Lo que la verdad esconde: El caso Asunta (Operación Nenúfar)

La niña Asunta Basterra Porto fue hallada muerta en la pista forestal del municipio coruñés de Teo (Galicia) el 22 de septiembre de 2013. Apenas unas horas antes, sus padres, Alfonso y Rosario, habían denunciado su desaparición en una comisaría de Santiago de Compostela. Poco después ambos fueron detenidos y finalmente, tras el juicio, fueron condenados a 18 años de cárcel cada uno. Rosario Porto no llegó a cumplir la condena, ya que se suicidó en su celda en la prisión de Brieva, en Ávila en 2020.

Lo que la verdad esconde: El caso Asunta (Operación Nenúfar) nace del interés de Ramón Campos (Fariña), de Bambú Producciones, por el caso. El escritor y productor, que llegó a verse varias veces las 70 horas del juicio, sintió que quedaban muchas preguntas por responder y contactó con el también guionista y director Elías León Siminiani para que colaborara con él como realizador de un documental. Con un formato de miniserie de tres episodios (y un cuarto añadido cuando pasó al catálogo de Netflix), la producción intenta componer un puzle de este caso repasando la investigación policial, los posibles cabos sueltos, el mediático juicio y las incongruencias en las declaraciones de los acusados. Y aunque hay cuestiones que solo sabrán los condenados, intenta acercarse a la verdad y entender el móvil que pudo llevarlos a cometer el crimen.

La serie repasa detalladamente los hechos, desde la desaparición de la niña hasta el juicio y la condena de sus padres. Para ello analiza las grabaciones policiales, las declaraciones de los testigos, y las pruebas forenses aportando además material inédito y pruebas que abren la puerta a otras teorías que no se barajaron o se desestimaron durante la instrucción del caso. Asimismo, presenta diferentes puntos de vista del caso e incorpora diferentes testimonios. A lo largo de los capítulos se entrevistan a familiares (incluidos los propios padres), amigos, expertos legales como el juez instructor del caso o personas involucradas en la investigación como los guardias civiles. Sin embargo, nadie actúa en ningún momento en calidad de perito, sino porque intervino de alguna manera en el caso. Lo que la verdad esconde: El caso Asunta (Operación Nenúfar) trata de exponer los hechos de la forma más objetiva y neutral posible.

El documental explora las relaciones entre la víctima, sus padres y su entorno social. Intenta además profundizar en las posibles motivaciones tras el crimen, incluyendo problemas de salud mental, codicia e incluso venganza. Sin embargo, a pesar de la exhaustividad de la investigación, deja algunas preguntas sin resolver, como el móvil, puesto que los condenados han seguido negando su culpabilidad. Así pues, será el espectador quien tendrá que reflexionar con los datos aportados e intentar sacar su propia conclusión, como hacen los estudiantes de Derecho en el último episodio a modo de epílogo.

Lo que la verdad esconde: El caso Asunta (Operación Nenúfar)  huye en todo momento del amarillismo. Es más, pone bajo la lupa el impacto mediático que tuvo el caso y papel de los medios de comunicación. El relato que se dio de los acusados hizo que fueran juzgados antes de declarar en el juicio ignorando su presunción de inocencia. Algo muy parecido a lo que ya vimos que ocurrió años antes con Dolores en el caso Wanninkhof. Y sí, puede que fueran culpables como así se les condenó, pero el caso es que llegaron ante un jurado popular que no partía de cero, sino que ya iba con unas ideas preconcebidas.

Lo que la verdad esconde: El caso Asunta (Operación Nenúfar) es una miniserie con una cuidada y sólida producción. En el aspecto visual se ve que hay una meticulosa investigación al aunar las imágenes de archivo, recreaciones y entrevistas. Además, su clara estructura, su edición con un montaje ágil y una música que acompaña de manera efectiva contribuyen a crear una atmósfera inquietante que refleja la gravedad y la seriedad del tema.

Pelusas

Publicado por Mercurio, Pelusas fue el ganador del premio al Mejor Juego de Mesa Familiar en InterOcio 2023. Con una sencilla mecánica y una duración por partida de unos veinte minutos, es un divertido juego de cartas recomendado a partir de los 8 años en el que puede participar toda la familia.

A las pelusas les encanta ir acumulándose, pero cualquier corriente de aire puede hacer que desaparezcan en un momento.

Acumula pelusas para conseguir puntos, pero no cojas demasiadas o ¡podrías perderlas todas! Solo conseguirás puntos si logras aguantar la ronda sin que te roben lo conseguido.

El jugador que consiga recoger más pelusas al final del juego es el ganador.

 

La primera vez que jugué a Pelusas me dio un aire a Virus! No tienen mucho que ver a priori, pero una vez que entras en la dinámica, descubres que se trata de un juego en el que tienes que estar tan pendiente de tus cartas como de las de los demás. Y que tal y como puedes ir en cabeza, de repente te has quedado sin cartas. Y viceversa. Es un juego en el que interviene la astucia, pero que depende mucho del azar. Propio y de los demás.

Pelusas no requiere de mucho preparativo. Tan solo se requiere de una superficie en torno a la que se puedan ubicar de 2 a 6 jugadores y las cartas frente a ellos. El juego contiene divertidas cartas del 1 al 10. Cada uno de los números, con color propio, tiene el dibujo de una pelusa diferente. Del 1 al 5 hay 13 cartas de cada número, mientras que del 6 al 10 solo hay 9.

Para iniciar el juego se mezclan bien todas las cartas y se colocan boca abajo en un montón desordenado en el centro de la mesa al alcance de todos los jugadores. Este será el montón de polvo. Empieza quien tenga más pelusas debajo de la cama. Después el turno continua en el sentido de las agujas del reloj.

Cada jugador en su turno parte de un espacio limpio. Si tiene cartas boca arriba delante, deberá recogerlas y ponerlas en un montón boca abajo que se revisará al final de la partida (obviamente en la primera ronda nadie tiene cartas). Entonces sacará una carta del montón y la pondrá frente a sí. Podrá repetir la acción tantas veces como quiera, agrupando las del mismo valor. Además, cada vez que roba una carta, puede además, si quiere, robar todas las cartas de ese número que estén delante del resto de jugadores y ponerlas con las propias.

Después de revelar cada una de las cartas robadas del rincón de polvo podrá decidir si seguir sacando o prefiere pasar para no arriesgar. Y es que, a partir de la tercera carta, si le sale una repetida, tendrá que descartarse de todas y pasar el turno. La partida finaliza cuando no queden cartas en el montón. Es entonces cuando se hace el recuento de las pelusas acumuladas tras cada ronda. En caso de empate gana el jugador que tenga más cartas de valor 1. Si el empate continua, gana quien tenga más cartas del 2, y así sucesivamente.

