión comimos unas pinchos hechos en barbacoa que nos supieron a gloria. Y de postre, un Kürtőskalács, un dulce típico húngaro que calentito con azúcar y canela entra muy bien. Aunque en este caso les faltaba un poco de cocción.

En cuestión de minutos, empezó a nublarse y bajar mucho el sol, por lo que abandonamos el mercadillo para continuar con nuestro paseo por la ciudad antes de que se nos hiciera de noche.