Serie Terminada: Masters of Sex

Después de Imborrable tocó cambiar de registro. Dejamos de lado las series policíacas para adentrarnos en Masters of Sex,  que está basada, con ciertas libertades, en la biografía de William Masters y Virginia Johnson, investigadores pioneros a la hora de realizar estudios científicos sobre el sexo y sus efectos en el cuerpo humano.

William Masters fue un reputado ginecólogo del hospital de la Universidad de Washington en San Luis, en Misuri, que, a finales de la década de los 50, pretendía realizar una investigación sobre el comportamiento sexual humano. Después de dos años trabajando en el proyecto, contrató como asistente a Virginia Johnson, una secretaria de la universidad que había dejado a medias su carrera de psicología.

La serie parte de este punto y, durante la primera temporada, vemos cómo el prestigioso ginecólogo pasa consulta a parejas con problemas de fertilidad, y a la vez intenta llevar a cabo el nuevo proyecto. Una tarea no muy sencilla, puesto que ha de encontrar candidatos voluntarios que se presten a mantener relaciones sexuales mientras son monitorizados y observados. Además, la investigación tiene que llevarse a cabo de forma clandestina a horas tardías.

Masters se nos presenta como un señor prepotente, antipático y distante. No solo en el ámbito profesional, sino también en el personal, con una mujer a la que prácticamente ignora. Libby cumple con todos los estereotipos: rubia, guapa, delgada, alta, buena ama de casa, dulce, que no dice una palabra más alta que otra y que espera a su marido pacientemente.

Johnson, por contra, es la antítesis. Es una mujer divorciada con dos hijos a la que le da igual el qué dirán y que intenta vivir su vida como le da la gana. No le asusta llevar a cabo un estudio sobre sexualidad ni ser tachada de libertina. No se amedrenta ante su jefe y además le aporta un nuevo punto de vista a la investigación. Este choque de caracteres entre ambos protagonistas hace que su investigación fluya de la mejor manera posible. El hecho de que Virginia argumente, rebata y plantee preguntas a Bill (quien se supone que es el experto) enriquece su trabajo llevándoles a buscar nuevos mitos y retos. Se involucran tanto en el estudio que al final se vuelven partícipes llegando a monitorizarse a sí mismos.

Al final de la temporada Masters presenta su estudio ante la comunidad médica. Sin embargo, no recibe elogios precisamente, sino un fuerte rechazo hacia sus hallazgos. La sociedad conservadora de la época no está preparada para desvincular la práctica de la sexualidad con la procreación y no ve con buenos ojos que se afronte el sexo desde un punto de vista meramente placentero.

Mientras que la primera temporada es bastante buena y entretenida con unos personajes muy bien diseñados y un hilo argumental bastante coherente; la segunda es algo floja pues se centra más en el drama de los personajes que en el estudio en sí. Se acerca más a un culebrón poniendo en el foco la relación de los protagonistas. Unos protagonistas que se han distanciado y que tienen problemas personales, pero que también han de afrontar una nueva etapa profesional tras su despido en el hospital. Bill lo intentará en un nuevo hospital, queriendo incluso que contraten a Virginia para continuar con su labor; sin embargo, el puesto no le durará mucho y tendrá que buscar un nuevo centro, esta vez uno de negros, dado que su prestigio ha desaparecido desde que presentó la investigación. Allí Masters y Johnson intentarán reanudar la investigación, pero no encuentran más que trabas. La temporada se salva hacia el final, cuando por fin presentan su estudio al mundo.

La tercera temporada, también algo irregular, arranca en 1966, cuando, tras diez años de investigación, por fin su estudio sale a la luz. Y aunque “La respuesta sexual” estaba escrito con términos científicos y se pretendía dirigido a la comunidad sanitaria; recibió una gran acogida entre el público general convirtiéndose en un éxito de ventas y sentando las bases de la revolución sexual de los 60. No obstante, a pesar de la aceptación de sus teorías, siguieron enfrentándose a una sociedad llena de prejuicios, sobre todo Virginia, que está en el punto de mira por estar divorciada, con dos hijos y uno en camino. Con la publicación de su trabajo se vuelven famosos y sus vidas son diseccionadas, convirtiéndose lo privado en un asunto público.