Pelusas está concebido para entre 2 y 6 jugadores, sin embargo, cuantos más participantes, más complicado es llegar al final de cada turno con puntos, porque lo más frecuente es que nos roben unos y otros.  Y creo que ahí es donde funciona este sencillo juego. Ganar no es lo importante, lo es más el juego de robar a unos y a otros, de intentar llegar al final de la ronda con cartas, de probar a averiguar si queda tal o cual número cuando quedan pocas cartas para ver si se puede arriesgar más… Es un juego en el que no faltan los piques (normalmente sanos).

Aunque siempre lo he jugado con adultos, está muy bien para niños, porque fomenta la concentración y la memoria y desarrolla habilidades como la planificación, el razonamiento y la toma de decisiones en situaciones cambiantes.

Un juego sencillo, rápido, divertido y para toda la familia. ¿Qué más se le puede pedir?

Serie Terminada: Billions

Me animé a ver el primer episodio de Billions allá por 2016 al conocer su elenco. Y es que con Paul Giamatti (Los idus de Marzo), Damian Lewis (Homeland, Life), Maggie Siff (Hijos de la Anarquía) o Malin Akerman (Suburgatory) todo apuntaba a que iba a ser una serie muy solvente. Aquel piloto nos presentaba una historia de poder, política, ambición, codicia y, cómo no, dinero en la que se confrontaban dos bandos: el de Bobby Axelrod (Lewis), inversor multimillonario (recordemos que billion en inglés es mil millones) de humilde procedencia que fue el único superviviente de su compañía al atentado de las torres gemelas, y el del fiscal del distrito Chuck Rhoades (Giamatti), que viene de una familia adinerada y vive obsesionado con procesar a aquellos que han hecho su fortuna en base a delitos económicos. Billions se articula en torno a la partida de ajedrez de estos dos personajes centrales.

A ellos dos les acompañan sus mujeres, quienes también son ambiciosas y de moral ambigua y juegan sus propias partidas. Lara (Malin Akerman), la mujer de Axe, también de familia trabajadora (está ligada con la policía y los bomberos) fue en su día enfermera. Ahora cubre los flancos de su marido para defender, por ende, su posición y la de los suyos. Más complejo es el personaje de Wendy (Siff), quien, además de ser la mujer de Rhodes, es psicóloga de Axel Capital y amiga de Bobby desde hace años.

Así como la importancia del personaje de Lara Axelrod va quedando relegado a un segundo plano con las temporadas (hasta incluso llegar a desaparecer); por el contrario el de Wendy Rhodes no deja de ser importante con el paso del tiempo. Es, probablemente, la persona con más información de toda la serie. Su personaje se mueve en una delgada línea entre callar la información que maneja por trabajar en Axel Capital y la que conoce en casa por estar casada con el fiscal. Sin embargo, consigue ser la piedra angular de las decisiones de ambas partes (manipulando también en el camino, por qué no decirlo). Apoya y defiende a su amigo y jefe mientras escucha y respalda las operaciones y movimientos de su marido. En muchas ocasiones incluso sabiendo que de una forma u otra ella saldrá perjudicada por estar en medio.

No obstante, pese al peso que pueda tener Lara en las primeras temporadas, o Wendy de principio a fin; independientemente de que ostenten su propia parcela de poder y manejen a la gente a su antojo, Billions es una serie netamente masculina que explora un duelo de machos que buscan ostentar el poder y el respeto en el oscuro mundo de las altas finanzas de Wall Street. Axel pretende llenar su cuenta bancaria de ceros porque cree que amasando una fortuna va a ganarse el respeto de la “puta oligarquía” neoyorkina, cuando en realidad, por muy lejos que llegue con su apellido, no dejará de ser visto como un arribista sin estatus.

Por el contrario Rhodes, que proviene de esa élite, de la aristocracia neoyorkina, tiene el estatus pero no el dinero. Este, al igual que el acceso a los selectos clubs o a los contactos, aún está en poder de su padre. Si a Axel le ciega el odio de clase, a Rhodes le mueve el complejo de inferioridad, el resentimiento y los celos. Es un hombre que estudió en los mejores colegios y universidades privadas, cuyo apellido significa algo en la ciudad, pero, que en el fondo, ha sido siempre ninguneado por su entorno y, especialmente, por su padre. Para él la caída de Axel rod es lo que le hará conseguir el respeto que cree merecer.

Con estos bandos tan claramente marcados, la serie se estructura como si de un espejo se tratara desarrollando los arcos argumentales de los dos personajes a la par. A veces presentados replicados y otras como reflejo jugando con la dualidad positivo – negativo. No obstante, no juegan con las mismas cartas, puesto que mientras que Axel parece tener a un equipo que le respeta y le sigue a muerte además de actuar sin ningún tipo de escrúpulos; Rhodes tiene pocos aliados en su oficina, escaso presupuesto, y unas leyes que seguir. Sin embargo, a medida que van avanzando las temporadas estas líneas del bien y el mal, de lo legal y lo ilegal, se van desdibujando y el fiscal no dudará en usar todos los recursos que estén en su mano para acabar con el inversor y su imperio millonario.

Y aunque Billions plantea tramas paralelas para establecer este juego de personajes contrapuestos, no vemos a Bobby y a Chuck compartiendo pantalla a menudo. Porque aquí la idea es que haya pocos encuentros físicos entre ellos para que cuando ocurran, los careos sean antológicos. Así, durante cada temporada vemos a cada uno de ellos buscando los puntos débiles del otro y preparando sus ataques preventivos (o defensivos), pero nada estallará hasta llegar a la sangrienta batalla final.

El problema es que la serie se juega todo a esa carta final, a ese duelo de titanes y mientras tanto rellena los capítulos con unos continuos y repetitivos giros de guion. A partir de la tercera temporada el espectador parece vivir un constante déjà vu con las idas y venidas de los personajes, las desconfianzas y traiciones, los mismos problemas y similares soluciones. Llega un momento en que no ofrece nada nuevo y cansa esta lucha de egos de dos señores de mediana edad, blancos y heterosexuales.

