En el camino de vuelta a Tiflis de la excursión por la antigua Georgia vimos a lo lejos, en lo alto de una colina, lo que parecía ser un monumento, así que le preguntamos a nuestra guía. Sin embargo, ella no parecía tener mucha idea, por lo que acabamos buscando en internet y descubriendo que se llamaba Las Crónicas de Georgia. Como hacemos habitualmente, no habíamos planeado gran cosa para el último día en la ciudad, para tener algo más de flexibilidad de incorporar nuevos puntos de interés, tan solo se nos había quedado pendiente subir al Monte Mtastminda y la imprenta clandestina de Stalin, por lo que podíamos sacar tiempo para descubrir este peculiar monumento.
Situado en lo alto del monte Keeni, a 13 kilómetros del centro de la ciudad, Las Crónicas de Georgia es gratuito y está abierto al público las 24 horas, todos los días del año. El bus número 60 tiene una parada a unos 500 metros del acceso, por lo que no tiene mucha pérdida.

El monumento fue diseñado en 1981 por Zurab Konstantinovich Tsereteli, un famoso escultor, pintor y arquitecto ruso-georgiano conocido por sus monumentos a gran escala. Entre sus obras se encuentra El nacimiento del Hombre Nuevo de la ciudad de Sevilla, la escultura Victoria en Marbella o la conocida como Lágrima de Dolor en Nueva Jersey, regalo oficial del gobierno ruso a Estados Unidos para conmemorar a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre. El autor ha sido duramente criticado a lo largo de su carrera y, especialmente en la última década, puesto que se ha mostrado a favor de la intervención militar de Rusia en Ucrania.
La instalación de la obra comenzó en 1985. No obstante, dado que su financiación provenía de fondos soviéticos y la URSS se disolvió, los trabajos duraron hasta 2003. Hoy se puede ver ya despejado, sin andamios que lo tapen.

Apodado como Stonehenge de Tiflis por su estructura monolítica circular, este monumento engaña desde la distancia, pero a medida que nos acercamos somos conscientes de su tamaño. Sus 16 columnas 35 metros nos hacen parecer meras hormiguitas cuando nos situamos a sus pies.

El objetivo del autor era conmemorar los 3000 años de existencia del estado de Georgia y los 2000 años de historia cristiana en esta tierra. Así, el conjunto monumental consta de tres niveles que narran la Religión, Historia y Cultura de Georgia. Cada uno de sus 16 pilares de bronce cuenta con relieves escultóricos de metal que cuentan historias ancestrales. El primer nivel, en su parte inferior, recoge escenas bíblicas y religiosas (el Domingo de Ramos, la Última Cena, la Resurrección, la Transfiguración, Pentecostés y la Anunciación de María); el segundo representa grandes personalidades de la historia del país (Vakhtang, el fundador de Tiflis; los 13 padres asirios que difundieron el cristianismo en Georgia; la reina Tamar; e Ilia Chavchavadze) e ilustraciones de la primera obra hagiográfica georgiana conocida, El martirio de la Santa Reina Shushanik (476-483), de Iakob Tsurtaveli.; y el último, el superior, muestra escenas de la cultura y tradiciones del pueblo georgiano, aunque debido a las dimensiones del conjunto, son difíciles de apreciar.





Cerca de la entrada del monumento encontramos una hay una réplica de la cruz de parra de Santa Ninó, a quien se atribuye la introducción del cristianismo en Georgia.

Por otro lado, en la parte posterior se erige la pequeña Iglesia de Anunciación de la Santísima Virgen María.

Su fachada cuenta con varios paneles de bronce que van en consonancia con el monumento. En ellos se muestran bajorrelieves de distintas iglesias georgianas.

Estaba abierta, así que pudimos asomarnos al interior, donde destacan coloridos murales religiosos.

Bordeando Las Crónicas de Georgia disfrutamos de un despejado día que nos permitía contemplar Tiflis desde otra perspectiva, especialmente de los antiguos barrios con edificios de la época soviética.