Ya más asentados en el ámbito profesional con su prestigiosa consulta y su libro publicado, comienza la cuarta temporada, que transcurre entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Los protagonistas siguen inmersos en una crisis personal, ya no solo entre ellos, sino con sus relaciones con sus parejas. Virginia ha roto la relación que comenzó en la temporada anterior, pero va con una fachada de estirada mientras busca consuelo en la promiscuidad. Libby echa a Bill de casa, y este entra en una espiral de alcohol y derrotismo. Y cuando parece que la única válvula de escape que les queda a los investigadores es el trabajo, Masters es acusado de pedofilia y de incitar a la prostitución y todo parece venirse abajo.

Aunque la última temporada es algo mejor que las dos anteriores, parece que la serie no pudo remontar y finalizó con la boda de los protagonistas en 1971. Aún les quedaba mucho trabajo por hacer a los Masters y Johnson originales, que publicaron entre otros títulos “Inadaptación sexual humana”, “El vínculo del placer” y “La sexualidad humana”. Sus estudios cesaron en 1993 cuando se divorciaron.

Masters of Sex intenta reflejar estas primeras décadas de trabajo de los investigadores y cómo sus teorías modificaron las costumbres sexuales de los Estados Unidos. Aunque el sexo es el hilo conductor, la serie no busca el morbo ni la sensualidad, sino que interesa más contar el recorrido de Masters y Johnson, sus hallazgos y caída de mitos y cómo cada vez que querían compartirlo con el resto de la sociedad no se encontraban más que trabas, problemas, rechazos y zancadillas. Ellos afrontaron el sexo de una manera abierta, desde un punto de vista fisiológico, como si estuvieran realizado un tratado sobre cualquier otro tipo de reacción neuronal o física y se encontraron con la censura puritana.

Las cuatro temporadas abarcan un par de décadas en las que pasa mucho en el contexto histórico y social de Estados Unidos, así como ocurre en los protagonistas. Bill es un tipo cerrado al principio, sin embargo, a lo largo de las temporadas van saliendo a la luz sus demonios y se abre en canal. Gran parte de esta evolución se debe a Virginia, una mujer adelantada a su época que finalmente acabó terminando la carrera de psicología para estar a la par que su compañero y demostrarle al mundo que ella no era una simple ayudante, sino que era la mitad de aquella investigación. Ella es el motor de la serie, quien impulsa nuevas teorías y puntos de vista.

Pero sin duda, Masters of Sex perdería mucho sin sus secundarios. Aunque es una serie muy centrada en sus protagonistas, cuenta con unos personajes secundarios regulares que son un simple acompañamiento, sino que tienen toda una historia personal que complementa las tramas. Así, por medio de estos sujetos, se tratan temas como la homosexualidad, las relaciones abiertas, el divorcio, las madres solteras, la impotencia, la infertilidad, el conflicto racial, el puritanismo, la libertad sexual, el empoderamiento femenino, el aborto, los métodos anticonceptivos, los vibradores… Todo ello sin entrar en la vulgaridad o simpleza, sino como hilo conductor.

Libby es uno de los personajes que más evoluciona a lo largo de las cuatro temporadas. Al principio es el estereotipo de la mujer perfecta de los años 50, sin embargo, va creciendo a medida que pasan los capítulos. Poco a poco va tomando las riendas de su vida, decidiendo por sí misma hasta que acaba liberándose. Y ahí, se busca a sí misma como persona que tiene aficiones y una profesión, no como comparsa de un hombre que rija su vida. Ella representa la liberación de los 70 alejándose del conservadurismo.

Los personajes homosexuales de la serie, sin embargo, no están estereotipados como individuos chillones y extravagantes como suele ser habitual. Burton y Betty sirven para exponer las horribles terapias conductuales que se llevaban a cabo en la época para “heterosexualizar” a los homosexuales, las vidas escondidas, matrimonios de mentira para aparentar ante los demás, la maternidad en parejas del mismo sexo…

La serie tiene una fotografía muy cuidada y una buena ambientación que va cambiando con las temporadas y las épocas en que se centra, tanto en los escenarios como en los personajes, cuya ropa y peinados va evolucionando. Tiene un ritmo pausado pero los diálogos son ágiles y no se hace pesada. Cuenta con algunos capítulos flojos, claro, pero en general, es una buena serie. Una pena que no hubiera una quinta temporada en la que se abarcara la década de los 70 y cómo comenzaron a llevarse a la práctica los métodos de estos investigadores que contribuyeron a la terapia sexual y a la desinhibición de la sociedad estadounidense – y del mundo-. Aunque da la sensación de que en muchos aspectos aún seguimos anclados en los años 50 del siglo pasado y queda mucho por investigar y muchos mitos por caer.

Un comentario en “Serie Terminada: Masters of Sex

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