Por otro lado, tampoco queda muy claro qué es lo que quiere contar Billions más allá del enfrentamiento de estos dos personajes. No sé si es una crítica al capitalismo, a los multimillonarios, al abuso de poder, a los vacíos legales, a la lentitud de la justicia y su falta de recursos, a la oligarquía o a los valores americanos. No sé si es a todo o incluso a nada de esto, porque la serie va dando bandazos. A veces parece querer hacer una parodia de los criptobros, pero otras se toma demasiado en serio, especialmente con unos guiones que tienden al exceso y que llegan a bordar el ridículo. Para un espectador medio hay demasiada jerga económica y numerosos términos legales y empresariales que dificultan la tarea de seguir la trama. Pero sobre todo resulta cargante cuando se recurre a constantes citas y referencias para crear una analogía o plantear una moraleja. El ejemplo más evidente es el del personaje de Giamatti, que recita continuamente frases de batallas, generales y soldados. En lugar de quedar como un personaje culto, versado en la teoría del juego o las técnicas de guerra, parece como si tuviera veinte años más y estuviera obsesionado con los documentales bélicos.

Billions se presentaba como una serie de antihéroes, de personajes ambiciosos que se mueven en un mundo de grises y luchan por ostentar el poder mientras juegan al gato y al ratón, pero, lamentablemente, se queda en un melodrama repetitivo y aburrido. Aunque también es muy probable que yo haya cambiado mucho desde 2016 y así lo han hecho mis gustos o la interpretación que hago de las series. Quizá esta costumbre mía de verlas cuando están completas no juegue mucho a mi favor.

Escape Room: La Experiencia Morada, Experiencity

Después de un par de meses en barbecho, desde que hiciéramos Bombastik, este septiembre hemos retomado los juegos de escape. Para esta vuelta al cole elegimos Experiencity Madrid, una de las empresas que se ha consolidado como referencia de la ciudad con salas de calidad y un alto grado de diversión. Tras haber probado con ellos la Experiencia Roja, la Experiencia Amarilla, SWAT, Yeti, Reina Roja, la Lavandería y la Nevera Show esta vez tocaba suerte con la Experiencia Morada.

Basada en las aventuras de Indiana Jones (con pinceladas de The Man in the High Castle), esta sala era la antigua El misterio de la calavera de cristal, de Escapeway, donde ya hicimos en su día El escondite del hacker. La empresa cerró y Experiencity se ha quedado tanto con la sala que nos ocupa hoy, como precisamente la del hacker, renombrada como Experiencia Verde.

Ya conocíamos el local y el protocolo, por lo que rápidamente completamos el formulario de protección de datos, dejamos las cosas en la taquilla correspondiente, pasamos al baño y esperamos a que nos recibieran para nuestra misión.

¿Qué hubiese pasado si la guerra la hubiesen ganado los nazis?

En el Reich Americano La Resistencia está organizándose contra el Führer. ¡Pero el Dr. Jones ha sido detenido!

Os haremos pasar por agentes de las SS para “colaros” en la Universidad Adolf Hitler de Chicago con el fin de encontrar pruebas que incriminen al Dr Jones. Vuestra misión es recuperar el conocimiento que adquirió para la Resistencia y vencer al Reich.

¡Con vuestra ayuda conseguiremos la victoria contra los nazis!

 

Antes de entrar a la sala conocimos a nuestra Game Master caracterizada como una agente de las SS. Por muy ficticio que fuera, resultó complicado meterse en el papel de unos miembros de dicha organización; pero no nos quedaba otra si nos queríamos mimetizar con el entorno para pasar desapercibidos y lograr entrar en la universidad. Una vez dentro nuestro objetivo era el despacho del Doctor Jones, y, aunque encontramos pistas de cómo acceder a él sin que nadie nos viese, lo cierto es que no terminábamos de encajar el puzle que se presentaba ante nosotros. Una prueba que quizá se ha de resolver en los primeros cinco minutos, a nosotros seguramente nos llevó más del doble. Es por eso que nuestra game master intervino intentando guiarnos. La solución era más sencilla de lo que esperábamos, pero tampoco era tan evidente como se podría esperar.

Una vez dentro del despacho intentamos centrarnos, aunque no fue sencillo porque nos encontramos con una biblioteca en dos alturas llena de objetos y poca iluminación. No tardamos en encontrar elementos que nos servirían para resolver los diferentes enigmas, pero de nuevo nos atrancamos con un par de pruebas. También nos desconcentró nuestra game master, que después de vernos algo desubicados en la primera sala, aquí apenas nos dejaba observar a nuestro alrededor y pensar un poco para qué podía servir cada cosa. De hecho, tuvimos que decirle que, por favor, nos dejara algo de margen para hacernos con el espacio. No obstante, pese a que sí que fuimos resolviendo algunos de los enigmas, no fuimos tan rápidos como en otras ocasiones y llegó un momento en que nos preguntó si queríamos que nos dirigiera un poco para poder aprovechar la experiencia completa porque nos estábamos quedando muy atrás.

A partir de ahí la cosa fue algo mejor y seguimos avanzando en nuestra misión de una forma bastante ágil. Aunque también es cierto que en las siguientes salas la cantidad de pruebas fue disminuyendo. De hecho, en alguna de las pruebas siempre había alguien que no tenía tarea para hacer, pues los demás ya se estaban encargando de accionar mecanismos, abrir candados, o resolver algún acertijo. Es cierto que también había alguna prueba colaborativa en la que cuantas más manos, mejor, pero en general en esta segunda parte del juego, casi llegábamos a estorbarnos. Y es que además, el espacio de las salas (y su acceso a ellas) también se iba reduciendo.

La ambientación, como en el resto de los escapes de esta marca, está bastante lograda y las pruebas están bien integradas en la decoración, especialmente al principio. Y es que ocurre como con los enigmas a resolver, que los escenarios van resultando más pobres a medida de nos acercamos al final perdiendo incluso parte de la tematización. De hecho, la última estancia nos generó cierto bajón. La escenografía no terminaba de cuadrar, había un curioso giro de guion que no terminó de gustarnos, y costaba entender las pruebas marcadas por megafonía porque apenas se oían los mensajes. En esta última parte nos faltó fluidez y necesitamos que la game master nos fuera repitiendo todo. Y lo cierto es que incluso para escuchar lo que nos decía ella, había que prestar mucha atención. Sin duda, deberían mejorar la tecnología y acústica en esa sala. Y otro punto que yo mejoraría sería el final. Al igual que nos pasó en la Lavandería, el escape concluyó de una forma abrupta, inesperada y confusa. Debería tener una conclusión coherente con la misión y con las películas de Indiana Jones.

En cuanto a los enigmas, durante el juego predominan diferentes tipos de mecanismos, acertijos y, excepcionalmente, algún que otro candado. Con la experiencia a nuestras espaldas pensamos que era momento de elegir la sala en su dificultad alta, y quizá no estábamos preparados o no íbamos muy centrados ese día, puesto que, como comentaba al principio, nos costó mucho tiempo acceder al despacho del Dr. Jones y resolver las pistas una vez dentro.