Apenas nos cruzamos con gente allá arriba. Tan solo algún visitante que llegaba en coche con guía privado a los pies del monumento. Supongo que no es un punto demasiado popular, aunque quizá tenga mucho que ver que está alejado y que no es accesible para todo el mundo con tanta escalera. Además de que en la propia Tiflis hay mucho que ver y quizás no da tiempo para todo. En cualquier caso, un lugar tranquilo desde donde obtener otra panorámica de la ciudad.
Y tras dar la vuelta al perímetro volvimos al bus para seguir con nuestra última jornada. Intentamos visitar la imprenta clandestina de Stalin, sin embargo, como está gestionada de forma particular y justo ese día, el 23 de noviembre, era festivo (San Jorge), nos la encontramos cerrada. Por tanto, seguimos con nuestra siguiente cosa pendiente: El Parque Mtastminda.

Habíamos intentado previamente subir a la colina en que se encuentra con el funicular un par de días antes, sin embargo, lo habíamos dejado de lado al no contar con la tarjeta específica. Después, descubrimos que también se podía llegar en bus (que sí lo incluía nuestra tarjeta), así que ese día optamos por esta opción y en apenas media hora allí arriba que estábamos. En bus subía también la gente cuando se inauguró el funicular en marzo de 1905. Y es que al principio la gente no confiaba mucho en él. Tenía miedo de que la cuerda se rompiera. Cuando el ferrocarril empezó a ser más un medio de transporte más, entonces sí que ya los visitantes se fueron animando a subir a la cabina de capacidad de 50 personas que subía a la meseta de Mtatsminda en tan solo 6 minutos.

El Parque Mtatsminda se encuentra a 770 metros sobre el nivel del mar, lo que le convierte en el lugar más alto de Tiflis. Así pues, aunque sea por las vistas, ya merece el viaje. Con más de cien años de historia, este parque que abarca más de 100 hectáreas se divide en tres zonas: la parte infantil, la familiar, y la de las atracciones de los más aventureros. Además, cuenta con cafeterías, restaurantes, tiendas de recuerdos, zonas de descanso y picnic, centro de entretenimiento infantil e incluso un palacio para bodas, desde cuya terraza se obtiene una buena panorámica.



La entrada al parque es gratuita. Al inicio del recorrido venden una tarjeta recargable, de hecho, es la misma que sirve para el funicular, que también se puede usar en las atracciones. De esta manera no hay que comprar fichas en cada una de ellas ni andar manejando dinero.
Entre las atracciones podemos encontrar el Woodland, un sitio con cabañas de madera, caballitos, un barco, hamacas…; casetas de tiro; videojuegos; coches de choque; columpios voladores o la típica noria que, con una altura de 65 metros permite disfrutar de las vistas de la ciudad en su viaje de 12 minutos.





Para aquellos a los que no les gustan las alturas, junto a la rueda giratoria hay unas hamacas desde las que también se puede obtener una buena panorámica.



Para quien por el contrario busca actividades algo más intensas el parque también cuenta con una especie de montaña rusa, una casa del terror, los rápidos o el famoso pulpo que no falta en ninguna feria.


Para relajar un rato hay un tren de capacidad para 40 personas que hace un recorrido de diez minutos por el recinto.

Y hablando de trenes, desde 2021 hay expuesto como símbolo del desarrollo industrial de Georgia un vagón de una legendaria locomotora a vapor. Se trata de un vagón que prestó servicio desde la apertura de la Planta Metalúrgica Rustavi en 1948 realizando envíos por todo el espacio que esta ocupaba. En total, en 32 años transportó más de diez millones de toneladas.

En el recinto del parque también se encuentra la Torre de la Televisión de Tiflis, una enorme estructura de 274,5 metros construida en 1972.

Y con esto concluimos nuestra visita a Tiflis. Volvimos al centro a dar un último paseo y comer antes de regresar al apartamento a hacer el equipaje. Teníamos el vuelo de madrugada, así que queríamos al menos dormir unas horas.
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