Esta vez salimos con un sabor agridulce del escape por ese inicio atropellado y ese final descafeinado. No está mal, pero dentro de la empresa, el nivel de espectacularidad está por debajo del resto de salas en sus diferentes marcas.

La gran exclusiva

Basada en el libro Scoops: Behind The Scenes of the BBC’s Most Shocking Interview (Exclusiva: cómo se hizo la entrevista más chocante de la BBC), La gran exclusiva nos brinda un fascinante vistazo a cómo se gestó y desarrolló uno de los momentos más impactantes de la televisión: la entrevista del príncipe Andrés para el programa Newsnight de la BBC (El príncipe Andrés y el escándalo de Epstein). Transmitida el 5 de marzo de 2019, la periodista Emily Maitlis interrogó al duque de York sobre sus relaciones con el multimillonario y agresor sexual Jeffrey Epstein y sobre las acusaciones vertidas por Virginia Giuffre, quien afirmó que fue traficada por el financiero y que el príncipe Andrés abusó sexualmente de ella cuando tan solo tenía 17 años.

Este minimizó el vínculo que lo unía a Epstein y negó en todo momento conocer a la joven o haber cometido delito alguno. Llegó incluso a poner en duda la veracidad de la fotografía en la que se los ve juntos. Sin embargo, sus declaraciones desataron una auténtica tormenta mediática y su imagen se vino abajo a pesar de que él había salido contento y totalmente convencido de que la entrevista había sido un éxito. Con sus tartamudeos, sus excusas y sus chascarrillos su reputación quedó más dañada si cabe que antes del encuentro. Más tarde se conoció que llegó a un acuerdo extrajudicial con Giuffre por una suma de 12 millones de libras. Además, pese a que siguió negando en todo momento haber cometido algún delito o haber actuado mal, la reina Isabel II acabó despojándole de todos sus honores militares y apartándole de sus funciones públicas.

Protagonizada por Rufus Sewell, quien borda al príncipe Andrés, y Gillian Anderson, que se mete en el papel de la periodista Emily Maitlis, La gran exclusiva arranca con el anuncio de la dirección de la BBC de una reducción de plantilla que afectará a todos los departamentos y programas. Con ese clima tenso, la productora Sam McAllister, una chica de barrio que no termina de ser aceptada en la redacción, se propone hacer todo lo que esté en su mano para demostrar su valía y no perder su trabajo. Así, la película no se centra en el drama de los personajes por el miedo al despido, sino que este es el resorte que activa a McAllister a tirar de contactos hasta llegar a Amanda Thirsk (Keeley Hawes), la secretaria privada del príncipe. Ella servirá como hilo conductor de la trama, mostrando su tenacidad y astucia para llegar hasta palacio.

La gran exclusiva se presenta como un thriller periodístico que se mete entre bambalinas de un programa haciendo testigo al espectador de las tensiones en las negociaciones, de los obstáculos que han de sortear las mujeres que están tras la historia, de sus nervios y estrategias, así como de la confrontación final en pantalla entre la periodista y el príncipe. Con un guion estresante y un montaje vertiginoso que incluye reuniones tensas y preparativos frenéticos, la película educe la entrevista a una secuencia de 10 minutos, porque lo que le interesa es ofrecer un relato de los entresijos del periodismo. Lo importante aquí son los acontecimientos previos a este evento mediático.

Con un notable elenco, La gran exclusiva demuestra que, incluso en esta época de noticias rápidas, el periodismo de calidad sigue siendo de vital importancia. Y es que la película no solo relata un hecho histórico, sino que se sirve de él para despertar en el espectador una reflexión crítica sobre la ética periodística subrayando de paso el poder de los medios y cómo una entrevista puede alterar la percepción pública y traer consecuencias para los involucrados. Es cierto que aunque capta la esencia de la entrevista y sus repercusiones, también hay que señalar que, como cualquier obra basada en eventos reales, recurre a libertades creativas para aumentar su impacto emocional y dramático de modo que la historia sea los más atrayente y cinematográfica posible.

Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico

En 2019 salió a la luz el caso Jeffrey Epstein, uno de los escándalos más impactantes de los últimos tiempos, que revelaba una red de tráfico de menores que involucraba no solo al magnate y filántropo Epstein, sino a figuras prominentes de la élite mundial. El banquero se servía de promesas de dinero y estabilidad para llevar a cabo sus delitos de índole sexual en su residencia de Palm Beach (Florida) y en la isla Little St. James, de la cual era dueño. Un año más tarde Netflix estrenó Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico, una serie documental de cuatro capítulos de una hora que pretende reconstruir el caso. Dirigida por Lisa Bryant, la docuserie se basa en el libro homónimo de 2016 escrito por James Patterson junto con John Connolly y Tim Malloy, quienes estudiaron a fondo el caso y contactaron a las víctimas. Y es que aunque la detención tuvo lugar en 2019, los abusos se venían produciendo desde hacía muchos años antes. Ya a mediados de los años 90 las hermanas Maria y Annie Farmer denunciaron sus abusos.

Epstein, que comenzó su carrera como financiero en el banco de inversión Bear Stearns, fue construyendo una red de relaciones con personalidades importantes. Poco a poco se fue posicionando, fundó su propia firma, J. Epstein & Co, y se convirtió en uno de los millonarios más influyentes de su país. Esto explica que durante mucho tiempo consiguiera tapar sus crímenes. Tras las denuncias de las hermanas Farmer en los 90 hubo otra en 2005. Unos padres denunciaron ante la policía de Palm Beach que el banquero estaba acosando a su hija de 14 años. Michael Reiter, el que fuera jefe de policía, relata en la docuserie que a raíz de esta denuncia comenzaron las pesquisas que les llevaron a construir un caso bastante sólido con los testimonios de una treintena de jóvenes dispuestas a testificar. Sin embargo, cuando el expediente pasó a manos del FBI de repente el caso se fue diluyendo hasta que en 2008 Epstein firmó un acuerdo secreto de no enjuiciamiento con el fiscal del estado Alex Acosta por el que era condenado a 18 meses de cárcel a cambio de declararse culpable de dos cargos: solicitar un servicio de prostitutas y tentar a una menor a prostituirse.

De esos irrisorios meses el banquero tan solo cumplió 13, y durante ese período disfrutó de permisos para salir de prisión 12 horas al día seis días a la semana para trabajar. Un chollo, vaya. El abogado de las víctimas apeló porque las denunciantes no habían tenido acceso a este acuerdo que además establecía que ni Epstein ni ninguno de sus supuestos colaboradores serían procesados en posteriores causas. No obstante, no fue hasta 9 años más tarde que un juzgado federal determinó que la condena violaba la ley de Derechos de las Víctimas de Delitos en 2019 por ocultar a sus víctimas el acuerdo. Epstein fue entonces arrestado por cargos federales de tráfico sexual y encarcelado en el Centro Correccional Metropolitano de Nueva York. Acosta, para entonces Secretario de Trabajo de Estados Unidos de Trump, fue acusado de gestionar mal el caso de tráfico sexual de Epstein en 2008 y acabó dimitiendo días después. Un mes más tarde, el 10 de agosto, el banquero fue encontrado sin vida dentro de su celda. La autopsia oficial estableció el suicidio como causa de la muerte, aunque hay teorías que dudan al respecto. En cualquier caso, su muerte privó a las víctimas de ver que se hiciera justicia y su agresor pagara su condena.

Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico proporciona un contexto sobre el personaje y establece una cronología de los hechos, pero no realiza una exhaustiva investigación de sus crímenes. La docuserie prefiere centrarse en los testimonios de las víctimas, investigadores y periodistas para intentar desvelar el modus operandi del empresario. Según cuentan varias de las sobrevivientes (incluidas Virginia Giuffre, Maria Farmer, Annie Farmer y Michelle Licata), Epstein les pagaba 200$ por un masaje de 45 minutos, un masaje que acababa derivando en actos sexuales no deseados. Y sí, la mayoría cuenta que este primer encuentro fue por propia voluntad, pero el depredador sabía bien cómo escoger a sus víctimas: provenientes de familias desestructuradas y/o precarias condiciones económicas. Se aprovechaba de su juventud y vulnerabilidad para abusar de ellas.

Los testimonios revelan además la complejidad de la red de explotación sexual en un ambiente de élite, del que formaban parte reconocidos millonarios de la política y celebridades. Las víctimas relatan no solo los abusos, sino también la manipulación y las amenazas a las que se vieron sometidas para que no presentaran denuncia alguna. E incluso si lo hacían, esta no iba a ningún lado, ya que Epstein utilizaba su fortuna y poder para escapar de las consecuencias legales. Sus conexiones con las esferas más poderosas le permitieron evadir la justicia durante muchos años a pesar de él no ser por sí mismo una gran personalidad, sino simplemente un tipo que tenía dinero.

Las cuatro horas de la docuserie se quedan cortas para ahondar más en el tema, pues quedan muchas preguntas sin resolver. Solo nos deja atisbar la punta del iceberg de toda la trama. Su gran baza es poner el centro en las víctimas y dejarlas contar sus historias para transmitir la vulnerabilidad que sintieron no solo como consecuencia de los abusos del empresario, sino por parte de un sistema judicial que no las protegió. Su relato es desgarrador.

Viaje a Azerbaiyán y Georgia XVIII: Día 7. Tiflis

En el camino de vuelta a Tiflis de la excursión por la antigua Georgia vimos a lo lejos, en lo alto de una colina, lo que parecía ser un monumento, así que le preguntamos a nuestra guía. Sin embargo, ella no parecía tener mucha idea, por lo que acabamos buscando en internet y descubriendo que se llamaba Las Crónicas de Georgia. Como hacemos habitualmente, no habíamos planeado gran cosa para el último día en la ciudad, para tener algo más de flexibilidad de incorporar nuevos puntos de interés, tan solo se nos había quedado pendiente subir al Monte Mtastminda y la imprenta clandestina de Stalin, por lo que podíamos sacar tiempo para descubrir este peculiar monumento.

Situado en lo alto del monte Keeni, a 13 kilómetros del centro de la ciudad, Las Crónicas de Georgia es gratuito y está abierto al público las 24 horas, todos los días del año. El bus número 60 tiene una parada a unos 500 metros del acceso, por lo que no tiene mucha pérdida.

El monumento fue diseñado en 1981 por Zurab Konstantinovich Tsereteli, un famoso escultor, pintor y arquitecto ruso-georgiano conocido por sus monumentos a gran escala.  Entre sus obras se encuentra El nacimiento del Hombre Nuevo de la ciudad de Sevilla, la escultura Victoria en Marbella o la conocida como Lágrima de Dolor en Nueva Jersey, regalo oficial del gobierno ruso a Estados Unidos para conmemorar a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre. El autor ha sido duramente criticado a lo largo de su carrera y, especialmente en la última década, puesto que se ha mostrado a favor de la intervención militar de Rusia en Ucrania.

La instalación de la obra comenzó en 1985. No obstante, dado que su financiación provenía de fondos soviéticos y la URSS se disolvió, los trabajos duraron hasta 2003. Hoy se puede ver ya despejado, sin andamios que lo tapen.

Apodado como Stonehenge de Tiflis por su estructura monolítica circular, este monumento engaña desde la distancia, pero a medida que nos acercamos somos conscientes de su tamaño. Sus 16 columnas 35 metros nos hacen parecer meras hormiguitas cuando nos situamos a sus pies.

El objetivo del autor era conmemorar los 3000 años de existencia del estado de Georgia y los 2000 años de historia cristiana en esta tierra. Así, el conjunto monumental consta de tres niveles que narran la Religión, Historia y Cultura de Georgia. Cada uno de sus 16 pilares de bronce cuenta con relieves escultóricos de metal que cuentan historias ancestrales. El primer nivel, en su parte inferior, recoge escenas bíblicas y religiosas (el Domingo de Ramos, la Última Cena, la Resurrección, la Transfiguración, Pentecostés y la Anunciación de María); el segundo representa grandes personalidades de la historia del país (Vakhtang, el fundador de Tiflis; los 13 padres asirios que difundieron el cristianismo en Georgia; la reina Tamar; e Ilia Chavchavadze) e ilustraciones de la primera obra hagiográfica georgiana conocida, El martirio de la Santa Reina Shushanik (476-483), de Iakob Tsurtaveli.; y el último, el superior, muestra escenas de la cultura y tradiciones del pueblo georgiano, aunque debido a las dimensiones del conjunto, son difíciles de apreciar.

Cerca de la entrada del monumento encontramos una hay una réplica de la cruz de parra de Santa Ninó, a quien se atribuye la introducción del cristianismo en Georgia.

Por otro lado, en la parte posterior se erige la pequeña Iglesia de Anunciación de la Santísima Virgen María.

Su fachada cuenta con varios paneles de bronce que van en consonancia con el monumento. En ellos se muestran bajorrelieves de distintas iglesias georgianas.

Estaba abierta, así que pudimos asomarnos al interior, donde destacan coloridos murales religiosos.

Bordeando Las Crónicas de Georgia disfrutamos de un despejado día que nos permitía contemplar Tiflis desde otra perspectiva, especialmente de los antiguos barrios con edificios de la época soviética.

Apenas nos cruzamos con gente allá arriba. Tan solo algún visitante que llegaba en coche con guía privado a los pies del monumento. Supongo que no es un punto demasiado popular, aunque quizá tenga mucho que ver que está alejado y que no es accesible para todo el mundo con tanta escalera. Además de que en la propia Tiflis hay mucho que ver y quizás no da tiempo para todo. En cualquier caso, un lugar tranquilo desde donde obtener otra panorámica de la ciudad.

Y tras dar la vuelta al perímetro volvimos al bus para seguir con nuestra última jornada. Intentamos visitar la imprenta clandestina de Stalin, sin embargo, como está gestionada de forma particular y justo ese día, el 23 de noviembre, era festivo (San Jorge), nos la encontramos cerrada. Por tanto, seguimos con nuestra siguiente cosa pendiente: El Parque Mtastminda.

Habíamos intentado previamente subir a la colina en que se encuentra con el funicular un par de días antes, sin embargo, lo habíamos dejado de lado al no contar con la tarjeta específica. Después, descubrimos que también se podía llegar en bus (que sí lo incluía nuestra tarjeta), así que ese día optamos por esta opción y en apenas media hora allí arriba que estábamos. En bus subía también la gente cuando se inauguró el funicular en marzo de 1905. Y es que al principio la gente no confiaba mucho en él. Tenía miedo de que la cuerda se rompiera. Cuando el ferrocarril empezó a ser más un medio de transporte más, entonces sí que ya los visitantes se fueron animando a subir a la cabina de capacidad de 50 personas que subía a la meseta de Mtatsminda en tan solo 6 minutos.

El Parque Mtatsminda se encuentra a 770 metros sobre el nivel del mar, lo que le convierte en el lugar más alto de Tiflis. Así pues, aunque sea por las vistas, ya merece el viaje. Con más de cien años de historia, este parque que abarca más de 100 hectáreas se divide en tres zonas: la parte infantil, la familiar, y la de las atracciones de los más aventureros. Además, cuenta con cafeterías, restaurantes, tiendas de recuerdos, zonas de descanso y picnic, centro de entretenimiento infantil e incluso un palacio para bodas, desde cuya terraza se obtiene una buena panorámica.

La entrada al parque es gratuita. Al inicio del recorrido venden una tarjeta recargable, de hecho, es la misma que sirve para el funicular, que también se puede usar en las atracciones. De esta manera no hay que comprar fichas en cada una de ellas ni andar manejando dinero.

Entre las atracciones podemos encontrar el Woodland, un sitio con cabañas de madera, caballitos, un barco, hamacas…; casetas de tiro; videojuegos; coches de choque; columpios voladores o la típica noria que, con una altura de 65 metros permite disfrutar de las vistas de la ciudad en su viaje de 12 minutos.

Para aquellos a los que no les gustan las alturas, junto a la rueda giratoria hay unas hamacas desde las que también se puede obtener una buena panorámica.

Para quien por el contrario busca actividades algo más intensas el parque también cuenta con una especie de montaña rusa, una casa del terror, los rápidos o el famoso pulpo que no falta en ninguna feria.

Para relajar un rato hay un tren de capacidad para 40 personas que hace un recorrido de diez minutos por el recinto.

Y hablando de trenes, desde 2021 hay expuesto como símbolo del desarrollo industrial de Georgia un vagón de una legendaria locomotora a vapor. Se trata de un vagón que prestó servicio desde la apertura de la Planta Metalúrgica Rustavi en 1948 realizando envíos por todo el espacio que esta ocupaba. En total, en 32 años transportó más de diez millones de toneladas.

En el recinto del parque también se encuentra la Torre de la Televisión de Tiflis, una enorme estructura de 274,5 metros construida en 1972.

Y con esto concluimos nuestra visita a Tiflis. Volvimos al centro a dar un último paseo y comer antes de regresar al apartamento a hacer el equipaje. Teníamos el vuelo de madrugada, así que queríamos al menos dormir unas horas.

Miniserie: Wellmania

Basada en la novela Wellmania: Extreme Misadventures in the Search for Wellness, de Brigid Delaney publicada en 2017, Wellmania sigue a Liv Healy (Celeste Barber) , una periodista gastronómica residente en Nueva York que consigue el trabajo de sus sueños como jurado del nuevo programa de televisión Banquet Royale, pero que, tras un viaje exprés a su Australia natal para asistir a la fiesta de cumpleaños de su mejor amiga Amy Kwan (JJ Fong) y perder su Green Card, no puede regresar a Estados Unidos. Al menos no hasta que los resultados de un examen médico reflejen que está en buen estado de salud. Ella, que nunca se ha llevado bien con los ejercicios, se verá obligada a replantearse su estilo de vida desenfrenado para mejorar su salud y poder regresar a tiempo a Nueva York para comenzar su nuevo trabajo. Así, se lanza a un viaje de bienestar, en el que probará diversas rutinas de ejercicios extremas y disparatadas para recuperarse físicamente.

Creada por Benjamin Law y dirigida junto a Helena Brooks y Erin White, Wellmania es en parte una comedia en la que la protagonista se redescubre a sí misma y encuentra el camino de una vida más estable, pero también deja espacio para la reflexión. Y es que con la salud no se juega. Subyace una crítica a las extremas y ridículas medidas que mucha gente está dispuesta a seguir en nombre del bienestar y sin evidencia médica alguna, simplemente porque lo dijo una influencer en las redes sociales. La serie explora con ironía a través de las aventuras y desventuras de Liv rutinas de ejercicios extremos y tratamientos de belleza poco convencionales.

En los últimos años, y especialmente con el auge de las redes sociales, hemos visto cómo hay cada vez una mayor obsesión por el cuerpo. Y mientras que hace unas décadas había una presión estética para tener un físico que entrara en el patrón de moda; ahora este culto al cuerpo va acompañado de mantras de vida saludable, hábitos de alimentación y rutinas de entrenamiento. En principio sería algo positivo, ya que no se busca únicamente la cuestión estética, sino tener una buena calidad de vida; sin embargo, no es oro todo lo que reluce, porque hay mucha palabrería y muchos gurús que venden una imagen que no se corresponde con la realidad. Generalmente porque monetizan su contenido y únicamente publicitan aquello que han firmado en contrato (siendo en ocasiones tratamientos o dietas peligrosas) sin que necesariamente sigan estos consejos que les dan a sus seguidores.

El peso de Wellmania recae en Celeste Barber, una actriz y humorista australiana que ya sabía lo que era hacer comedia de lo ridículo que es el postureo y el culto al cuerpo de las celebridades, y es que se hizo conocida precisamente por imitar y caricaturizar publicaciones absurdas de las famosas en Instagram, donde tiene 9,6 millones de seguidores. Periódicamente replica fotos surrealistas bajo la etiqueta #celestechallengeaccepted.

Su protagonista en Wellmania no es una mujer que caiga bien; todo lo contrario, Liv es egocéntrica y maleducada. Pero pronto descubrimos que ese carácter suyo y esa manía de ir de es sobrada, de graciosilla, no es más que un mecanismo de defensa para tapar el drama que es su vida.

Con ocho episodios de 30 minutos cada uno es una serie ideal para ver en modo maratón. Es cierto que a nivel visual es una serie sencilla, pero la historia es interesante, los personajes están bien perfilados, tiene un ritmo ágil y cuenta con la justa medida de comedia, drama y vergüenza ajena. Y de vez en cuando está bien salir del monopolio de las series estadounidenses.

Fire and Flow

Llevaba desde 2022 repitiendo el programa Morning Meltdown 100. Normalmente alterno entre mis favoritos (PiYo, Transform:20 y Core De Force) con más frecuencia, pero, en este caso, se ha unido el hecho de que es un programa largo (100 días) y que los dos últimos años han sido un poco caóticos en cuanto a rutina se refiere con la compra de la casa y posterior reforma. Igual después de tener que parar un par de semanas por una agenda demasiado complicada o estar muy cansada, no tenía sentido retomar donde lo había dejado porque había perdido resistencia, así que volvía a empezar de nuevo. Y esto es algo que me pasó más de dos y tres veces.

El caso es que llegó 2024 y, tras terminar Morning Meltdown 100 por fin del tirón, decidí que tenía que renovar un poco la rutina de ejercicios. Llegué así a Fire and Flow, un programa de cuatro semanas que alterna entrenamientos de alta intensidad con otros de recuperación basados en el yoga, y que promete un equilibrio de bienestar tanto en cuerpo como en mente. Está creado por Jericho McMatthews y Elise Joan. A la primera, entrenadora personal certificada por la National Academy of Sports Medicine y el American Council on Exercise, ya la conocía de Morning Meltdown 100 y Core de Force.

No había probado sin embargo ningún programa de Elise, ex bailarina profesional y creadora de Pre-/Postnatal Barre Blend, de la serie de meditación I Am y 3 Week Yoga Retreat.

Fire and Flow estructura cada semana en seis vídeos de 25-30 minutos y un día de descanso. Un día Jericho McMatthews (precisamente la creadora de Morning Meltdown 100) conduce los cardiovasculares de mayor impacto y levantamiento de mancuernas y, al día siguiente, Elise Joan, que es instructora de yoga, dirige los de menor impacto centrados en estirar, relajar y recuperar los músculos tras la jornada anterior y que no estén sobrecargados para la siguiente que de nuevo será con Jericho, pero también para mejorar el tono, la movilidad y la flexibilidad. Ninguna de las clases se repite en todo el período, aunque sí algunos ejercicios. Eso sí, se irán modificando cada vuelta para progresar en la dificultad. Así, cada semana queda así:

  • Upper Body (Fire): Ejercicios de alto impacto dedicados al tren superior, generalmente con ayuda de mancuernas.
  • Mobility (Flow): Ejercicios de bajo impacto dedicados al tren superior. También se recurre a mancuernas, pero no para repeticiones, sino para resistencia.
  • Lower Body (Fire): Rutina de alto impacto enfocada en el tren inferior.
  • Functional (Flow): Rutina de alto impacto enfocada en el tren inferior que bebe de movimientos del yoga y el pilates.
  • Cardio (Fire): Ejercicios de Cardio, como bien dice su nombre.
  • Restorative (Flow): Una rutina a final de la semana centrada en estirar todos los músculos del cuerpo.

Además, el programa incluye ocho vídeos extra de 15 minutos, cuatro de cada uno de los estilos:

  • Fire Abs: Para ejercitar las abdominales
  • Fire Arms: Centrado en los brazos
  • Fire Flexibility: Para mejorar la flexibilidad
  • Fire Glutes: dedicado a los glúteos
  • Core Flow: Centrado en el core
  • Flexibility Flow: Para mejorar la flexibilidad
  • Lower Body Flow: enfocado en el tren inferior.
  • Upper Body Flow: enfocado en el tren superior.

Cada uno de estos vídeos adicionales incluyen su propio calentamiento, así que se pueden usar como entrenamientos independientes para aquellos días en los que incluso resulta complicado cuadrar un ejercicio de media hora.

Como suele ocurrir con los programas de Beachbody, los ejercicios se basan en el propio peso corporal, pero para una mayor definición, se recomienda el uso de mancuernas ligeras, de peso intermedio y de un peso que cueste levantar. Además, algunos movimientos están pensados para ser realizados con unas bandas de resistencia. Y por supuesto una esterilla para los ejercicios de suelo. En cualquier caso, no es un material caro o complicado de encontrar.

Fire and Flow está diseñado para todos los niveles. En este caso la monitora realiza la versión intermedia y cuenta con una modificadora que lo adapta a una más sencilla, así como una instensificadora que mostrará la más avanzada. Así, en función de lo complicado que nos resulte un movimiento podemos elegir una u otra opción. Aunque para estos casos estaría bien poder tener pantalla partida y ver cómo van a ser sus movimientos mientras las monitoras explican el intermedio.

Fire and Flow incluye una guía nutricional basada en los suplementos y batidos Shakeology, y en otros métodos de la marca como Portion Fix de Autumn Calabrese o 2B Mindset de Ilana Muhlstein. Cuenta además con un libro de recetas para sacar ideas de comidas con las que acompañar el viaje deportivo.

Adicionalmente este programa tiene un diario de ideas de cuidado personal y mensajes motivacionales. La idea es que para mejorar mentalmente se use durante las cuatro semanas como un registro de hábitos y sensaciones.

Fire and Flow es un buen programa, pero quizá no estaría entre mis favoritos. Tiene sus puntos fuertes, como su breve duración tanto de los vídeos como de semanas; que no exige mucho espacio, ni requiere excesivo equipamiento; el hecho de poder elegir entre tres niveles de dificultad en cada ejercicio; la variedad de movimientos que además tocan cada parte del cuerpo; que no se base en repeticiones, sino en tiempo determinado realizando cada ejercicio (aunque echo en falta el crono en pantalla para controlar el ritmo); y que alterna los dos estilos de ejercicio teniendo un día más movido y otro más relajado (aunque también con su exigencia). No son pocos, no obstante, también cuenta con algunos puntos débiles, especialmente los discursos motivacionales de Elise, esa forma de hablar casi New Age; la música, que no siempre va acorde con los movimientos a realizar; y unos enfriamientos que me parecen bastante cortos e incompletos.

Fire and Flow ha intentado aunar dos tipos de ejercicios quizá para captar a un mayor número de público, y la idea es buena. Pero no sé si termina de funcionar. O quizá la cuestión es contar con dos monitoras diferentes, ya que, por ejemplo, Morning Meltdown 100 también tenía días inspirados en pilates o yoga y estaban más integrados en la planificación al ser la misma conductora. O igual es simplemente que no he terminado de conectar con Elise y su positivismo, que también puede ser. Seguramente le daré otra oportunidad para alternar con otros programas y no acostumbrar al cuerpo a los mismos ejercicios, pero, como digo, no entrará en mis favoritos.

Serie Terminada: Physical

Ambientada en el idílico San Diego de los años 80, Physical nos presentaba en el primer episodio a Sheila Rubin, una ama de casa tradicional completamente dedicada a las tareas del hogar y la crianza de su hija y y aparentemente contenta con esta situación. Sin embargo, en pocos minutos la serie nos mostraba que esta imagen es una fachada. La protagonista no es feliz, ni mucho menos. Se detesta profundamente a sí misma y es incapaz de encontrar satisfacción en esa vida de esposa ejemplar de un profesor universitario progresista y con aspiraciones políticas. Sheila odia su cuerpo y está en constante sufrimiento. Somos testigos de una crítica voz interna a modo de narración en off que nos muestra su baja autoestima, una percepción distorsionada de su imagen, y un alto nivel de exigencia. Claramente padece algún trastorno de la alimentación, y a lo largo de la primera temporada vamos descubriendo desde cuándo y a consecuencia de qué.

Pero volviendo al primer capítulo, en él se cruza con el mundo del aeróbic y por un momento encuentra algo que le apasiona y saca de esa cárcel mental, aunque sea por un corto período de tiempo. Como si de una epifanía se tratara, encuentra en el cardio con mallas y calentadores acompañado de temazos del momento una inyección de adrenalina y una nueva motivación en su día a día. Y aunque su enganche por este deporte nace por su pasión hacia el baile y como una forma de mantener la figura sin tener que vomitar tras una ingesta de comida, pronto verá en el aeróbic una salida laboral y económica. Porque el auge del VHS será su oportunidad de tomar las riendas de su vida.

Sin embargo, Physical no es una serie de mensajes positivos o frases de autoayuda. Todo lo contrario. Es oscura y desgarradora. No olvidemos que Sheila es una mujer en crisis con un trastorno de la alimentación. Y eso no es algo que se solucione de un día para otro por haber hecho una hora de aeróbic, especialmente porque este trastorno en realidad suele ser la consecuencia de otro problema. En el caso de la protagonista, la obsesión por el físico nace de una necesidad de sentir que tiene el control en algún aspecto de su vida debido a experiencias traumáticas en su infancia. Como si controlar ese área, hiciera que todo lo demás estuviera en su lugar. Así, en realidad lo que ocurre con Sheila es que cambia su desorden alimentario por una obsesión con el ejercicio como una nueva forma de sentir que lleva las riendas.

Por tanto, en aquella primera temporada de Physical lo que encontramos no es tanto el origen de una celebridad, sino la construcción de una anti-heroína de manual. Gracias a su destructiva voz interior vamos entendiendo sus contradicciones, juicios, pulsiones y comportamientos. Y poco a poco somos testigos de cómo va ganando seguridad en sí misma a medida que le va mejor en el mundo del fitness y su negocio crece. Va evolucionando y, una vez que ha estabilizado su problema con la comida y de alguna manera está mejor consigo misma, se centra en cómo se relaciona con los demás. Es entonces el momento de tomar las riendas de su matrimonio y abrirse a los demás mostrándose lo más auténtica posible, no aquella fachada de mujer perfecta del principio. Sin embargo, no será fácil, pues la vida le tiene preparados nuevos obstáculos en su camino, como discusiones con su marido y competencia en el sector del aeróbic.

Physical va decayendo a medida que avanza en temporadas, pues da la sensación de volver una y otra vez a lo mismo. Entiendo que la vida no es un camino recto, y tampoco lo es el proceso de recuperación de un desorden alimentario, una adicción o un divorcio; sin embargo, en el caso de la protagonista no podemos decir que llegue a evolucionar realmente. Sí, es cierto que por fin en la tercera temporada tiene más de conciencia y abandona las mentiras a los demás y a sí misma e insiste en la recuperación. Pero el cierre de la serie se muestra apresurado y comprando la idea que criticaba al inicio. Es decir, el problema de Sheila es la percepción de su cuerpo y el anhelo de estar lo más delgada posible para así de cara a la galería ser la mujer perfecta; pero la moraleja que obtenemos al final es que para superarlo ha acabado triunfando en un negocio en el que transmite a toda aquella que compra sus VHS que el empoderamiento femenino consiste en hacer ejercicio para estar delgada y guapa.

El peso de la serie recae básicamente sobre los hombros de Rose Byrne, quien cumple con creces con la interpretación de una Sheila completamente rota. El problema de Physical es que el resto del elenco se enfrenta a unos personajes bastante planos. Todos ellos son arquetipos perfilados desde la mirada altiva de la protagonista y apenas se nos da oportunidad de conocerlos. Quizá en el único que se profundiza algo es en Greta (Dierdre Friel), una mujer con sobrepeso que se anima a hacer ejercicio gracias a las cintas de aeróbic. Este secundario sirve para demostrar que los problemas de Sheila no son exclusivamente suyos por haber vivido una experiencia traumática, sino que son culturales y sociales y hay muchas más mujeres ahí fuera con baja autoestima y mala percepción de sus físicos por no entrar en un patrón dictado por la sociedad.

Physical se queda en un quiero y no puedo con un tema que podría haber dado mucho más de sí. Se queda corta en sus tramas y en el desarrollo de los personajes. Incluso da demasiado tiempo de pantalla a la subtrama electoral del marido de Sheila teniendo en cuenta que los capítulos duran poco más de media hora.